SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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sábado, 19 de marzo de 2016

REFLEXIÓN - SOBRE LA FELICIDAD Y EL AMOR

El aroma a calidez, la luz del sol iluminando los dibujos del papel de las paredes, las cortinas marrones casi transparentes, con sus ondeantes formas anaranjadas que cubrían las ventanas del salón. El sofá gris, la mesa redonda que estaba justo al lado de la mesita de ruedas de la televisión que tenía aquella puerta donde guardabas las balleta para limpiar el polvo del mueble que hacía juego con la mesa para comer.
Una mañana cualquiera, los pies de una niña pequeña pisaban el frío suelo de terrazo de aquel espacio donde sonaba la música de tus cantantes preferidos, canciones que la hacían sentir segura, sabiendo que su madre estaba allí, limpiando la casa, inundándola de su esencia de mujer, convertida en melodía, mientras hacía sus tareas matutinas, sencillas, pero tan valiosas para aquella pequeña niña que se levantaba al reconocer la rutina que la mantenía en un estado de seguridad, de amor, de satisfacción.
Su madre estaba allí, la casa desprendía un olor característico, los muebles brillaban, el sol entraba por la ventana y el día parecía perfecto.
Lo entrañable no tiene por qué ser algo sofisticado, la imagen de una mujer sencilla, ama de casa, que cuidaba de su hija, era suficiente para que aquella niña se sintiera extremadamente feliz.

Un niño puede sentirse así con tan poco, ¿por qué entonces cuando crece nunca tiene suficiente?



Los adultos perdemos en algún momento de nuestra vida la capacidad de vivir en el presente, de disfrutar de los pequeños detalles, y nos olvidamos de que el bienestar se halla en nosotros, y no en lo que hay en el exterior.
Aquella niña no necesitaba nada, aunque sus necesidades básicas estaban cubiertas, la sensación de seguridad se la proporcionaba un hogar tranquilo, una familia estable.
Partiendo del punto de vista en que un adulto ya puede valerse por sí mismo y carece de la vulnerabilidad real de un niño, éste debería simplemente tener cubierto aquello imprescindible, y con ello ser totalmente feliz. Sin embargo, puedes tener mucha cosas materiales, puede sobrarte el dinero, puedes viajar mucho, tener las relaciones de pareja o de amistad que quieras, tener muchas propiedades, en fin, puedes haber conseguido éxito, incluso en lo que más te gusta, y no sentirte pleno, seguir notando un vacío interior que no se llena con nada. Tal vez esto se debe a ciertas carencias emocionales que no se hacen conscientes en el individuo y que se manifiestan a través de la inconformidad o la infelicidad, ¿quién sabe?

Hace muy poco tiempo una buena amiga me dijo algo que me encantó, era algo así como que el ser humano añora a su propia divinidad, y eso es lo que creo, que sentimos un anhelo de algo que nos falta, algo que perdimos y dejamos atrás, pero que conservábamos cuando éramos niños muy pequeños. Ser felices en el presente, sentirnos, sabernos, amarnos, valorarnos, y no necesitar comprar compulsivamente, gastar dinero, buscar la pareja perfecta que nos haga felices, alcanzar el triunfo para demostrar lo que valemos y recibir lo que creemos que merecemos, no es así como lograremos cubrir ese vacío.

Aquella niña pequeña se convirtió en una adulta, una buscadora, una rebelde que apretaba los puños para callarse, para intentar con todas sus fuerzas no ir contra las normas y ser así aceptada por una sociedad que en realidad no es más que una gran mentira, y así siempre había en ella un grito no gritado, un llanto interno no pronunciado, siendo así una persona que sentía que no encajaba y que si no lo hacía nadie la amaría, nadie contaría con ella, nadie la reconocería.
Empezó así un camino de autoconocimiento, un camino de sublevación interna, que la conducía hacia una contradicción, tratando de ser como los demás, pero por dentro generando una gran incoherencia porque no era como los otros. Con el tiempo supo que no era ella sola la que llevaba consigo esa lucha interna, que muchos de los que veía y creía adaptados al sistema, no lo estaban tampoco, y también callaban, la diferencia era que su rebeldía interior era tan potente que nada la llenaba, nada le interesaba, no quería hacer nada de lo que proponía la sociedad, y sólo deseaba escribir y crear.

Así se refugió en sus cuadernos, en su mundo interior, en sus pensamientos, en su sentir, en su mundo sólo suyo, un mundo que ella sabía que nadie podría comprender, demasiado profundo, tal vez, demasiado sensible, demasiado complicado.

Complicado, todo lo contrario de lo que en realidad somos, pues en lo simple está la respuesta.
Sin embargo, supo cómo aprovechar su complejidad interior, su capacidad de soñar, de sentir, para crear, para que la inspiración más sencilla la llevara a mundos insospechados, hasta que un día explotó en creatividad, su corazón se abrió y sus pensamientos comenzaron a ser sólo un puñado de ideas que usaría para escribir cuentos, dejarse llevar por sus sueños, plasmar evocaciones llenas de amor, de viveza, de una verdad que tal vez no era real, pero era pura magia, pura poesía.

Un día se dio cuenta de que esa niña nunca había desaparecido de ella, y que esa esencia era la que la mantenía en su felicidad interior, en su amor interior, y que la soledad que estaba experimentando era su gran oportunidad de ser más ella misma, de descubrir su verdad más suprema, y reencontrarse con su propia divinidad.

Lo que sucedió después fue que dejó de pertenecer a su ego, y halló su libertad.
El amor, cuando eres verdaderamente libre en un mundo donde todo son limitaciones, incluso limitaciones conceptuales, ya no es un sentimiento que te ata a lo que amas, ni te hace depender emocionalmente de lo que amas, sino que se transforma en su verdad, lo que es en realidad el amor, pura y maravillosa libertad, expansión, belleza.

Es espectacular lo que se siente cuando realmente te das cuenta de que cuando el amor está ahí, dentro de ti, partiendo de tu existencia, desde tu plenitud y tu verdadera esencia, ya nada es como antes, tu percepción de la realidad se transforma completamente, y ya nada es igual, ni lo volverá a ser, es algo tan increíble que sólo se puede sentir, no hay palabras para describirlo, hay que tocarlo, notarlo, vivirlo.

Se puede traducir en algo así como enamorarse de uno mismo, renacer desde uno mismo, reencontrarse con uno mismo, y darte cuenta de que tu propio ser siempre estuvo ahí, y que el matrimonio sagrado se ha producido dentro de ti, otorgándote un hermoso regalo, el talento de ser tú ante todo, auténtico, desnudo de las mentiras que creías ser.

Así que, tal vez todos deberíamos regresar al origen, a lo que éramos cuando un precioso momento presente nos abstraía y nos llenaba de felicidad, sin perdernos en pensamientos del pasado, o sufriendo por lo que pueda suceder en el futuro, ser, permanecer, sentir y no intentar tanto desmenuzar y reorganizar lo que estamos experimentando, pues cuando hacemos esto, nos perdemos la experiencia en sí misma.

Mientras el ego diga que eso es muy difícil, así será, pero aquella niña que se convirtió en adulta, descubrió que todos los pensamientos son sólo eso, pensamientos, y no te identifican, no definen lo que eres, no son tú, y por tanto, si no te enganchas a ellos, puedes convertirte en el observador de los mismos, sin que te atrapen, sin que dominen tu vida y conduzcan tu actitud ante la vida por un camino de sufrimiento, y ella, se liberó de todo lo que no era ella, así como el sol puede estar envuelto en nubes sin que éstas sean él, aunque a veces oculten su luz, y aprendió a observar sus emociones, incluso sabiendo que tendría que ir más allá y aprender a ser la observadora del obervador.

El amor es un estado permanente, nadie decide que ames, nadie puede conseguir que ames, sólo tú puedes hacerlo, sólo tú puedes abrirte como una flor que emana su aroma, y dejar que lo que eres sea, sin juicios, sin tener que justificar lo que eres, y permitir que ese amor que ya está en ti también sea y se preste a tomar la forma en la relación que tú desees con quien esté en ese mismo punto de apertura, de reconocimiento de su propia divinidad.



Cuando una relación entre dos personas se da desde su máximo amor interior, ya no se trata de una relación convencional, y ahí todo un mundo inexplorado comienza a sorprenderte, por eso, esa niña que ya es adulta, sigue sonriendo a la vida, y ya no busca el amor en el otro, sino en ella misma, para poderlo entregar sin esperar nada, para dar lo que ya tiene sin depender de que el otro le dé para cubrir una carencia. Antes de estar con alguien en pareja es mejor estar lleno de ti mismo y así ofrecerle lo mejor de ti, lo que ya tienes y eres.

La felicidad está en ti, no necesitas hallar a nadie para que te la dé, si esperas eso, sufrirás, e irás de relación en relación buscando el amor perfecto, sin darte cuenta de que ese tipo de amor inmenso se halla sólo en ti, y eres tú quien debe ofrecerlo a la persona adecuada, esa que la vida tiene preparada para ti para darte también su amor completo.

Arael Elämä...

martes, 29 de diciembre de 2015

HISTORIAS DE UN ALMA EXTRANJERA (parte 2)


CAPÍTULO 2 - EL VIAJE
 
No solía ser fácil vivir en la Tierra y conocer todo lo que me enseñaba Él, pues la discordancia entre los mundos sutiles y la vida en la sociedad humana a la cual pertencía lo hacía bastante complicado. A menudo había sentido mucho miedo de que mis seres queridos creyeran que me había transtornado, y poco a poco fui guardando más secretos, misterios que iba descubriendo y que nadie más podía comprender, por el momento. Él me había dicho que pronto conocería a otras personas como yo, gente que también podía Ver, y que nos iríamos reuniendo, pero se me hacía eterna la espera. Aquella noche salimos de viaje, quería saber más, comprender mejor. Cada viaje que realizábamos era diferente y al mismo tiempo muy similar. Esta vez fue algo parecido a lo que se suele llamar "viaje astral".

