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Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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sábado, 28 de julio de 2018

MUNDO LABERÍNTICO


Es extrañamente habitual, en cierto modo, que me sorprenda a mí misma atrapada en una espiral casi laberíntica y claustrofóbica de pensamientos que, a menudo, no sirven para casi nada.
Hace relativamente poco me preguntaba, por ejemplo, qué pensamientos son realmente míos, es decir, cuáles han nacido de mi propia creación tras una larga o breve, según se mire, introspección que suele conducirme a conclusiones acerca de diversos temas o hechos.
La verdad es que podría asegurar que la mayoría de esos pensamientos y deducciones son el resultado de la combinación de multitud de creencias que he ido guardando en mi inconsciente sin ni siquiera tener conocimiento de ello, lo cual es bastante frustrante, e incluso aterrador si tenemos en cuenta que eso significaría que realmente nada de lo que pienso es genuino, más bien es como una especie de implante que determina no sólo mi forma de pensar, sino mi forma de actuar y como consecuencia, mi forma de vivir.
¿Realmente lo que pensamos es producto de lo que somos? O preguntado de otra forma ¿lo que somos es lo que pensamos?.
No creo mucho en el uso de la palabra “normal”, más que nada porque me pregunto qué definimos por “normal”, seguramente aquello que en nuestro inconsciente se aferra a lo que llamaría “el programa base”, así que no voy a decir si nuestros pensamientos son normales o no lo son, más bien voy a dirigirme a éstos como ínfimas formas de vida que, si bien parecen bastante inofensivas, existen en nuestra mente y forman parte de una inmensa herramienta creadora, teniendo una gran capacidad de guiarnos peligrosamente, tal vez, hacia actitudes que determinan drásticamente la forma en la que experimentamos la vida, la manera en que creamos nuestro mundo personal y a su vez colectivo.
Entonces, todo aquello que yo pueda opinar acerca de cualquier cosa, incluso acerca del otro, puede ser una mentira, algo ilusorio, basado en cómo yo percibo e interpreto lo que veo.
Pero, ¿lo que percibo es producto de mis pensamientos, o lo que pienso es producto de lo que interpreto al observar el mundo?
En ese laberíntico camino de mi mente, me doy cuenta de que hay algo más allá de mis pensamientos, hay una sabiduría cuya procedencia pareciera provenir de algo “superior” a mí misma, o tal vez simplemente es lo que yo soy en realidad lo que se manifiesta cuando me cuestiono todos esos pensamientos absurdos que viajan en mi mente.
Y esa sabiduría me advierte de que no me deje llevar por las apariencias, y sobre todo, de que no me crea nada de lo que pienso.
Lo que existe en mi inconsciente es algo así como un conjunto de filtros de colores diversos que se posicionan y alternan según el momento, el tema, y la resolución final que mi programa base tiene predeterminada para mí.
Así pues, nada de lo que observo es nítido y puro, siempre lo traduzco a través de dichos filtros. Si algo es de color amarillo y mi programa pone un rojo para verlo, todo para mí tendrá un significado naranja.
A su vez, lo que yo contemplo, de color naranja según el ejemplo, lo recibo e interpreto de nuevo desde la idea de que es de ese color, y no de otro, y puedo criticarlo, juzgarlo, amarlo, odiarlo, en fin, vivirlo desde mi propio prisma.
Es evidente que, además de tener un sistema laberíntico de pensamientos entrelazados entre sí como ramas que parten del tronco de un súper sistema de creencias, tan enorme y variado como un bosque de árboles de diversas especies y diferentes tamaños, también existen las raíces de estas creencias, intecomunicadas entres sí y que me llevan al mundo emocional.
Cada grupo de creencias tiene sus propias reacciones emocionales asignadas.
Realmente, cuando me imagino cómo funcionaría un robot humanoide inteligente, no dejo de asombrarme al pensar que parecemos justamente eso, robots inteligentes que funcionan con programas y sistemas de subprogramas que determinan nuestra personalidad y nuestra funcionalidad.
¿Pero quíén soy entonces? ¿Un programa que sugiere que sea de una forma o de otra mi carácter?
Si no soy eso, ¿quién soy?
Entonces vuelvo a recordar esa parte que me hace estar por encima de mis pensamientos y darme cuenta de que no soy eso, esa parte de mí que me lleva a preguntarme quién soy.
La consciencia de existir es el primer paso, después llegan otros estadios en los cuáles vas reconociéndote, poco a poco, a través de diferentes fases, procesos, ciclos.
Lo cierto es que la Verdad no es lo que mi mente me dicta, y por tanto no puedo y no quiero vivir según sus obsoletos parámetros, sino según mi realidad interior, mi auténtico ser.
Y entonces llegan otras preguntas ¿quién está escribiendo esto?, ¿es mi personaje, o es mi ser auténtico usando la herramienta de mi mente como transmisora de mensajes, a través de la palabra escrita?
Lo cierto es que sólo puedo decir que por lo menos me siento en un peldaño o varios más arriba de lo que en el ayer estaba, y que sé que todavía puedo caer en la trampa del ego, en el laberinto mental que todo lo transforma a su antojo para hacernos creer que hemos trascendido y atravesado sus muros.
Escapar de ese laberinto es haber emergido de un paradigma antiguo y haber renacido en otro nuevo, más libre, más genuino, más afín a la esencia del ser que somos.
Y no es lo mismo pensar y crear desde ese paradigma nuevo, fuera de las barreras del enredo que nos limita, porque en el siguiente nivel todo es más real.
Si dejamos de creernos todo lo que nos fue impuesto, aunque de forma inconsciente, y comenzamos a crear


