SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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viernes, 19 de octubre de 2018

SÓLO SOY




Me buscas en incontables recuerdos que se disipan en tu memoria, cuentos que nunca fueron, o que se olvidaron en otras existencias ya vividas...
Intentas darme un nombre, un personaje, una imagen de mujer que sea como siempre imaginaste que sería, algo así como tu alma gemela, tu estrella, mas no te das cuenta de que eso me hace demasiado pequeña.
¿Quieres saber quién soy? Te lo explicaré para que al contemplarte a ti mismo, desde dentro de tu más interna esencia, la más oculta y la que menos encuentras, me comprendas y me sientas, porque vivo en ti, y hasta que no lo asimiles y lo integres, hasta que no lo entiendas, no sabrás quién eres, ni qué es aquello que te rodea...
No soy lo que dibujas superficialmente, no soy lo que te inventas, no coincido con ninguna de tus absurdas ideas, soy más que eso, pero menos de lo que tú esperas desde tu limitada conciencia, atrapada en una percepción ínfima y escueta...



Sólo soy, lo demás Es y se manifiesta porque ya Es, en mí, en ti, en todo...
Desanudando el laberinto de mi mente, me hallo sublime, perenne, no necesito nada, pero disfruto de la abundancia que desde dentro de mí se manifiesta como magia...
Si te observo, puedo verte a través de tu mirada, escucharte atravesando tus palabras, amarte desnudándote de tu falsedad y abrazando a tu alma...
Pero no me pidas que crea tus historias, sólo creo en la existencia que reina en mi mundo de los sueños, y que crea, crea y se regodea entre las maravillas que se erigen para regalarme una realidad hermosa, bella, ajustada a lo que mi corazón desvela...
No creeré en tus historias, pero sí en ti, para crearte, para que existas en mi mundo, en mi esfera...
Soy lo que soy, un todo que abarca la nada, un camino sin principio, una huella eterna y efímera, un beso que besa a la vida, una fuente inagotable de energía que Es, que brota incesante, que fluye colmada de amor , puesto que es amor lo que palpita y pulsa en cada gota que la habita...
Sólo Soy en un ahora que durará un siempre que nunca tuvo un pasado, ni un futuro, ni un presente...
Soy tu latido que, como música, dentro y fuera de ti resuena...

Arael Elama

lunes, 26 de junio de 2017

MUJER HUMANA, ALMA ESTELAR

El espejo me devolvió una imagen de mí muy distinta aquella mañana de otoño. Por primera vez podía verme de verdad, más allá de los filtros de mi propia inconsciencia y mi propio desamor hacia mí. Ya no criticaba mi piel pálida, ni mi aspecto de mujer madura, ni mi flacidez, o mis canas, ya no juzgaba lo que el tiempo había hecho con mi figura femenina, ni me lamentaba de mis arrugas, o de las lágrimas que habían dejado huella en mi cuerpo, en mi rostro, en mi mirada. No me entristecía por ver que mi sonrisa no era perfecta, ni me reprochaba no ser suficientemente atractiva por esos kilos de más que desfiguraban mi silueta. Ya no me sometía a los crueles juicios acerca de mi manera de vestir, o mi falta de estilo, fuera del alcance de lo que a muchos hombres les hubiera hecho fijarse en mí.
Yo era yo, y no el esperpento de un dibujo mental en la cabeza de una sociedad enferma.
Permanecía allí, desnuda, contemplando mi belleza, ésa que nunca aprecié, ésa que otros no podrían valorar nunca; una belleza que no se reducía a la parte física, sino que iba más allá de lo que recibía en mi interpretación sobre lo que yo soy; una belleza que sólo se manifestaba ante los ojos del alma.

Recordé entonces nuestra conversación, todo lo que supe decirte por fin, todo lo que descargué desde mi interior, todo lo que merecías saber, lo que merecía expresar, mientras me escuchabas por primera vez sin interrumpirme.

No soy esto que estás viendo, soy mucho más, soy algo que tú no ves porque estás ciego de prejuicios, ciego de ideas preconcebidas que ni siquiera te planteas antes de permitir que emerjan en forma de palabras hirientes hacia mi persona. No soy tu interpretación de mí, no soy ese arquetipo mental que piensas y enjuicias, no soy tu títere, ni tampoco te pertenezco aunque me ames, o me odies, o simplemente desapruebes mi manera de vivir.
Así que no tienes derecho a obligarme a ser como crees que debería ser, ni tienes derecho a criticar mis actos cuando tú no conoces lo que me llevó a actuar de esa manera, ni tienes derecho a tratar de manipularme o controlarme sólo porque te sientes en una posición superior a la mía.
No eres superior a mí, ni eres mejor que yo, crees que tus actos definen quién es mejor y quién es peor, pero ¿quién decide el valor de los actos que efectuamos?
Desde tu perspectiva yo no estoy haciendo las cosas bien porque en tu escala de valores no entro dentro de lo que tú consideras aceptable, pero sólo es tu escala de valores, no la mía, y me da igual que la tuya sea la de la mayoría, pues eso sólo significa que hay un gran número de personas que cree en algo, no que ese algo sea correcto o cierto para todo el mundo. Sé perfectamente que si  mucha gente cree una mentira, ésta se convierte en su verdad y la razón que ellos darían para consolidarla sería precisamente que la mayoría lo cree así.
Crees ser una buena persona, sin embargo usas la violencia contra mí cuando tratas de convencerme de que mis decisiones no son adecuadas y así imponerme tu manera de ver la vida, o cuando me exiges cambiar mi forma de ser en base a que me estoy equivocando desde tu punto de vista, como si algo o alguien te hubiese otorgado a ti la sabiduría suprema y la perfección para tener el derecho de juzgarme y sentenciarme.
Cada vez que me dices que deje de hacer lo que hago, que haga lo que hace la mayoría porque esa es la forma adecuada, cada vez que me criticas a mis espaldas creyéndote poseedor de la única verdad, demuestras una arrogancia y una prepotencia que nacen de tu inconsciencia.
Si eres un verdadero sabio, si realmente sientes a tu alma guiando tu vida, deja de tratar de cambiarme, de cambiar a otros, y simplemente acéptame como soy, acepta el nivel de consciencia de cada uno, ama lo que ves sin tratar de que sea moldeado a tu conveniencia.
Sé que hay cosas que pueden afectarte, cosas que otros hacen, y que eso duele, molesta y escuece, pero en tu resistencia hacia lo que sucede a tu alrededor se encuentra tu sufrimiento, y ese sufrimiento causa ira y tu ira es proyectada hacia el mundo, creando más situaciones de rabia, dolor, desesperación.
Paradójicamente aprendí con mucho dolor que, si yo sufro, el mundo entero sufre, porque todos somos uno, no estamos desvinculados, y proyectamos nuestras emociones y pensamientos a la inconsciencia colectiva, sí, inconsciencia, porque no nos damos cuenta, porque la desdicha nace de nuestra propia inconsciencia individual, y sólo siendo conscientes de ello podemos dejar de proyectar aquello que nos hace daño, así que me dije a mí misma que sólo desde mi amor hacia mí podría realmente aprender o recordar cómo amar a los demás, y el amor no es reproche, por eso no es necesario pedir perdón, porque cuando se ama de verdad no hieres a nadie a propósito, y cuando lo haces, el otro lo comprende si de veras te ama, y ahí sobran las palabras, sobran los perdones, pues sólo habla el amor.

Pero también he sabido que no puedo exigir que lleguemos a un alto nivel de consciencia, ni a mí, ni a nadie, sino que debo dejar que todo fluya de forma natural en cada uno de nosotros, y gracias a eso nació un gran respeto hacia los procesos individuales de vida, hacia los diversos niveles conscienciales, amándolos sin intentar cambiarlos, pues sólo yo puedo ser responsable de mí misma, los demás tienen su propio camino y yo no tengo que hacerlo por ellos.

Entiendo que tú no sepas respetar mi proceso de vida, que no puedas comprender mis decisiones porque son muy distintas de las que tú tomarías, y que te afecte mi manera de ver la vida y te molesten mis acciones, pero no permitiré que tu violencia me atrape, me ciegue y me separe de mí misma.

No creas que te acuso, no, sólo trato de ofrecerte mi punto de vista, al igual que tú me ofreciste el tuyo y quisiste imponerlo por encima del mío, con la excusa de que yo estoy errada, o con el objetivo de hacerme sentir culpable y así poder justificarte.

