SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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jueves, 25 de febrero de 2016

UNA MIRADA AL ALMA - PERTENECER



Y allí, tumbada en el suelo, con los ojos cerrados, sentí una gratificante sensación de pertenencia a algo inmenso, algo que me impactaba en el pecho, algo que me sobrecogía y al mismo tiempo me hacía sentir una impensable felicidad interior que crecía y crecía, envolviéndome por completo.

Al abrir los ojos, vi las estrellas que brillaban ante mí, lejanas, mágicas, misteriosas, mostrándome algo tan sencillo que mi mente torpe no conseguía comprender, y en cambio, mi corazón conocía a la perfección y se alegraba de un reconocimiento instantáneo que se estaba apoderando de mí.

Cada luz que brillaba en la oscuridad del cielo, parecía estar contándome una historia diferente, y a la vez similar, perteneciente a un mismo libro, como si cada parte de ese universo fuera un capítulo de una misma vida, un mismo ser, una misma existencia.

En ese momento lo entendí, yo formaba parte de esa existencia, de ese libro de la vida, de la consciencia, y nunca había estado apartada de ello, por muy sola que pudiera sentirme, jamás lo había estado en realidad.

La ceguera del ego me había bloqueado, no era capaz de ver la verdad, no necesitaba pertenecer a nada, ya pertenecía a todo.
Y si era así, no había carencia de nada, todo era amor y todo estaba amándose entre sí, pues era el amor lo que mantenía en unión todo lo que era, todo lo que es.

Por muy lejanas que me parecieran las estrellas, las sentía, mi corazón latía a su ritmo, era como si ellas me escucharan, como si yo las escuchara, como si un lenguaje sin palabras se hubiera establecido entre nosotras.
Entonces me puse a llorar de felicidad, sonriendo ante aquella belleza tan espectacular y agradecida de ser parte de ella.

No había nada que pudiera sentir diferente o mejor, sólo era la misma existencia en diferentes formas, y todas ellas me parecían hermosas.
Comencé a sentir el mar, aunque no estaba cerca, las montañas, la tierra, los ríos, los bosques, los animales, las plantas, las personas, y todo era lo mismo, nada era distinto, incluso la suave brisa que acariciaba mi cuerpo estirado en el frío suelo de mi terraza parecía estarme susurrando lo mismo, "yo soy tú"...

Y me alegré de poderlo experimentar, recordé que siempre había estado centrada en lo que no tenía, en lo que me faltaba, siempre buscando algo más para ser feliz, cuando en realidad lo tenía todo, absolutamente todo, ahí, dentro de mí, y por fin lo estaba viendo fuera, porque no había obstáculos, no había nada que me lo impidiera.

Cerré los ojos y observé mi universo, mis propias estrellas, mi propio mundo, hermoso, con su cielo oscuro que me permitía disfrutar de la luz fulgurante de los luceros que relucían palpitando suavemente, como si fueran notas de una gran melodía que se desplazaba dentro de mí.

Y ahí fue cuando percibí la música de la existencia, cada nota, cada parte de ella sonaba diferente, formando una melodía magestuosa.

¿Cómo podía ser eso?

El tintineo de las estrellas del cielo externo se estaba entrelazando con mi propia melodía, formando una danza increíble de notas, de sonidos preciosos que me invadían.
Así descubrí que cada alma de cada ser vivo, de cada consciencia de este planeta, o de otros, tiene su propia música, una que la hace única, única dentro del gran todo de la existencia, que es como una gran composición musical llena de sonidos diferentes y armoniosos, creados con amor y para el amor.

Sentirse parte de ello fue lo más bello que había experimentado, no necesitaba nada, estaba completa, feliz, extasiada, enamorada.

Olvidé por un instante la complejidad de mi mente, las ideas y pensamientos que solían bombardearme y destruirme, las emociones que me confundían y arrastraban hacia un abismo de sufrimiento y descontento, de falta de amor y comprensión.

Y me detuve en una música, una muy especial para mí como persona humana, pues la verdad es que, sin perder la percepción de que yo soy un alma encarnada en una mujer, había conectado con la gran existencia, con el todo, con su melodía sagrada, y podía sentirme humana y Ser a la vez, esencia y diosa, persona y espíritu, mujer y niña, era algo sublime.