nuestro mundo desde la autenticidad de lo que somos, sin buscar comparaciones, sin competir con nadie, simplemente siendo fieles a nuestra verdad más pura, seremos capaces de manifestar todo aquello que esté en resonancia con nosotros a través del instrumento mental, un mecanismo que nos permite materializar todo aquello que nos imaginemos, siempre y cuando, el sistema de creencias que tenemos implantado se derrumbe por completo, o se transforme.
Nuestro gran potencial es muy desconocido para nosotros. Vivimos creyéndonos limitados en muchos aspectos donde realmente somos capaces de crear maravillas, sin embargo, no sólo se trata de crear, sino de hacerlo desde la consciencia del ser, que conlleva la inteligencia del amor incondicional, la sabiduría que nos aporta la diversidad y la interconexión, la unicidad de todas las individualidades, el respeto hacia el otro y hacia uno mismo y la comprensión de que lo que afecta a un sólo ser, afecta a todos, lo que afecta a un sólo planeta, afecta a todo un sistema solar, etc.
Hemos vivido desde la más absoluta ignorancia, creyéndonos el ombligo del mundo, ya toca madurar y generar una realidad más consciente y amorosa, saliendo por fin del laberinto tramposo que nos ha estado dominando durante tanto tiempo.

Arael Elama.


viernes, 25 de agosto de 2017

EMOCIONES Y ESPIRITUALIDAD


Sí, empecé un camino hacia la comprensión de quién soy y a qué vine a este planeta, como muchos otros.
Hay mucha gente que está transitándolo, pero creo que en tendemos a confundir mucho las cosas, a interpretarlas y adornarlas según lo que necesitamos en cada momento.
En este proceso interior en el cual nos estamos reconociendo, me he dado cuenta de que muchas personas niegan sus emociones, huyen de la tristeza, de la rabia, del dolor, tratando de sentirse siempre con la vibración elevada, fuera del alcance de su cuerpo emocional, sin embargo yo descubrí en mí misma que hacer esto no era exactamente elevar la vibración, y puedo decir que lo hice gracias a esas personas, pues reflejándome en ellas veía discordancias y comencé a preguntarme por qué.

