SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de octubre de 2016

ALMA Y MENTE


Hace años ya sabía lo que significaba idealizar a alguien, enamorarse de una imagen falsa que nos formamos sobre una persona. Diría que la mayoría de los seres humanos se enamoran así, de una fantasía, de lo que creen que es la persona amada, porque la función de nuestra mente es precisamente la de interpretar la realidad y muchas veces lo hace de una forma bastante conveniente, en lo que se refiere a los sentimientos y emociones. Hoy veo que la mente siempre idealiza, en todo lo que ve, crea imágenes falsas sobre todo y proyecta hacia el exterior todo lo que cree que es real.

Así, cuando uno siente rechazo hacia alguien, siempre encontrará justificaciones basadas en sus prejuicios hacia esa persona que no acepta, y esto también ocurre por la interpretación mental que hacemos respecto a los demás, aunque la mente no sólo funciona así con las otras personas, sino que también lo hace con las cosas, y con animales, insectos, lugares, etc.

Lo que es cierto es que la mente cumple a la perfección con su misión, hace lo que tiene que hacer, así como lo haría nuestro ordenador, lo organiza todo de forma automática, los recuerdos, la información subliminal que nos alcanza aunque no la percibamos conscientemente, las programaciones que nos controlan a través de medios de comunicación, de normas, adoctrinamientos, modas, y también aquellas memorias ancestrales, familiares, que permanecen silenciosas pero que actúan más activamente de lo que nos imaginamos.
Nuestra mente cuenta además con un sistema operativo que, como bien dice la palabra, opera basándose en lo aprendido, en lo subyacente que se halla en el inconsciente y a las programaciones y memorias anteriormente mencionadas. Todo ello está bien sujeto y entrelazado en una especie de entramado de creencias muy poderosas a través de las cuales se mueve cualquier pensamiento e idea.

Todas las mentes a su vez están ligadas unas con otras a través de la consciencia colectiva y la inconsciencia colectiva, es decir, a través de lo que pensamos colectivamente de forma consciente y a través de lo que nuestra mente inconsciente guarda y reserva, actuando con mucha más influencia que el propio pensamiento consciente, es más, diría con total seguridad que nuestra mente despierta o consciente está casi totalmente controlada por lo que sucede en ese inconsciente, y que, lamentablemente, no somos nosotros mismos, libres y en esencia, hasta que no logramos deshacer los programas que actúan como piloto automático en nuestras decisiones, en nuestra forma de vida, en nuestra forma de actuar. Además, las creencias están «fabricadas» a partir de esos programas, ya sean por aprendizaje, por herencia ancestral, o por inducción social.

Pondré un ejemplo. Si un grupo social cree que ser pelirrojo es demoníaco, esto repercutirá en todas las personas del grupo, las que tengan el pelo de ese color sufrirán por sentirse repudiados por el resto, y las que no, sentirán miedo y rechazo por esa creencia implantada en su mente consciente. Pero esa mente consciente está controlada por las memorias del inconsciente, donde seguramente habrá algún suceso marcado en la historia de algún grupo de  ancestros, que fue el inicio de esa creencia. Seguramente alguien con el pelo de ese color impactó negativamente emocionalmente al realizar algún acto que quedó grabado en la memoria celular. Tal vez fue un asesino despiadado en la época de los tatarabuelos de las personas del grupo. Así, aunque no se recuerde lo que ocurrió en esa época, el miedo queda instaurado en el inconsciente y eso provoca reacciones que van más allá de la mente consciente, la cual entiende que no le gusta la gente pelirroja pero no puede dar una explicación razonable y lógica a ese rechazo.
Imaginad ahora todo lo que hay en nuestra memoria colectiva, guerras, muertes, violaciones, aberraciones, incestos, asesinatos, unido a ideas muy marcadas relativas al género y a la raza, o religión de la persona, hombres marcados por la creencia de que deben ser fuertes y duros, sin emociones que no sean la ira y el odio, hombres que creen que amar les debilita, y que el deber y el honor está por encima de todo, hombres que deben matar para conseguir el triunfo, mujeres que creen que tienen que ser sumisas y que no pueden hacer lo mismo que los hombres, porque son inferiores, porque están a su servicio, para ser sus  esposas, o sus prostitutas, sólo engendrar hijos es su función o dar placer al hombre, y poco más era su cometido. Ellas consideradas débiles y frágiles, ellos fuertes e insensibles, ellas manipuladoras para hallarse a sí mismas y salvarse de una realidad demasiado dura, ellos intrigadores y creadores de invasiones, de injusticias... Religiones que han movido masas, manipulando las ideas de las personas a través del miedo, muertes en honor a dichas religiones, a su dios o dioses, esclavitud, maltrato a personas de otras razas...

Todo esto está en nuestro inconsciente colectivo, todo ese dolor, toda esa amargura, pérdida de seres queridos, dolor inhumano. Una gran mutilación de nuestra verdadera esencia, de nuestra parte más HUMANA durante tantos siglos...

Todo aquello que ha ido sucediendo, ha ido quedando almacenado en nuestras memorias, y funciona y actúa como una serie de filtros que nos impulsan a escoger el tipo de persona que nos cae bien o mal, nos lleva a prejuzgar, a odiar, a rechazar o a amar a otros sin saber el motivo. Aún nos resistimos a darnos cuenta de que somos iguales, y que no hay nada más que una verdad, una que reconoceremos si nos reconocemos a nosotros mismos primero, pues en nuestro interior está la dicha que buscamos afuera, dentro no hay diferencias, sólo la mente las crea.
Nuestra parte consciente es muy pequeña, digamos que está al servicio del inconsciente y sólo funciona en un 5% de nuestras decisiones y actuaciones, mientras que nuestro inconsciente controla nuestras acciones en un 95%, desde los recuerdos dormidos que están allí inmersos, la mente consciente es sólo la punta del iceberg.

Si deseamos ser libres, si deseamos ser el «alma» que somos, tenemos que entender que debemos desinstalar todo lo que no es necesario que esté ahí, en el inconsciente, y hay muchísimo por limpiar.

Si entro en lo espiritual tendré que explicar entonces cómo funcionaría el resurgir del ser, cómo el alma cobra fuerza, mientras la mente empieza a estar a su servicio, y no al contrario.