Y esa música especial era la de alguien o algo que se entrelazaba con mi energía, como si su sonido y el mío fueran siempre al unísono, una nota doble, un hilo energético que estaba trenzado al mío, un corazón que latía al mismo ritmo que el mío, un gota de luz que bailaba con mi propia luz interna.

Reconocí que eso para mí era pura magia, y que si me dejaba llevar, podía experimentar algo que no lograría describir nunca. Así fue, pronuncié su música mientras pronuncaba la mía, y alcancé la supremacía del amor en una fusión que sólo podría comparar con la unión con la fuente, con el origen del todo.



Después de aquello, regresar a la vida mundana se me hizo complicado, hasta que al cerrar los ojos un día, me di cuenta de que nada había cambiado, todo era tal y como lo había experimentado, y que para continuar sintiéndolo, sólo tenía que permanecer en mi presencia, en mi presente, y no dejar a mi ego desplazarse de mí misma, yéndose hacia los pensamientos y alejándome de mi verdadera esencia, tan sólo tenía que ser, nada más, y observar al ego como un objeto creado que estaba ahí, un cúmulo de recuerdos, de ideas abstractas, de creencias inexactas, que nada tenían que ver con lo que yo era en realidad.

Las personas que me rodeaban se movían, como lo había estado haciendo yo antes, bajo los hilos de ese objeto que ellos mismos habían permitido que se creara, aceptando las normas, las creencias, las ideas, los pensamientos, las emociones ligadas a ellos, mientras yo observaba su sueño, y me daba cuenta de que también yo estaba en ese sueño, pero por fin siendo consciente de ello.

¿Cómo podría vivir ahora en un mundo donde no encontraba a nadie con quien compartir algo así? Creerían que había perdido la razón, y sería cierto, pues la razón no tiene nada que hacer ante la existencia, ante el Ser, la razón no es más que el convencimiento del ego de que sólo su realidad es verdadera y que cualquier intento de salir de la malla colectiva que llaman “verdad”, sería como un atentado a esa realidad ficticia y por tanto, un asalto a la razón del ego colectivo, una locura.

Así que regresé a ese mundo irreal, tratando de no llamar demasiado la atención, y reconociendo a aquellos que ya habían  despertando de su letargo, para así poderme relacionar de corazón a corazón, sin que interfiriera la mentira de los pensamientos antiguos, y permitiendo que el amor estuviera por encima de todo.

Llegué a sentir que Ser es sólo eso, ser, y ser no es pretender, es ver lo que te rodea como parte de una gran consciencia, y darte cuenta de que lo que es de una forma debe ser amado en la forma en la que es, por esa razón, las relaciones cambian cuando te entregas a la verdad de tu ser, porque te entregas a tu divinidad, a la divinidad de todo, y amas en la desnudez de tus creencias, sin expectativas, sin dolor, sin luchar, sólo siendo, sólo amando, sólo dejando que el amor fluya sin impedimentos.

Somos estrellas en un gran universo, somos notas de la partitura de la existencia, somos gotas de luz de un océano incandescente de amor...

Arael Elämä Araham....

domingo, 24 de mayo de 2015

LA PARTITURA DE MI VIDA

A veces me quedo quieta y me observo. He descubierto así el manantial de la vida eterna, la existencia de mi propia consciencia, más allá de lo que hay en mi mente, y me he dado cuenta de que la música es uno de los caminos que me ayudan a llegar más rápido a mi espacio sagrado. Si bien el silencio es como un océano exquisito que me permite contactar con mi propio cielo, también la música puede ser el tren que me transporte hacia mi mundo interior... Aunque a veces también me lleva a los recuerdos, que nada tienen que ver con ese lugar que hallo dentro de mí, sin embargo, esos mismos recuerdos, unidos a las emociones que los acompañan, me sirven de materia prima para poder escribir, así que no los desecho, para nada, sólo soy consciente de que sólo son parte de alqo que ya no existe, aunque son un buen material para trabajar. Así pues, la música es un especial y mágico componente en mi poesía, mis cuentos, mis reflexiones, en definitiva...en mi propia vida...

