SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.

lunes, 26 de junio de 2017

MUJER HUMANA, ALMA ESTELAR

El espejo me devolvió una imagen de mí muy distinta aquella mañana de otoño. Por primera vez podía verme de verdad, más allá de los filtros de mi propia inconsciencia y mi propio desamor hacia mí. Ya no criticaba mi piel pálida, ni mi aspecto de mujer madura, ni mi flacidez, o mis canas, ya no juzgaba lo que el tiempo había hecho con mi figura femenina, ni me lamentaba de mis arrugas, o de las lágrimas que habían dejado huella en mi cuerpo, en mi rostro, en mi mirada. No me entristecía por ver que mi sonrisa no era perfecta, ni me reprochaba no ser suficientemente atractiva por esos kilos de más que desfiguraban mi silueta. Ya no me sometía a los crueles juicios acerca de mi manera de vestir, o mi falta de estilo, fuera del alcance de lo que a muchos hombres les hubiera hecho fijarse en mí.
Yo era yo, y no el esperpento de un dibujo mental en la cabeza de una sociedad enferma.
Permanecía allí, desnuda, contemplando mi belleza, ésa que nunca aprecié, ésa que otros no podrían valorar nunca; una belleza que no se reducía a la parte física, sino que iba más allá de lo que recibía en mi interpretación sobre lo que yo soy; una belleza que sólo se manifestaba ante los ojos del alma.

Recordé entonces nuestra conversación, todo lo que supe decirte por fin, todo lo que descargué desde mi interior, todo lo que merecías saber, lo que merecía expresar, mientras me escuchabas por primera vez sin interrumpirme.

No soy esto que estás viendo, soy mucho más, soy algo que tú no ves porque estás ciego de prejuicios, ciego de ideas preconcebidas que ni siquiera te planteas antes de permitir que emerjan en forma de palabras hirientes hacia mi persona. No soy tu interpretación de mí, no soy ese arquetipo mental que piensas y enjuicias, no soy tu títere, ni tampoco te pertenezco aunque me ames, o me odies, o simplemente desapruebes mi manera de vivir.
Así que no tienes derecho a obligarme a ser como crees que debería ser, ni tienes derecho a criticar mis actos cuando tú no conoces lo que me llevó a actuar de esa manera, ni tienes derecho a tratar de manipularme o controlarme sólo porque te sientes en una posición superior a la mía.
No eres superior a mí, ni eres mejor que yo, crees que tus actos definen quién es mejor y quién es peor, pero ¿quién decide el valor de los actos que efectuamos?
Desde tu perspectiva yo no estoy haciendo las cosas bien porque en tu escala de valores no entro dentro de lo que tú consideras aceptable, pero sólo es tu escala de valores, no la mía, y me da igual que la tuya sea la de la mayoría, pues eso sólo significa que hay un gran número de personas que cree en algo, no que ese algo sea correcto o cierto para todo el mundo. Sé perfectamente que si  mucha gente cree una mentira, ésta se convierte en su verdad y la razón que ellos darían para consolidarla sería precisamente que la mayoría lo cree así.
Crees ser una buena persona, sin embargo usas la violencia contra mí cuando tratas de convencerme de que mis decisiones no son adecuadas y así imponerme tu manera de ver la vida, o cuando me exiges cambiar mi forma de ser en base a que me estoy equivocando desde tu punto de vista, como si algo o alguien te hubiese otorgado a ti la sabiduría suprema y la perfección para tener el derecho de juzgarme y sentenciarme.
Cada vez que me dices que deje de hacer lo que hago, que haga lo que hace la mayoría porque esa es la forma adecuada, cada vez que me criticas a mis espaldas creyéndote poseedor de la única verdad, demuestras una arrogancia y una prepotencia que nacen de tu inconsciencia.
Si eres un verdadero sabio, si realmente sientes a tu alma guiando tu vida, deja de tratar de cambiarme, de cambiar a otros, y simplemente acéptame como soy, acepta el nivel de consciencia de cada uno, ama lo que ves sin tratar de que sea moldeado a tu conveniencia.
Sé que hay cosas que pueden afectarte, cosas que otros hacen, y que eso duele, molesta y escuece, pero en tu resistencia hacia lo que sucede a tu alrededor se encuentra tu sufrimiento, y ese sufrimiento causa ira y tu ira es proyectada hacia el mundo, creando más situaciones de rabia, dolor, desesperación.
Paradójicamente aprendí con mucho dolor que, si yo sufro, el mundo entero sufre, porque todos somos uno, no estamos desvinculados, y proyectamos nuestras emociones y pensamientos a la inconsciencia colectiva, sí, inconsciencia, porque no nos damos cuenta, porque la desdicha nace de nuestra propia inconsciencia individual, y sólo siendo conscientes de ello podemos dejar de proyectar aquello que nos hace daño, así que me dije a mí misma que sólo desde mi amor hacia mí podría realmente aprender o recordar cómo amar a los demás, y el amor no es reproche, por eso no es necesario pedir perdón, porque cuando se ama de verdad no hieres a nadie a propósito, y cuando lo haces, el otro lo comprende si de veras te ama, y ahí sobran las palabras, sobran los perdones, pues sólo habla el amor.