Las personas que despiertan a sí mismas, sienten que tienen que limpiar la «basura» emocional y mental que se esconde en el inconsciente, acto al que llaman «sanación», pues lo viven de una forma muy intensa, ya que limpian muchos patrones, programas, memorias de dolor muy arraigadas, y el proceso se hace muy duro, en algunos casos excesivamente duro, todo depende de la carga ancestral que llevan y de su personalidad.



También se habla mucho del ego, el cual se mueve en la parte consciente, però enlazado a las creencias, como un puente entre lo oculto en la parte inconsciente y la relación con el exterior. El ego es un conjunto de personajes, máscaras o caretas, que usamos para relacionarnos con el entorno y con los demás. Pero el ego está contaminado por los miedos y por eso muchas veces no ayuda demasiado en nuestras relaciones.

Cuando empiezas a descubrir todo esto, el ego empieza a comportarse de una manera diferente. Lo primero que ocurre es que te das cuenta de que no eres tu inconsciente, no eres tu consciente, no eres el ego, ¿entonces qué eres, quién eres?

Cuando te preguntas esto es cuando puedes convertirte en el observador de ti mismo, y comienzas a ver cómo reacciona tu ego, qué hay detrás de cada reacción, cuánto miedo hay en ti, y también empiezas a sentir que puedes cambiar esas reacciones, puedes transformar aquello que sientes que pesa en ti, puedes borrar el dolor y quedarte sólo con lo aprendido, puedes ser una mejor versión de ti mismo.

Entonces te pones manos a la obra.

Aquí está el salto al vacío, te enfrentas a ti, a lo que creías ser, para empezar a ser lo que realmente eres.

Cada uno, entonces, va descubriendo su verdad, lo que hay en su interior, algunos lo llaman alma, otros ser, otros existencia, yo no sigo ninguna corriente de pensamiento en concreto, sino que más bien sigo la mía propia.

Pensar... Cuando estamos sujetos a ese paradigma del que he hablado antes, el pensamiento está sometido a ello, pero si se libera da paso a algo más, a eso que eres tú, a tu verdad sublime.

El pensamiento actúa de traductor de lo que vas sintiendo dentro de ti, de la verdad que eres, la mente se pone a su servicio, como herramienta para ser, para manifestar lo que eres, a través de tus dones, de tus talentos, de lo que llamamos sueños, anhelos, pasiones.

La intuición es la pequeña voz de tu alma, de tu verdad, que intenta guiarte hacia lo que más te conviene, aunque no lo puedas entender desde tu mente, y cuando desarrollas esa intuición, es decir, cuando empieza a pesar más tu verdad que lo que hay en tu inconsciente o lo que demande el ego, tu mundo, todo tu mundo se transforma, incluso el exterior que te rodea. De pronto empiezas a conocer a otras personas que vibran como tú, es decir, que están en la misma sintonía, y otras personas desaparecen de tu vida, tal vez incluso tu relación de pareja deja de ser lo que esperabas o deseabas, comienzas a tener la necesidad de dejarlo todo y hacer sólo lo que siempre quisiste hacer, tu sueño, y tu alma te pide un salto al vacío, un salto que tienes pánico de llevar a cabo porque te pide dejar atrás muchas cosas a las que te has acostumbrado, tu zona de confort.

El alma, esa verdad interna y poderosa, cada vez grita con más fuerza y si finalmente te atreves a ser quien eres, toda tu vida da un vuelco, de forma progresiva, o tal vez repentina, pero tú dejas de ser quien creías ser y una versión de ti, la verdadera, emerge.

Ahora ya eres tú, un tú que se une a la idea de que todos estamos unidos, un tú que se une a la sensación de que el amor brota desde dentro de ti, y ese amor lo sientes tan adentro que pareciera que tu corazón se ensancha, pareciera que realmente brota de tu pecho, como una fuente de luz, y te enamoras de la vida, des-aprendes lo que creías que era amor, descubres lo que sí lo es, y dejas de des-amarte, para comenzar a amarte como ser, como el dios que hay en ti, como el amor que eres, más allá de lo que tus pensamientos obsoletos opinan sobre ti, su opinión es una mentira, lo único que es válido es tu verdad, la verdad suprema de tu existencia, que es pura y coherente...

Sólo falta que la mente deje de interferir, que se una al cambio, que eleve su nivel de comprensión, que se ensanche, que deje de luchar contra el ser que eres y tu nivel de consciencia despierta sea más elevado. Tu inconsciente tiene que estar lo más limpio posible, nuevas creencias no limitadoras podrán nacer para llevarte al éxito de tu don, a quien eres, a ese nuevo ser humano que es realmente Humano.

Embarcarse en esta aventura, en este viaje que realmente sólo es un recordar quién eres, requiere de mucha valentía, coraje, amor, intención mantenida, fortaleza, y confianza o fe.

Alma o mente, tal vez seremos “Almamente”...el nuevo ser Humano en un cuerpo de luz movido sólo por el verdadero amor hacia todo en unidad...

Arael Elama

sábado, 5 de septiembre de 2015

PROPÓSITOS - EL SER Y EL ALMA GEMELA

Todo parece un sueño, ¿realmente he muerto?, pensé que sería diferente, no así, tan sereno, aunque ya me habían hablado de la paz que se siente.
El frasco de pastillas está ahí, vacío, puedo verlo, y mi cuerpo sin vida está en la cama, con mi ropa preferida.
Morir bien vestida y maquillada es mejor que hacerlo desaliñada, como he estado últimamente deambulando por mi casa deprimida y destrozada emocionalmente.
Pero noto que la falta de respiración hace que esa que yo era no se parezca en nada a mí, ya no soy yo, sólo era el envoltorio que me recubría.
Soy conciencia, soy vida, soy ser, y sobre todo, por fin soy libre, ya no sufriré más el asco de ser humana, de pertenecer a esta especie que todo lo destruye, que todo lo arrasa.
Veo una luz, es muy potente, va tomando forma, me recuerda a los famosos ángeles que algunos pintores dibujaban en las bóvedas de las iglesias y catedrales.
Se está acercando, no sé si estoy preparada para irme, de repente siento mucha tristeza por haberme suicidado, tal vez me precipité. ¿Cómo se sentirán mis seres queridos? ¡Qué desastre! Me siento mal, no he pensado en ellos, sólo pensé en mí, en mi desesperación. Y es que realmente creía que no había otra salida, no, no la había, este mundo está condenado a marchitarse, los seres humanos son destructivos y no quería quedarme aquí para seguir viendo tanta masacre hacia toda manifestación de la vida, tanto humana como no humana. No puedo más, eso es, eso fue lo que pensé, que ya estoy agotada de luchar, que no quiero existir más, que esta guerra ya la tenía más que perdida. El amor no me salvó, el amor no me sirvió para vencer tanta amargura, tanta crueldad, y menos si estaba sola, tan sumamente sola, sin él, sin mi compañero, sin aquel que me ayudaría a mantenerme fuerte.
Ese ángel se está haciendo más presente frente a mí, y siento que quiere darme un mensaje.