Descubro melodías nuevas constantemente, me llegan como límpidas gotas de lluvia clara, que alimentan a mi espíritu, lo nutren de la magia que destila cada nota, cada voz, cada instrumento, y cada sensación que despiertan en mí es como el nacer de una estrella que comienza a brillar en mi propio universo.
Sólo la música despierta en mí algo que no sabría cómo definir, es como una transformación, una reconexión con algo indescriptible, inefable, algo que me envuelve y me eleva, que me hace sonreír, que me desnuda de todo lo que no soy, de todo lo que no sirve.



Y cuando estoy en mi presente, en mi presencia, en mí misma, fuera de todo lo que no sea mi propio Ser, la música se convierte en aire, y siento que puedo moverme grácil, como si volara, entre cada sonido que respiro. Es como si la atmósfera fuera una creación divina de sonidos celestiales del cual yo misma empiezo a formar parte, como si fuera un pequeño pedacito de esa misma música.
En ocasiones esa misma fuerza de la que dispone la música que estoy escuchando, me empuja a danzar a su ritmo, para poder estar en su partitura, entre sus notas, entre sus ritmos, susurros, voces, cánticos, y entonces yo ya no soy sólo este cuerpo de mujer que se entrelaza con los sonidos que siente, sino que soy un alma etérea, un pequeño fragmento de brisa, aroma de cristal que se experimenta siendo melodía...

Por eso siempre he afirmado que mi historia tiene banda sonora, y que la partitura de mi vida está compuesta por un sinfín de notas de colores, gotas de música y universos de amor que se configuran entre sí como un gran paraíso donde me encanta reposar, descansar de todo lo que en el exterior puede y consigue perturbar mi calma.

Así, inmersa en ese lugar sólo mío, me encuentro con una parte de mí misma que eclosiona para salpicarlo todo de letras, palabras, expresando así todo lo que el lenguaje le permite, creando poesía, cuentos y reflexiones con la música que ha quedado impresa en la partitura de mi Ser, y la que forma parte de lo que soy, y la que voy descubriendo en mi presente, nuevas formas musicales que me cautivan, me enamoran, me emocionan, y me hacen incluso derramar lágrimas por la belleza de cada sensación que danza dentro de mi corazón cuando me entrego a la música...

Y siempre seré parte de ella, una pequeña nota más que suena y suena, sólo porque sonar es existir, sólo porque todos somos música...


Arael Elämä Araham

jueves, 21 de mayo de 2015

QUIERO SER AMOR


Injusticias, maltratos, miedo, dolor, agonías, perdición, hambre, desolación, surfimiento, rencor, ira, rabia, desazón, ansiedad, depresión... ¡Basta!

Hoy he limpiado las llagas de mi piel, las que se marcaron con cada una de esas palabras convertidas en una realidad palpable y visceral. No quiero tapar mis ojos, pero he comprendido que llorar por todo eso no soluciona mucho, y que ser parte activa desde la indignación sólo me convierte en una herramienta más de la rabia que en mi interior se gesta ante tales atrocidades.

Miro a mi alrededor y siento cada herida como si fuera mía, cada lágrima, cada temor... Por eso, he decidido que sólo quiero ser amor...

Desde la inocencia que aún conserva mi alma, desde la ingenuidad que algunos consideran insultante y poco interesante en un paradigma donde sólo importa ser solvente, poderoso o eminente, desde mi parte más pura, la que todos conservan y algunos rechazan, desde lo que soy en lo más profundo de mí, ya no separo, ya no condeno, sólo anhelo que todo sea como siento en mi interior cuando me veo, cuando logro tocar un mundo que podría ser el nuestro...



Quiero ser amor, para colarme en cada beso, en cada abrazo, en cada gesto de calor, en cada caricia, en cada ilusión y crear amor donde haya desamor. Quiero ser tu alegría, tu voz, tu corazón, quiero estar en las sonrisas, en las miradas que aún conservan la esperanza grabada en sus pupilas, y en las que ya la perdieron deseo ser amor para devolver la fe a sus almas, a sus vidas, para que griten ¡soy libre!, y dejen atrás el equipaje del ayer que tanto pesaba en su senda adormecida...