Pero también he sabido que no puedo exigir que lleguemos a un alto nivel de consciencia, ni a mí, ni a nadie, sino que debo dejar que todo fluya de forma natural en cada uno de nosotros, y gracias a eso nació un gran respeto hacia los procesos individuales de vida, hacia los diversos niveles conscienciales, amándolos sin intentar cambiarlos, pues sólo yo puedo ser responsable de mí misma, los demás tienen su propio camino y yo no tengo que hacerlo por ellos.

Entiendo que tú no sepas respetar mi proceso de vida, que no puedas comprender mis decisiones porque son muy distintas de las que tú tomarías, y que te afecte mi manera de ver la vida y te molesten mis acciones, pero no permitiré que tu violencia me atrape, me ciegue y me separe de mí misma.

No creas que te acuso, no, sólo trato de ofrecerte mi punto de vista, al igual que tú me ofreciste el tuyo y quisiste imponerlo por encima del mío, con la excusa de que yo estoy errada, o con el objetivo de hacerme sentir culpable y así poder justificarte.

Ya no, y lamento que te disguste lo que soy, cómo soy, y lo que hago, pero si pidiera disculpas por ser quien soy sería como pedir perdón por haber nacido, y eso es como negar la vida. Yo amo la vida, no la niego, amo y confío en la vida, y como tú formas parte de ella, espero y deseo que vivas la tuya sin que la mía te descentre de ella.

Gracias por escucharme.”

Aquellas palabras me devolvieron a mí, sustrajeron lo que yo no soy, me elevaron hacia mi consciencia verdadera, y me llevaron hasta aquel momento frente al espejo.



Y las lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro, nublado de la tristeza por tanta autocrítica, por tantos pensamientos que usaba para fustigarme, por tanta violencia hacia mi persona, por mi falta de aceptación y de amor. ¿Cómo pretendía que se me respetara si yo misma no lo estaba haciendo?. Y me pedí perdón varias veces, queriendo compensar mi falta de reconocimiento, mi desconexión con mi esencia real, mi inconsciencia...

Llanto de arrepentimiento que después se transformó en la alegría de ver que por fin me estaba despertando al verdadero amor, fuera ya de tantas creencias acerca de él, fuera de tanta hipocresía espiritual, de tanto autoengaño, de tanta confusión respecto a lo que es Ser, respecto a lo que es Amar.

Por un segundo sentí en mi pecho la magnificencia del Amor incondicional, y se me expandió el alma hasta el infinito, comprendiendo en mi interior que estoy en todo, experimentándome en cada ser, en cada partícula, en cada vida...

Creí que había desencarnado, que mi cuerpo había quedado allí, inmóvil e inerte, mientras yo volaba libre, sintiéndome más viva que nunca.
No percibía el tiempo, podía notar cómo los acontecimientos de la Tierra sucedían todos a la vez y los observaba. Diversas líneas temporales como cuerdas de un violín pasaban ante mí, algunas se entrecruzaban y otras se distanciaban, como si estuvieran creando una melodía para cada ser, y las almas de todas las personas estaban comunicadas por un hilo energético que las unía, algunas por varios hilos, otras por cordones más gruesos, como si fueran cordones umbilicales de corazón a corazón. Desde las cabezas de algunos individuos una especie de tubo energético se alzaba y conectaba con otras partes de sí mismos que se hallaban en diversas dimensiones. La energía estaba en todas partes, horizontal y verticalmente se emanaban luces de colores variados, y en sus propios cuerpos físicos se desprendían luces de tonos muy dispares.
Eso era la vida y la consciencia, era un milagro.