La teoría es que si estás en una emoción de rabia estás emanando negatividad y eso no es propio de un ser espiritual, así que inmediatamente vas a tratar de eliminar la sensación, ya sea meditando, pensando cosas positivas, etc.
No estoy diciendo que meditar no ayude, sino que todo depende de la intención que le pongamos a cada cosa que hacemos, no es lo mismo meditar para elevar nuestra consciencia y hallar respuestas, sentir la emoción y trascenderla desde el amor, que tratar de huir de ella a través de la meditación y una falsa sensación de haber dejado atrás dicha sensación, cuando en realidad sólo la hemos vuelto a mandar al inconsciente.
Si bien es cierto que puedes estar en un estado poco beneficioso para ti y para otros, pues a nivel energético estás desprendiendo lo que sientes y piensas, lo único que realmente puede ayudarte a elevar la vibración es el amor, el amor a tus emociones, la aceptación de la rabia, del dolor, de la tristeza, de aquello que sientas, sin ponerle juicio, pues si emerge en ti es para mostrarte algo, no para que lo trates de esconder de nuevo en tu inconsciente. Esa es la manera en la que puedes limpiar los pensamientos que te hacen despreciar las emociones a las que llamamos densas, que resulta que no lo son en realidad, sólo son emociones, sin más, pero nuestras ideas acerca de ellas las convierten en lo que creamos, puesto que es lo creemos.

Si hacemos esto lo único que conseguimos es poner en la sombra todo aquello que sentimos que no nos agrada, para que vuelva a salir al consciente con más fuerza en otro momento, frente a otra situación que lo hace detonar.

Sinceramente opino que avanzar hacia lo que somos no consiste en negar lo que somos, o lo que sentimos, eso es sólo disfrazarnos de espirituales con palabras bonitas, con proclamaciones falsas, con un autoengaño que acaba por mostrarnos la verdad tarde o temprano.



No tiene nada de malo, ni de bueno, estar en un ciclo en el cual no queremos sentir miedo, o ira, por ejemplo, pero la vida misma nos va poniendo frente aquello a lo que nos da miedo enfrentarnos y siempre es por un bien mayor.

Tenemos miedo de sentir algo que no sea bonito, miedo del miedo, miedo de no vibrar alto, miedo de no ser especiales, espirituales, maravillosos seres angelicales que sólo sienten amor y felicidad, pero es que ése no es el objetivo de este camino, es más, ni siquiera es un camino, es un reconocimiento de nuestro potencial, de nuestra verdad, y somos humanos evolucionando, humanos que están madurando espiritualmente, humanos que están comprendiendo y aceptando su cuerpo mental, emocional, físico etc., humanos que están aprendiendo a amarse incondicionalmente, amarse no sólo cuando están alegres, sino también cuando están llenos de ira, llenos de dolor, o de miedo.

No entiendo muy bien por qué tanta necesidad de estar en ese punto de exclusión de las emociones, ahora pareciera que es vergonzoso estar enfadados, o iracundos, pareciera que si no estamos todo el día en la vibración del amor estamos fracasando en nuestra espiritualidad, y sin embargo, lo que veo es que se ha creado una nueva faceta egoica que lo único que hace es rechazar de nuevo, rechazar y separar, en lugar de integrar.



Por mi parte reconozco que a veces siento rabia, o miedo, o tristeza, y que eso también forma parte de mi comprensión de quién soy como ser humano, y amándome, teniendo paciencia conmigo, entendiendo para qué me siento así, sigo creciendo espiritualmente, pero he visto que no sirve de mucho negarme a sentir lo que no me gusta, así que ya no me engañaré, pero sí me observaré, me permitiré expresar lo que siento, sea lo que sea, siempre que no dañe a nadie, ni siquiera a mí misma, pues es mejor que las emociones naden en mí hasta desaparecer por sí mismas, por amor hacia mí, por amor hacia mi niña interior, por amor hacia lo que soy, hacia lo que somos.