Quiero ser amor para ser como el viento, tocarte y bendecirte para que despierte tu Ser y se alce fuerte ante todo lo que no sirve, para que el mundo entero abra sus alas de ángel, para que el sol brille con fuerza con todo lo que significa ser luz y pureza, para que volvamos a ser niños inocentes, y los sueños regresen marcando nuestros horizontes...

Quiero ser amor para celebrar y reír por la elección de una existencia divina, sagrada, respetada y amada por cada ser, por cada alma, sin que nada, ni nadie enturbie la felicidad soñada y realizada, y borrar con mis versos todo el desconsuelo, dando un paso al presente, apartando los velos de la mentira y vivir en una presencia límpida y manifiesta, bella, liberada y tranquila...

Quiero y deseo ser amor y que tú lo seas, que todos lo seamos, que los colores brillen como los luceros, que las estrellas canten, que el cielo entre en nuestra tierra para iluminarnos, que el ser humano por fin consiga ser Humano...

Quiero que el amor se entrelace entre nuestros corazones y que al respirar nos nutra el aroma de la esencia cristalina que nuestros cuerpos emanen...

Quiero ser Amor... Soy Amor... Eres Amor...

Mira dentro de ti, ahí está la clave para elegir, para la transformación, para accionarnos desde la integridad del Ser, pues cada acto del ego sólo alimenta aquello que nos causa rabia y miedo...


Arael...

viernes, 1 de mayo de 2015

AQUÍ ESTOY

Sumergida en mis propios silencios , los cuales contienen todo el misterio de la infinita sabiduría que se halla en mi Ser, en el Ser de cada uno de nosotros, he encontrado la manera perfecta para expandirme.
Las palabras sólo son pequeñas semillas de amor que se dibujan ante mí, mostrándome un lenguaje de signos y símbolos que intentan transmitir todo lo que contiene un punto infinito que se oculta dentro de mí. Brillando y vibrando, pulsando su rítmico sonido eterno, me impulsa a ser cada vez más una parte más activa dentro de lo que soy en realidad. Y no hay fuerza que pueda pararme, no hay nada que logre detener ese fuego lumínico que soy, porque recién empieza a a marcar el camino que ya había trazado para mí, y su poder es inconmensurable.

Ahora todo tiene un significado diferente, ya no hay confusiones, no hay dogmas, no hay límites, sólo infinitas posibilidades, no más paradigmas basados en creencias esclavizantes...

Se rompió el yugo, las cadenas se han diluido como agua, el viento es mi aliado, rige mi destino mostrándome las coordenadas de mi futuro, de mi presente, todo ocurre a la vez, todo es, todo es posible, y nada es lo que parece...

Aquí estoy, frente a una realidad aparente, llevando conmigo mi propia verdad, una que me ha conducido hasta mi origen.



Pero ahora todo es distinto, nada es igual, ni el amor, ni el odio, ni la rabia, ni el rencor, ni las normas, ni lo que creía que era cierto, ni siquiera mi personalidad es real. Aunque a la vez, todo lo es, pues está creado como un campo holográfico, para experimentar. Sin embargo, quiero salir de esta dualidad, quiero unirme al todo, ser un todo no dividido, y ese es mi propósito.

Nada es en verdad distinto, todos partimos del mismo origen, por tanto, no hay separación entre todos nosotros, sólo hay más o hay menos consciencia de quiénes somos, hay más o menos recuerdos de lo que somos, pero ni tú, ni yo, somos especiales, ni diferentes, y por eso, sólo el amor puede regirnos, pues el amor sólo une, nunca divide.

Hoy exploto, me expando, como una flor que florece y que deja ir sus semillas, las esparzo, las dejo ir, las libero de mí, para volar, para pasar a otra etapa, ha culminado un proceso, pero comienza otro.