  • ¿Dónde estoy? - me dije a mí misma.
  • En todas partes – me respondió aquella voz.
  • ¿Quién eres?
  • Ya sabes quién soy, has hablado muchas veces conmigo.
  • ¿Eres mi Ser?
  • No, tu ser eres tú, está en ti, no es algo exterior a ti misma.
  • ¿Y tú quién eres? Realmente no sé, no me imagino.
  • Soy parte de ti, por eso siempre te acompaño, estoy dentro y fuera de ti.
  • Ya sé quién eres. ¿Hemos desencarnado? ¿Estamos regresando a casa?
  • No. Esto sólo es una pequeña visita a la Realidad que hay detrás de los velos. Una ínfima parte de lo que irás descubriendo poco a poco.
  • Entiendo. Entonces sólo he salido de mi cuerpo, ¿no es así?
  • Así es.
  • ¿Y por qué ha ocurrido esto?
  • Porque estabas preparada para ello.
  • ¿Y qué pasa con mi cuerpo físico? ¿Está inconsciente?
  • No, mírate, puedes observarte, estás allí y aquí al mismo tiempo, pero tu consciencia está ahora mismo depositada en esta experiencia.
  • ¿Quieres decir que si quisiera desplazar mi consciencia podría hacerlo?
  • No exactamente. Estás en muchos lugares a la vez y la consciencia está fractalizada en cada lugar donde estás, así que de alguna forma puedes conectar contigo misma, con cada fractal de tu consciencia y sentirte allí, no es tan complicado.
  • ¿Y es posible que conecte con la consciencia de otras personas?
  • Por supuesto, en realidad, en una dimensión muy elevada, la dimensión del Uno, todos estamos diluidos, interconectados perfectamente, así que se puede afirmar que todos somos ese Uno experimentándose a sí mismo en diferentes dimensiones, en diferentes formas energéticas, y por lo tanto, todas las consciencias son la misma viviendo la experiencia ilusoria de la separación.
  • Sí, lo entiendo, lo entiendo todo, es maravilloso, aquí todo es tan claro.
  • Es normal, tu consciencia está conectada con todo.
  • ¿Y qué hago para regresar a mi cuerpo?
  • Sólo toma consciencia de él y abre los ojos.

Y allí estaba, frente al espejo, viéndome completa por primera vez, mujer humana, alma estelar, mente consciente, corazón en amor incondicional.

Arael Elama.

sábado, 3 de junio de 2017

ME ENCANTÓ CONOCERTE

Me encantó conocerte, gracias por todo”. Esas fueron mis últimas palabras escritas en el whatssap de aquel hombre que tanto me había enseñado sin darse cuenta. Al principio no sabía si enviar la frase, no podía decidirme a despedirme para siempre de aquella experiencia, pues había sido tan impactante y hermosa, y al mismo tiempo tan dolorosa, que una parte de mí continuaba apegada y deseosa de que hubiera sido de otra manera.

Sin embargo, lo que había sucedido era lo mejor que podía suceder. 
 
No le conocía en realidad, quiero decir que no habíamos compartido nada, tan sólo un café con hielo en una tarde de verano mientras hablábamos de cosas profundas que pocas veces se pueden contar.

Su mundo y el mío, lejos de ser similares, eran totalmente opuestos, aunque en su interior y en el mío circulaban las mismas inquietudes, los mismos sueños, la misma pasión, el mismo deseo de hallar algo indescriptible y eterno en un mundo donde casi nadie se fija en lo que somos, sino más bien en lo que aparentamos ser. Sin embargo, toda esa profundidad todavía pertenecía al ámbito de la personalidad, de los anhelos cobijados en la superficie de lo que llamamos alma, como olas que ocultan la verdad más secreta, la más sagrada, ignorada y olvidada de cada ser humano. 
 