Abrí los ojos y por fin pude ver...

- ¿Qué es eso? - pregunté.

- Un Universo. 

- ¿Y qué hago yo aquí?

- Eres parte de él, y todo de él. Estás en cada planeta, en cada estrella, en cada sistema solar, estás en todas partes, siéntelo, siéntelo en ti.

Y respiré para sentir, para dejar atrás mi diminuta conciencia y expandirme en todo lo que percibía.

- Pero también me siento yo, me siento única, ¿cómo puede ser eso?

- Porque estás siendo el todo y la parte a la vez.

- Me gusta sentirme en todo, pero también me gusta ser una partícula, un fractal de ese todo.

- La idea es que puedas experimentarte en todas las facetas posibles de la existencia.

- Me gusta, pero creo que no soy capaz de alcanzar todo lo que hay, es decir, no puedo saber hasta dónde llega mi conciencia.

- Eso es porque es infinita y tratas de tocarla desde tu fractalidad, y eso no es sencillo, pero puedes hacerlo, dejándote llevar, diluyéndote del todo, sin miedo, porque luego podrás regresar a la experiencia humana.

- ¿Y puedo regresar a otra experiencia que no sea humana? ¿Existen otros seres que se parezcan a los humanos pero con una conciencia de sí mismos más amplia?

- Claro, pero todavía no has acabado tu experiencia humana. Un día de estos te llevaré hasta otra presencia de ti misma, en otra realidad, en otro planeta, viviendo como un ser con más conciencia de su existencia.

- Así que soy muchas veces, como humana y como otra esencia distinta parecida a la humana, ¿verdad?

- Sí, así es, y mucho más.

- Dime, ¿para qué necesito ser humana si mi conciencia puede estar en otro lugar donde se reconoce más a sí misma?

- Mi pequeña, en este caso todo es distinto, el planeta Tierra es un poco diferente a otros planetas. Está transformándose, todo está en continuo movimiento y expansión, en términos humanos podríamos hablar de evolución, y la Tierra está transmutando, y con ella las especies que la habitan, la acompañan. Ha llegado el momento, dentro del proceso evolutivo de la Tierra y de todo su sistema solar, en el que algo está sucediendo, algo que implica ciertos cambios en los seres humanos.

- ¿Y crees que la humanidad está preparada para algo así?

- No importa lo que yo crea, pequeña, yo sólo estoy aquí contigo para ayudarte a comprender y para guiarte, no para creer. La humanidad hará lo que tiene que hacer, sea cual sea el resultado final.

- Si no importa el resultado final, ¿qué sentido tiene seguir allí?

- A veces, mi querida amada, es necesario estar dentro del desorden para poder aportar un poco de paz, porque desde afuera poco podemos hacer. La conciencia es un todo que aboga por la vida en cualquiera de su formas, y perder a la humanidad después de todo lo que ha aportado como experiencia significaría comenzar de nuevo. 


- Ya, pero no creo que eso sea un problema para la conciencia, el tiempo no es para ella lo que es para la humanidad. Empezar de nuevo tampoco creo que le resulte un fracaso.

- Tienes razón, sin embargo, siempre es mejor continuar un proceso que tener que desestimarlo y reiniciarlo desde cero, y cuando digo que es mejor, me refiero a que el amor que mueve a la conciencia, la integración de todas las formas de vida creadas para la experiencia, sustenta la continuación de la expansión, y si la humanidad se destruyera, sería como si un rayo del sol se apagara y dejara de emanarse y expandirse, aunque fuera temporalmente. El amor de la conciencia implica lo que vosotros conocéis como tolerancia y respeto, pero también protección.

- Creo que te comprendo más o menos, pero también sé que me cuentas todo esto con palabras humanas, las cuales quedan muy pobres al aldo de todo lo que siento en mi corazón, todo lo que me transmites desde el tuyo.

- Pequeña mía, ya sabes que no hay lenguajes verbales que puedan abarcar en el mundo humano captado desde tu mente todo aquello que la conciencia es, así que sólo sabes un punto de la verdad, un punto en una línea infinita de posibilidades, de realidades, de dimensiones, de conciencias existenciales hijas de la gran conciencia total.

- Tengo sueño.

- Duerme, duerme y descansa, todavía queda un largo viaje, te llevaré de vuelta.

Arael E. Araham...
Historias de un Alma extrangera

sábado, 5 de septiembre de 2015

PROPÓSITOS - EL SER Y EL ALMA GEMELA

Todo parece un sueño, ¿realmente he muerto?, pensé que sería diferente, no así, tan sereno, aunque ya me habían hablado de la paz que se siente.
El frasco de pastillas está ahí, vacío, puedo verlo, y mi cuerpo sin vida está en la cama, con mi ropa preferida.
Morir bien vestida y maquillada es mejor que hacerlo desaliñada, como he estado últimamente deambulando por mi casa deprimida y destrozada emocionalmente.
Pero noto que la falta de respiración hace que esa que yo era no se parezca en nada a mí, ya no soy yo, sólo era el envoltorio que me recubría.
Soy conciencia, soy vida, soy ser, y sobre todo, por fin soy libre, ya no sufriré más el asco de ser humana, de pertenecer a esta especie que todo lo destruye, que todo lo arrasa.
Veo una luz, es muy potente, va tomando forma, me recuerda a los famosos ángeles que algunos pintores dibujaban en las bóvedas de las iglesias y catedrales.
Se está acercando, no sé si estoy preparada para irme, de repente siento mucha tristeza por haberme suicidado, tal vez me precipité. ¿Cómo se sentirán mis seres queridos? ¡Qué desastre! Me siento mal, no he pensado en ellos, sólo pensé en mí, en mi desesperación. Y es que realmente creía que no había otra salida, no, no la había, este mundo está condenado a marchitarse, los seres humanos son destructivos y no quería quedarme aquí para seguir viendo tanta masacre hacia toda manifestación de la vida, tanto humana como no humana. No puedo más, eso es, eso fue lo que pensé, que ya estoy agotada de luchar, que no quiero existir más, que esta guerra ya la tenía más que perdida. El amor no me salvó, el amor no me sirvió para vencer tanta amargura, tanta crueldad, y menos si estaba sola, tan sumamente sola, sin él, sin mi compañero, sin aquel que me ayudaría a mantenerme fuerte.
Ese ángel se está haciendo más presente frente a mí, y siento que quiere darme un mensaje.



  • Querido Ser, ¿qué has hecho? ¿Por qué hiciste esto?- me dice con una tierna mirada iluminada y bañada de compasión y de comprensión.

Estoy llorando, sí, siento mis lágrimas caer, pero ¿cómo puede ser eso? Estoy muerta, no puedo llorar, pero siento, estoy sintiendo emociones, todavía las siento, no comprendo nada, me encuentro mal, aún sufro.

  • ¿Eres un ángel? - le pregunto envuelta en mi llanto sin poder detenerlo.
  • Sí, me envían para guiarte.
  • Lo siento mucho, de veras, lo siento tanto, pero no podía más, no soportaba la hostilidad del ser humano, me avergonzaba de ser humana, no lograba adaptarme, no conseguía mantenerme en el amor mientras veía cómo sacrificaban vidas humanas, cómo mataban a los seres vivos para ganar dinero, cómo la lucha de poder ensombrecía todo a mi alrededor. Me sentía manipulada, obligada a ser una más en el rebaño, y yo luchaba, te juro que luchaba con uñas y dientes. Salí de ese sistema creado para dominarnos hasta donde pude, hasta el límite, pero siempre había algo o alguien que me arrastraba, mi situación se volvió precaria, perdí mi casa, perdí mi la vida que llevaba, mi esclavitud se transformó completamente al salir del engaño de la protección del sistema, supuestamente a cambio de ser una más, sólo eso, una más, y sufría, sufría tanto, tanto, pues me sentía desprotegida, atacada, perseguida, y sobre todo, no comprendida y abandonada. Me caía y me levantaba, soñaba con llegar lejos, con cumplir mis sueños, con ser una de las precursoras de un nuevo camino hacia una humanidad más “humana”, tal vez más divina. Y cada mañana me repetía que el presente era lo que importaba, que me debía centrar en que mi ser se cristalizara en mí para salir volando, saltando todos los obstáculos, descubriendo las ilusiones que me palidecían la mirada, y alcanzando la verdad, la única verdad. Y sin embargo, no pude más. Mis caídas eran cada vez más fuertes, mi dolor era cada día más intenso, y no había nadie para abrazarme, para ayudarme, para darme fuerzas, así que la soledad jugó también su papel destructivo. Me cansé de llorar, mis ojos se quedaron sin lágrimas, me cansé de llamar a mi compañero para que me rescatara cuando estaba a punto de tirar la toalla sin hallar respuesta alguna, me cansé de ser valiente, de poner la otra mejilla, de ser comprensiva, de tener coraje, de limpiar mis heridas, me cansé de mi ego, de su oscuridad, de la de los demás egos que habitan en cada ser humano, de las mentes corruptas, de las falsedades, de las personas que proyectan sus envidias y sus conflictos en general sobre mí, de enamoramientos absurdos que luego se convertían en odio por no corresponder a sus deseos, y sobre todo, querido ángel, me quedé sin fuerzas para sobrevivir, sólo quería existir, ser y respirar amor, pero en este lugar me ahogo, me falta el aire, no hay amor, pocos pueden sentirlo y darlo incondicionalmente y yo me estaba muriendo asfixiada, no podía más, era una tortura. ¿Puedes entenderme? ¿Podrá El perdonarme?
  • Querido Ser, no tenemos que perdonarte, no he venido para eso, tal vez tú seas quien debas perdonarte a ti misma, por haberle hecho daño a tu cuerpo, pues él era un templo para ti, un vehículo para alcanzar una nueva fase en tu existencia. Sin embargo, nosotros los ángeles no vemos los espejismos que crean los humanos, no vemos esas alucinaciones mentales que crean colectivamente, sólo nos limitamos a ayudaros a despertar de la pesadilla que habéis creado.
    Comprendo perfectamente lo que tu mente vivía, su dolor, y cómo tú lo sentías recorriendo cada partícula de tu existencia humana. Entiendo que la vida humana es horrible vista y vivida como tú y otros muchos más lo hacen y puedo dar fe de que no es una solución muy adecuada eliminar tu participación como mujer humana, pues la muerte física no te ha liberado del dolor, como puedes observar.
  • Sí, es cierto, ¿y eso por qué ha ocurrido?
  • Porque no has alcanzado todavía tus propósitos.
  • ¿Y cuáles son? No logré saberlos con certeza cuando estaba en vida, ¿podrías ayudarme y mostrármelos?
  • Puedo hacer algo mejor, te llevaré a un lugar para que los veas.