Mi Ser me habla, me explica todo sobre mí, aquello que puedo comprender y aquello que no soy capaz de procesar queda guardado en mi corazón, el centro de mi Alma, preparado para ser descifrado cuando llegue el momento adecuado.

La fusión en mi interior se ha dado, él, y yo, somos uno en mí, dualidad transformada en unidad, opuestos que se han amado y perdonado, amor puro que ha iluminado toda la oscuridad, pues ésta sólo ha sido parte del camino hacia la verdadera luz interior.
Ahora sólo queda que permita que el deseo haga su labor, pero el deseo sin el miedo, para que no haya obstáculos, para que pueda dar este salto.
El temor ha sido mi aliado, él me ha ayudado a integrar también aquello que parecía ser malicioso, aquello que algunos llaman sombra. Todo lo que me ha hecho daño, me ha hecho más y más fuerte, y ahora sé que soy invencible, pues este cuerpo sólo es un avatar, un vehículo que me permite respirar este aire, estar en este espacio dimensional, pero yo, mi verdadero yo, es inmortal.

Y si todo está dentro de mí, no necesito nada, si el amor nace desde mí en mi presencia divina, si soy una deidad que se abrió paso a pesar de estar encerrada en la materia, nada puede realmente hacerme sufrir, el dolor es falso y puedo decidir.

Y hoy, que estoy aquí y ahora, decido que el amor será siempre quien dirija mi vida, hoy me hago responsable de mí, de mis emociones, de mis sentimientos, de mis aprendizajes, de lo que recibo, de lo que doy, de lo que interpreto y percibo...

Y te amo, te amo a ti, igual que me amo a mí, te amo porque no puedo hacer otra cosa que amarte, sin diferencias, sólo con la particularidad de que cuanto más me acerco a ti, más profundo siento este amor y más te recuerdo.

Arael Elämä Araham.

viernes, 10 de abril de 2015

TRANSFORMACIÓN INTERIOR

REFLEXIÓN

Últimamente me he estado fijando en que los conceptos que tenía sobre actitudes humanas se han estado transformando. Hay palabras que antes usaba de una manera y que ahora significan algo más amplio o diferente para mí, es como si mi mente ya no las relacionara con las ideas en que antes lo hacía.

Eso me ha llevado a intentar especificar qué significa lo que quiero decir, o buscar otras maneras de definirlo.
Por poner un ejemplo, me di cuenta de que la palabra “confianza” para mi había ampiado su significado. Mientras que antes solía pensar que confiar en alguien es depositar tu fe en él, ahora siento que confiar es aceptar a esa persona tal como es, y que aunque actúe de una forma inesperada y que pueda no agradarme, la confianza no tiene por qué quedar desfigurada o rota por ese comportamiento inusual o fuera de lo que yo esperaba de esa persona.
Con esa nueva concepción de la palabra, me percaté de que realmente la confianza es la certeza de que amo a esa persona y que puedo seguir amándola haga lo que haga. Es una manera de decir, “confío en ti, aunque sepa que puedes no responder a mis espectativas, y si no respondes a ellas en algún momento, te aceptaré y confiaré en ti de todas formas”.

Ahí el ego entonces me dice “no puedes confiar en desconocidos”, y de hecho cuando hablo de confiar me refiero a algo más elevado, algo que no tiene nada que ver con el mundo de tercera dimensión, sino con el amor incondicional.
Así que tal vez no sea aplicable a la 3D, es decir, no es aplicable al pensamiento que vibra todavía en esa frecuencia, pero sí al pensamiento en el que ya has alcanzado a crear tu realidad de una manera fluida sabiendo con total certeza que no hay cabida en tu mundo para que exista alguien que pueda hacerte daño.

Al igual que la confianza ha sido una palabra que se ha transformado en mi estructura mental, hay otras que también lo han hecho, y más que palabras son definiciones y conceptos.

Otro ejemplo es de las relaciones, sobre todo las de pareja, para mí todo eso ha cambiado tanto que ya no puedo concebir las relaciones de la misma manera que antes.