Aquella sensibilidad punzante que luchaba por aflorar era ese punto misterioso en común que me atraía de aquella persona tan contradictoria, de aquel individuo que podía mostrar por un momento una gran riqueza de corazón y en otro una despiadada injusticia expulsada desde sus pensamientos egoístas, desde su lenguaje hiriente, destinados a aquellas situaciones, o personas a las que él no lograba comprender.

A veces me preguntaba quién era él verdaderamente, cuánta interpretación mental había en lo que percibía y cuánta realidad estaba adivinando tras su máscara de hombre seductor y conquistador implacable.

Y sin embargo, no podía ser capaz de sentir desprecio, o indiferencia hacia él, sino un amor sin nombre, una especie de comprensión de lo que era, como si poseyera el don de atravesar su coraza con mi alma, como si ésta me permitiera saber o leer su profunda verdad a través de su superflua mentira. 
Quizás por eso no pude resistirme a entrar sin miedo en su universo, en esa parte que él se atrevía a desvelar, poniéndola al descubierto totalmente.

Para mí era maravilloso descubrir a personas como él, no era la única, ni era la primera que me encandilaba, que me hacía llorar con su historia, y hacerlo me llenaba de un regocijo tan sobrecogedor que realmente me conectaba con cada una de esas almas bellas que me iba encontrando en mi viaje por la vida.
Pese a que intentaba no caer en los juegos absurdos de las emociones, las estrellas de su universo consiguieron desorientarme y caí en la confusión, en el dolor, en el sufrimiento. Fue una torpeza por mi parte no comprobar fehacientemente la identidad, la fragancia, de aquella luz que él desprendía cuando se expresaba, pero la necesidad de respuestas me llevaron a tergiversar los hechos y a dar por sentado que nuestras semejanzas eran más poderosas que nuestras diferencias.

Miré el whatssap para comprobar si había leído mi mensaje, pero no lo había hecho todavía. Sentía urgencia por despedirme de él, ya había comprendido todo, los espejismos suelen tener un aspecto atractivo y cautivador, y la verdad es que me había sentido como una estúpida al caer en un juego tan insensato, un juego de mi mente, de mi personaje mendigante y temeroso.
Me traté con dureza, con suma severidad, para finalmente acabar desnudándome de mis incoherencias y entregarme a mi alma por completo.

Ya no más maltrato hacia ti misma, Bea”

La experiencia con él me condujo primero a una gran desilusión, evidentemente cuando descubres que todo lo que creías no es lo que creías, tu estructura de pensamientos, de ideas, de creencias, se desmorona ante tus ojos, despojándote de toda fe y de toda esperanza. No obstante, aquello fue lo mejor que me podría haber ocurrido, pues dio paso a la persona que soy ahora. Sí, persona, no quisiera referirme más a hombres y mujeres, a amantes y a amores verdaderos, ni a almas gemelas desde ese prisma romántico basado en las canciones italianas o en las películas de Hollywood, sino que preferiría hablar más de seres completos, que se aman incondicionalmente desde su alma, que pueden dar tanto amor porque les sobra, porque son fuentes inagotables de amor real, que iluminan todo y a todos, allá por donde van, de una forma inigualable sólo por ser lo que son sin rechazarlo, sin tratar de hacer algo que les haga destacar en busca de reconocimiento, que dan todo lo que son porque también se saben dar a sí mismos por entero, que no distinguen preferencias entre flacos o gordos, negros, blancos, amarillos, o cualquier color de piel, que no se fijan en edades, en géneros, en orientaciones sexuales, que no ven ya más las diferencias y no buscan amar sólo cuerpos bellos con la excusa de encontrar dentro de ellos la misma belleza que hallan en lo externo...
Quisiera hablar de coherencia y de verdad, pero no de la verdad que se inventó nuestro personaje, sino de la verdad del ser que llevamos dentro, la verdad con mayúsculas.

Pero lo cierto es que esto no lo entendía entonces, no había logrado escuchar mi voz y me había distraído oyendo lo que quería oír.



Volví a tratar de cerciorarme de que mi mensaje había llegado. Esta vez así era, aunque no creía que fuera a responderme.