Ya no, y lamento que te disguste lo que soy, cómo soy, y lo que hago, pero si pidiera disculpas por ser quien soy sería como pedir perdón por haber nacido, y eso es como negar la vida. Yo amo la vida, no la niego, amo y confío en la vida, y como tú formas parte de ella, espero y deseo que vivas la tuya sin que la mía te descentre de ella.

Gracias por escucharme.”

Aquellas palabras me devolvieron a mí, sustrajeron lo que yo no soy, me elevaron hacia mi consciencia verdadera, y me llevaron hasta aquel momento frente al espejo.



Y las lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro, nublado de la tristeza por tanta autocrítica, por tantos pensamientos que usaba para fustigarme, por tanta violencia hacia mi persona, por mi falta de aceptación y de amor. ¿Cómo pretendía que se me respetara si yo misma no lo estaba haciendo?. Y me pedí perdón varias veces, queriendo compensar mi falta de reconocimiento, mi desconexión con mi esencia real, mi inconsciencia...

Llanto de arrepentimiento que después se transformó en la alegría de ver que por fin me estaba despertando al verdadero amor, fuera ya de tantas creencias acerca de él, fuera de tanta hipocresía espiritual, de tanto autoengaño, de tanta confusión respecto a lo que es Ser, respecto a lo que es Amar.

Por un segundo sentí en mi pecho la magnificencia del Amor incondicional, y se me expandió el alma hasta el infinito, comprendiendo en mi interior que estoy en todo, experimentándome en cada ser, en cada partícula, en cada vida...

Creí que había desencarnado, que mi cuerpo había quedado allí, inmóvil e inerte, mientras yo volaba libre, sintiéndome más viva que nunca.
No percibía el tiempo, podía notar cómo los acontecimientos de la Tierra sucedían todos a la vez y los observaba. Diversas líneas temporales como cuerdas de un violín pasaban ante mí, algunas se entrecruzaban y otras se distanciaban, como si estuvieran creando una melodía para cada ser, y las almas de todas las personas estaban comunicadas por un hilo energético que las unía, algunas por varios hilos, otras por cordones más gruesos, como si fueran cordones umbilicales de corazón a corazón. Desde las cabezas de algunos individuos una especie de tubo energético se alzaba y conectaba con otras partes de sí mismos que se hallaban en diversas dimensiones. La energía estaba en todas partes, horizontal y verticalmente se emanaban luces de colores variados, y en sus propios cuerpos físicos se desprendían luces de tonos muy dispares.
Eso era la vida y la consciencia, era un milagro.

  • ¿Dónde estoy? - me dije a mí misma.
  • En todas partes – me respondió aquella voz.
  • ¿Quién eres?
  • Ya sabes quién soy, has hablado muchas veces conmigo.
  • ¿Eres mi Ser?
  • No, tu ser eres tú, está en ti, no es algo exterior a ti misma.
  • ¿Y tú quién eres? Realmente no sé, no me imagino.
  • Soy parte de ti, por eso siempre te acompaño, estoy dentro y fuera de ti.
  • Ya sé quién eres. ¿Hemos desencarnado? ¿Estamos regresando a casa?
  • No. Esto sólo es una pequeña visita a la Realidad que hay detrás de los velos. Una ínfima parte de lo que irás descubriendo poco a poco.
  • Entiendo. Entonces sólo he salido de mi cuerpo, ¿no es así?
  • Así es.
  • ¿Y por qué ha ocurrido esto?
  • Porque estabas preparada para ello.
  • ¿Y qué pasa con mi cuerpo físico? ¿Está inconsciente?
  • No, mírate, puedes observarte, estás allí y aquí al mismo tiempo, pero tu consciencia está ahora mismo depositada en esta experiencia.
  • ¿Quieres decir que si quisiera desplazar mi consciencia podría hacerlo?
  • No exactamente. Estás en muchos lugares a la vez y la consciencia está fractalizada en cada lugar donde estás, así que de alguna forma puedes conectar contigo misma, con cada fractal de tu consciencia y sentirte allí, no es tan complicado.
  • ¿Y es posible que conecte con la consciencia de otras personas?
  • Por supuesto, en realidad, en una dimensión muy elevada, la dimensión del Uno, todos estamos diluidos, interconectados perfectamente, así que se puede afirmar que todos somos ese Uno experimentándose a sí mismo en diferentes dimensiones, en diferentes formas energéticas, y por lo tanto, todas las consciencias son la misma viviendo la experiencia ilusoria de la separación.
  • Sí, lo entiendo, lo entiendo todo, es maravilloso, aquí todo es tan claro.
  • Es normal, tu consciencia está conectada con todo.
  • ¿Y qué hago para regresar a mi cuerpo?
  • Sólo toma consciencia de él y abre los ojos.

Y allí estaba, frente al espejo, viéndome completa por primera vez, mujer humana, alma estelar, mente consciente, corazón en amor incondicional.

Arael Elama.

jueves, 17 de noviembre de 2016

MORIR DUELE


He extraído de un cajón abandonado todos los recuerdos que tenía almacenados, como tratando de no perderlos, o de que no me hicieran más daño. Durante mucho tiempo he creído que lo que vivimos nos ayuda a crecer, a aprender, pero siempre olvido que las cicatrices siempre duelen, duelen porque no las dejamos de recordar, aunque no nos demos cuenta de ello.
La vida de una persona llena de incógnitas suele ser bastante incompatible con la normalidad que se anhela en esta sociedad, porque no se ajusta al conformismo que ello supone, así que la mente juega a desobedecerlo todo, y la rebeldía se manifiesta tarde o temprano, aunque intentes permanecer inmóvil ante lo que ves, o quieras seguir a la mayoría.

Nunca pensé que yo misma creara esa separación de la que me quejo siempre, pero era así, mis miedos, mis deseos, mis inquietudes, me hacían sentir diferente, y eso me distanciaba de los otros, provocando que un gran abismo me alejara incluso de personas a las que amaba.
Sin embargo, era necesario que me entregara a la provocadora tentación de reconocerme, de buscarme, de conseguir atravesar mis más profundos temores para así lograr desatarme de mis prejuicios, de mis absurdos pensamientos coartados y manipulados por todo el espectáculo de este mundo que apenas sentía y siento real, un mundo al que debía de amar y dejar de despreciar.

Y los recuerdos, una vez más, han abierto viejas heridas que yo misma me causé una y otra vez al no saber quién era e intentar parecerme a lo que se requería de mí.
Las apariencias son sólo eso, apariencias, y yo no puedo ser sólo eso. El aspecto físico es sólo la manifestación de una forma que hemos escogido para poder vivir esta experiencia humana, y no hay que descuidarla, claro está, sin embargo, tanto nuestra imagen como la realidad que observamos, es sólo la superficie de lo que somos, de lo que todo esto es, y si no sabemos quiénes somos en nuestro interior, experimentamos en lo que es sólo una especie de holograma, una proyección de lo que pensamos, de lo que nuestra mente cree que es real.
De pequeña me daba miedo la ciudad, aunque vivía en un pequeño barrio de Barcelona, donde no había tanto ruido, ni tanta gente, sin embargo, lo que me aterraba no era el tráfico, ni los edificios, ni la multitud, sino los pensamientos de los demás. Temía no ser agradable para ellos, temía ser rechazada, temía que pensaran que era diferente, temía que me criticaran, que me repudiaran, que me lastimaran con sus palabras, con sus actos.
Recuerdo que estuve muy triste durante un tiempo, y en esa época, una buena amiga me estuvo demostrando que tenía razón en asustarme por los pensamientos de los otros, puesto que ella misma se encargaba de recriminarme esa tristeza, condenándome con su poca comprensión, tal vez sólo no entendía a mi alma, no entendía lo que me ocurría porque tampoco era capaz de exteriorizar mis sentimientos con la agudeza necesaria.

En fin, es la historia de mi vida, la infelicidad provocada por la falta de empatía conmigo misma, la falta de amor y valoración de mis propios logros, otorgando más importancia a la valoración que las otras personas hicieran sobre mí y mis actos. Así que siempre estuve escuchando calificativos poco favorables hacia mí, recordándome lo desordenada que era, o la poca constancia que tenía en hacer aquello que no me apetecía hacer porque no me gustaba, o reprochándome no querer ceder a lo que iba totalmente en contra de lo que yo deseaba, o el simple hecho de querer permanecer en silencio, reservando mis pensamientos para mis pequeños cuadernos de escritura.
En realidad no eran más que aquellas sombras que yo no sabía ver, aquellas que yo misma me recriminaba, aquellos adjetivos dolientes que yo misma usaba como dagas para herirme, y que me enseñaron a querer superar mis límites, que por otra parte me había colocado yo misma. Absurdo comportamiento ése de ponerse barreras a uno mismo y juzgarse, sentenciarse y castigarse una y otra vez, para después enfadarse con los que nos agreden con las mismas artimañas.