Ayer mi hija mayor me preguntó si la amaba más a ella que a mis amigos y yo le contesté que el amor no se mide, que el amor es siempre muy grande, pero que las relaciones que tenemos con los demás son las que definen la manera en que se manifiesta el amor que sentimos. El amor hacia mi hija es amor, al igual que el amor hacia mis amigos, pero la relación que nos une, madre-hija es más fuerte y conlleva más apego.

Eso me lleva a pensar que el amor hacia alguien a quien llamaría pareja, es algo muy elevado, es un compartir, una unión en la que ambos caminamos juntos, de la mano, en la que ninguno de los dos depende emocionalmente del otro, en la que el dar y el recibir es un circuito energético y de amor que no deja de girar entre ambos, donde hay una comprensión mutua infinita, pues en ella está también el crecimiento de los dos al aprender del otro, en una complicidad basada en la confianza de la que antes he hablado, y una entrega total y absoluta, mientras que a la vez cada uno conserva su espacio para poder seguir creciendo, y así continuar en ese compartir ese crecimiento en el que ambos se acompañan y se apoyan incondicionalmente.

Sin embargo, podemos amarlo todo, absolutamente todo.

Después de escuchar mi respuesta sobre el amor, mi hija me preguntó si también amaba al aparato de aire acondicionado, riéndose de la afirmación de que lo podemos amar todo, y yo le contesté que sí, que lo amo, porque me proporciona bienestar cuando tengo calor y lo agradezco, y el agradecimiento es parte del amor.

Con este tipo de conversación también me doy cuenta de que no soy la misma persona que era, y eso puede dar incluso un poco de vértigo, pero también sé que hay muchas otras personas que están sintiendo esta transformación dentro de ellas mismas.

Asimismo, también me complace observar lo que otras personas ven de la vida, sus puntos de vista, pues a menudo me ayuda a cuestionarme a mí misma, a modificar conceptos, a plantearme nuevas perspectivas, y eso es muy enriquecedor, por eso me gusta escuchar lo que otros piensan y sienten, saber cómo es su manera de vivir, cómo es su manera de amar, cómo lo describen y cómo interpretan la realidad...

Transformación...

Sí, esa es la palabra, es cierto, metamorfosis, cambio interior, algo ocurre dentro de nosotros, algo que no se ve, pero se percibe, algo que me complace decir que es para alcanzar lo mejor de mí misma, lo mejor de cada uno, un camino que se recorre hacia dentro, un camino increíble y sorprendente.

En ocasiones, cuando me siento triste o nostálgica, o cuando algo me molesta, miro hacia dentro y trato de ver más allá de la emoción, para comprender qué es lo que está ocurriendo ahí para que yo esté sintiendo eso. A ese proceso en el que descubro el pensamiento que ha creado la emoción, le llamo proceso de sanación, tal vez porque cuando logro liberarme de la creencia que sostiene ese pensamiento, me siento sanada, libre, pero también siento que he realizado una transformación más, dejando un espacio más para albergar nuevas ideas, basadas en lo nuevo que está llegando a mí.

Por eso, este cambio en la manera de interpretar la vida o de percibirla, no es más que el reflejo de lo que está ocurriendo dentro de uno mismo, y por eso, para que algo se transforme en el exterior, en la sociedad, en la humanidad, primero debemos transitar por el cambio dentro de nosotros mismos, en lo más profundo de nosotros mismos, sólo así se manifestará ante tus ojos...

Arael Elämä
Eva Bailón.

viernes, 5 de diciembre de 2014

LA ESTRELLA DEL CALEIDOSCOPIO

LA ESTRELLA DEL CALEIDOSCOPIO

Imaginar es crear, crear es inventar, inventar es hacer realidad palpable aquello que imaginaste alguna vez, trayendo al mundo físico aquello que antes sólo existía en el mundo etérico o energético...