Hasta que no integremos todo eso no dejaremos la dualidad...

Estoy un poco cansada de ver cómo algunas personas se torturan por estar sufriendo, que ya es demasiado en sí mismo, sufrir por no querer sufrir, por no aceptar que en ese momento el dolor se ha convertido en sufrimiento. Si bien es cierto que el sufrimiento es una elección, no es una elección sencilla, es decir, hay personas que no quieren sufrir y te lo dicen conscientemente, pero no logran salir de un bucle de sufrimiento. Y es que recordemos que todos llevamos a cuestas algún que otro patrón, algún programa del inconsciente que nos controla, y no es fácil para todo el mundo elegir no sufrir sin aún están siendo llevados por dichos patrones.
De hecho, a veces nuestro ser ha elegido realizar nuestra transformación a través de una ardua limpieza de esos patrones y por supuesto no es nada fácil, pues toda transformación suele ser dolorosa.

Cada cual tiene su propio proceso consciencial, así que no podemos pedir que todos reaccionen igual ante el dolor, pues dependerá de su madurez interior.
Sólo desearía que los que sufren o están estancados en algún drama, alguna situación que les atasca, no se sientan poco espirituales, pues todos somos seres espirituales, creo que los procesos que experimentamos son tan complejos como nuestra mente, rebuscados en ocasiones, sí, pero cada uno vive lo que necesita vivir para ir dando pasos, y es totalmente respetable.

No es mejor aquel que dice estar muy elevado, o que se siente así, ni es peor aquel que siente miedo por alguna razón, todos somos lo mismo, y todos hemos venido con misiones individuales que juntas forman una misión colectiva como humanidad.

Algunas misiones son de un tipo y otras de otro, pero no son mejores unas que otras, y aquellos que se empeñan en negar su parte emocional mirando a otro lugar, mirando hacia las emociones que creen más dignas y espirituales, tarde o temprano se encontrarán con aquello que se están negando, pues todo forma parte de su proceso.

No hemos venido a dejar de sentir emociones, sino a aprender a integrarlas y a amarlas, hemos venido a aprender a ser otro tipo de humanos, comprensivos, amorosos, capaces de trascender sus emociones, no eliminarlas o negarlas. Negar lo que sentimos no nos hace mejores y retrasa nuestra evolución.

Esto es lo que he ido aprendiendo, así que si hoy me siento enfadada, me siento enfadada, y no pienso mentirme, estoy enfadada y observo el enfado, porque me está hablando, algo me muestra, y si no pongo el foco en lo que me está diciendo ese enfado no saldré nunca de esa emoción, sólo la encapsularé en un lugar recóndito de mi inconsciencia, para que vuela a surgir cuando menos me lo espere y con mucha más contundencia.

No se trata de re-accionar por esa emoción, sino de escucharla, sentirla, dejarla ser, la re-acción es parte del juego del ego y eso no nos interesa.
Podemos meditar para ver ese enfado, podemos respirar profundamente, para que no nos controle, podemos elevar la vibración para trascender la emoción, mirándola de frente, como si hablásemos con ella, podemos pedir ayuda a nuestro ser superior, recordemos que somos seres multidimensionales, podemos integrar lo que nos quiere mostrar la emoción, y luego podemos soltar.

No creo en los trabajos energéticos en los que no hacemos nada, es decir, sólo creo en aquello que nos va ayudando a crecer espiritualmente, y aquello que realiza esa función, nos enfrentará a lo que tenemos que limpiar, a lo que somos completamente, si no lo hace, si lo que hace es hacernos huir, tapar y esconder, no está ayudándonos a crecer, y nos estamos engañando, creyendo que estamos evolucionando, cuando en realidad sólo estamos jugando a ser espirituales. Nuestro ego sigue estando ahí, muchas veces sólo cambia de disfraz.