El ángel me toca con su mano derecha la espalda, justo a la altura del chakra cardíaco y de pronto me siento succionada hacia algún lugar que sé que me sorprenderá. Y así es. Estoy en un parque, rodeada de árboles. Puedo sentir el viento rozarme como si estuviera viva, anuncia el otoño. No reconozco el lugar, pero me es al mismo tiempo familiar. Hay un camino de tierra, un pequeño lago artificial, diría, y unos cuantos bancos de madera. Creo que es temprano, tal vez las ocho de la mañana, o quizás las siete y media.
Ahora veo un hombre, está corriendo, haciendo deporte. Algo brilla con fuerza en su pecho, es una estrella, algo parecido, su fulgor me deslumbra, es enorme, es increíblemente bello y me encandila, me siento enamorada de esa luz que emerge de su interior, es tan maravilloso lo que siento que se disipa todo el dolor de golpe. Quiero saber quién es él, voy a seguirle. El ángel sonríe y me acompaña. El hombre se dirige a su casa, o eso me parece, pero no aminora su ritmo. Yo no tengo que correr, es como si estuviera flotando, y puedo ir a su lado.
Reconozco ya el lugar, había estado tantas veces, pero todo se ve distinto en este estado y cada vez me siento más volátil. Hemos llegado. Una puerta de hierro forjado, que parece antigua conduce a su casa. Vive en un piso de un edificio bastante antiguo, de esos que me gustaban en vida, techos altos, habitaciones grandes, ventanas altas y balcones de barandilla de hierro forjado. Su piso es muy acogedor, y se respira mucha paz dentro de él. Va a ducharse, yo ojeo lo que hay a mi alrededor, su sofá, sus estanterías, sus muebles, un estilo decorativo muy sencillo, práctico y bastante funcional, aunque me encanta. No puedo tocar nada, mis manos traspasan los objetos, no recordaba que estoy muerta, él no podrá verme. Él, ¿quién será ese hombre que tanto me ha atraído? ¿No estaba buscando ver cuáles eran mis propósitos en vida? No comprendo mucho lo que estoy haciendo aquí, debería irme y no distraerme, quién sabe cuánto tiempo tendré antes de...¿de qué? ¿qué pasará conmigo ahora? ¿adónde iré, o adónde me llevarán?.
Se abre la puerta del baño, sale él, medio desnudo, pero sólo su luz me empuja a mirarle, su desnudez es sólo la apariencia de un cuerpo que ya no me dice nada, no reacciono ante su posible belleza, no sé si es un hombre guapo o no, sólo sé que esa estrella que reluce en su pecho me está envolviendo por completo.
Se ha estirado en la cama, al lado de la ventana que deja pasar una brisa suave. Le miro, pero, ¿qué me pasa? Mi pecho arde, siento que una estrella brilla también en mí, tira de mí hacia él, me atrae con tanta fuerza que no puedo impedir acercarme mucho, mucho, estoy en él, mi luz y la suya se funden, le siento, veo toda su vida dentro de mi alma, por todo lo que soy. Ahora sé quién fue, otras vidas, le percibo en mí, yo siempre estuve en él, ahora no hay duda, él es... es... ¡soy yo!

Creo que no ha sentido nada, no es capaz de captar mi presencia, no sabe que estoy aquí, ¿o sí?. Se ha inquietado, estoy segura, en realidad sí sabe que estoy, pero no lo comprende, no entiende qué es lo que está percibiendo.

Llaman por teléfono y se levanta, sigo enganchada a él, no sé cómo salir, no sé cómo desabrocharme de su luz, de su energía, y en verdad no quiero hacerlo, le amo, le amo y no sé por qué, no sé quién es en realidad, no conozco a ese hombre, pero le amo, estoy segura, y me siento a mí viviendo en él.


  • Entiendo, mi querido ángel, era uno de mis propósitos, encontrarle, y estaba tan cerca... Pero ahora ya es tarde.
  • Tu compañero ahora se ha quedado solo, no podrá cumplir sus propósitos, aquellos que compartíais, y sentirá una gran añoranza, más fuerte de lo que nunca sintió, pues él también te buscaba. Ahora la tristeza le invadirá, aunque no sepa que es porque su amada alma gemela ha muerto.
  • Pero si sabíais dónde estaba ¿por qué no propiciásteis un encuentro? ¿Por qué no me ayudásteis a llegar a él?
  • Porque él no estaba preparado para ese encuentro, y tú tampoco, porque una flor florece cuando es primavera, y vuestra primavera todavía no había llegado.
  • Vale, ya he entendido que le he perdido sin haberle tenido, que se ha esfumado la oportunidad de mirarle a los ojos, de besarle los labios, de fundirme con él cuerpo a cuerpo, uniendo esas luces que he visto, lo siento, tienes razón, tendré que perdonarme, y pedirle perdón a él.

Está ahí, vistiéndose, dispuesto a salir. Han pasado horas, la noción del tiempo en este estado es tan diferente, parece que hayan transcurrido sólo unos minutos, pero ya está atardeciendo.
Tengo que irme. Le estoy sintiendo, está enamorado, se va con ella, me alegra que no se quede solo, que pueda experimentar el amor de alguna manera, y siento mucho haberle dejado aquí, pero ya no hay marcha atrás.
De todas formas yo tendré que irme a alguna parte, aún no sé adónde, pero me iré.
Cada vez me siento menos humana, como si se diluyera mi conexión con el residuo de mi ego, de mis emociones, de lo que fui siendo humana.
Me despido de él, de quien debía ser aquí mi pareja, mi compañero, de ese ser que se entrelaza con el mío.

  • Ángel, ¿qué ha sido esta experiencia que he vivido?
  • Te has reencontrado con parte de tu Ser.
  • No comprendo, había llegado a la conclusión de que las almas gemelas son sólo un mito muy mental.
  • Te llevaré a un lugar, acompáñame.

De nuevo su mano en mi espalda y de nuevo un remolino vertiginoso me traslada. Estoy flotando en medio de la nada, ¡no! ¡espera! Estoy en el universo, veo las galaxias, los planetas, las estrellas, es espectacular. Me estoy emocionando.¡Ups!, aún siento emociones.
Mi pecho se enciende de nuevo, su luz es inmensa, muy grande. Cierro los ojos, quiero sólo sentir, me está inundando una gran paz, una sensación de pertenecer a todo lo que hay y al mismo tiempo ser individual, única. Estoy conectando con algo, no sé bien qué es. Parece que mi pecho se esté ensanchando, explotando, y giro y giro lentamente, ¿qué está ocurriendo?.

  • Abre los ojos – me dice el ángel.

Los abro... no soy ya esa mujer que era, soy una galaxia, estoy en cada planeta, en cada sol, estoy en todas partes, incluso más allá de la galaxia me siento existir. Aún noto más, aquella esencia de aquel hombre, está aquí, conmigo, la puedo notar, existe conmigo, está en la galaxia, en cada lugar donde me siento existir está él, ese ser que sentí dentro de aquel cuerpo de hombre, no lo entiendo, no lo comprendo, ¿él y yo somos una galaxia?

  • No exactamente – me dice el ángel al escuchar lo que “pienso”
  • ¿Entonces?
  • Eres una gran conciencia que existe en muchos lugares a la vez, este es sólo uno de ellos.
  • ¿Y él? ¿quién es él?
  • En realidad no hay él, es otra parte de tu conciencia encarnada en otro ser humano.
  • No comprendo muy bien.
  • Tu conciencia, aquella que eres tú en realidad, vive y existe en varios estados dimensionales, divididos en escalas, así como un teclado de un piano se divide en octavas. Cada octava se compone de ocho notas diferentes (podría compararse con los estados de conciencia) que vibran más graves o más agudas dependiendo de la octava donde se encuentren. En algunos estados de intensidad más densa, el fractal de un Ser se polariza, o se divide, porque su experiencia así se intensifica, y su misión se realiza con mayor éxito. Así, en algunas realidades dimensionales, te experimentas a ti misma como conciencia de forma duplicada, teniendo un doble, la parte contrapuesta, por así decirlo. Dos energías que son la misma, al igual que una moneda tiene dos caras. Cada cara es diferente, pero juntas conforman la misma moneda.
  • Todo eso es muy complejo, pero por alguna razón te estoy comprendiendo.
  • Te falta ahora saber cuál era tu propósito como Ser. Vamos a verlo.