Y ésa es la conducta del ego, una estrategia controladora, cargada de creencias no ciertas, subyugantes, que nos encierran en un círculo vicioso del cual nos es muy difícil escapar.

Pero el impulso del alma es fuerte, lo es para los que siempre quisieron ver más lejos de lo que podían ver, lo es para los que buscaron sin ceder a las presiones de las limitaciones colectivas, lo es para los que se preguntaron hasta hallar las respuestas que necesitaban, y que incluso continuaron cuestionándose aunque no llegaran esas respuestas, y ese impulso nos mueve con el ímpetu del viento, y nos conduce hacia lo que queremos, pero no a lo que el ego demanda, no lo que se ajusta a la estructura de su mundo entrelazado al de los hilos de las mentes que observan la realidad a través de los filtros del miedo y la obediencia, sino a lo que de verdad anhela el Alma, que va mucho más allá de lo que hubiéramos imaginado.

No existe nada mental que se ajuste a lo que somos como seres, pues nuestra existencia es infinita, y la de nuestro cuerpo, nuestra mente, es efímera.
Nuestro mundo interior, no el mundo que crean nuestros pensamientos, sino el que ya existía antes de nacer como hombre, o como mujer, está hecho de pura energía de amor incondicional, y es cuando entramos en ese mundo cuando podemos vernos, cuando dejamos de sufrir, cuando nos damos cuenta de que el dolor lo hemos creado nosotros mismos, tal vez porque lo hemos necesitado para comprender, para crecer, para aprender a mirarnos con los ojos del corazón.

Y entonces te das cuenta de que estamos todos buscando amor, porque hay una parte de nosotros que sabe perfectamente lo que somos y lo que no somos, lo que es el amor y lo que no lo es.

Algunos dicen que el ego tiene que morir para poder ser lo que somos, que la mente debe ponerse al servicio del Ser, esa parte divina que hay en nosotros vibrando alto, yo sólo sé que morir duele.

Morir duele, sí, duele cada pensamiento descifrado y desechado, transformado, siempre que haya sido un pensamiento importante, enlazado a una creencia firme que estuvo mucho tiempo con nosotros. Duele la metamorfosis, duele horrores, incluso parece que vayas a morir físicamente cuando el llanto se apodera de ti rasgando todo lo que debes soltar y a lo que te aferras por miedo a estar perdiendo la cabeza. Duele dejar ir lo que creías que era real y dejar llegar lo que en realidad sí lo es, no porque no te agrade lo nuevo, sino porque aprendiste a amar incluso aquello que te hacía daño, haciéndote dependiente de ello. Duele darse cuenta de que amabas a alguien que no te amaba, porque creías que era alguien que no era, así que duele también descubrir que te habías engañado y habías creído en algo que tu mente, en un intento más de controlarte, había inventado para complacerte, para mantenerte en un punto inamovible y no permitirte avanzar más, evitando así que más creencias se desvanecieran, desaparecieran, para dar paso a nuevas ideas creadoras, que no limitaran el avance hacia nuestra verdad interior.



Duele y nos aferramos con miedo, con desesperación, huyendo hasta de lo que sabemos, tratando de convencer al corazón de que esa es la verdad. Y es que la mente juega, juega a que es más sabia que el alma, incluso juega a que es la propia alma, fingiendo reconocimientos, habilidades, conexiones, crecimientos falsos que sólo son ridículos intentos de convencernos de que ya no necesitamos más transformación, ya estamos perfectos, no tenemos que trabajar más en nosotros, nuestros pensamientos son correctos, somos maestros...

Pero el alma sabe que no hay nada correcto o incorrecto, decidir eso sólo le corresponde al juicio mental que se esconde para que creamos que estamos hablando y actuando desde nuestra sabiduría del ser. El Ser nunca juzga, nunca etiqueta, nunca separa.

Así que morir así duele, desgarra, te destroza mientras sientes cómo afloran todos tus temores, todas esas mentiras que parecían verdades, toda la culpa que tanto pesaba, todo el rencor, toda la rabia por los supuestos errores cometidos, toda la sensación de abandono, de rechazo, de decepción, de soledad, esa soledad tan profunda y dolorosa que te induce a creer que en este mundo no merece la pena vivir sin amor...
¿Sin amor?, todos buscando amor, todos sintiéndolo en sus corazones, todos sedientos de un poco, mendigándolo, persiguiéndolo, añorándolo, ¿de veras no hay amor? Duele creer que no lo hay, duele tanto que si no tienes a la persona amada junto a ti pareciera que el mundo se ha terminado. 

No se termina el mundo, pero te sientes morir, aunque si te haces consciente de ti mismo y de la pericia de la mente, lo que muere es toda esa parte de ti que se está reestructurando, muere en el sentido amplio de la palabra, muere porque en realidad sólo se está transmutando, para que se ajuste a tu única y sagrada Verdad.

Es posible que muramos cada día un poco, pero también renacemos cada día, y es posible que nuestras resistencias a dejar ir lo que no nos pertenece, lo que no somos nosotros, lo que no se ajusta a nuestra verdad, nos lastime tanto que luchemos por no sentir ese dolor y por mantener algo que es insostenible, pero el alma es sabia y las lecciones que nos enseña no son en vano.

Nada es casual, y  nada es lo que parece...


La muerte no existe, no como cree el ego, o la mente, todo es energía infinita y no cesa nunca de moverse y transformarse, todo está en movimiento, dentro de la quietud y el sosiego de la perpetuidad.

Arael Elama


Arael Elama

sábado, 19 de marzo de 2016

REFLEXIÓN - SOBRE LA FELICIDAD Y EL AMOR

El aroma a calidez, la luz del sol iluminando los dibujos del papel de las paredes, las cortinas marrones casi transparentes, con sus ondeantes formas anaranjadas que cubrían las ventanas del salón. El sofá gris, la mesa redonda que estaba justo al lado de la mesita de ruedas de la televisión que tenía aquella puerta donde guardabas las balleta para limpiar el polvo del mueble que hacía juego con la mesa para comer.
Una mañana cualquiera, los pies de una niña pequeña pisaban el frío suelo de terrazo de aquel espacio donde sonaba la música de tus cantantes preferidos, canciones que la hacían sentir segura, sabiendo que su madre estaba allí, limpiando la casa, inundándola de su esencia de mujer, convertida en melodía, mientras hacía sus tareas matutinas, sencillas, pero tan valiosas para aquella pequeña niña que se levantaba al reconocer la rutina que la mantenía en un estado de seguridad, de amor, de satisfacción.
Su madre estaba allí, la casa desprendía un olor característico, los muebles brillaban, el sol entraba por la ventana y el día parecía perfecto.
Lo entrañable no tiene por qué ser algo sofisticado, la imagen de una mujer sencilla, ama de casa, que cuidaba de su hija, era suficiente para que aquella niña se sintiera extremadamente feliz.

Un niño puede sentirse así con tan poco, ¿por qué entonces cuando crece nunca tiene suficiente?



Los adultos perdemos en algún momento de nuestra vida la capacidad de vivir en el presente, de disfrutar de los pequeños detalles, y nos olvidamos de que el bienestar se halla en nosotros, y no en lo que hay en el exterior.
Aquella niña no necesitaba nada, aunque sus necesidades básicas estaban cubiertas, la sensación de seguridad se la proporcionaba un hogar tranquilo, una familia estable.
Partiendo del punto de vista en que un adulto ya puede valerse por sí mismo y carece de la vulnerabilidad real de un niño, éste debería simplemente tener cubierto aquello imprescindible, y con ello ser totalmente feliz. Sin embargo, puedes tener mucha cosas materiales, puede sobrarte el dinero, puedes viajar mucho, tener las relaciones de pareja o de amistad que quieras, tener muchas propiedades, en fin, puedes haber conseguido éxito, incluso en lo que más te gusta, y no sentirte pleno, seguir notando un vacío interior que no se llena con nada. Tal vez esto se debe a ciertas carencias emocionales que no se hacen conscientes en el individuo y que se manifiestan a través de la inconformidad o la infelicidad, ¿quién sabe?