Es lógico que no responda, Bea, ya te has despedido, no insistas más y vete”

Cerré los ojos, respiré profundamente y apagué el móvil. La tarjeta sim estaba en la parte izquierda. Me dispuse a extraerla cuidadosamente. Ya no quería estar atada a nada de mi anterior etapa y tenía que deshacerme de un terminal que ya no funcionaba bien, así que la tarjeta con mi número viejo la daría de baja y el móvil acabaría siendo sólo un objeto de recuerdo, olvidado en un cajón, o bien lo llevaría a un punto verde para ser reciclado.
Por un momento me había planteado qué haría si me respondía, pero desestimé esa opción, yo sólo era un pequeño punto en un libro, o una coma, para aquella persona, yo era totalmente insignificante.

Inmersa en mis pensamientos, que traicionaban vilmente a mi paz interior, un sonido musical interrumpió mi diálogo interior.

Suena mi móvil nuevo”

Era un mensaje de voz de mi amiga Mónica. Me dispuse a escucharlo.
  • Hola Bea, como te dije, Pedro y yo llegaremos a Barcelona mañana a las seis de la tarde, ¿podrás venir a recogernos al aeropuerto, finalmente?

Estaba feliz de que mi amiga argentina viniese a verme, pues íbamos a conocernos por fin en persona, además de presentarme a su pareja.

Al día siguiente me preparé para ir a recogerles, estaba emocionada y nerviosa, pero feliz de sentirme por fin en paz.
Me había despedido de una parte de mi vida que había sido muy dolorosa y el último acto había sido decir adiós a una quimera. Ya desde hacía unos meses todo estaba transformándose a pasos agigantados y me fascinaba la manera en la que la vida me estaba regalando amor.

Llegué al aeropuerto de Barcelona.

Y allí estaban, a unos metros de mí, agarrados de la mano con sus maletas a un lado, sonrientes. Salí hacia ellos apresurada, feliz, deseosa de abrazarles con todo mi cariño, pero en mi intento de alcanzarles de pronto sentí que caía al suelo bruscamente junto con otra persona. Nos habíamos tropezado el uno con el otro.
Mientras me levantaba, noté en mi brazo cómo se posaba una mano con amabilidad y suavidad. Mis piernas temblaban y todo me daba vueltas, pero aquel hombre con el que había chocado repentinamente, me sujetaba con firmeza.

  • Disculpa, perdona, ¿estás bien? No te había visto – me dijo.
  • No, no, perdona tú, no me he dado cuenta, estaba distraída.

Levanté la mirada y ahí estaban esos ojos azules, observándome fijamente, ese rostro que había visto tantas veces, esa energía que emanaba tan sumamente familiar.

  • No te preocupes, yo también andaba despistado, no conozco mucho este aeropuerto y no sé ni por dónde ir a buscar el tren.
  • ¿No eres de aquí? - le pregunté tratando de darle conversación y retenerlo un poco más.
  • !Hola Bea! -interrumpió Mónica con un abrazo cómplice, mientras Pedro se presentaba al desconocido.
  • Hola Mónica, hola Pedro, !bienvenidos!

Miré a aquel hombre y le pregunté su nombre, seguidamente le presenté a mis amigos.

  • ¿Cómo decías que te llamabas? - le pregunté.
  • Ralph.
  • Encantada de conocerte.

Y así fue cómo el destino abrió un nuevo mundo, un nuevo camino, justo cuando por fin había cerrado totalmente el anterior.

Arael Elama...

domingo, 30 de abril de 2017

YO QUE TE AMO SÓLO A TI

Ahí, junto a la chimenea, el calor del fuego nos envolvía y me mirabas con esos ojos que hablan de tu océano interior, de tu amor, de lo que somos el uno para el otro. No osábamos romper el silencio, tan sólo nos dejábamos llevar por la música.
Y una canción nos emborrachaba, sí, de esa pasión extraña que nace desde lo más profundo de nuestro ser, ¿recuerdas?, nos invadía con tanta fuerza en aquel momento que podíamos sentir la energía de nuestros cuerpos, acariciándonos antes de pensar en cualquier intento de hacerlo físicamente.
Era lenta, suave, con ese ritmo de brasil tan sensual y tan intenso, tanto como lo era tu mirada, que me elevaba hasta mundos que quisiera poder traer a este lugar donde nacimos.
Y llevábamos dentro las almas de dos seres de otras realidades, donde nos habíamos amado libremente, entrelazándonos como ráfagas de viento que se encuentran y juguetean, se hacen uno, se dispersan, se entretienen tejiendo sonidos vestidos de grandes tornados, huracanes y, en ocasiones, pequeñas brisas.
Yo que te amo sólo a ti”, eso decía la canción, mientras mi corazón latía como si fuera el final de los tiempos, como si nuestro contacto pudiera transportarnos a nuestro lugar secreto, nuestra burbuja de amor, tal vez bajo el mar, cerca de alguna ciudad de cristal, dentro de otra dimensión, un sitio al que otros podrían llamar fantasía.