  • Querido Ser, ¿qué has hecho? ¿Por qué hiciste esto?- me dice con una tierna mirada iluminada y bañada de compasión y de comprensión.

Estoy llorando, sí, siento mis lágrimas caer, pero ¿cómo puede ser eso? Estoy muerta, no puedo llorar, pero siento, estoy sintiendo emociones, todavía las siento, no comprendo nada, me encuentro mal, aún sufro.

  • ¿Eres un ángel? - le pregunto envuelta en mi llanto sin poder detenerlo.
  • Sí, me envían para guiarte.
  • Lo siento mucho, de veras, lo siento tanto, pero no podía más, no soportaba la hostilidad del ser humano, me avergonzaba de ser humana, no lograba adaptarme, no conseguía mantenerme en el amor mientras veía cómo sacrificaban vidas humanas, cómo mataban a los seres vivos para ganar dinero, cómo la lucha de poder ensombrecía todo a mi alrededor. Me sentía manipulada, obligada a ser una más en el rebaño, y yo luchaba, te juro que luchaba con uñas y dientes. Salí de ese sistema creado para dominarnos hasta donde pude, hasta el límite, pero siempre había algo o alguien que me arrastraba, mi situación se volvió precaria, perdí mi casa, perdí mi la vida que llevaba, mi esclavitud se transformó completamente al salir del engaño de la protección del sistema, supuestamente a cambio de ser una más, sólo eso, una más, y sufría, sufría tanto, tanto, pues me sentía desprotegida, atacada, perseguida, y sobre todo, no comprendida y abandonada. Me caía y me levantaba, soñaba con llegar lejos, con cumplir mis sueños, con ser una de las precursoras de un nuevo camino hacia una humanidad más “humana”, tal vez más divina. Y cada mañana me repetía que el presente era lo que importaba, que me debía centrar en que mi ser se cristalizara en mí para salir volando, saltando todos los obstáculos, descubriendo las ilusiones que me palidecían la mirada, y alcanzando la verdad, la única verdad. Y sin embargo, no pude más. Mis caídas eran cada vez más fuertes, mi dolor era cada día más intenso, y no había nadie para abrazarme, para ayudarme, para darme fuerzas, así que la soledad jugó también su papel destructivo. Me cansé de llorar, mis ojos se quedaron sin lágrimas, me cansé de llamar a mi compañero para que me rescatara cuando estaba a punto de tirar la toalla sin hallar respuesta alguna, me cansé de ser valiente, de poner la otra mejilla, de ser comprensiva, de tener coraje, de limpiar mis heridas, me cansé de mi ego, de su oscuridad, de la de los demás egos que habitan en cada ser humano, de las mentes corruptas, de las falsedades, de las personas que proyectan sus envidias y sus conflictos en general sobre mí, de enamoramientos absurdos que luego se convertían en odio por no corresponder a sus deseos, y sobre todo, querido ángel, me quedé sin fuerzas para sobrevivir, sólo quería existir, ser y respirar amor, pero en este lugar me ahogo, me falta el aire, no hay amor, pocos pueden sentirlo y darlo incondicionalmente y yo me estaba muriendo asfixiada, no podía más, era una tortura. ¿Puedes entenderme? ¿Podrá El perdonarme?
  • Querido Ser, no tenemos que perdonarte, no he venido para eso, tal vez tú seas quien debas perdonarte a ti misma, por haberle hecho daño a tu cuerpo, pues él era un templo para ti, un vehículo para alcanzar una nueva fase en tu existencia. Sin embargo, nosotros los ángeles no vemos los espejismos que crean los humanos, no vemos esas alucinaciones mentales que crean colectivamente, sólo nos limitamos a ayudaros a despertar de la pesadilla que habéis creado.
    Comprendo perfectamente lo que tu mente vivía, su dolor, y cómo tú lo sentías recorriendo cada partícula de tu existencia humana. Entiendo que la vida humana es horrible vista y vivida como tú y otros muchos más lo hacen y puedo dar fe de que no es una solución muy adecuada eliminar tu participación como mujer humana, pues la muerte física no te ha liberado del dolor, como puedes observar.
  • Sí, es cierto, ¿y eso por qué ha ocurrido?
  • Porque no has alcanzado todavía tus propósitos.
  • ¿Y cuáles son? No logré saberlos con certeza cuando estaba en vida, ¿podrías ayudarme y mostrármelos?
  • Puedo hacer algo mejor, te llevaré a un lugar para que los veas.