Hace muy poco tiempo una buena amiga me dijo algo que me encantó, era algo así como que el ser humano añora a su propia divinidad, y eso es lo que creo, que sentimos un anhelo de algo que nos falta, algo que perdimos y dejamos atrás, pero que conservábamos cuando éramos niños muy pequeños. Ser felices en el presente, sentirnos, sabernos, amarnos, valorarnos, y no necesitar comprar compulsivamente, gastar dinero, buscar la pareja perfecta que nos haga felices, alcanzar el triunfo para demostrar lo que valemos y recibir lo que creemos que merecemos, no es así como lograremos cubrir ese vacío.

Aquella niña pequeña se convirtió en una adulta, una buscadora, una rebelde que apretaba los puños para callarse, para intentar con todas sus fuerzas no ir contra las normas y ser así aceptada por una sociedad que en realidad no es más que una gran mentira, y así siempre había en ella un grito no gritado, un llanto interno no pronunciado, siendo así una persona que sentía que no encajaba y que si no lo hacía nadie la amaría, nadie contaría con ella, nadie la reconocería.
Empezó así un camino de autoconocimiento, un camino de sublevación interna, que la conducía hacia una contradicción, tratando de ser como los demás, pero por dentro generando una gran incoherencia porque no era como los otros. Con el tiempo supo que no era ella sola la que llevaba consigo esa lucha interna, que muchos de los que veía y creía adaptados al sistema, no lo estaban tampoco, y también callaban, la diferencia era que su rebeldía interior era tan potente que nada la llenaba, nada le interesaba, no quería hacer nada de lo que proponía la sociedad, y sólo deseaba escribir y crear.

Así se refugió en sus cuadernos, en su mundo interior, en sus pensamientos, en su sentir, en su mundo sólo suyo, un mundo que ella sabía que nadie podría comprender, demasiado profundo, tal vez, demasiado sensible, demasiado complicado.

Complicado, todo lo contrario de lo que en realidad somos, pues en lo simple está la respuesta.
Sin embargo, supo cómo aprovechar su complejidad interior, su capacidad de soñar, de sentir, para crear, para que la inspiración más sencilla la llevara a mundos insospechados, hasta que un día explotó en creatividad, su corazón se abrió y sus pensamientos comenzaron a ser sólo un puñado de ideas que usaría para escribir cuentos, dejarse llevar por sus sueños, plasmar evocaciones llenas de amor, de viveza, de una verdad que tal vez no era real, pero era pura magia, pura poesía.

Un día se dio cuenta de que esa niña nunca había desaparecido de ella, y que esa esencia era la que la mantenía en su felicidad interior, en su amor interior, y que la soledad que estaba experimentando era su gran oportunidad de ser más ella misma, de descubrir su verdad más suprema, y reencontrarse con su propia divinidad.

Lo que sucedió después fue que dejó de pertenecer a su ego, y halló su libertad.
El amor, cuando eres verdaderamente libre en un mundo donde todo son limitaciones, incluso limitaciones conceptuales, ya no es un sentimiento que te ata a lo que amas, ni te hace depender emocionalmente de lo que amas, sino que se transforma en su verdad, lo que es en realidad el amor, pura y maravillosa libertad, expansión, belleza.

Es espectacular lo que se siente cuando realmente te das cuenta de que cuando el amor está ahí, dentro de ti, partiendo de tu existencia, desde tu plenitud y tu verdadera esencia, ya nada es como antes, tu percepción de la realidad se transforma completamente, y ya nada es igual, ni lo volverá a ser, es algo tan increíble que sólo se puede sentir, no hay palabras para describirlo, hay que tocarlo, notarlo, vivirlo.

Se puede traducir en algo así como enamorarse de uno mismo, renacer desde uno mismo, reencontrarse con uno mismo, y darte cuenta de que tu propio ser siempre estuvo ahí, y que el matrimonio sagrado se ha producido dentro de ti, otorgándote un hermoso regalo, el talento de ser tú ante todo, auténtico, desnudo de las mentiras que creías ser.

Así que, tal vez todos deberíamos regresar al origen, a lo que éramos cuando un precioso momento presente nos abstraía y nos llenaba de felicidad, sin perdernos en pensamientos del pasado, o sufriendo por lo que pueda suceder en el futuro, ser, permanecer, sentir y no intentar tanto desmenuzar y reorganizar lo que estamos experimentando, pues cuando hacemos esto, nos perdemos la experiencia en sí misma.

Mientras el ego diga que eso es muy difícil, así será, pero aquella niña que se convirtió en adulta, descubrió que todos los pensamientos son sólo eso, pensamientos, y no te identifican, no definen lo que eres, no son tú, y por tanto, si no te enganchas a ellos, puedes convertirte en el observador de los mismos, sin que te atrapen, sin que dominen tu vida y conduzcan tu actitud ante la vida por un camino de sufrimiento, y ella, se liberó de todo lo que no era ella, así como el sol puede estar envuelto en nubes sin que éstas sean él, aunque a veces oculten su luz, y aprendió a observar sus emociones, incluso sabiendo que tendría que ir más allá y aprender a ser la observadora del obervador.

El amor es un estado permanente, nadie decide que ames, nadie puede conseguir que ames, sólo tú puedes hacerlo, sólo tú puedes abrirte como una flor que emana su aroma, y dejar que lo que eres sea, sin juicios, sin tener que justificar lo que eres, y permitir que ese amor que ya está en ti también sea y se preste a tomar la forma en la relación que tú desees con quien esté en ese mismo punto de apertura, de reconocimiento de su propia divinidad.



Cuando una relación entre dos personas se da desde su máximo amor interior, ya no se trata de una relación convencional, y ahí todo un mundo inexplorado comienza a sorprenderte, por eso, esa niña que ya es adulta, sigue sonriendo a la vida, y ya no busca el amor en el otro, sino en ella misma, para poderlo entregar sin esperar nada, para dar lo que ya tiene sin depender de que el otro le dé para cubrir una carencia. Antes de estar con alguien en pareja es mejor estar lleno de ti mismo y así ofrecerle lo mejor de ti, lo que ya tienes y eres.

La felicidad está en ti, no necesitas hallar a nadie para que te la dé, si esperas eso, sufrirás, e irás de relación en relación buscando el amor perfecto, sin darte cuenta de que ese tipo de amor inmenso se halla sólo en ti, y eres tú quien debe ofrecerlo a la persona adecuada, esa que la vida tiene preparada para ti para darte también su amor completo.

Arael Elämä...

viernes, 22 de enero de 2016

DIÁLOGOS - HUYENDO

HUYENDO

Él se acercó a ella y tomó su mano delicadamente. Sus ojos acariciaban con su mirada a su amada al contemplar cómo caían sus lágrimas, mirándola con tanta ternura que parecía que se ésta se podía respirar cada vez con más intensidad.
Él sabía por qué lloraba ella, lo comprendía, pero le dolía su dolor, deseaba mitigarlo, beberse sus miedos, su incomprensión, su desasosiego, pero también entendía que no era adecuado defenderla de sí misma, sino ayudarla a encontrarse, a lidiar y ganar sus propias batallas, enseñarla a usar su propia maestría para no necesitar depender de nada, ni de nadie, en esos momentos difíciles que ella misma generaba con su mente sin darse cuenta.
Besó su mejilla y limpió su rostro con suavidad, ella sonrió ligeramente y le abrazó tratando de hallar consuelo entre sus brazos.

  • ¿Por qué huyes de mí? - le preguntó él envuelto en el abrazo.
Ella se apartó sutilmente para mirarle a los ojos y le contestó.