Soy una estrella, brillo fuertemente en el cosmos, pero ese ángel está junto a mí. En este estado no siento añoranza, no echo de menos nada, me siento completa y aunque el amor es mi energía, no necesito ser amada, no soy humana, no siento como una humana, mi función es Ser lo que soy, nada más.
Un rayo de mí misma se ha disparado hacia algún lugar, desciende con fuerza, hacia otra octava, hacia una dimensión más densa. Pero ahora todo es oscuro, no veo nada y estoy perdiendo la noción de quien soy, no entiendo muy bien qué está ocurriendo.
Sí, ahora noto el latido de mi corazón, estoy viva, estoy, estoy, ¡estoy en el vientre materno!

  • Sí – escucho al ángel hablarme todavía – así es, estás encarnando.
  • Pero ¿cómo he llegado aquí?
  • No interesa todavía que sepas cómo, sino para qué.
  • Bien, ¿pues para qué estoy aquí?
  • Para que comprendas a qué viniste.

Siento que crezco muy rápido, el tiempo pasa deprisa. Estoy naciendo, nazco, veo la luz, veo un mundo a mi alrededor.

  • Pero de nuevo lo olvidaré todo Ángel, ¡no puede ser!
  • No te preocupes, no será así, sólo siente ese ser que eres, esa conciencia que has sentido en la galaxia, en la estrella, conecta con la gran conciencia que eres y permite que ella se manifieste en ti.
  • Está bien, me concentro.

Soy una gran conciencia, que habita en diferentes dimensiones, que se expande, que avanza, que se fractaliza para poder seguir expandiéndose como conciencia, que se experimenta a sí misma en diferentes estados concienciales, en octavas más altas o más bajas, en todas partes. Provengo de un Origen que es parte de mí, y yo parte de él, nunca me fui de él, jamás lo hice, soy él, él está en mí. Sigo evolucionando, a través de la materia, debo usar este canal físico para materializarme aquí, y así poder pasar a otro nivel más. Debo conseguir ser conciencia pura siendo humana, para que este cuerpo, esta plantilla que soy deje de estar sometida y dominada por una computadora mental que está programada por agentes externos. Debo ser yo quien conduzca al individuo humano, y usar la mente como soporte en este plano. Entiendo, cuando hay materia todo es distinto, debo permitir que ese rayo de luz de la estrella que soy, que es parte de la galaxia que soy, que es parte del todo de lo que soy, se manifeste totalmente a través de cada célula de mi cuerpo, y mi conciencia sea, exista, a través de mi humanidad.

  • Lo has entendido, aunque aún tendrás que aprender mucho más.
  • Sí, ahora sé que no sé nada, pero sé que siento, que soy más que un hacer, soy un sentir, un ser, un estar.
  • Bien, lo entendiste, tus propósitos han quedado al descubierto.
  • ¿Y qué hay de ayudar a otros? ¿No era ese un propósito?
  • Sí, si así lo deseas, de hecho, cristalizar tu luz, tu amor, significa manifestar tu divinidad en ti, en esa mujer que eres, y a través de ella puedes ayudar a quien te pida ayuda y así lo desee.
  • Pero estoy muerta... ya no puedo hacer nada...


Me encuentro mal, me siento fatal, de pronto todo se está haciendo borroso, algo tira de mí, no quiero irme, ¿qué me está pasando? No es el Ángel quien me lleva, ¿qué pasa?.
Me desvanezco, estoy desapareciendo, no siento, no veo, no puedo escucharte más Ángel...

  • ¿Ángel?

Una luz me ciega, siento dolor, me siento densa, el cuerpo me pesa ¿el cuerpo? ¿Estoy viva? Escucho una voz muy tenue...

  • La hemos recuperado.

Me quedo dormida. Me han salvado, no he muerto, y ya no sé bien si deseo irme o quedarme, he vuelto al infierno que ha creado el ser humano. Pero al fin conozco mis propósitos, tengo motivos para luchar, ya no me siento sola, ese Ángel me acompaña y si quiero ayudar puedo hacerlo, al igual que él lo hizo conmigo, guiaré a quienes me busquen para encontrarse a sí mismos, y para entender su mente y hallar sus propósitos mundanos.

Estoy viva...aunque siempre lo estuve y siempre lo estaré, vivo en forma de galaxia, en forma de estrella, en forma de hombre, en forma de mujer... vivo en millones de formas que ni siquiera he podido ver, pero me siento en cada ser vivo, en cada roca o montaña, en cada atardecer, en cada luz y en cada sombra, la muerte no existe... SOY...

Arael Elämä Araham.
Una mirada al Alma

domingo, 17 de mayo de 2015

INOCENCIA


En un lugar que no recuerdo, un lugar donde todo es muy distinto de este mundo, un lugar donde las almas esperan para encarnar, un pequeño Ser que nunca había venido a la Tierra le comenzó a preguntar todas sus dudas a un alma que llevaba mucho tiempo yendo y viniendo del planeta azul. Era un alma experta y podía responder a todas sus preguntas con total seguridad.



-¿De quién es la Tierra? - preguntó en primer lugar.

-¿Por qué me preguntas eso, pequeño Ser?

-Porque he visto cómo sus habitantes se pelean por algunos lugares, cómo se crean guerras por ciertos territorios, y me he dado cuenta de que las personas tienen que dar algo a cambio de un espacio para vivir y desarrollarse.

-Así es, mi querido amigo, en la Tierra, los humanos no son como los seres de tu realidad, luchan por poseerlo todo, creo que incluso están comprando porciones de la luna.

-¿Y por qué desean tener en su posesión esos pedazos de su planeta, o de la luna? La Tierra no es de nadie, es de todos.

- Porque los humanos son avariciosos, necesitan competir entre ellos, demostrando su valía a través de sus logros materiales, y buscan su superioridad y su poder sobre los demás para sentirse fuertes y triunfadores.

-Pero eso no tiene ningún sentido, he visto cómo anhelan el amor y sin embargo, lo entierran en lo más profundo de ellos mismos cuando humillan a sus compañeros, cuando los sacrifican, o incluso cuando los despojan de aquello que les ayuda a sobrevivir o a realizarse y ser felices. Incluso he visto cómo maltratan a sus amados hermanos pequeños, a los que llaman animales y a los que torturan, o sus crueles ataques a los bosques, selvas, mares, a los que tratan con tanto desprecio al invadirlos y saquear sus recursos en su propio beneficio.

-Es algo muy complejo, ellos arrastran una serie de programaciones en su mente que no les permite darse cuenta de que están yendo por un camino largo y difícil, una senda de dolor que les ha encarcelado.



-¿Cómo te sentías tú cuando eras humano?

-Tuve muchas vidas, y en cada una de ellas experimenté condiciones muy distintas, pero en todas ellas siempre busqué amar por encima de todo.

-¿Ves? A eso me refería, los humanos son como nosotros, aman, son almas que se aman entre sí, ¿por qué no actúan entonces guiados por el amor?

-Porque ellos aman, pero no lo recuerdan, se han olvidado de su amor hacia ellos mismos, y hacia los demás, no saben lo que es el amor de verdad, lo han confundido con la necesidad de poseer al ser amado, sea éste quien sea, o sea lo que sea. Cuando aman necesitan controlar ese sentimiento, creen que amar conlleva sufrir, que amar les da derecho a ser dueños de lo amado, y por eso se desatan guerras por territorios que aman, o sufrimiento cuando el ser amado no está junto a ellos.

-¿Por qué?

-Porque la condición humana así lo ha requerido hasta ahora, y cuando naces en Gea te olvidas de todo y vives bajo un paradigma que va incluído en la plantilla o cuerpo físico que has escogido. Ese humano que eres es entonces como un traje que funciona a través de una serie de estructuras mentales de manera automática, y reforzadas por una matriz, o malla que las impulsa de manera colectiva, y tú, como Ser, debes aprender a vivir desde ese humano pero sin que él tome el control sobre ti, pues si lo hace, te será muy difícil manifestarte y activarte en tu misión.

-Entiendo, pero no sé con qué objetivo sucede eso, es demasiado absurdo.

-Sí, para ti puede parecer absurdo, pero esto comenzó a suceder en un principio con el objetivo de experimentar, hay muchas realidades y ésta era una más, sin embargo, algo cambió y ahora el propósito es entrar en el papel que has escogido y que está sujeto al humano que serás, cumpliendo las normas establecidas, las heredadas por la memoria emocional ancestral, las programaciones individuales y colectivas, y en tu caso, así como en el de otros muchos, conseguir desestructurar todo eso para dar paso a un nuevo ser humano, libre de ese paradigma y en la plenitud del amor incondicional.

-Pero todo ese proceso ayudará a la humanidad ¿verdad?

-Sí, por eso requieren de la presencia de seres de otra realidad donde el amor incondicional es un hecho, para así reforzar toda esa transformación.

-Entiendo, y por eso estoy dispuesto a ir, porque la fuerza del amor me impulsa a expandirlo entre todos ellos.

-Exacto, eso es.

-¿Y tú? ¿Volverás?

-No. Yo me quedaré aquí y te guiaré, seré como un maestro que te orientará y apoyará en tu misión, contactaré contigo en el momento adecuado, pero siempre estaré pendiente de ti, aunque no me sientas o no me recuerdes.

-Esta será la primera vez que iré, espero que mi olvido no impida que pueda llevar a cabo mi tarea.

-Tendrás dos vidas de prueba para aprender a ser un ser humano, para adaptarte, pero la tercera será de actuación.