Y es que nuestro amor era y es así, sobrenatural.
Nada de lo que otros cuentan se parece a lo que vivimos, nada de esos amores apasionados se acerca a lo que nosotros sentimos, nada de lo que otros nos explican se asemeja a lo que nosotros experimentamos, nada de lo que leemos en las novelas románticas puede describir lo que nos ha sucedido.
A menudo trato de comprender lo que somos, lo que nos ocurre, lo que nos une, pero a estas alturas ya no quiero más preguntas, ni más dudas, ni más miedos, ahora sólo quiero dejar que siga este camino que hemos emprendido juntos, sin prejuicios, permitiendo que el amor sea el que nos conduzca, el que nos guíe, el que nos siga enamorando.
Y la canción que nos embriagaba nos desnudó por completo, nos vistió de besos, de abrazos, de piel y de alma.
Tu aroma era mío, el mío dibujaba tu cuerpo, nuestro deseo era entregarnos al otro, dejar de ser dos para convertirnos en uno, derramarnos por completo en la presencia del otro, el ser amado que ya habita en uno mismo y que vemos al contemplarnos.
Y es que al mirarte mi alma hacía el amor con la tuya, sin palabras, sin pensamientos, sin nada más que amor.
Una rosa azul se me durmió en el pecho, azul como tus ojos, azul como nuestros sueños, como las olas del mar donde nos prometimos reencontrarnos.
Aquel día no fue un espejismo, fue nuestro ayer, nuestro presente y nuestro futuro, un momento eterno, infinito, que vive en los dos, que se manifiesta en cada vida que tenemos, allá donde nazcamos, allá donde existamos, que se convierte en el símbolo de nuestra naturaleza verdadera, la de dos amantes que ya se amaban cuando eran planetas, galaxias y universos y que cuando se reconocen se necesitan unificar, darse e inevitablemente siempre acaban por ser uno, porque siempre lo han sido, porque siempre lo serán, porque se buscan para experimentar la entrega total en un millón de formas de vida.
Ahí, junto a la chimenea, el fuego se había consumido, y tú me acariciabas el cabello, con la ternura de un ángel enamorado, apasionado con la misma intensidad de su amor, rozando tus labios con los míos, bebiendo mi vida entera en cada beso, en cada caricia, mientras yo trataba de contener la explosión de mil estrellas dentro de mí, estrellas y galaxias, universos y realidades, todo mi mundo rendido en tus pupilas, donde navegaba y me perdía una vez más.
Y otra canción nos acompañaba, para danzarla con el silencio y la luz de nuestros corazones.
Jamás hubiera imaginado que podríamos realmente manifestar tan inmenso amor a través de estos simples cuerpos humanos sin que se consumieran en las enormes llamas que lo caracterizan.
Un gran amor de niveles cósmicos, que entraña mil realidades, mil dimensiones, mil historias de mil experiencias de otros lugares lejanos, amor celestial llevado a la dimensión humana.
Por eso ya no creo en nosotros, sino que tengo la certeza de que somos el amor del universo, de dios, personificado en dos almas, en dos personas, el verdadero amor que no muere en la distancia, ni en la inconsciencia, el verdadero amor que despierta siempre y que siempre nos encuentra.

Arael Elama

jueves, 16 de febrero de 2017

LAS CONEXIONES DE ALMAS Y LAS DISTRACCIONES DE NUESTRA VERDAD



Hoy, gracias a una hermana del alma con la que estaba intercambiando audios, me he dado cuenta de algo sobre el tema de la llama gemela, algo que no me había planteado desde mi nueva perspectiva...

Se habla de la energía de la llama, y de cómo reconocerla, de ciertas sensaciones que pueden indicarte que estás frente a ella, pero yo me pregunto qué es lo que a cada uno de los que la han encontrado han sentido, si se parece a lo que se dice de forma genérica o si lo han experimentado con más de una persona en forma similar...