El ángel me toca con su mano derecha la espalda, justo a la altura del chakra cardíaco y de pronto me siento succionada hacia algún lugar que sé que me sorprenderá. Y así es. Estoy en un parque, rodeada de árboles. Puedo sentir el viento rozarme como si estuviera viva, anuncia el otoño. No reconozco el lugar, pero me es al mismo tiempo familiar. Hay un camino de tierra, un pequeño lago artificial, diría, y unos cuantos bancos de madera. Creo que es temprano, tal vez las ocho de la mañana, o quizás las siete y media.
Ahora veo un hombre, está corriendo, haciendo deporte. Algo brilla con fuerza en su pecho, es una estrella, algo parecido, su fulgor me deslumbra, es enorme, es increíblemente bello y me encandila, me siento enamorada de esa luz que emerge de su interior, es tan maravilloso lo que siento que se disipa todo el dolor de golpe. Quiero saber quién es él, voy a seguirle. El ángel sonríe y me acompaña. El hombre se dirige a su casa, o eso me parece, pero no aminora su ritmo. Yo no tengo que correr, es como si estuviera flotando, y puedo ir a su lado.
Reconozco ya el lugar, había estado tantas veces, pero todo se ve distinto en este estado y cada vez me siento más volátil. Hemos llegado. Una puerta de hierro forjado, que parece antigua conduce a su casa. Vive en un piso de un edificio bastante antiguo, de esos que me gustaban en vida, techos altos, habitaciones grandes, ventanas altas y balcones de barandilla de hierro forjado. Su piso es muy acogedor, y se respira mucha paz dentro de él. Va a ducharse, yo ojeo lo que hay a mi alrededor, su sofá, sus estanterías, sus muebles, un estilo decorativo muy sencillo, práctico y bastante funcional, aunque me encanta. No puedo tocar nada, mis manos traspasan los objetos, no recordaba que estoy muerta, él no podrá verme. Él, ¿quién será ese hombre que tanto me ha atraído? ¿No estaba buscando ver cuáles eran mis propósitos en vida? No comprendo mucho lo que estoy haciendo aquí, debería irme y no distraerme, quién sabe cuánto tiempo tendré antes de...¿de qué? ¿qué pasará conmigo ahora? ¿adónde iré, o adónde me llevarán?.
Se abre la puerta del baño, sale él, medio desnudo, pero sólo su luz me empuja a mirarle, su desnudez es sólo la apariencia de un cuerpo que ya no me dice nada, no reacciono ante su posible belleza, no sé si es un hombre guapo o no, sólo sé que esa estrella que reluce en su pecho me está envolviendo por completo.
Se ha estirado en la cama, al lado de la ventana que deja pasar una brisa suave. Le miro, pero, ¿qué me pasa? Mi pecho arde, siento que una estrella brilla también en mí, tira de mí hacia él, me atrae con tanta fuerza que no puedo impedir acercarme mucho, mucho, estoy en él, mi luz y la suya se funden, le siento, veo toda su vida dentro de mi alma, por todo lo que soy. Ahora sé quién fue, otras vidas, le percibo en mí, yo siempre estuve en él, ahora no hay duda, él es... es... ¡soy yo!

Creo que no ha sentido nada, no es capaz de captar mi presencia, no sabe que estoy aquí, ¿o sí?. Se ha inquietado, estoy segura, en realidad sí sabe que estoy, pero no lo comprende, no entiende qué es lo que está percibiendo.

Llaman por teléfono y se levanta, sigo enganchada a él, no sé cómo salir, no sé cómo desabrocharme de su luz, de su energía, y en verdad no quiero hacerlo, le amo, le amo y no sé por qué, no sé quién es en realidad, no conozco a ese hombre, pero le amo, estoy segura, y me siento a mí viviendo en él.


  • Entiendo, mi querido ángel, era uno de mis propósitos, encontrarle, y estaba tan cerca... Pero ahora ya es tarde.
  • Tu compañero ahora se ha quedado solo, no podrá cumplir sus propósitos, aquellos que compartíais, y sentirá una gran añoranza, más fuerte de lo que nunca sintió, pues él también te buscaba. Ahora la tristeza le invadirá, aunque no sepa que es porque su amada alma gemela ha muerto.
  • Pero si sabíais dónde estaba ¿por qué no propiciásteis un encuentro? ¿Por qué no me ayudásteis a llegar a él?
  • Porque él no estaba preparado para ese encuentro, y tú tampoco, porque una flor florece cuando es primavera, y vuestra primavera todavía no había llegado.
  • Vale, ya he entendido que le he perdido sin haberle tenido, que se ha esfumado la oportunidad de mirarle a los ojos, de besarle los labios, de fundirme con él cuerpo a cuerpo, uniendo esas luces que he visto, lo siento, tienes razón, tendré que perdonarme, y pedirle perdón a él.

Está ahí, vistiéndose, dispuesto a salir. Han pasado horas, la noción del tiempo en este estado es tan diferente, parece que hayan transcurrido sólo unos minutos, pero ya está atardeciendo.
Tengo que irme. Le estoy sintiendo, está enamorado, se va con ella, me alegra que no se quede solo, que pueda experimentar el amor de alguna manera, y siento mucho haberle dejado aquí, pero ya no hay marcha atrás.
De todas formas yo tendré que irme a alguna parte, aún no sé adónde, pero me iré.
Cada vez me siento menos humana, como si se diluyera mi conexión con el residuo de mi ego, de mis emociones, de lo que fui siendo humana.
Me despido de él, de quien debía ser aquí mi pareja, mi compañero, de ese ser que se entrelaza con el mío.

  • Ángel, ¿qué ha sido esta experiencia que he vivido?
  • Te has reencontrado con parte de tu Ser.
  • No comprendo, había llegado a la conclusión de que las almas gemelas son sólo un mito muy mental.
  • Te llevaré a un lugar, acompáñame.

De nuevo su mano en mi espalda y de nuevo un remolino vertiginoso me traslada. Estoy flotando en medio de la nada, ¡no! ¡espera! Estoy en el universo, veo las galaxias, los planetas, las estrellas, es espectacular. Me estoy emocionando.¡Ups!, aún siento emociones.
Mi pecho se enciende de nuevo, su luz es inmensa, muy grande. Cierro los ojos, quiero sólo sentir, me está inundando una gran paz, una sensación de pertenecer a todo lo que hay y al mismo tiempo ser individual, única. Estoy conectando con algo, no sé bien qué es. Parece que mi pecho se esté ensanchando, explotando, y giro y giro lentamente, ¿qué está ocurriendo?.

  • Abre los ojos – me dice el ángel.

Los abro... no soy ya esa mujer que era, soy una galaxia, estoy en cada planeta, en cada sol, estoy en todas partes, incluso más allá de la galaxia me siento existir. Aún noto más, aquella esencia de aquel hombre, está aquí, conmigo, la puedo notar, existe conmigo, está en la galaxia, en cada lugar donde me siento existir está él, ese ser que sentí dentro de aquel cuerpo de hombre, no lo entiendo, no lo comprendo, ¿él y yo somos una galaxia?