-¿Pero iré solo? Allí abajo sé que me puedo sentir muy desolado, he visto cómo viven y cómo sufren los humanos por ese sistema que han creado, me gustaría contar con alguien encarnado, alguien que me ayude a recordar y a sentirme amado, alguien que me ame, eso me dará fuerza.

-Lo sé, por eso irás con tu doble, con otra parte de tu Gran Ser.

-¿Con ella?



-Sí, pero primero irás tú, siempre serás tú el primero.

-Está bien, pero, ¿ella podrá guiarme? ¿Cómo la reconoceré?

-Sí,ella te guiará, su función será la de impulsarte en tu misión, y tu función será impulsarla a ella, juntos podréis crear campos energéticos enormes, y alcanzar a las almas que estén deseando liberarse de las ataduras de la tercera dimensión. Así, funcionaréis como dos catalizadores, dos puntos de luz que juntos se potencian, así como dos tormentas juntas generan más cantidad de energía. La reconocerás cuando estés listo para hacerlo, no antes, y eso dependerá sólo de ti.

-¿De mí? Creo que será muy difícil, creo que la buscaré desde que la empiece a sentir dentro de mí, porque ella y yo estamos unidos desde siempre, porque hemos experimentado en otras realidades juntos, porque ella soy yo, y allí abajo no sé cómo podré soportar como humano su ausencia, aunque no sea real, aunque sólo sea ilusioria.

-Sí, pero sólo podréis reconoceros completamente si ambos sois conscientes de quiénes sois.

-Lo sé, pero aún así, sabiendo que ambos experimentaremos lo que somos siendo humanos, y que no recordaremos nada, sé que es importante que estemos allí, porque a pesar de todo, merece la pena estar en este proceso de la humanidad y quiero ser partícipe.

Ese pequeño Ser estaba dispuesto a olvidarse de sí mismo por amor a la humanidad, para estar en su gran salto, para participar de él, para amar...

Y decidió ser un voluntario más, aunque no conocía todavía lo qué le esperaría, qué vida experimentaría, cómo sería su personalidad ficticia, cómo sería estar dentro de un vehículo que dominaría sus decisiones, sus sensaciones, sus pensamientos, pues aunque lo supiera con antelación, ser un ser humano sería mucho más difícil de lo que hubiera podido suponer antes de su encarnación...

Y entonces, fue expulsado por un gran tubo flexible, que le succionaba hacia su final luminoso, ondeando como una montaña rusa. Cuando llegó a la luz, de pronto se halló en un pequeño cuerpecillo, dentro del vientre de una mujer.



-¿Cómo puedo caber aquí dentro? - se preguntó, pues él, como pequeño ser, era de una proporción mucho mayor que el cuerpecillo de aquel diminuto humano. Pero pronto se amoldó y acostumbró a sentirse dentro de quien iba a ser, y al mismo tiempo conectado a otra parte de sí mismo y a su Gran Ser.

-No temas – escuchó – Todo saldrá bien, comienza la aventura...


Arael Elämä Araham

sábado, 15 de marzo de 2014

UNA HISTORIA MÁS


Mi querido amigo, mi querida amiga, alma compañera de un camino solitario, quería hoy explicarte un cuento, un relato que me parecía que tenía que compartir contigo...
La historia no es mía, es una de tantas que aparecen y se cruzan entre otras historias, pero se trata de una vivencia de un personaje que roza mi alma, tal vez porque me importa, aunque todas esas experiencias que me explican son especiales para mí, porque todas llegan hasta mi puerta por algún motivo, y todas me enseñan algo nuevo, algo que seguramente necesitaba aprender en ese momento.
Por esa razón, de antemano, agradezco a todos los que confían en mí y me cuentan sus inquietudes, sus miedos, sus anhelos y sus sueños... Y ahora doy paso a la historia de alguien que me escribió en su momento su experiencia, el inicio de su camino hacia su Ser, un camino que comenzó en el momento en el que alguien apareció en su vida para ayudarle, para guiarle, sin esperarlo, alguien que al final resultó ser mucho más que un alguien.

Esta historia comienza con un hombre, sí un hombre cualquiera, que se mueve en este juego de la vida, como todos, y se disfraza con el atuendo de las fieras para defenderse de las demás, para sobrevivir. Ese hombre era un ser sensible, pero poco a poco, este duro juego, este lugar tan hostil, le enseñó que transitar por la selva de piedra era peligroso, y un buen día, mirándose al espejo se dio cuenta de que se le había endurecido el corazón, se dio cuenta de que había olvidado amar, amarse, aunque lo intentaba con ahínco, y deberas lo deseaba con tesón, pero cada vez que creía que tal vez había algún ser humano capaz de amar puramente, de verdad, con total entrega, cada vez que él se adentraba en sí mismo y luchaba por sentir ese amor que tanto anhelaba, se percataba de que no lo lograba del todo, y eso le defraudaba.

Muchas veces solía pensar que los demás tenían buena parte de la culpa, porque no se entregaban como él, porque no eran como él, y volcaba su rabia y su dolor hacia otros, creyendo que no le comprendían, o que no le amaban como merecía, o que no arriesgaban tanto como él. Así que, poco a poco, fue l levantando un muro grueso e inquebrantable, una muralla que nadie lograría atravesar, ni para bien, ni para mal.

Pero esto fue una decisión demasiado drástica. Su sensibilidad, esa flor hermosa que estaba sepultada por sus miedos, por su dolor, e incluso por esa gran búsqueda de su alma por hallarse a sí misma y a su otra mitad, no lograba expresarse, no emergía nunca hacia el exterior, porque él mismo obstaculizaba a su verdadera esencia, la atrapaba, la encarcelaba, la sometía. Y así, sometido por sí mismo, se dividió en dos hombres diferentes. Uno de ellos, fuerte, seductor, de corazón frío, analítico y controlador, seguro de sí mismo, un gran personaje de novela, con un magnetismo especial que no provenía de él, sino del otro yo que había oculto, deseando liberarse y amar y amar y amar...
El otro, un niño aprendiendo a conocerse, a saberse, guiado por su alma, por su intución, por su verdadera capacidad de amar y de sentir, escondido tras un telón, tras la sublime interpretación de su coraza.

Y entre estos dos hombres tan opuestos y en continua lucha, su alma se quedó atrapada en un laberinto creado por su mente, un lugar sombrío donde todo se transformó en un bucle de experiencias repetitivas, donde todo era siempre lo mismo, donde lo que parecía una salida de repente era una puerta que le conducía a otra puerta más, que le conducía a otra puerta más...

Y ambos hombres buscaban lo mismo, ambos hombres se aventuraron en el viaje de la vida, en una búsqueda de algo que parecía tan solo una utopía, y en ese intento de hallar ese tesoro que le devolviera la libertad a su alma, ese intento de que ambos hombres pudieran volver a ser uno, o aún mejor, ese deseo profundo de poder ser sólo ese niño que crece en amor y en libertad total, un colapso le paralizó y le hizo descansar, pensar, sentirse, y comenzar a replantearse su vida y su destino.

Si algo tenía que cambiar en su camino, si de veras deseaba que todo fuera diferente, debía olvidar por fin el laberinto, la muralla, el miedo, y buscar su verdad dentro de él...

Así que ¿qué debía hacer?... Ya nada parecía tener sentido, todo parecía absurdo, todos los caminos le habían llevado al mismo punto, al mismo lugar, y siempre habían sido decepcionantes.

Aquella mañana, ese hombre cualquiera, ese hombre de costumbres que era cuando se enfrentaba al mundo, e imprevisible y voraz cuando buscaba satisfacer su ansia de sentir lo que hacía tanto tiempo no sentía tras encerrar a su alma en el laberinto de dudas, fue a tomar ese primer café matutino a ese bar donde siempre iba. Como siempre, pidió su café solo, bien caliente, y se sentó en una mesa a hojear el diario. Le gustaba quedarse diez minutos allí, disfrutar de ese momento que para él era lo más parecido a un hecho entrañable dentro de su ocupada vida, antes de comenzar su jornada laboral.

La camarera, una joven que siempre le observaba cautivada por su verdadera esencia, se acercó a él ese día movida por algún extraño sentimiento de su alma. La verdad es que aquel hombre, aun en su disfraz de hombre de negocios triunfador, e interpretando el personaje que le ayudaba a moverse en la sociedad que tanto detestaba, vestido de la misma falsedad que tanto despreciaba en los demás, siempre desprendía parte de esa luz que había en su interior, una luz que traspasaba los muros que él había contruido conquistando a quienes le conocían, por poco que fuera, seduciendo a las mujeres que deseaba, amando sin amar, buscando sin buscar, viviendo sin vivir.