  • Huyo porque te tengo miedo.
  • ¿Miedo de mí? Pero si tú sabes que te amo y que siempre estoy contigo. Anda, cuéntame por qué sientes ese miedo.
  • Porque te amo demasiado, tanto que mi mente no lo entiende. Este amor es diferente, es intenso, es un tornado que me envuelve y que arrasa con todo lo que antes creía que era real, me enfrenta conmigo misma, con mis sombras, me desnuda de las ilusiones y los espejimos que me arrastraban hacia un personaje que interpretaba, alguien que yo no era, y me devuelve a mi esencia verdadera. Además, amándote a ti he aprendido lo que es realmente amar y ahora sé que es mucho más que estar enamorada.
  • ¿Y eso te asusta? - le preguntó él con la dulzura de un ángel.
  • Sí, perdóname, perdóname, porque sé que no puedo merecerte si me escondo de ti, si huyo para que no me encuentres, si cuando siento cómo llega esa oleada de amor desde tu alma, simplemente permito que me acoja, que me envuelva, y no hago nada más, sólo sentirte en mí, sentir tu latido latiendo en mi corazón, y con eso, mi amor, con eso me conformo, porque acercarme a ti, a tu vida, me resulta demasiado doloroso.
  • ¿Por qué te duele tanto estar cerca de mí?
  • Porque no creo que pueda gustarte así como yo soy, no creo que puedas amarme, no creo que logres sentir lo que yo siento por ti, tu vida y la mía no se parecen en nada, no sé si pueden ser compatibles.
  • ¿Y por qué crees eso?
  • Porque no soy como esas mujeres que te han gustado, como las que has amado antes, soy muy diferente, no soy tan hermosa, ni tan segura de mí misma, no me muevo en los mismos círculos sociales que tú, y tengo mucho miedo de que me hagas daño, de ilusionarme al estar cerca de ti y que tú sólo me utilices para tener una relación en la que yo salga herida, en la que no te entregues, en la que no seas capaz de reconocer que soy tu verdadera y única alma gemela.Tengo miedo de tu rechazo.
  • No me importa tu aspecto, ni si tienes una profesión bien mirada en esta sociedad creada desde la hipocresía, ni me importa con cuantas personas hayas estado en pareja, ni el hecho de que mi vida haya transcurrido muy lejos de la tuya hasta ahora, ni tampoco me parece que no merezcas que te ame. Pero estás enfrentándote a tus temores, a tu propio rechazo de ti misma. Todo eso que temes que yo haga es lo que te haces, y debes afrontarlo, trascenderlo, observarlo. Mi amor por ti es real, pues lo único que es cierto en todo esto es que ambos nos amamos y estamos en el camino de nuestra unión física, para amarnos, después de haber superado todos nuestros autodesprecios, y fusionar nuestros opuestos dentro de nosotros mismos.
  • Es fácil comprenderte cuando te hallo en mis sueños, o cuando te percibo en mi mundo sutil donde veo lo que a veces dudo que sea cierto. Te muestras sabio, me demuestras tu amor, me cubres de esta sensación de que todo está bien, de que todo es correcto como está, de que estoy viviendo lo que me toca vivir y me haces sentir a salvo, en casa, pero cuando él, es decir, tú, el hombre que eres en este mundo, en esta sociedad, ése que no sabe quién soy en realidad, ése que no me recuerda, ése que se olvidó de nuestro pacto, de lo que somos como almas gemelas y prefirió alejarse de mí y experimentar el amor con otras personas, cuando él se acerca a mí, sólo puedo recordar el dolor que sentí cuando se fue, la amargura de su falta de reconocimiento, el temor a que seguir permitiendo que su presencia me recuerde que no estoy lista para nuestra reunión, que tengo mucho miedo, me haga más daño y no logre superarlo.
  • Querida compañera, sabes que todo lo que estás diciendo es producto de tus temores, de tus dudas, de tu ego. Debes elevarte más y ver desde otra perspectiva. La mujer que eres todavía funciona con el antiguo paradigma de las relaciones, esperando que todo sea color de rosa, sin embargo, este gran amor requiere de mucho esfuerzo de superación, porque tú, mi amada bella, tienes un alma fuerte, guerrera, grande, y no estás aquí para conformarte con una relación rutinaria, no estás aquí para perderte en un papel que interpretarías olvidándote de quién eres, de tu gran poder interior, has venido aquí a hacer algo más que eso, y no puedes estar en pareja si eso es anularte, descartar a tu ser, porque para ti estar en una relación debe motivarte para seguir creciendo, y primero debes descubrir quién eres, cuál es tu potencial y saltar al vacío, sin miedo, alcanzando tu maestría. No te imaginas lo hermosa que es tu alma, lo fuerte que eres, y la gran capacidad de amar que hay en ti. Tú no puedes esperar que te amen de esa forma fácil, fútil, de esa forma en la que se crea una dependencia emocional, de esa forma en la que prima el cuerpo por encima del ser, o del alma, de esa manera en la que se ama algo que no es real, un personaje, una máscara, estás aquí para ser amada como una diosa y amar de la misma forma, como esa mujer que es más que una mujer, es un espíritu lleno de fuerza, de amor puro e inondicional, esa energía que envuelve todo lo que la rodea, esa inmensa luz que ilumina el camino de aquel que se atreva a verlo, a verte. Por eso, mi cielo, antes de que llegue esa persona que anhelas mientras trabajas en ti para sacar lo que ya no sirve para vivir como la verdadera esencia que tú eres, lo que ya quedó obsoleto, lo que te impide progresar, deberás depurarte, deberás conseguir dejar de sentirte inferior a esas otras mujeres de las que me hablabas, deberás empoderarte, deberás ver que eres grande, que no puedes compararte con nada, ni con nadie, porque cada uno tiene su propia esencia, diferente, hermosa también, pero tú, tú mi amor, debes aprender a amarte, y debes abrirte al amor, ése que traemos en nuestro Ser, ese amor verdadero que experimentaremos en esta Tierra, esa energía sublime que nos une, y saber recibirlo como mujer humana en el momento adecuado. Nuestro amor es un amor de otro mundo que debe manifestarse en esta dimensión para elevarla, para que la vibración de lo que nos rodea aumente y se sostenga. Conoces nuestra misión de vida, lo que hemos venido a hacer juntos, y sabes que no se trata de algo romántico, sino de algo más grande, aunque podamos disfrutar del regalo de nuestra entrega mutua en una relación que romperá paradigmas antiguos y aportará otra visión del amor, de lo que realmente es amar.

Su mirada se apagó en un suspiro al comprender lo que su amado le decía, pues tenía tanta razón. Su dolor no procedía del rechazo de su amado, ni tampoco tenía miedo de él, o de que éste le pudiera hacer más daño sin darse cuenta, sino que provenía de ella misma, de su mente, de su ego, de patrones que funcionaban automáticamente y la llevaban una y otra vez a un callejón sin salida, donde se enfrentaba de nuevo a sus fantasmas, a los terribles monstruos que la debilitaban, y la alejaban de sí misma.




Huir, sí, huía, pero no de él, sino de sí misma, de su amor hacia él, de la aceptación de lo que estaba experimentando, de la realidad que se manifestaba como un cuento para que ella aprendiera a amarse de verdad.

  • Gracias, mi amor – le dijo al abrir sus ojos de nuevo y verle allí frente a ella.
  • Ya sabes que estoy aquí para cuidarte, para amarte y para guiarte.

Y decidió dejar de escapar de su destino, de la conexión que sentía en su corazón, de la magia extraña que envolvía su vida.

  • Aceptación en lugar de rechazo, amor en lugar de miedo, permitir en lugar de huir; sí lo entiendo, estaré en mi presencia, sin esperar, sólo tratando de crecer con todo esto, agradeciendo que estés conmigo y entregándome a vivir, a sentir, a experimentar.


Y un nuevo abrazo les fundió por completo, mientras él se sentía complacido al haber logrado que ella comprendiera sus temores, los observara y los trascendiera, aunque todavía quedaban pasos por dar, fases por recorrer, todavía había mucho por hacer, sin embargo, su amor por ella estaría siempre llevándole junto a ella, trasladándose desde otros planos para acompañarla. No podía haber una muestra de amor más incondicional que el hecho de que una parte de la multidimensionalidad de su amado se desplazara hasta ella para cuidarla y guiarla para ayudarla a descubrir su ser.

Arael Elämä Araham
Diálogos

martes, 29 de diciembre de 2015

HISTORIAS DE UN ALMA EXTRANJERA (parte 2)


CAPÍTULO 2 - EL VIAJE
 
No solía ser fácil vivir en la Tierra y conocer todo lo que me enseñaba Él, pues la discordancia entre los mundos sutiles y la vida en la sociedad humana a la cual pertencía lo hacía bastante complicado. A menudo había sentido mucho miedo de que mis seres queridos creyeran que me había transtornado, y poco a poco fui guardando más secretos, misterios que iba descubriendo y que nadie más podía comprender, por el momento. Él me había dicho que pronto conocería a otras personas como yo, gente que también podía Ver, y que nos iríamos reuniendo, pero se me hacía eterna la espera. Aquella noche salimos de viaje, quería saber más, comprender mejor. Cada viaje que realizábamos era diferente y al mismo tiempo muy similar. Esta vez fue algo parecido a lo que se suele llamar "viaje astral".