  • No exactamente – me dice el ángel al escuchar lo que “pienso”
  • ¿Entonces?
  • Eres una gran conciencia que existe en muchos lugares a la vez, este es sólo uno de ellos.
  • ¿Y él? ¿quién es él?
  • En realidad no hay él, es otra parte de tu conciencia encarnada en otro ser humano.
  • No comprendo muy bien.
  • Tu conciencia, aquella que eres tú en realidad, vive y existe en varios estados dimensionales, divididos en escalas, así como un teclado de un piano se divide en octavas. Cada octava se compone de ocho notas diferentes (podría compararse con los estados de conciencia) que vibran más graves o más agudas dependiendo de la octava donde se encuentren. En algunos estados de intensidad más densa, el fractal de un Ser se polariza, o se divide, porque su experiencia así se intensifica, y su misión se realiza con mayor éxito. Así, en algunas realidades dimensionales, te experimentas a ti misma como conciencia de forma duplicada, teniendo un doble, la parte contrapuesta, por así decirlo. Dos energías que son la misma, al igual que una moneda tiene dos caras. Cada cara es diferente, pero juntas conforman la misma moneda.
  • Todo eso es muy complejo, pero por alguna razón te estoy comprendiendo.
  • Te falta ahora saber cuál era tu propósito como Ser. Vamos a verlo.

Soy una estrella, brillo fuertemente en el cosmos, pero ese ángel está junto a mí. En este estado no siento añoranza, no echo de menos nada, me siento completa y aunque el amor es mi energía, no necesito ser amada, no soy humana, no siento como una humana, mi función es Ser lo que soy, nada más.
Un rayo de mí misma se ha disparado hacia algún lugar, desciende con fuerza, hacia otra octava, hacia una dimensión más densa. Pero ahora todo es oscuro, no veo nada y estoy perdiendo la noción de quien soy, no entiendo muy bien qué está ocurriendo.
Sí, ahora noto el latido de mi corazón, estoy viva, estoy, estoy, ¡estoy en el vientre materno!

  • Sí – escucho al ángel hablarme todavía – así es, estás encarnando.
  • Pero ¿cómo he llegado aquí?
  • No interesa todavía que sepas cómo, sino para qué.
  • Bien, ¿pues para qué estoy aquí?
  • Para que comprendas a qué viniste.

Siento que crezco muy rápido, el tiempo pasa deprisa. Estoy naciendo, nazco, veo la luz, veo un mundo a mi alrededor.

  • Pero de nuevo lo olvidaré todo Ángel, ¡no puede ser!
  • No te preocupes, no será así, sólo siente ese ser que eres, esa conciencia que has sentido en la galaxia, en la estrella, conecta con la gran conciencia que eres y permite que ella se manifieste en ti.
  • Está bien, me concentro.

Soy una gran conciencia, que habita en diferentes dimensiones, que se expande, que avanza, que se fractaliza para poder seguir expandiéndose como conciencia, que se experimenta a sí misma en diferentes estados concienciales, en octavas más altas o más bajas, en todas partes. Provengo de un Origen que es parte de mí, y yo parte de él, nunca me fui de él, jamás lo hice, soy él, él está en mí. Sigo evolucionando, a través de la materia, debo usar este canal físico para materializarme aquí, y así poder pasar a otro nivel más. Debo conseguir ser conciencia pura siendo humana, para que este cuerpo, esta plantilla que soy deje de estar sometida y dominada por una computadora mental que está programada por agentes externos. Debo ser yo quien conduzca al individuo humano, y usar la mente como soporte en este plano. Entiendo, cuando hay materia todo es distinto, debo permitir que ese rayo de luz de la estrella que soy, que es parte de la galaxia que soy, que es parte del todo de lo que soy, se manifeste totalmente a través de cada célula de mi cuerpo, y mi conciencia sea, exista, a través de mi humanidad.

  • Lo has entendido, aunque aún tendrás que aprender mucho más.
  • Sí, ahora sé que no sé nada, pero sé que siento, que soy más que un hacer, soy un sentir, un ser, un estar.
  • Bien, lo entendiste, tus propósitos han quedado al descubierto.
  • ¿Y qué hay de ayudar a otros? ¿No era ese un propósito?
  • Sí, si así lo deseas, de hecho, cristalizar tu luz, tu amor, significa manifestar tu divinidad en ti, en esa mujer que eres, y a través de ella puedes ayudar a quien te pida ayuda y así lo desee.
  • Pero estoy muerta... ya no puedo hacer nada...


Me encuentro mal, me siento fatal, de pronto todo se está haciendo borroso, algo tira de mí, no quiero irme, ¿qué me está pasando? No es el Ángel quien me lleva, ¿qué pasa?.
Me desvanezco, estoy desapareciendo, no siento, no veo, no puedo escucharte más Ángel...

  • ¿Ángel?

Una luz me ciega, siento dolor, me siento densa, el cuerpo me pesa ¿el cuerpo? ¿Estoy viva? Escucho una voz muy tenue...

  • La hemos recuperado.

Me quedo dormida. Me han salvado, no he muerto, y ya no sé bien si deseo irme o quedarme, he vuelto al infierno que ha creado el ser humano. Pero al fin conozco mis propósitos, tengo motivos para luchar, ya no me siento sola, ese Ángel me acompaña y si quiero ayudar puedo hacerlo, al igual que él lo hizo conmigo, guiaré a quienes me busquen para encontrarse a sí mismos, y para entender su mente y hallar sus propósitos mundanos.

Estoy viva...aunque siempre lo estuve y siempre lo estaré, vivo en forma de galaxia, en forma de estrella, en forma de hombre, en forma de mujer... vivo en millones de formas que ni siquiera he podido ver, pero me siento en cada ser vivo, en cada roca o montaña, en cada atardecer, en cada luz y en cada sombra, la muerte no existe... SOY...

Arael Elämä Araham.
Una mirada al Alma

lunes, 6 de abril de 2015

DIARIO DEL AYER - EL HOMBRE QUE SE FUE

DIARIO DEL AYER
Capítulo 1

El hombre que se fue

En esas hojas de papel escribí sobre el amor, sobre la tristeza, sobre el dolor, sobre los sueños que tanto cuesta conseguir...
Cuadernos y cuadernos con el nombre de lo que mi mente traducía desde mi alma, inonherentes pensamientos de una niña, de una joven que no comprendía el mundo tal y como era, tal y como sigue siendo...
Siempre supe que mis preguntas no eran las mismas que se hacían mis amistades, por eso al final me rodeé de amigos mucho mayores que yo. Parecía que sólo ellos podían comprender la profundidad de mi alma.

Fue difícil para una chica de veinte años vivir desde ese océano y ver a través de él todo un mundo, desde esa perspectiva tan intensa, tan distinta de la de las personas que conocía de mi edad. Ahora todo es diferente, más comprensible, más grácil, tal vez los años y mi propio trabajo interior me han llevado a integrar todo ese mundo profundo sin miedo.