  • Hola-le dijo ella con su sonrisa habitual- ¿qué tal el café de hoy?
  • Muy bien, bueno, como siempre -contestó amablemente.
  • ¿Sabes? Cada día que vienes te observo y me doy cuenta de que pides tu café, buscas la misma mesa de siempre, te sientas y lees el diario, estás aquí unos minutos, y luego te vas...
  • Sí, así es la vida, rutina- contestó él a punto de marcharse.
  • ¿Puedo decirte una cosa?- preguntó ella con gran afán de que él contestará que sí.
  • Por supuesto, dime.
  • Verás, creo que no eres feliz, creo que sufres, creo que te ocultas bajo una apariencia hermosa y fríbola, pero creo que debes tomar una decisión en tu vida. Sé que te parecerá muy extraño que te diga esto, pero siento que debo hacerlo. Creo que si no quieres que la vida sea siempre como esta rutina que repites cada día, si deseas hallar algo diferente, si deseas que la vida te sorprenda, debes dejar de tomar café y de leer las noticias cada día a la misma hora, dejar de ir a buscar siempre lo mismo, darle la vuelta a tu vida totalmente. Cambia todo lo que te rodea, tus amistades, tu trabajo, tu enfoque de la vida, todo...
    Sólo así llegarán situaciones nuevas a tu vida, personas diferentes, relaciones distintas. Pero además, tal vez deberías dejar de ser el personaje que interpretas y ser tú, porque desde mi barra del bar puedo ver el alma que escondes ahí dentro, un alma que grita fuerte que desea salir al exterior, amar, amar de verdad, y dejar de jugar a amar...
  • ¡Vaya! Vas al grano ¿eh? ¿Cómo sabes todo eso de mí si no me conoces? ¿Por qué crees que soy así?
  • Porque no eres la primera alma que percibo sufriendo por estar encerrada y oculta. Tuve un novio hace un tiempo, era como tú, por dentro un bohemio, por fuera un hombre austero, que fingía que era feliz trabajando para su padre en su despacho de abogados. Dentro de él existían el artista y el letrado, y luchaban ferozmente por controlar su vida, mientras su alma lloraba ahogada en una guerra que sólo le hacía daño a él. Yo fui una víctima más en su historia, un intento del bohemio por emerger.
  • Y ¿qué pasó con esa relación?
  • Ay amigo, él era pintor, un buen pintor, yo era su mejor modelo, no por mi cuerpo, o mi rostro, sino porque me amaba, de alguna forma, era su musa, a su manera me amaba, y le apasionaba verme desnuda en sus cuadros, verdaderas obras de arte que yo adoraba, al igual que a él. Pero su lucha interna le destruía y me arrastraba a mí con él.
  • ¿Le abandonaste?
  • Sí, cientos de veces, y él a mí otras cien más, pero siempre nos unía algo más allá de nuestra comprensión. Con el tiempo me di cuenta de que, hasta que él no liberase por completo a su alma y se conectara con su Ser, no lograría trascender todo su dolor. Así que me aparté para que pudiera crecer y avanzar, entendí que yo no era su gran amor, que era un escalón más para que él pudiera encontrarse a sí mismo, y entendí que tampoco le amaba, pero sí le deseaba, le deseaba con tanta fuerza que no reconocía que me perdía en él, y no lograba salir de su vida. Quedé atrapada en el encanto de su alma pura que tanta ayuda necesitaba.
  • ¿Y qué fue de él?



    Ella comenzó a reirse con ese aire juvenil y fresco que la caracterizaba, se acercó más a su rostro con una mirada interesante, y con su voz dulce y suave le contestó su pregunta.

  • Pues, la verdad, logró lo que deseaba, dejó de trabajar para su padre, buscó la manera de vivir de su arte, y montó una academia para enseñar a pintar a niños y adultos. No cobraba tanto dinero, ni su vida era tan ostentosa, pero era feliz. Conoció a una mujer, otra alma como la suya, bohemia, pero libre, había sido maestra, fue ella quien le impulsó a crear juntos la academia, y ella le ayudó con su amor a conectar con su Ser verdadero, permitiendo así liberar a su alma de su prisión, mostrándole otra forma de amar, algo diferente.
  • ¿Y tú no te sientes mal por no haber podido ser tú quien le ayudara?
  • No, mi querido amigo, no, porque yo fui imprescindible en su vida para que él hallara a su alma gemela.
  • ¿Alma gemela? ¿De veras crees en esas historias para niños?
  • Sí, así es, porque soy una niña, un ser puro, aunque me veas vestida de camarera yo sé que estoy interpretando mi papel cada día, sirviendo café, sin embargo, en cada alma perdida que encuentro en este pequeño bar, intento poner la semilla del amor, para poder liberar tantas almas puras como pueda, para llenar el mundo de luz, de amor, de arte, de flores, de fragancias de espíritus libres en cuerpos libres, conscientes de quienes son, sin dolor, sin tortura...
  • Eres...extraña.
  • Lo sé, puedo parecerlo, pero recuerda una cosa, las apariencias engañan, mírate, así, a simple vista, cualquiera pensaría que eres un hombre banal, superficial, frío, y sin embargo, en tu interior se esconde otro bohemio que lucha contra el empresario serio y responsable que maneja tu vida.
  • Aquel hombre, el pintor, saltó al vacío y su vida se transformó en algo que él estaba buscando, pero yo ya estoy muy cansado para hacer eso.
  • Nunca es tarde, ves a casa, quítate esa ropa seria, tu traje caro, tu corbata, tu camisa, y ponte la ropa que realmente te gusta, esa que guardas para tus momentos contigo mismo, esa que te ayuda a conectar con tu verdadera esencia. Luego, mírate en el espejo y hazte el firme propósito de ser ese hombre que ves, el hombre que tu alma desea que seas, y luego, te vuelves a poner la ropa de hombre superficial, pero sólo la ropa.
  • ¿Qué quieres decir? ¡qué tontería!
  • No me has entendido, desnúdate de ese hombre que no eres, vístete de ti, sé tú en todas partes y deja de atraer a tu vida lo que no deseas...
    ¿Qué deseas en tu vida?
  • En realidad, desearía que también existiera un alma gemela para mí, alguien que me amara de verdad y que despertara en mí el amor de verdad.
  • Y ¿por qué no pides y emanas eso mismo que anhelas en lugar de atraer sólo la banalidad?
  • Tengo miedo de equivocarme.
  • Sólo te equivocarás si no cambias, si no dejas de ser incoherente contigo mismo. Deseas amor, pero no lo das, no te permites amar, deseas que te amen, pero sólo buscas pasión para no comprometerte, ¿he acertado?
  • No, no es así, yo estoy abierto a amar.
  • No, amigo mío, no es cierto, tu alma está abierta a amar, pero tu alma está atrapada en tus miedos, el bohemio desea amar pero no desea el compromiso y el empresario sólo desea el éxito, incluso con las mujeres. Tu alma ama, ya ama, por eso está abierta a amar, pero ama incondicionalmente, ama y no le importa comprometerse, ama y no tiene miedo de no ser correspondida, ama y arriesga de verdad, no busca el amor en lo sencillo, ni en lo complicado, ni le pone nombre, ni lo sentencia, sólo ama, se deja llevar y cuando siente que se ha enamorado de verdad, cuando reconoce algo especial en otra alma, cuando ama profundamente a esa otra alma, se entrega sin reservas, se entrega sin importarle nada, no hay barreras, ni obstáculos, ni nada que demostrar, sólo hay amor, nada más, y te diré algo más, ni siquiera le importa el sexo a tu alma, porque ella sólo desea la fusión, el contacto con la otra mitad en una compenetración sublime, delicada, que trasciende el deseo carnal.
  • ¿Quieres decir que puedo enamorarme de una mujer que no me atraiga sexualmente? Eso sería raro.
  • No, no es eso, quiero decir que no te importará eso, quiero decir que cuando aparezca tu alma gemela, no desearás estar con ella para seducirla, para llevarla a la cama, para tener una vida en pareja, o para tener una relación de encuentros fortuitos, sino que desearás darle todo de ti, desnudar tu corazón, tu alma, todo tú serás entrega total y no te importará de qué manera hacerlo, tal vez lo harás con una palabra, con una flor, con un beso, porque una sola caricia de tu alma gemela te llenará tanto que no buscarás satisfacer tus impulsos, tus instintos más primitivos desaparecerán y renacerás como un nuevo ser humano.
  • Amiga, creo que eso que explicas no existe en este mundo.
  • De ti depende que sí exista, créeme, sé muy bien lo que te digo.
  • ¿Tú has encontrado a tu alma gemela?
  • No exactamente.
  • ¿Qué quieres decir con eso?
  • Esa es una historia que otro día te contaré, cuando pueda hablar con tu verdadero yo, cuando tu atuendo seas tú mismo, cuando tu alma quede liberada, hasta entonces no podrás entender mi historia, no la podrás sentir en tu corazón y no la podrás creer.
  • A estas alturas ya nada me sorprendería.
  • Tal vez, pero no es mi intención sorprenderte, para nada, sólo deseo ayudarte a ser libre, mi historia no tiene ninguna importancia ahora mismo.
  • Pero en tu mirada veo tristeza, tampoco eres feliz, ¿verdad?
  • Hagamos un trato, te contaré mi historia, te lo prometo, pero lo haré si comienzas a hacerte caso, a escucharte de verdad.
  • No puedo comprometerme a eso.
  • Está bien, es lógico. Entonces, vuelve a este bar cada día, tómate tu café, yo haré como si nunca hubiéramos hablado y te atenderé con la misma amabilidad de siempre. Cuando te sientas preparado, aquí estaré para ver nacer a tu yo más puro y verdadero, sólo entonces, si aún lo deseas, te explicaré mi historia.
  • Me parece bien, ha sido interesante hablar contigo, gracias por todo, hoy empiezo el día diferente, y ¿sabes una cosa?, me gusta.

Esta historia, mi querido amigo, mi querida amiga, nos describe a todos, sí, a todos. Todos y cada uno de nosotros somos ese hombre, todos somos como él, todos disfrazamos nuestra verdadera esencia con el traje que la sociedad, junto con la educación y la cultura heredadas, confecciona expresamente para que encajemos, para que seamos el producto que hace que el motor que nos ha estado moviendo durante todos estos años continue funcionando. Su dictadura inconsciente nos entierra en personajes vestidos de personajes, actores que olvidan que han venido a vivir y se entregan a una mentira, cada cual a la suya propia, a su historia inventada, a su vida no vivida. El amor no es un momento de pasión y de placer, el amor es el motor que mueve nuestras almas, almas que sufren porque no pueden volar libres y quedan atrapadas en cuerpos robotizados, esclavizados, que no hallan el amor verdadero porque éste ha sido bautizado como irreal y utópico, el amor es lo que nos une a todos, a todos... Y el amor en pareja es la máxima expresión de la divinidad manifestada a través de los dos opuestos que se complementan energéticamente, es la unión del ying y el yang, de la luz y la sombra, del bien y del mal, de la dualidad que nos doblega y nos confunde...