Abrí los ojos y por fin pude ver...

- ¿Qué es eso? - pregunté.

- Un Universo. 

- ¿Y qué hago yo aquí?

- Eres parte de él, y todo de él. Estás en cada planeta, en cada estrella, en cada sistema solar, estás en todas partes, siéntelo, siéntelo en ti.

Y respiré para sentir, para dejar atrás mi diminuta conciencia y expandirme en todo lo que percibía.

- Pero también me siento yo, me siento única, ¿cómo puede ser eso?

- Porque estás siendo el todo y la parte a la vez.

- Me gusta sentirme en todo, pero también me gusta ser una partícula, un fractal de ese todo.

- La idea es que puedas experimentarte en todas las facetas posibles de la existencia.

- Me gusta, pero creo que no soy capaz de alcanzar todo lo que hay, es decir, no puedo saber hasta dónde llega mi conciencia.

- Eso es porque es infinita y tratas de tocarla desde tu fractalidad, y eso no es sencillo, pero puedes hacerlo, dejándote llevar, diluyéndote del todo, sin miedo, porque luego podrás regresar a la experiencia humana.

- ¿Y puedo regresar a otra experiencia que no sea humana? ¿Existen otros seres que se parezcan a los humanos pero con una conciencia de sí mismos más amplia?

- Claro, pero todavía no has acabado tu experiencia humana. Un día de estos te llevaré hasta otra presencia de ti misma, en otra realidad, en otro planeta, viviendo como un ser con más conciencia de su existencia.

- Así que soy muchas veces, como humana y como otra esencia distinta parecida a la humana, ¿verdad?

- Sí, así es, y mucho más.

- Dime, ¿para qué necesito ser humana si mi conciencia puede estar en otro lugar donde se reconoce más a sí misma?

- Mi pequeña, en este caso todo es distinto, el planeta Tierra es un poco diferente a otros planetas. Está transformándose, todo está en continuo movimiento y expansión, en términos humanos podríamos hablar de evolución, y la Tierra está transmutando, y con ella las especies que la habitan, la acompañan. Ha llegado el momento, dentro del proceso evolutivo de la Tierra y de todo su sistema solar, en el que algo está sucediendo, algo que implica ciertos cambios en los seres humanos.

- ¿Y crees que la humanidad está preparada para algo así?

- No importa lo que yo crea, pequeña, yo sólo estoy aquí contigo para ayudarte a comprender y para guiarte, no para creer. La humanidad hará lo que tiene que hacer, sea cual sea el resultado final.

- Si no importa el resultado final, ¿qué sentido tiene seguir allí?

- A veces, mi querida amada, es necesario estar dentro del desorden para poder aportar un poco de paz, porque desde afuera poco podemos hacer. La conciencia es un todo que aboga por la vida en cualquiera de su formas, y perder a la humanidad después de todo lo que ha aportado como experiencia significaría comenzar de nuevo. 


- Ya, pero no creo que eso sea un problema para la conciencia, el tiempo no es para ella lo que es para la humanidad. Empezar de nuevo tampoco creo que le resulte un fracaso.

- Tienes razón, sin embargo, siempre es mejor continuar un proceso que tener que desestimarlo y reiniciarlo desde cero, y cuando digo que es mejor, me refiero a que el amor que mueve a la conciencia, la integración de todas las formas de vida creadas para la experiencia, sustenta la continuación de la expansión, y si la humanidad se destruyera, sería como si un rayo del sol se apagara y dejara de emanarse y expandirse, aunque fuera temporalmente. El amor de la conciencia implica lo que vosotros conocéis como tolerancia y respeto, pero también protección.

- Creo que te comprendo más o menos, pero también sé que me cuentas todo esto con palabras humanas, las cuales quedan muy pobres al aldo de todo lo que siento en mi corazón, todo lo que me transmites desde el tuyo.

- Pequeña mía, ya sabes que no hay lenguajes verbales que puedan abarcar en el mundo humano captado desde tu mente todo aquello que la conciencia es, así que sólo sabes un punto de la verdad, un punto en una línea infinita de posibilidades, de realidades, de dimensiones, de conciencias existenciales hijas de la gran conciencia total.

- Tengo sueño.

- Duerme, duerme y descansa, todavía queda un largo viaje, te llevaré de vuelta.

Arael E. Araham...
Historias de un Alma extrangera

domingo, 29 de noviembre de 2015

REFLEXIÓN - TRANSFORMACIONES

TRANSFORMACIONES - PARTE 1

Romper la cáscara duele...
Salir de la zona de confort, asusta...

Pero el lenguaje del alma se va manifestando con la fuerza de un huracán, transformando todo a su paso, liberándote de todo aquello que pesa y que no suma dentro de ti, sino que había estado restando durante tanto tiempo...
Esto te lleva a comprender una realidad diferente, desde una perspectiva que no es fácil compartir. 

A estas alturas me he dado cuenta de que a veces no merece la pena hacerse comprender, porque uno ya sabe quién puede llegar a comprenderte y quién no, y es un esfuerzo inútil tratar de que se entienda cómo ves el mundo, porque cada uno lo ve desde sus propios filtros...

Así que no quiero ni debo convencer a nadie de lo que veo, me conformo y acepto con verlo yo, porque es un regalo personal y nadie más puede saber cómo se siente...

En el camino te encuentras muchas situaciones y personas, todas ellas de alguna forma son tus maestras, te enseñan, te ayudan sin darse cuenta, pero en realidad lo que hacen es mostrate aspectos oscuros de ti, y cuando digo oscuros me refiero a aspectos que estaban ocultos, que no habían visto la luz, y que no hubiéramos sabido ver sin que una circunstancia, o una persona los hubiera reflejado, haciéndonos de espejo para percatarnos de que seguíamos un patrón repetitivo de forma automática, entre otras cosas.

Así que todo lo que nos rodea es parte de nosotros, todo lo que hay dentro de nosotros se halla fuera también.

A veces cuesta aceptar esto, porque juzgamos y sentenciamos mucho de lo que vemos, ya que en nuestra mente estamos programados para creer lo que se nos ha hecho creer, y cuesta mucho deshacer lo hecho, desaprender lo aprendido, y liberarnos de los prejuicios que nos encarcelan. Aceptar que lo que se está haciendo es parte de lo que el ser humano es, no es sencillo, porque uno siempre se separa de lo que no le agrada, y cree que es mejor que el otro, (yo sé mucho, soy más sabio que ése o que aquel, soy más guapo, más rico, más inteligente, más noble, más amoroso, más elevado, más espiritual...)... 
 
Y es que el ser humano ha sido y es todavía muy arrogante, en las dos caras de la moneda... El que no alardea de ser muy sabio, cree que es más modesto y más solidario por no proclamar su sabiduría, así que, de una forma o de otra, siempre acabamos creyendo estar en una posición mejor...

Cuando dejemos de creer que somos mejores o peores que el otro, dejaremos de crear separación...

Si tú eres otro yo, no puedes ser ni mejor ni peor de lo que yo soy, sólo eres una faceta de mí misma...

Sin embargo creo que eso no significa que todos seamos iguales, me explico, en la versión más elevada y pura, todos somos lo mismo, la misma energía, el Uno, pero aquí somos gotas de esa energía que han encarnado, y ahí es donde veo unas diferencias que no posicionan a nadie por encima o debajo de nadie, sino que individualizan a cada ser humano dentro de la unidad que somos, y esto es porque cada faceta de ese otro yo es distinta, está en una plantilla diferente, con un bagaje individual, con otra vibración, con otra función o misión y con una personalidad que tiene sus propias características.

Por eso, cuando puedo ver eso, respeto al otro yo que hay en ti, respeto al otro tú que hay en mí, y no puedo dañar al otro, ni juzgarlo, porque eso sería como hacerme daño a mí y juzgarme a mí. Aunque no llegaremos a ese entendimiento hasta que deje de haber una guerra dentro de nosotros, porque el primer juzgado por ti mismo eres tú, el primero en no valorarse eres tú, el primero en no amarse como mereces eres tú, y lo que hay dentro de ti y de cada ser humano es lo que hallamos fuera, como una gran proyección mental de lo que somos dentro, de nuestra lucha interna...

Por eso es indispensable que la guerra interior cese para que cese la exterior, uno por uno, paso a paso, para que toda la humanidad se vaya transformando... Todos somos importantes en este proceso, cada uno a su manera, en su justa medida, pero todos tenemos nuestra parte a realizar...