Tal vez por eso siempre me ha fascinado todo aquello que me ayude a potenciar mi creatividad, como contemplar el mar, un amanecer, escuchar el sonido del agua de un río, o de los pájaros cantando, obervar a los niños jugando, sentir la música dentro de mí vibrando, o mirar a través de un caleidoscopio, algo tan sencillo, algo tan alcanzable, y sin embargo, tan especial. Ver las formas, los colores, imaginar, sentir, reír, expresar...
Cuando observas esas formas bellas a través del caleidoscopio, que se abren y se cierran ante ti, que danzan, que se expresan, te das cuenta de que, lo que ves, depende del momento, de la posición, de cómo se mezclan las pequeñas piececitas que parecen hablarte en un idioma particular, mientras lo vas moviendo circularmente.
El otro día, mientras mantenía una conversación telefónica con una buena amiga, de repente me vi reflexionando sobre esto. Cuando comparas lo que contemplas a través de pequeño utensilio con lo que ves a través de tus propios filtros mentales, comprendes que la vida, en cierto modo y en cierto momento, tal vez, funciona de una manera parecida, quizás porque tu conciencia del ser se despierta, florece poco a poco, y entre los altibajos de lo que eso significa en la lucha acérrima de los programas instaurados en tu mente por no perder su hegemonía, aparece algo que conserva una sabiduría basada en algo más elevado, en algo que no tiene nada que ver con lo que has aprendido durante toda tu vida, y ahí, se manifiesta tu verdadero yo, tu conciencia real.

Si observas las figuras en un caleidoscopio detenidamente desde un punto fijo, ese en el que aparece ante tus ojos, por ejemplo, una hermosa estrella, y permaneces ahí, todo lo contemplarás desde la perspectiva de la estrella, todo será estrella. Sin embargo, al más mínimo movimiento, ésta desaparece y se transforma, y entonces el mundo parece distinto, porque lo que ves ha cambiado, ya no hay estrella.
Ahí puede aparecer la necesidad de buscarla, de encontrarla de nuevo, porque al mirarla te sentías feliz, pues a ella le habías otorgado el poder de hacerte sentir bien.
Pero ¿qué es y dónde se halla la felicidad auténtica?, o lo que es lo mismo, ¿dónde está tu estrella?
En cierto modo, la respuesta ya la sabemos todos, sin embargo, pocos la entienden y la experimentan, pocos la integran desde lo más profundo de sí mismos, y muchos siguen en la búsqueda de esa estrella que sólo hallan en un punto fijo, en el exterior, en un determinado momento, para desaparecer luego otra vez. Y ahí de nuevo aparece el miedo, el dolor, la decepción porque esa estrella se ha ido.



Ya sabrás que te diré que la estrella está en tu interior, pero eso no valdrá de nada si no la descubres tú mismo.

Cuando comparo el caleidoscopio quiero dar a entender que tú eres eso, tú tienes el poder de ver a través de la estrella, pues ella está dentro de ti, y tienes el poder de ver cualquier otra cosa, lo importante es que sepas a través de qué estás mirando el mundo.
La estrella en este caso es el alma, el ser, y ver a través del ser es ver a través de la felicidad, del amor, de la paz interior. Sin embargo, cuando no hallamos la estrella es cuando vemos el miedo, el dolor, la ira, el rencor, lo cual no son más que respuestas del gran programa mental que llevamos incorporado, un programa dividido en pequeños subprogramas que van desempeñando sus funciones sociales, pues fueron creados para adaptarnos a un mundo que está relacionado de programa a programa, en lugar de relacionarse de Ser a Ser, y partiendo desde la separación, en lugar de partir desde la unión.

Cuando comencé a darme cuenta de que lo que anhelaba fuera de mí estaba dentro de mí, comprendí que era absurdo sufrir por la ausencia de algo que no está ausente. Al principio eran palabras que se quedaban en el campo mental, y que intentaba asimilar, integrar y llevar a la práctica cotidiana. Un camino de idas y vueltas, de subidas y bajadas, de estados elevados y de estados de ego muy profundos. Sentía que las resistencias de mis programas, de mi ego, eran realmente duras y difíciles de llevar, pero a la vez iba deshilando poco a poco todo el entramado de ideas falsas, de creencias que limitaban mi capacidad de Ser.

Así, en ocasiones miraba a través de la estrella, otras a través de cualquier otra figura diferente a lo que yo era y soy en realidad.