Recuerdo que en aquella época estaba enamorada de alguien, alguien que tenía catorce años más que yo. Era un amor de esos intocables, de esos en los que percibes magia cuando le miras a los ojos, de esos en los que no hace falta que le veas para que sepas que acaba de entrar por la puerta y que está detrás de ti, de esos que sabes que podrían ser lo más maravilloso del mundo, o lo más terrible.
Su mirada era pura, profunda, hermosa, y me recordaba mucho a alguien a quien llevaba en mi alma grabado, pero su corazón estaba demasiado herido para amar, demasiado triste, demasiado enfadado con el mundo, demasiado decepcionado de la vida. Supe enseguida que le amaría en silencio, que me conformaría con su compañía cada vez que nos reuniéramos, que me quedaría con las conversaciones profundas que teníamos, que no me atrevería nunca a decirle lo que sentía.
Y así sucedió.

Y en mis cuadernos escribí la historia de un hombre desdichado, deseando amar y ser amado, un hombre que acabó desapareciendo un día, para entregarse al sufrimiento, a la duda, al miedo. Tal vez por ese atormentado sentimiento de derrota y de conformismo, el alcohol fue su única salida, y su refugio un amor de mi misma edad que no era amor, una de esas relaciones de despecho hacia la vida que al final sólo volvió a dejarle en el vacío profundo de su alma.

Sufrir por alguien a quien amas en silencio, amarle sin que se dé cuenta, verle destruirse, no fue nada fácil, pero fue algo que decidí, algo que mi alma supo que debía hacer, un aprendizaje, un amor que fue amor en la distancia, como un susurro imperceptible, como un dolor punzante que me hizo llorar cuando él se fue, cuando prefirió dejar de sonreír y desdibujarse de nuevo en su mundo decadente.

Amando aprendemos, incluso cuando no somos correspondidos de la manera en que deseamos, y amando crecemos, nos concemos, nos adentramos en nuestra capacidad de dar.

Las experiencias que vivimos nos ayudan a ser lo que somos como personas, nos moldean, nos ayudan a dar los retoques a nuestra personalidad. Si eres confiado, tal vez acabas siendo todo lo contrario, o si eres impulsivo, acabas reteniéndote por miedo a recibir un no como respuesta. Sin embargo, todo lo que he aprendido ha desenvocado en una verdad que no puedo negarme, y es que siempre hay algo inmutable en uno mismo, nuestra verdadera esencia jamás cambia, y el que se muestra como un león, si su esencia era de un ciervo, seguirá siendo un ciervo, y el que se muestra como ciervo, si su esencia es de león, seguirá siendo un león...



Un disfraz no define a la persona, y de veras he visto que realmente las apariencias engañan, nada es lo que parece.

Afortunadamente, sé a ciencia cierta, que todo el mundo merece una oportunidad, aunque vea en su mirada que oculta secretos, que hay sombras que se están escondiendo para no ser descubiertas...

Cuando aquel hombre se alejó, recuerdo haber deseado que estuviera bien, que hallara su paz interior, pues por aquella época comprendía bastante bien las batallas que se libran en el interior de cada uno. Sin embargo, él me enseñó algo que no sabía, y es que tenemos siempre dos caminos, huir de nosotros mismos ahogándonos en nuestro rechazo al mundo, a la vida que nos ha tocado vivir, negándonos así el amor más puro y verdadero para echarnos a los brazos de una ilusión que nos rescate de la soledad que hay en nuestro interior, o bien aceptar desde al amor quiénes somos, por qué estamos aquí, y agradecer lo que hemos vivido, lo que estamos viviendo, abriéndonos así a maravillosas posibilidades que ni siquiera somos capaces de imaginar...

En ese momento no comprendí la importancia de lo que había aprendido, sin embargo, nunca olvidé lo bueno que me aportó sentir aquel amor, un amor que nació de mí, un amor que yo sí pude, y puedo sentir sin que se contamine con nada.

En realidad nada ocurre por casualidad, y hasta aquella persona que menos te esperas, puede remover algo muy grande dentro de ti, y puede haber llegado a tu vida por algo que es increíble, y no hace falta que mantengas ninguna relación especial con esa persona, nada de eso, simplemente, ha llegado para mostrarte algo, aunque no siempre lo sepamos ver en el momento adecuado.

Así que, no te distraigas, presta atención a la señales, porque a veces, la mente interpreta la realidad de una manera equivocada, a su propia conveniencia, y luego resulta que el corazón sólo deseaba mostrarte a una persona, enseñarte su alma, como si te estuviera presentando a un amancer, para que en su belleza puedas contemplar la gran sabiduría que se esconde en cada universo humano, incluyendo el tuyo, sobretodo en el tuyo.

Cuando llegó el momento, solté aquel apego con aquel hombre que tanto me hizo sentir, y a los pocos meses conocí a una persona que me demostró lo que es el amor en pareja de una forma maravillosa.

Arael Elämä
Eva Bailón

domingo, 12 de enero de 2014

LUCHA INTERNA

Algunos creen que siempre estoy en la luz, que siempre estoy conectada y que no me afecta el sufrimiento, sin embargo, eso no es cierto, soy como todos, me he descubierto en algunos momentos vencida y derrotada, pidiendo ayuda a mis guías para seguir adelante y para lograr comprender por qué estoy aquí.
No quisiera desanimar a nadie, ni aportar oscuridad a mi propio espacio, sin embargo, considero que mi parte más humana debe ser leída.
Esto es un reclamo de mi alma, tal vez contaminada del dolor que siente mi ego, un reclamo que muchos seguro habéis hecho, al igual que yo.

CARTA DE UN SER HUMANO


A vosotros, seres que, desde el otro lado nos guiáis y observáis, quisiera enviaros una carta, una carta que refleja el estado que los que vivimos aquí en este planeta, en esta humanidad, nos angustia en algunos momentos, nos descentra de lo que hemos venido a hacer o a ser, nos atrapa y nos hace sufrir, una carta que a la vez deseraría enviar a la humanidad completa...

Queridos seres humanos, queridos guías:


No sé cómo describir esta magnificencia en mi interior, este desasosiego que me abruma hasta el punto de parecer enloquecer por momentos. A veces, la comprensión de lo que mi alma sabe no es para nada algo fácil de asimilar por mi mente limitada, y la tristeza que me embarga en este momento, atraviesa mi corazón y lo aplasta con la terrible sensación de haber intentado intervenir en un destino inevitable que siempre se cierne sobre la raza humana.