¡¡El cambio está en ti!!

No te amo con tus defectos y tus virtudes, no creo en los defectos, ni en las virtudes, creo en el conjunto del ser humano, en un todo, porque aquello que yo pueda considerar un defecto en ti será con total seguridad un defecto que considero que tengo en mí, y eso me demostrará que aún no me amo por lo que soy, sino que lo condiciono a lo que enjuicio sin darme cuenta...

Antes de afirmar ese "te amo con todos tus defectos", piensa qué significa realmente lo que estás diciendo... Cuando alguien me dice eso sé inmediatamente que no me ama por completo, no me ama por lo que yo soy, porque aún no se ama tampoco a sí mismo....

No hace mucho tiempo estuve enfrentándome de nuevo a mi mayor miedo, uno de esos grandes temores que te empujan a decidir si eliges un camino u otro para seguir con tu vida. Uno de los caminos era claro, no era fácil, pero era claro, era el que todos esperaban que escogiera por la lógica de la razón, porque es el que sigue la norma, el que te encierra en el viejo paradigma de la servidumbre encubierta que el ser humano está llevando a cabo movido precisamente por el miedo. Y es que el miedo es una herramienta, o tal vez incluso un arma, muy poderosa para manejarnos. Si tienes miedo a morir, o a perder tu hogar, o perder tus recursos básicos (agua caliente, calefacción, un techo donde refugiarte y vivir, electricidad, alimento...) o miedo a perder a tus hijos, o que estén en exclusión social, miedo a no poder comprarles sus libros para la escuela, o de no poder darles de comer, si tienes esos miedos, es fácil que te dominen, es fácil que caigas en las redes de la gran manipulación en la que todos hemos estado sumidos durante tantos años.



Y ahí se presentaba el primer camino, regresar al sistema, ser de nuevo una oveja más del gran rebaño que está siendo conducido por unos pocos para beneficiarse, una oveja que es tratada como un robot que tiene que cumplir las expectativas financieras y sociales de otros, alguien que no soy yo, alguien que se olvida de sí mismo para salvar a los suyos, alguien que tiene tanto miedo que ha dejado de confiar en sí misma.

Y el otro camino, ése que no está hecho, ése que debo crear yo, el más desconocido, pero el mío, ése que escojo libremente yo, ése que me llevará a cumplir mis sueños, ése que me hará más fuerte, más sabia, más Yo, ése que me llenará de felicidad, aunque tenga que ir contra corriente, sin contar con la comprensión de muchos, incluso con la desaprobación de otros, bajo los juicios de algunos que me etiquetarán de ser egoísta, de ser una soñadora temeraria, una loca que ha perdido el camino...

Y sí, tal vez deba perder el camino que se me impone, ése que en teoría debería escoger para ser como debo ser, pero es que yo no soy como debo ser, soy como soy, no soy lo que otros esperan de mí, soy lo que soy, no quiero seguir la norma que todos esperan que siga, yo creo mi camino, y en él no existen las normas, existe el fluir con la vida, el ser, el sentir, el creer, el confiar en mí misma, le pese a quien le pese.

Ha llegado la hora de dejar el miedo a un lado y saltar al vacío, y si tengo que morir en el intento, pues morir, porque a veces es necesario hacerlo para renacer con la fuerza y el poder interior que necesitamos para continuar...

Alguien me habló de sus sueños no hace mucho y me dijo que había renunciado a su empleo para poder dedicarse a la música, y gracias a sus palabras, a ver su coraje y su amor hacia lo que estaba haciendo en ese momento, recuperé mi valor y mi fe en mí misma.

Crear tu camino no es la opción más fácil, es cierto, pero si eliges hacerlo tu mejor versión de ti mismo emergerá y te llenarás de satisfacción, de felicidad, porque habrás nacido para cumplir con lo que tú eres.

Cuando era niña no entendía este mundo, y sufría, pero hace ya un tiempo que he visto que la única forma de no sufrir es soltar aquello que nos duele, soltar y dejar que lo que tiene que llegar a tu vida, llegue por sí mismo.

Si quieres ser genuino, si quieres ser quien eres en realidad y vivir la vida con la pasión que sientes dentro de ti brotar con fuerza, entonces debes entregarte a ti mismo, porque haciendo esto sólo tendrás que caminar haciendo tu camino y recogiendo los regalos que la vida misma te irá ofreciendo. Así hallarás la gran bendición de vivir tus sueños, mientras los vas construyendo.

Y para los románticos, saber que si lo que deseas es un amor verdadero, también tendrás que recorrer otro camino que no esté hecho ya, un camino que no esté colmado de estereotipos, de ideales falsos, de necesidades encubiertas, de carencias afectivas que se disfrazan de enamoramiento, tendrás que escoger tu propio camino único y limpio, el tuyo, porque sólo así, siendo verdadero contigo mismo, llegará lo que mereces, lo que vibre como tú, y no tendrás que salir a buscarlo, porque aparecerá cuando realmente tú seas tú mismo, y no lo que se espera que seas...

Abre tu corazón y deja que te guíe, él será tu brújula, porque él está en conexión con tu esencia, con tu divinidad, con tu verdad... no te resistas a ser lo que viniste a ser, olvida el viejo paradigma y ayúdate a participar del cambio, del nuevo mundo, del amor incondicional hacia la vida...



Arael Elämä...
Reflexiones

viernes, 6 de noviembre de 2015

DIÁLOGOS - EN OTROS PLANOS (almas gemelas)

No había aún casi despertado de mi letargo cuando apareciste, aunque no era la primera vez que te sentía, no era aquello el principio, era una continuación ya anunciada.
La ilusión de encontrarte en alguna parte me empujaba a buscarte, a necesitarte, a depender de esa fantasía que inventaba de tenerte junto a mí, de abrazarte, de poderte dar todo el amor que era capaz de dar.
Sin embargo, esa misma ilusión se convertía a menudo en una daga punzante que me rasgaba el alma, porque estaba casi convencida de que eras sólo un espejismo, un sueño que jamás se haría realidad.
Y cuando hablo de que apareciste, no quiero decir que por fin el reencuentro físico se había dado, sino que pude comprobar la gran certeza de mi esencia, esa que me acercaba a una verdad que mis pensamientos no lograban forjar como una creencia vívida, sino que más bien rechazaban para intentar no ser una persona extraña y sumida en una imaginación tildada de espiritual.
Mi razón, mi parte más analítica, no me permitía convencerme de que tú eras un ser humano real, y divagaba sobre qué o quién podías ser, en un discurso de posibilidades creíbles que se aproximaran a la “normalidad” que siempre había deseado integrar en mí sin conseguirlo.

Abrí los ojos aquella mañana de invierno y te percibí como se percibe la niebla entre las manos cuando caminas entre su tenue y blanquecina nebulosa.
Ahí estabas, pero no te distinguía con claridad.

  • Muéstrate – te dije casi como si te lo ordenara.

Una luz cegadora iluminó toda mi habitación, para después irse mitigando, o quizás simplemente yo misma me fui adaptando a esa especie de realidad alternativa que se me estaba presentando.
Y de pronto, allí estabas, frente a mí, sin que pudiera determinar cómo lo sabía, pero te sentía tanto, tanto, que no cabía la menor duda de que eras tú quien me estaba observando.

Te miraba, sí, te miraba, y lo que veía no podía asimilarlo con mi mente pequeña, así que decidí dejar de verte con ella y abrí mi corazón.
Ahí estabas tú, un universo colmado de galaxias, de estrellas y planetas, hermoso, inalcanzable, infinito, mostrándose ante mí...
Decir que me había enamorado aún más de ti era ínfimo, absurdo y ridículo, no era eso lo que me embriagaba al contemplarte, era algo tan inmenso que sólo podía diluirme en lo que tú estabas siendo en ese momento, en lo que sigues siendo.

Estar encandilada por un amanecer hasta el punto de emocionarme y fusionarme con él, era lo más parecido que había experimentado al mirarte, lo único comparable con aquella sensación, y aún así, era demasiado insignificante.



Entonces pensé que no podría jamás tocarte, besarte, porque tu grandeza era como una quimera para mí, una utópica y maravillosa relación de pareja que no disfrutaría nunca, porque tú eras inmenso, tan inmenso como mi amor por ti. ¿Cómo podría tomar entre mis brazos algo tan inconmensurable? Eso sería una bendición maravillosa para mí, un caricia tibia y eterna en mi cuerpo y en mi alma, un regalo para mi piel, para mi vida, para todo lo que yo soy.