Tal vez por eso algunas amistades me hablan de personas que dicen ser muy espirituales, o que publican muchos escritos acerca de terapias, etc, pero luego muestran una cara muy egoísta y mezquina, en cuanto hallan la oportunidad.

Todavía muchos seres humanos sólo son unos niños jugando a ser adultos en lo que a la espiritualidad se refiere”

Observémonos...amémonos...integremos...

Arael Elama

jueves, 20 de octubre de 2016

ALMA Y MENTE


Hace años ya sabía lo que significaba idealizar a alguien, enamorarse de una imagen falsa que nos formamos sobre una persona. Diría que la mayoría de los seres humanos se enamoran así, de una fantasía, de lo que creen que es la persona amada, porque la función de nuestra mente es precisamente la de interpretar la realidad y muchas veces lo hace de una forma bastante conveniente, en lo que se refiere a los sentimientos y emociones. Hoy veo que la mente siempre idealiza, en todo lo que ve, crea imágenes falsas sobre todo y proyecta hacia el exterior todo lo que cree que es real.

Así, cuando uno siente rechazo hacia alguien, siempre encontrará justificaciones basadas en sus prejuicios hacia esa persona que no acepta, y esto también ocurre por la interpretación mental que hacemos respecto a los demás, aunque la mente no sólo funciona así con las otras personas, sino que también lo hace con las cosas, y con animales, insectos, lugares, etc.

Lo que es cierto es que la mente cumple a la perfección con su misión, hace lo que tiene que hacer, así como lo haría nuestro ordenador, lo organiza todo de forma automática, los recuerdos, la información subliminal que nos alcanza aunque no la percibamos conscientemente, las programaciones que nos controlan a través de medios de comunicación, de normas, adoctrinamientos, modas, y también aquellas memorias ancestrales, familiares, que permanecen silenciosas pero que actúan más activamente de lo que nos imaginamos.
Nuestra mente cuenta además con un sistema operativo que, como bien dice la palabra, opera basándose en lo aprendido, en lo subyacente que se halla en el inconsciente y a las programaciones y memorias anteriormente mencionadas. Todo ello está bien sujeto y entrelazado en una especie de entramado de creencias muy poderosas a través de las cuales se mueve cualquier pensamiento e idea.

Todas las mentes a su vez están ligadas unas con otras a través de la consciencia colectiva y la inconsciencia colectiva, es decir, a través de lo que pensamos colectivamente de forma consciente y a través de lo que nuestra mente inconsciente guarda y reserva, actuando con mucha más influencia que el propio pensamiento consciente, es más, diría con total seguridad que nuestra mente despierta o consciente está casi totalmente controlada por lo que sucede en ese inconsciente, y que, lamentablemente, no somos nosotros mismos, libres y en esencia, hasta que no logramos deshacer los programas que actúan como piloto automático en nuestras decisiones, en nuestra forma de vida, en nuestra forma de actuar. Además, las creencias están «fabricadas» a partir de esos programas, ya sean por aprendizaje, por herencia ancestral, o por inducción social.