Encontrarte a ti mismo es algo así como un camino hacia tu interior, algo que no se consigue en un sólo día, es un largo proceso de descontaminación y desaprendizaje de lo que siempre creíste ser, para ser verdaderamente lo que sí eres.

Tal vez sea complicado de comprender si nunca te has preguntado qué haces en este mundo, quién eres en realidad, qué hay más allá de todo lo que vemos.

El mundo social, el mundo en el que nos movemos, es un entramado de programas que actúan desde el cuerpo mental de cada ser humano. Cada programa es una forma del caleidoscopio a través del cual vemos la vida, las relaciones, el amor, los valores, la educación, ect. Existen algunos programas comunes, llamados normas, dogmas, leyes, y otros que se dividen por linajes familiares y otros individuales. Pero todo eso no eres tú, todo eso es falso, todo eso forma parte del personaje que interpretas, sin embargo, hasta que el actor no se dé cuenta de que no es el personaje, no dejará de actuar como si lo fuera, se identificará con él.

Hace tiempo que esa máscara cayó en algunos, hace tiempo que comenzamos a ver la estrella, aunque fuera en momentos puntuales, aunque viniera un segundo y luego se fuera, hace tiempo que somos más el Ser que somos y no la personalidad inventada para sobrevivir en este paradigma de enredos y laberintos.

Pero entendí que para llegar hasta mí, hasta mi esencia, tenía que pasar primero por el bosque del miedo, traspasarlo y comprender que así debía ser, que todo estaba bien.

Ser la estrella del caleidoscopio es sentir tu potencial, tu poder, es ser amor, es dar, es entregar y es verlo todo desde ahí, lo cual cambia todo a tu alrededor, ya nada es como antes era, y por tanto, ya no se entiende la vida como antes se entendía.

Todo se ha transformado, todo tiene otro color, todo tiene más luz...

Eso no es ser un iluminado, sólo es darse cuenta de que siempre hemos sido luz...

Eva Bailón

martes, 24 de junio de 2014

EN MI VERANO



Mar, olas, espuma, versos, sal, brisa, viento, arena...
Sol que me arrulla en el alba y mece mi alma con su luz naciente...beso salado de mi mar amado en mi cuerpo, en mis manos, en mis labios... suave caricia en mis pies sobre las dunas de mi solitario paseo, bajo azules destellos, nubes ausentes para destapar la belleza del cielo...

Calma en mi pecho tierno, huracán de amor en mi alma que grita su pasión mientras vuelo, vuelo, vuelo en el agua, nado en el silencio de mi enamoramiento sincero... Amar lo que veo, amar lo que siento, amar lo que soy, sencillamente siendo...amar lo que eres, tal como eres, porque así como te observo por dentro, sin cambiarte nada, eres tan bello...



Ondean los rizos de mi cabello, como banderas de mi ser y de mi esencia, de mi espíritu aventurero, mientras mi danza se envuelve de luceros, de rayos de fulgor eterno, y mi vestido blanco reluce y me eleva en una esfera de magia donde te sostengo... Abrazo a tu alma, compañero extrangero, ser que no te hallas y que no comprendes que no hay distancias, no hay misterios, no hay verano si no comprendes que la vida es tan sólo un sendero, un camino, un juego.

Y la música de lo etéreo, del susurro de mi océano, del sosiego, me estremece y me adormece mientras transformo lo que queda de mi ego... Escucho, escucho atenta el murmullo de la melodía de mi cuerpo, me entrego a mi fuego mientras soy fuerza, incendio; me arraigo en la tierra para ser árbol, selva y sendero; llueve, cae el agua en cascada y se desliza por mi ser entero, me conmueve, y del aire que respiro soy adepta y lo venero, me protege...

Ya completa y reunida con mi luz, abrazo con respeto a mi mayor miedo, lo abrazo y lo suelto, converso con mis sombras y las comprendo, me desnudo de temores, dudas, iras y tormentos, y despido lo que ya no sirve con reberencia y cortesía, dando gracias por lo aprendido y lo aportado durante toda mi travesía...

Y sin la vestidura de mi humana, que era ciega por el miedo, voy a tu encuentro a cumplir la promesa que hicimos en el cielo...

Arael Líntley