Pero antes de alcanzar la cumbre, hay que ascenderla, y no es fácil, se necesita mucho corage para adentrarse en el camino interior, permitir que tu alma seas tú manifestado en un humano, y amar desnudo ante este mundo de fieras que tienen tanto miedo al amor, a pesar de todo, de tus propios miedos por caerte, continuas, llores o rías, continuas, te amen o no, continuas, amando, siempre dando, hasta alcanzar el cielo con tus manos...

Arael...


martes, 4 de marzo de 2014

LA LEYENDA DE LA MUJER DE LA PLAYA (2ª PARTE DE LA LEYENDA DEL HOMBRE ANDANTE)

LA LEYENDA DE LA MUJER DE LA PLAYA
(2ªPARTE DE LA LEYENDA DEL HOMBRE ANDANTE)


Cuenta la leyenda que, mientras el hombre andante viajaba por el mundo entero, la mujer de la playa le esperaba envuelta en su luz para que él la pudiera ver y reconocer.
Las olas del mar hablaban un lenguaje transparente para ella, un lenguaje sencillo que comprendía a la perfección. Ensimismada entre la espuma del agua salada del mar, se bañaba en su belleza azul cristalina, bebiendo lunas en la noche, nutriéndose de amaneceres hermosos, salpicándose de la extraordinaria luz de las estrellas que alumbraban su camino en la orilla de la playa.
Su vida transcurría silenciosa en aquel paraje tan sencillo y grácil, conectada con la brisa marina, con cálida arena, con las dunas del paso del tiempo como compañía, caminando entre sus propias huellas, comprendiéndolas, amándolas, aunque al principio las desdibujaba y las volvía a dibujar, en un intento de hallar esa perfección imposible de su alma.

  • El alma no es perfecta, el alma es sólo alma, no tienes que buscar su pureza porque el alma ya es pureza, lo que tienes que limpiar es tu mente.-Le repetían las olas en su vaivén.

Había aprendido a escuchar a sus guías a través del sonido incesante de las olas que susurraban lo que ella necesitaba saber en cada momento.
Su vida era plácida, pero muy solitaria, apartada de todo lo mundano, refugiada en su mundo de ensueño, para los demás pura fantasía.
Ella sabía muy bien en su interior que no estaba loca, que todo aquello era cierto, real.
Por la noche, los luceros alumbraban y velaban su sueño y le comunicaban que pronto aparecería un hombre que la amaría con el mismo amor que ella era capaz de sentir, incluso le mostraban su aspecto para que ella pudiera salvaguardar la ilusión de aquel encuentro.



Pero los años pasaban, el tiempo era su enemigo, su juventud se marchitaba y sus ganas de vivir el amor la estaban ahogando en una tristeza agotadora.
Así que, un buen día, decidió marcharse de su playa.

Recorrió un sendero de flores, descalza, fatigada por la perenne espera que había estado protagonizando, sin esperanza, sin alegría, desgastada por la añoranza de aquel muchacho que tantas veces le había prometido unirse a ella, aquel ser que la amaba en sus sueños profundos, en sus viajes a otros planos, mientras habitaba en aquel lugar hermoso cerca de la orilla del mar.

No deseaba perderse lo que era amar a otro ser humano, vivo, físico como ella, alguien que supiera hacer que sus ojos volvieran a brillar como antes, alguien que la colmara de amor, que la enseñara a compartir, a reír, a vibrar, a disfrutar de la vida en compañía. Sin embargo, en su corazón albergaba aún el deseo y el anhelo de que apareciera su gran amor, ese que sentía en su alma como una fuerte ráfaga de resplandeciente luz que revoloteaba en su interior, que la hacía sentir como una diosa.

Caminando por aquella senda, un hombre solitario le llamó la atención, pero estaba demasiado distraído sumido en sus desgracias, en sus pesamientos para darse cuenta de su presencia. Lo amó en silencio, sintió la compasión, sintió el desasosiego de ver cómo se destruía a sí mismo sin poder ayudarle, sin poder ofrecerle algo más que sus sentimientos en forma de amistad sincera. Fue una gran lección aprender a amar así sin esperar nada a cambio, sin que él pudiera advertir que había alguien dispuesto a curar sus heridas con todo su corazón. Así que, un buen día, se alejó de él, rendida, triste, pero sabiendo que había dado todo de ella misma para aliviar su dolor, aunque sin éxito.
Siguió su camino, unida a su desconsuelo y su decepción, pero allí, en un paraje de árboles y monte, otro ser llamó su atención. Ya no deseaba amar, el tormento de aquella experiencia había creado en ella un punzante pesar que la impulsaba a descartar algún amor que fuera más allá de lo fraternal.
Así que eso fue lo que ofreció, amistad.
Y la amistad se transformó en amor, en un enamoramiento hermoso que la impulsó hacia la felicidad, y la convirtió en otra persona, alguien que era mitad hada, mitad mujer, mitad ser divino, mitad ser terrenal, mitad ella, mitad la persona que creía que deseaba él que ella fuera.
Años y años fueron pasando, años llenos de amor, de bello amor, pero también de olvido, de dejadez de lo que ella era en realidad.
Sus estrellas se apagaron al ver que ella no las miraba, el mar se congeló por su ausencia, las dunas desaparecieron junto con sus huellas del pasado, su luna se volvió oscura, las olas dejaron de hablar para ella...

Pero vivió el amor físicamente, sintiendo en su cuerpo frágil la pasión, el deseo, el compromiso, la entrega, la incondicionalidad...pero también la soledad...

  • ¿Por qué me siento tan sola si me siento tan amada? -se preguntaba.

Y un susurro suave se mezclaba con el viento para contestarle.

  • Porque te has olvidado de quién eres mientras estabas aprendiendo a sentir lo que es estar viva, ser un ser humano. Tu experiencia ya debe concluir, ahora debes volver a la playa... Él vendrá, ahora es el momento, debes regresar a ti, a tu esencia, porque él debe poderte ver, y para que te pueda ver debes brillar. Tu luz se alzará cuando conectes con lo que eres en realidad.

Con tristeza, emprendió su camino de vuelta a casa, por aquel sendero que antes estaba colmado de flores silvestres, donde ahora sólo había tierra seca, piedras que arañaban sus pies descalzos.
En su espalda, su mochila iba cargada de aprendizajes mal gestionados, dolor, ira, arrepentimiento, culpa, miedo...
El peso de todo aquello hacía más duro su viaje, pero debía ser valiente, fuerte, debía regresar a la orilla a reencontrarse consigo misma.
Daba un paso y caía vencida, contra el duro suelo, sus rodillas ensangrentadas escocían, sus lágrimas se derramaban, mientras intentaba ponerse en pie de nuevo para proseguir caminando.
Volvío a tropezar y a caer contra las rocas de aquella vereda. La incómoda mochila golpeó su espalda y la hizo desplomarse completamente, sumida en un dolor profundo.

  • No puedo más, no puedo más, quiero morirme, no puedo más, llevadme a casa, no quiero seguir, estoy agotada, estoy exhausta, ¿por qué tengo que hacer esto, por qué? -gritó llorando desmoralizada.
  • Vacía la mochila -escuchó.
  • ¿Vaciarla?
Ni siquiera había sido consciente de que llevaba aquella carga en sus espaldas, pero en aquel momento, se dio cuenta de lo que ocurría, sus emociones pesaban demasiado, sus recuerdos estorbaban, debía deshacerse de ellos.

A partir de aquí, su paso se fue aligerando, mientras iba extrayendo libros de su pasado, emociones plasmadas en papel que había estado cargando sin percatarse.
Fue así cómo aprendió de sí misma, de sus vivencias, recordando su infancia, sus anhelos, sus miedos, sus deseos, su dolor, sus decepciones...y superando cada emoción que atascaba sus progresos.

Por fin llegó a la playa, sin mochila, sin carga.

En la playa todo estaba desierto. El mar congelado, el cielo negro. Debía darle vida a todo aquello.
Fueron días oscuros, días en los que sentía que no iba a poder resucitarse, días en los que sentía que su Ser la había abandonado, sus guías se habían alejado, su amado ya no la visitaría más.
Hasta que, una noche, puso su mano en su corazón, cerró los ojos y sintió sus latidos golpeando su pecho. Entonces, supo que ella estaba ahí dentro, esa diosa de luz que había vivido dentro de ella, estaba ahí, siempre lo había estado, sólo dormía, a la espera de que ella la volviera a despertar.

Un centenar de rayos de luz emergieron de su alma e iluminaron todo aquel lugar...
El agua del mar brillaba como nunca, las olas ondeaban en una danza bellísima que la incitaban a bailar con ellas, el cielo estaba adornado de estrellas brillantes y centelleantes, la luna era pura plata fulgurante...

  • Estoy aquí-se dijo- he vuelto a casa.

Con el paso de los días, su amado, aquel ser que aparecía entre sueños, volvió a comunicarle su regreso a ella, su reencuentro. Le recordaba joven, apuesto, guapo, lleno de luz, amándola tanto...buscándola como antes, dispuesto a hallarla a como diera lugar.

Vivía feliz, en la espera, recuperándose más y más a sí misma, viviendo el amor hacia el todo, hacia su Ser, hacia su amado, la llamada llama gemela.