Pondré un ejemplo. Si un grupo social cree que ser pelirrojo es demoníaco, esto repercutirá en todas las personas del grupo, las que tengan el pelo de ese color sufrirán por sentirse repudiados por el resto, y las que no, sentirán miedo y rechazo por esa creencia implantada en su mente consciente. Pero esa mente consciente está controlada por las memorias del inconsciente, donde seguramente habrá algún suceso marcado en la historia de algún grupo de  ancestros, que fue el inicio de esa creencia. Seguramente alguien con el pelo de ese color impactó negativamente emocionalmente al realizar algún acto que quedó grabado en la memoria celular. Tal vez fue un asesino despiadado en la época de los tatarabuelos de las personas del grupo. Así, aunque no se recuerde lo que ocurrió en esa época, el miedo queda instaurado en el inconsciente y eso provoca reacciones que van más allá de la mente consciente, la cual entiende que no le gusta la gente pelirroja pero no puede dar una explicación razonable y lógica a ese rechazo.
Imaginad ahora todo lo que hay en nuestra memoria colectiva, guerras, muertes, violaciones, aberraciones, incestos, asesinatos, unido a ideas muy marcadas relativas al género y a la raza, o religión de la persona, hombres marcados por la creencia de que deben ser fuertes y duros, sin emociones que no sean la ira y el odio, hombres que creen que amar les debilita, y que el deber y el honor está por encima de todo, hombres que deben matar para conseguir el triunfo, mujeres que creen que tienen que ser sumisas y que no pueden hacer lo mismo que los hombres, porque son inferiores, porque están a su servicio, para ser sus  esposas, o sus prostitutas, sólo engendrar hijos es su función o dar placer al hombre, y poco más era su cometido. Ellas consideradas débiles y frágiles, ellos fuertes e insensibles, ellas manipuladoras para hallarse a sí mismas y salvarse de una realidad demasiado dura, ellos intrigadores y creadores de invasiones, de injusticias... Religiones que han movido masas, manipulando las ideas de las personas a través del miedo, muertes en honor a dichas religiones, a su dios o dioses, esclavitud, maltrato a personas de otras razas...

Todo esto está en nuestro inconsciente colectivo, todo ese dolor, toda esa amargura, pérdida de seres queridos, dolor inhumano. Una gran mutilación de nuestra verdadera esencia, de nuestra parte más HUMANA durante tantos siglos...

Todo aquello que ha ido sucediendo, ha ido quedando almacenado en nuestras memorias, y funciona y actúa como una serie de filtros que nos impulsan a escoger el tipo de persona que nos cae bien o mal, nos lleva a prejuzgar, a odiar, a rechazar o a amar a otros sin saber el motivo. Aún nos resistimos a darnos cuenta de que somos iguales, y que no hay nada más que una verdad, una que reconoceremos si nos reconocemos a nosotros mismos primero, pues en nuestro interior está la dicha que buscamos afuera, dentro no hay diferencias, sólo la mente las crea.
Nuestra parte consciente es muy pequeña, digamos que está al servicio del inconsciente y sólo funciona en un 5% de nuestras decisiones y actuaciones, mientras que nuestro inconsciente controla nuestras acciones en un 95%, desde los recuerdos dormidos que están allí inmersos, la mente consciente es sólo la punta del iceberg.

Si deseamos ser libres, si deseamos ser el «alma» que somos, tenemos que entender que debemos desinstalar todo lo que no es necesario que esté ahí, en el inconsciente, y hay muchísimo por limpiar.

Si entro en lo espiritual tendré que explicar entonces cómo funcionaría el resurgir del ser, cómo el alma cobra fuerza, mientras la mente empieza a estar a su servicio, y no al contrario.

Las personas que despiertan a sí mismas, sienten que tienen que limpiar la «basura» emocional y mental que se esconde en el inconsciente, acto al que llaman «sanación», pues lo viven de una forma muy intensa, ya que limpian muchos patrones, programas, memorias de dolor muy arraigadas, y el proceso se hace muy duro, en algunos casos excesivamente duro, todo depende de la carga ancestral que llevan y de su personalidad.



También se habla mucho del ego, el cual se mueve en la parte consciente, però enlazado a las creencias, como un puente entre lo oculto en la parte inconsciente y la relación con el exterior. El ego es un conjunto de personajes, máscaras o caretas, que usamos para relacionarnos con el entorno y con los demás. Pero el ego está contaminado por los miedos y por eso muchas veces no ayuda demasiado en nuestras relaciones.

Cuando empiezas a descubrir todo esto, el ego empieza a comportarse de una manera diferente. Lo primero que ocurre es que te das cuenta de que no eres tu inconsciente, no eres tu consciente, no eres el ego, ¿entonces qué eres, quién eres?