Una leve tristeza se asomó a mis ojos y tú, comenzaste a tomar forma humana. Todas las estrellas y los planetas, todas las galaxias, todo tu universo, se fue haciendo pequeño, muy pequeño, como una copia exacta de lo que eras, pero en versión diminuta, para luego dibujarse como una silueta, la de un hombre.

Entonces, de una forma que no puedo explicar racionalmente, la imagen de ese universo se fue transformando, iba palideciendo para dar paso a un cuerpo semi etéreo, con rostro, con brazos, piernas, incluso vestido con la misma ropa con la que te vi en aquellos sueños de mi adolescencia, cuando creía que eras un ángel que venía a visitarme y a guiarme.

Tu pelo rubio, lacio, con tu flequillo peinado hacia el lado izquierdo de tu frente, tu piel pálida, tus ojos azules y rasgados, tu sonrisa tierna, esa que aceleraba mis latidos, esa que iluminaba tu mirada hasta el punto de hacerme sentir que eras verdaderamente un ser lleno de luz, esa luz que de alguna forma me correspondía.

Verte allí, alargando tu mano hacia mí, en un gesto de invitación a seguirte, me hizo romper a llorar.

  • ¿Por qué siempre tenemos que encontrarnos en otros planos? - te pregunté con mi anhelante deseo de abrazarte fuerte, fuerte, muy fuerte y no soltarte jamás.
  • Un día de estos, cuando menos te lo esperes, tu mirada y la mía se encontrarán, y tu alma y la mía estarán listas para reconocerse, para amarse desde nuestros cuerpos físicos, como hombre y mujer, sin que nada pueda impedirlo. Así como tú sientes el amor en ti hacia mí, lo siento yo hacia ti, y así como tú deseas hallarme y estar conmigo, yo también lo estoy deseando. Tú eres igual que yo.

Y tomé tu mano, para volver a viajar de nuevo a esos lugares donde se me muestran realidades que, simplemente, no tienen nombre, ni explicación, lugares donde me enseñan lo que necesito saber para continuar con mi existencia, con mi conexión, con mi comprensión, aunque todavía parcial, de lo que significa estar aquí en estos momentos.

  • ¿Adónde vamos?
  • Hoy vamos a ir a nuestro origen, voy a enseñarte quiénes somos, hoy encontrarás muchas respuestas que ahora están desordenadas en tus recuerdos.
  • ¿Entonces yo ya sé lo que me vas a mostrar?
  • Claro, yo sólo voy a ayudarte a recordar, esa es mi misión ahora contigo.
  • ¿Y por qué dices que vamos a encontrarnos en el mundo físico si tu misión es mostrarme estos planos tan etéreos?
  • Porque yo, este yo que ves, es sólo parte de mí. Nuestra multidimensionalidad nos permite movernos por diversos planos, porque en realidad, no nos movemos, permanecemos en ellos, existimos en ellos. Tú estás ahora mismo encarnada como la mujer que eres y pero también experimentas y existes en otras dimensiónes y realidades.
  • ¿Y por qué no soy como tú? ¿Por qué no soy consciente de mis recuerdos si estoy en esta forma etérea ahora aquí contigo y tú sí recuerdas?
  • Yo no lo recuerdo todo tampoco, porque sólo soy una parte de toda mi conciencia completa, y tú, ahora mismo estás conectada a tu mente, realizando un viaje astral para conectar con esta realidad donde me encuentras a mí, para facilitarte la comprensión e integración de todo lo que ves, sientes, experimentas aquí, y todo lo que vas a ir recordando de tu misión en tu vida como ser humano. Yo no te estoy hablando desde mi conexión mental con mi parte humana, este no es mi cuerpo astral, aunque también lo tengo y también me guían como a ti, te sorprenderá saber que tú, en otro plano, cumples la misma función con parte astral, que yo desde este plano contigo, con tu parte astral. Soy una parte de mi consciencia eterna, una parte de mi Ser que se ha manifestado para guiarte, y soy parte también de tu propio Ser, porque tu Ser y el mío son el mismo.
  • ¿Somos el mismo Ser? Tenía entendido que todos somos uno, y que por tanto todos somos el mismo Ser.
  • En la esfera más elevada sí, es así, pero existen varios estratos dimensionales que se despliegan desde el Origen o Fuente, y que nos permite experimentarnos desde lo que sentimos como separación, como rayos de un mismo sol que conforme se van alejando de su procedencia se van distanciando entre sí, como gotas de un océano que se experimentan en diversos estados, hielo, líquido, vapor. En ocasiones es una especie semi-separación porque en el estado vaporoso es casi imperceptible la diferenciación individual de cada gota, y en otras ocasiones la separación es muy palpable, como en el caso del hielo. Esto se da de forma gradual, cuanto más cerca de la Fuente, más vaporosos somos, cuanto más lejos, más petrificados somos, sin embargo, en realidad, la separación no existe, es sólo una forma de experimentarnos. Tú y yo somos la misma gota, si tomamos el ejemplo del océano, o el mismo rayo de luz dividido en dos, si tomamos el ejemplo del Sol, somos compañeros, somos uno formando un todo, así como la noche y el día. En la Tierra lo llaman almas gemelas, pero en realidad es mucho más que eso, porque no hablamos de almas, las almas son pequeños fragmentos del Ser, gotas de gotas, para que lo entiendas mejor, te diré que somos el mismo Ser. Imagina que somos un rayo doble que parte del mismo Sol...
  • Comprendo... ¿Entonces, para qué separarnos y luego encontrarnos en la dimensión tridimensional? ¿Qué sentido tiene eso?
  • Mi querida compañera, no le busques un sentido mental, ahí no lo hallarás, mira en tu corazón y sabrás la respuesta.
  • Ya entiendo, todo es por el amor, por la experimentación del amor en diferentes facetas. ¿Pero por qué aquí en la tercera dimensión es tan difícil encontrar a tu alma gemela?
  • Porque en este lugar existe una dualidad muy intensa y marcada y una serie de leyes que rigen todo un sistema energético particular, vosotros lo llamáis karma. El ego pone sus propias normas y el karma o ley de causa y efecto también actúa sobre vosotros. El libre albedrío os permitió en un principio escoger las experiencias, pero eso generó un efecto sobre vosotros que propició la creación de la ley del karma. Muchas almas gemelas no han podido estar juntas por su ego, o por su karma. Ahora ha llegado el momento de que todo eso cambie, porque la humanidad está experimentando una gran transformación.
  • ¿Eso quiere decir que todos vamos a encontrarnos con nuestras almas gemelas?
  • No, no todo el mundo ha venido con un compañero, pero todos comenzarán a experimentar el amor en otro nivel, en el de la incondicionalidad.
  • ¿Y tú y yo?
  • Ya sabes la respuesta, te la he dado antes. Estaré siempre contigo, para cuidarte, para guiarte, para ayudarte a limpiar tu inconsciente de la carga que llevas, para acompañarte hasta que mi yo humano esté listo para este amor inmenso que no entienden las mentes que aún funcionan en el sistema del ego, demasiado como para confiar en su corazón, en su alma, en su ser interno.

Y así comenzó una aventura de viajes en otros lugares, planos, dimensiones y realidades, donde tú, mi otro yo, me has ido mostrando otras vidas, sensaciones, y otra manera de amar que no se comprende si se intenta explicar racionalmente...

  • Una última pregunta... ¿Las almas gemelas han venido a encontrarse para ser pareja?

  • Mi pequeña humana, el alma gemela no se tiene que enfocar como una relación de atracción física, o álmica, ni de romanticismo, aunque puedas experimentarlo con ella de una forma muy hermosa, pues encontrarte con ella es encontrarte contigo mismo en otra persona, con parte de tu energía, de la que procedes, encarnada en otro, es como mirarte en un espejo perfecto, que te permite ver todo de ti, lo que tú eres, tanto a nivel humano, como a nivel del alma, del ser, de todo. Algunos tienen demasiado miedo para atreverse a amar a su alma gemela, incluso para reconocerla, porque no siempre es lo que uno espera encontrar, pero a pesar de las posibles dificultades que nuestro ego pueda mostrar, el amor que hay en nuestro interior siempre se abre camino...

El verdadero amor siempre se abre camino...

Arael Elämä...
Diálogos