De pronto, una noche, un desconocido se acercó a su orilla. Era un hombre cargado con una mochila, como la que ella había estado llevando tanto tiempo.
Se iba acercando más a ella, pero iba distraído, ajeno a su presencia.
Sintió curiosidad, sintió alegría, sintió esperanza...
Sin saber bien por qué, su corazón saltaba de emoción, su alma estaba rebosante de felicidad.

¡Era él!, ¡su amado, su llama gemela!, apenas podía ver su rostro, estaba demasiado oscuro, pero le sentía, sentía su energía, aquella con la que tanto tiempo había convivido, aquella que tanto había amado.

El hombre parecía preocupado, apesumbrado, exhausto. Se estiró en la arena y se quedó dormido.

Ella se acercó a mirarle mientras dormía. Su bello rostro estaba castigado y envejecido, su cuerpo parecía haber soportado un camino muy difícil y duro, su expresión, aun durmiendo, era la de un ser demasiado decepcionado de la vida. Pero era él, no había ninguna duda.
Estuvo horas mirándole, llorando por la emoción de haberle hallado. De pronto, no pudo resistir mirar en su mochila, inducida por las olas, sus guías, que la impulsaban a indagar en su dolor para poderle ayudar y conocer mejor.
Leyó durante toda la noche, le leyó el alma, el corazón, los pensamientos, leyó todo lo que pudo, aunque sabía que aún quedaban muchos libros en la mochila para leer.
Sintió todo su dolor en su alma, cada lágrima derramada por él fue derramada por ella al descubrirla grabada en su corazón.
Y agotada de llorar por su amor, por aquel hombre que estaba a su lado, esperó a que abriera los ojos para recibirle con su amor infinito, mientras intentaba vaciar la mochila de todo aquello que ella consideraba nocivo para él.

De pronto, una voz irrumpió en su concentrada tarea y la sobresaltó.


  • Perdona, ¿qué estás haciendo con mi mochila?- Le dijo algo enfurecido.
  • Intento ayudarte, llevas demasiado peso aquí dentro y aún te queda mucho camino por delante.
  • ¿Qué quieres decir?¿Cómo sabes tú que aún me queda camino? y...¿Quién te ha dado permiso para hacer eso?
  • Uys, ¡cuántas preguntas que haces!- le dijo aturdida por su comportamiento, parecía que no la reconocía, ¿cómo podía ser eso?
  • ¡Pero contéstame!
Ella sonrió paciente y se sentó en la arena con la mochila en sus manos, esperando a que él también lo hiciera. Ya había comprendido con tristeza que él no sabía que estaba frente a su compañera de camino, su complemento en polaridad. Sin embargo, ella había aprendido a ser muy paciente, la vida le había enseñado justamente eso.

  • Está bien, te contestaré a todas las preguntas que me quieras hacer. Primero, llevas demasiado peso, tienes que irte deshaciendo de algunos recuerdos. Vamos a ver, éste ¿para qué lo quieres? - dijo extrayendo un hecho vivido por él guardado con ahínco en la mochila.
  • ¡Deja eso! -gritó él cuando vio que ella hurgaba donde nadie había hurgado antes.
  • Está bien, está bien, te voy a permitir hacerlo tú mismo, pero tienes que desechar todo esto, porque si no lo haces no podrás dejar espacio para lo bueno que tiene que llegar a tu vida.
  • ¡Qué sabes tú de mi vida! ¡No sabes nada!
  • Tienes razón, no sé nada, pero lo sé todo, eso sí, te voy a dar la oportunidad a ti de explicármelo todo, porque quiero saberlo todo de ti, todo.
  • ¡Estás loca!¡No sé quién eres!
  • Ya veo que no sabes quién soy, pero eso no significa que yo no sepa quién eres tú.-Le dijo con pesar.
  • Escucha, no sé de dónde has salido, ni qué quieres de mí, pero estoy muy cansado ya de tropezarme con personas que sólo me hacen daño y que creen saberlo todo de mi, como tú, y en realidad no sabéis nada, no sabes el dolor que he sufrido, no sabes cómo las desilusiones de la vida me han ido destruyendo poco a poco, y no quiero hablar contigo, no te metas en mi vida y deja ya mi mochila, lo que hay ahí es sólo mío.

Ella le entendía, pero un dolor punzante la estaba haciendo desfallecer. Aún así, debía ser fuerte, debía ayudarle, por fin había llegado a su vida, pero él no estaba preparado para ver más allá en ella, no era el momento adecuado y debería dejarle marchar con todo su dolor.

Aquel joven andante, que ya no tan joven por los años transcurridos, agarró con fuerza su mochila y la volvió a colgar a sus espaldas dispuesto a marcharse y continuar avanzando.

  • ¡Espera! -gritó ella corriendo tras él en un intento de dejar en él una semilla de amor que le ayudara más tarde a reconocerla- sólo escúchame un minuto, por favor.
  • Tengo prisa.
  • Sólo un momento, -insistió- seré breve.
  • De acuerdo, pero rápido, me queda poco tiempo para encontrar lo que busco, y estoy demasiado cansado ya.
  • Mírame a los ojos, escúchame, déjame entrar en ti.
  • ¿Qué quieres decir?
  • Tú hazlo, no te haré daño.

Sin saber bien por qué él se dejó llevar por la situación, y miró a aquella extraña mujer a los ojos sin apenas pestañear, tal vez solo para complacerla y así ésta le permitiera marcharse enseguida.
Ella se adentró en su alma, en su Ser, en su corazón, y le envió todo su amor, toda la luz que pudo, junto a un mensaje codificado que debería descodificarse en el momento en el que él estuviera dispuesto a abrirse al verdadero amor.

De una forma insólita, él empezó a sentir algo que nunca había sentido, algo que no sabía cómo definir, tenía curiosidad y quiso quedarse inmóvil allí, tratando de averiguar qué era lo que estaba notando en su corazón, pero su mente interfirió de nuevo y se distrajo de lo que estaba sintiendo, restándole importancia.
Tras unos segundos mirándola y fluyendo con aquella experiencia tan singular, bajó la mirada confuso y aturdido y se apartó de ella.

  • Debo marcharme ya, lo siento.
  • Sí, está bien, lo entiendo.-le dijo mientras sus lágrimas luchaban por emerger de lo más profundo de su alma.
  • Pero no me has dicho nada, ¿qué tenía que escuchar?
  • Lo que tenías que escuchar no lo tenían que percibir tus oídos.

Ella era para él una mujer realmente extraña que despertaba su curiosidad, pero tenía que seguir caminando y no podía entretenerse más.

Así que se alejó lentamente, con su mochila a cuestas, mientras ella se giraba para llorar en silencio, de espaldas al hombre de su vida, su compañero, aquel que durante tanto tiempo había estado esperando, destrozada por haberle perdido sin poderle decir quien era ella.

Unos segundos después, algo la impulsó a mirar hacia atrás y enviarle de nuevo su amor, y sus miradas se encontraron en la lejanía.

  • Tal vez regreses algún día, querido compañero.- Se dijo mientras su mano se posaba en su corazón para retener su dolor, para impedir que la destrozara.
  • Tranquila- le dijeron las olas en su habitual susurro -volverá cuando sea el momento adecuado, ahora tendrás que aprender a amarle mejor, amarle más incondicionalmente, con más paciencia, con más elevación, respetando su proceso interno, aun sabiendo que se ha alejado de ti, deberás enviarle tu amor con más fuerza, para que pueda salir de su oscuridad y así eliminar la niebla que le envuelve y le ciega.
  • ¿Y cómo podré ser capaz de hacer algo así? -dijo entre sollozos de dolor y de rabia- Soy humana, aunque mi alma le ame, mi parte humana ahora está resentida, ¿por qué después de tanto esfuerzo en mi vida y de tanta espera, él no ha sido capaz de estar a la altura?, no es justo, no es justo...
  • Debes centrarte en ti, en elevarte, en continuar limpiando tus emociones y tus bloqueos. Esta experiencia te ha demostrado que aún tienes que aprender mucho sobre el amor incondicional, porque te duele que se haya ido, te duele que no recuerde su amor por ti, te duele que pueda enamorarse de otra mujer en su camino y olvidarse del todo de ti, su compañera de alma, pero debes aceptar esa posibilidad y amarle a pesar de todo, sólo así habrás aprendido lo que es el verdadero amor, amar sin esperar nada a cambio, amar a tu compañero aunque no pueda estar junto a ti como lo que tú desearías, tu pareja humana.
  • No sé si seré capaz de llegar a ese nivel de incondicionalidad, mis queridos guías, estoy hastiada, agotada, sin ganas de vivir, ya no me quedan fuerzas para continuar mi camino hacia mi interior. Mi misión en este lugar era junto a él, sin él no puedo completarla, sin él todo se quedará a medias, pero no puedo obligarle a recordarme, a reconocerme, a ser consciente... ¿Debería retirarme de la misión? ¿Debería volver a la senda que ya transité?
  • No. La flaqueza de tu ego es precisamente esa. No puedes centrar tu felicidad en el amor de tu compañero, sino en el amor hacia ti misma, lo demás llegará solo, cuando todo esté preparado para que así sea. Camina hacia tu ser, aún tienes mucho que descubrir.

Ella se durmió llorando, rendida ante sus emociones, aquellas que creía sanadas, aquellas que creía superadas, y se dio cuenta de que no podía dejar que sus pensamientos y emociones condicionaran su vida y su amor.

Pero...¿Volvería algún día aquel hombre andante a su vida?

Eso tal vez debamos esperar a saberlo más adelante... si la leyenda continúa...

Eva Bailón...