Cuando te preguntas esto es cuando puedes convertirte en el observador de ti mismo, y comienzas a ver cómo reacciona tu ego, qué hay detrás de cada reacción, cuánto miedo hay en ti, y también empiezas a sentir que puedes cambiar esas reacciones, puedes transformar aquello que sientes que pesa en ti, puedes borrar el dolor y quedarte sólo con lo aprendido, puedes ser una mejor versión de ti mismo.

Entonces te pones manos a la obra.

Aquí está el salto al vacío, te enfrentas a ti, a lo que creías ser, para empezar a ser lo que realmente eres.

Cada uno, entonces, va descubriendo su verdad, lo que hay en su interior, algunos lo llaman alma, otros ser, otros existencia, yo no sigo ninguna corriente de pensamiento en concreto, sino que más bien sigo la mía propia.

Pensar... Cuando estamos sujetos a ese paradigma del que he hablado antes, el pensamiento está sometido a ello, pero si se libera da paso a algo más, a eso que eres tú, a tu verdad sublime.

El pensamiento actúa de traductor de lo que vas sintiendo dentro de ti, de la verdad que eres, la mente se pone a su servicio, como herramienta para ser, para manifestar lo que eres, a través de tus dones, de tus talentos, de lo que llamamos sueños, anhelos, pasiones.

La intuición es la pequeña voz de tu alma, de tu verdad, que intenta guiarte hacia lo que más te conviene, aunque no lo puedas entender desde tu mente, y cuando desarrollas esa intuición, es decir, cuando empieza a pesar más tu verdad que lo que hay en tu inconsciente o lo que demande el ego, tu mundo, todo tu mundo se transforma, incluso el exterior que te rodea. De pronto empiezas a conocer a otras personas que vibran como tú, es decir, que están en la misma sintonía, y otras personas desaparecen de tu vida, tal vez incluso tu relación de pareja deja de ser lo que esperabas o deseabas, comienzas a tener la necesidad de dejarlo todo y hacer sólo lo que siempre quisiste hacer, tu sueño, y tu alma te pide un salto al vacío, un salto que tienes pánico de llevar a cabo porque te pide dejar atrás muchas cosas a las que te has acostumbrado, tu zona de confort.

El alma, esa verdad interna y poderosa, cada vez grita con más fuerza y si finalmente te atreves a ser quien eres, toda tu vida da un vuelco, de forma progresiva, o tal vez repentina, pero tú dejas de ser quien creías ser y una versión de ti, la verdadera, emerge.

Ahora ya eres tú, un tú que se une a la idea de que todos estamos unidos, un tú que se une a la sensación de que el amor brota desde dentro de ti, y ese amor lo sientes tan adentro que pareciera que tu corazón se ensancha, pareciera que realmente brota de tu pecho, como una fuente de luz, y te enamoras de la vida, des-aprendes lo que creías que era amor, descubres lo que sí lo es, y dejas de des-amarte, para comenzar a amarte como ser, como el dios que hay en ti, como el amor que eres, más allá de lo que tus pensamientos obsoletos opinan sobre ti, su opinión es una mentira, lo único que es válido es tu verdad, la verdad suprema de tu existencia, que es pura y coherente...

Sólo falta que la mente deje de interferir, que se una al cambio, que eleve su nivel de comprensión, que se ensanche, que deje de luchar contra el ser que eres y tu nivel de consciencia despierta sea más elevado. Tu inconsciente tiene que estar lo más limpio posible, nuevas creencias no limitadoras podrán nacer para llevarte al éxito de tu don, a quien eres, a ese nuevo ser humano que es realmente Humano.

Embarcarse en esta aventura, en este viaje que realmente sólo es un recordar quién eres, requiere de mucha valentía, coraje, amor, intención mantenida, fortaleza, y confianza o fe.

Alma o mente, tal vez seremos “Almamente”...el nuevo ser Humano en un cuerpo de luz movido sólo por el verdadero amor hacia todo en unidad...

Arael Elama