El dolor que me está azotando el alma es el dolor de un ser que sabe que sus esfuerzos parecen estériles ante un grupo de realzados hombres, llámese raza infrahumana bajo el parecer de mi sentimiento humano y el de otros muchos. No sé cómo puedo explicar lo que siento en mí cuando me inunda este sentimiento de impotencia ante la barbarie que mis ojos contemplan, y no me refiero a los ojos de mi rostro de mujer humana, sino a los ojos de mi corazón, a los de mi alma. En muchas ocasiones he deseado marcharme de este lugar que tanto sufrimiento desprende en sí mismo, un sufrimiento que percibo en mi ser como un corte profundo que me sangra sin parar, desangra mi inocencia y mi esperanza de que algún día todo cambie.

Está claro que no se puede transformar algo que aún no está listo para ser transformado, sin embargo, sé muy bien que hay quienes están en el camino de esa metamorfosis, hay hombres y mujeres que se empiezan a dar cuenta de que hay que cambiar algo, algo que va más allá del mero hecho de que en esta vida sean represores u oprimidos, víctimas o no de la injusticia humana. Se trata de reconocer lo que somos, de conocernos, de saber quiénes somos y descubrir todos aquellos errores que hemos estado cometiendo una y otra vez, vida tras vida, reencarnación tras reencarnación, y dejar de cometerlos de una vez por todas!!!!



De repente me siento extraña, como si no fuera parte de esto, como si hubiera venido como espectadora, como una observadora que desea cumplir un objetivo claro, el de aportar luz a este caos de oscuridad tan absurdo.
Pero soy una pobre ilusa si creo que he venido sola a hacer esto, pues hay miles de personas que comparten esta visión, que han llegado con este objetivo, así que debo recordar que no estoy sola, que estoy rodeada de seres que han venido para ayudar, para dar amor, para dar luz, y que hay muchos otros seres humanos que también desean dar amor y luz y crecer, evolucionar, cambiar, elevarse y aportar su granito de arena para que la humanidad por fin crezca y deje de ser como un simple simio que se comporta como un puñado de gorilas que, en su jaula, se pelean por alcanzar la comida y el lugar más privilegiado, luchando y compitiendo entre ellos, matándose, hiriéndose, gruñéndose los unos a los otros...
Se amotinan para dominar a los demás y así conseguir esclavizarlos, es tan bajo que no entiendo ni siquiera cómo puede ser que aún exista este tipo de individuo en este mundo que lleva tanto tiempo de evolución. En definitiva, el ser humano no ha cambiado nada en todo este largo tiempo...

¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo esos simios primitivos que se benefician del sufrimiento y el hambre, de la pobreza y el esfuerzo de los otros?

En ocasiones me imagino tirando la toalla, y pido que me lleven de aquí, que no lo soporto más, que no deseo continuar en este mundo incoherente y descabellado...

Por más tiempo que pasa, no consigo adaptarme a esto, no lo consigo...
Pero tengo una cosa muy clara, he decidido no rendirme, y eso es lo que voy a hacer, no rendirme, aunque me sienta sola, aunque desfallezca o me desespere, aunque no pueda comprender este sistema de vida que hay aquí, aunque me sienta como una extraterrestre que preferiría esconderse en un monasterio para no enfrentarse al mundo que le rodea y quedarse sólo con sus meditaciones y conexiones con el otro lado...

Entiendo muy bien a los que sufren por estar aquí, a los que han vivido vidas difíciles y han sufrido mucho, a los que han pensado alguna vez que ojalá el mundo se parase para apearse y marcharse, a los que miran al cielo y dicen “quiero irme a casa”, a los que se sienten solos y desamparados, a los que buscan a su complemento en polaridad, llamado también alma llama, o llama gemela, a los que lloran desde el alma la pena de ver un mundo tan distinto de lo que sienten en sí mismos que debería ser... pero no hay que desfallecer...

Llorar, sí, el alma a veces llora, mi alma lo hace, mis lágrimas también se asoman, como en cada uno de los que me leen, también puedo estar sumida en la oscuridad, también puedo sufrir, de hecho, mi hipersensibilidad me ha hecho fuerte, pero no insensible, todo lo contrario, he aprendido a ser más sabia, a protegerme del dolor, de la vibración negativa o tóxica que pueda dañarme, he aprendido a ver más allá del cuerpo físico, a mirar las almas de las personas, a saber cómo puedo ayudarlas si ellas me lo piden, pero me duele, sí, me duele ver la crueldad de algunos seres humanos con respecto a otros...

Hemos venido a experimentar, lo sé, pero no puedo comprender por qué tenemos que continuar experimentando el dolor hasta extremos tan despiadados... ¿Cuándo vamos a dejar de necesitar experimentar la atrocidad?

Cambiemos nosotros, sanemos, limpiemos la porquería que nos ensucia, dejemos paso a la luz, al amor, seamos por fin seres humanos de verdad, una nueva raza, la raza del hombre puro, el hombre de la nueva era de luz en la Tierra, en Gaia...

Esto es un reclamo, una llamada a la nueva humanidad...

Desde la desesperación de mi alma por la desesperanza pasajera que a veces la embriaga, reivindico el derecho del ser humano a avanzar, a elevarse, a lograr la luz que desea...

Desde el amor de mi espíritu, confío en la certeza de que eso va a suceder así porque ha llegado ya el momento...

Arael...


miércoles, 16 de octubre de 2013

MI SOMBRA...DOLOR

En ocasiones, cuando despierto por la mañana, una terrible sensación de tristeza me invade sin motivo aparente. Es como si ella viniera a darme los buenos días, con su expresión melancólica, con su atavío indeleble, colmado de dolor, un dolor que no entiendo en ese momento.
Abro los ojos y sólo quiero llorar.
Un tremendo miedo me inunda el corazón, me estremece, me sacude el alma.
Me pregunto entonces por qué me siento tan vacía, tan enormemente desdichada, si todo está bien, si todo marcha como ha de ir, si todo a mi alrededor sigue siendo como siempre.
Entonces, en mi desahogo, me doy cuenta de que deseo salir allá afuera, olvidarme de todo, recorrer el mundo, sin temor, ir al mar, quedarme horas observándolo, escuchando mi música con mis auriculares, en silencio, sola, acompañada únicamente de la cálida brisa que se respira en la playa...
Deseo descalzar mis pies, caminar por la arena, bañarlos en las espumosas olas tranquilas que bailan al son del viento, y después sentarme frente a ellas para dejar pasar el tiempo entre mí, conmigo...
Pero sé que eso no es suficiente. A veces no comprendo qué es lo que me está ocurriendo y, en mi deseo de huir de mi desesperación intento alcanzar lugares que me hagan sentir arropada, comprendida por mí misma, compensando mi exquisita sensación de desamparo, de soledad, de amargura...
Nunca me gustó compartir estos momentos en los que estoy hundida en mi dolor, siempre los oculté, los viví conmigo misma, porque es inútil intentar que otros te puedan ver por dentro y puedan comprender lo que estás sintiendo...¿Para qué compartir el dolor?...


- ¿Qué te está ocurriendo, mi querido Yo pequeño? -susurra mi  Espíritu.

- No lo sé. Me siento como un vagabundo caminando solo por este mundo inhóspito, desenredando los hirientes lazos que hay en su alma con las ilusiones de lo que nos ofrece un mundo banal, pero al mismo tiempo rodeado de belleza. El mar es mi aliado en los momentos en los que vuelvo a ser un mendigo que llora, un mendigo que ya no pide la limosna del amor, o de la comprensión, un mendigo que sencillamente intenta abrazarse y alimentarse de lo que su propia alma emana.

- Tal vez deberías analizar con tu corazón lo que estás sintiendo...

- Sí, tal vez. Me pregunto, cuando estas sensaciones me invaden de repente, si no estaré sintiendo algo que no es mío, tal vez la tristeza de esas personas que sufren por las trivialidades de la vida, problemas que aquí, en este mundo terrenal nos pueden destruir.

- Es bastante lógico, teniendo en cuenta tu capacidad de sentir el dolor ajeno, tú sabes perfectamente conectar con los demás, has descubierto que todos estamos conectados por una inmensa red que transmite la información de lo que somos y de lo que sentimos. Piensa en cómo puedes salir de este estado tan sombrío, y piensa que su tristeza también es la tuya, hace mucho tiempo que una herida no acaba de cicatrizar en tu alma.

- No sé salir. Sólo sé que el dolor es punzante, que me sostiene y retiene en un pozo oscuro, y que estoy a punto de desvanecerme en el olvido de mí misma, deseando desmayarme en el sueño para no seguir más tiempo en este camino en el que la desilusión se hace presente cada vez que toco fondo, cada vez que me separo de mí misma...

- Temes a la vida, vives con miedo, a pesar de que ya sabes que si no sales ahí fuera y te enfrentas  a él, si no saltas al vacío pase lo que pase, siempre estarás atada a ese temor, y nunca serás del todo quien eres. Primero debes conocerte a ti misma, eso ya lo has aprendido, pero luego debes pasar a la acción, actuar, dejar de esconderte y ser, existir, vivir...

- Sí, mi querido Espíritu, yo abrazo al miedo cada vez que se me presenta frente a frente para paralizar mis pasos, pero necesito una ilusión que me de las fuerzas para seguir adelante...

- Pero la ilusión está en ti misma, recuerda qué es lo que te alimenta el alma y sal ahí fuera a buscarlo.

- Deseo pintar en un lienzo lo que mi alma grita, deseo cumplir lo que tanto tiempo quise hacer y no hice, tú sabes que dentro de mí hay un ser creativo, que anhelaba ser artista, pintar cuadros, diseñar un mundo basado en su propio mundo, dibujar, tocar el piano, vivir cerca del mar, escribir ese libro que no acabo nunca, disfrutar de la música y de la belleza de este planeta...

- ¿Y a qué esperas para empezarlo?, ya llevas mucho tiempo retrasando tus sueños por miedo...

- Cierto, pero es que ya no tengo edad para ponerme a estudiar bellas artes, ni tampoco para aprender a tocar el piano, ni tampoco tengo medios para irme de aquí y vivir en esa casa cerca de la playa, con mi buhardilla, donde soñaba que pintaba, escribía y tocaba mi propia música en mi piano blanco, ya no puedo conseguir eso, se me acaba el tiempo...

- Imagina que vas a morir dentro de un mes, ¿qué harías con tu vida?

- Vivirla al máximo, imagino.

- Tienes que vivir tu vida como si cada día fuera el último, ama, vibra, siente, entrégate a lo que deseas, no llores más y sal ahi fuera, vístete de ti misma, deja ya de sobreprotegerte, no temas al dolor, si no arriesgas no ganas, si temes sufrir no podrás conocer la felicidad...

La conversación con mi Espíritu, con mi Yo superior, me ayuda y me ofrece la posibilidad de reinventarme, de abrir mis alas definitivamente y volar, pero este mundo me ata tanto... Salgo a mi balcón, el sol baña de colores los árboles que hay frente a mí, las casas que rodean mi edificio parecen especiales bajo la luz otoñal de este sol tan luminoso, el parque, vacío, parece invitarme a que emerja de mi dolor y pasee para desenredarme de esta tristeza absurda, pero tan dolorosa que hay en mi corazón...

Y es que, no soy inmune al sufrimiento, a la angustia, al miedo, convivo con todo ello, aunque siempre me baño en el optimismo de mis sueños, los cuales persigo y busco, aunque no exenta del temor de que se desvanezcan ante mí como un espejismo...

Es tan difícil expresar esta sensación de esclavitud de mi alma, este sobrecogedor desaliento, este agotador sentimiento de renuncia de lo que soy, no quiero huir de mí, amo lo que soy, amo quien soy, sin embargo, aún quedan resquicios de mi desamparo en este planeta donde nací.
Siempre sentí que haría algo importante, pero que no lo haría sola, ya el anhelo me ha vencido, me destroza, me destrona de mis propias fuerzas, que ahora me faltan para seguir caminando...

Pararé, descansaré, beberé de mi sabiduría interior para recobrar ese paso lento que emprendí para liberarme de las mentiras que nos rodean, pero ahora, hoy, adormecida por este llanto interno, voy a darme un respiro, y voy a atravesar esa puerta que hace mucho tiempo debí cruzar, aunque al hacerlo tal vez ya no haya nada, ni nadie esperándome...

Arael...