Hay algunas personas que me cuentan de conexiones muy potentes con más de una persona, teniendo o no una relación con ellas, y que la primera vez que sintieron esa conexión creyeron firmemente que se trataba de su llama gemela, sin embargo, luego apareció otra que les hacía sentir más intensa la conexión y la atracción y dedujeron entonces que se habían equivocado antes y que esta vez sí que se habían topado con su verdadera llama gemela, e incluso aparecer una tercera persona que las confundió porque también sentían energías muy especiales que les conectaban, y yo me preguntaba por qué tanta confusión o por qué tantas conexiones fuertes, a nivel energético y a nivel de amor y reconocimiento, y por qué todas parecen ser la llama gemela.




No hablo de gente que no sepa del tema, sino de gente que sí sabe, que es muy sensitiva, y que de igual forma han sentido estas conexiones bien reales.
Eso me ha llevado a la misma conclusión de siempre, pero desde una comprensión más profunda, la conexión con la llama gemela se puede definir de forma muy subjetiva según la experiencia de cada uno, sólo en el corazón uno sabe quién es, pero hay más conexiones de alma que se pueden sentir muy dentro y que pueden llevar a aprendizajes muy duros, limpiezas a nivel de creencias sobre el amor en pareja, o sobre uno mismo, que nos empujan a realizar un salto cuántico, pero también puede aportarnos paz interior y aprendizajes más tranquilos llenos de amor, y no siempre son la llama gemela, puede tratarse de almas gemelas o puede tratarse de pactos de amor, de alma, para ayudarse mutuamente a reencontrarse con su verdadera esencia.

Todas esas conexiones son recuerdos, reconocimientos, lazos de amor, pactos... y la verdad es que cuando todavía somos tan inexpertos en saber quiénes somos, más allá de lo que aprendimos a ser desde niños, podemos confundir muy fácilmente a nuestra llama gemela.

Lo que sí está claro es que el amor incondicional es lo importante, más allá de que lo experimentemos con esa alma que forma parte de nosotros, y que ese tipo de amor no se alcanza, se lleva dentro, pero hay que recordarlo, dejar que fluya y sacar de la mente lo que lo obstaculiza.

A estas alturas de mi camino interior, en estos momentos me planteo si yo tengo una llama gemela, la verdad es que la conexión que yo siento no es de este mundo, y no la veo como muchos describen, no la siento conectada a mí por la rueda de reencarnaciones, ni por atracción física y mental, no creo que haya vivido muchas vidas con esa alma en este planeta, sin embargo sí puedo decir con total certeza interior que la siento en mí en cada existencia que he tenido como ser, fractalizado o no, es decir, que siempre está en mí porque soy yo misma y no siempre eso ha significado que fuera mi pareja, y aún menos en la forma en que aquí se entiende lo que es una pareja. Eso sí, experimentar la unión como humanos podría ser interesante, precioso y único.

No hablo desde las emociones, hablo desde algo que está por encima de ellas, algo que no me causa dolor, sino paz, pues es lo que me dice mi alma, mi ser.

De todo el proceso que he vivido sobre la llama gemela, me quedo con que el amor hacia uno mismo es la clave para la felicidad, y que sólo a través de esa felicidad interior, esa paz sublime que se experimenta, ese amor que fluye de lo más profundo de uno mismo, se puede realmente compartir una vida con otra vida desde ese verdadero amor que anhelamos tanto y que se halla en nosotros, y que no es necesario que sea con tu llama gemela, aunque en algunos casos sí llegue a ser así.

Eso sí, también me queda claro que las relaciones con la llama gemela, las verdaderas relaciones en pareja que se puedan dar aquí en este plano de la existencia, son o serán relaciones de amor muy elevado cuyo requisito indispensable será que cada uno de ellos esté en una relación consigo mismo muy fluida e intensa, que se amen incondicionalmente y que sepan amar sin encerrarse en el amor del ego, expandiendo consciencia, amor, y emanando esa energía de sabiduría, amorosa y placentera que les caracteriza.

Desde el juicio y la crítica no se está en la energía del amor, y las verdaderas parejas de llamas gemelas nunca entran en el ataque o el reproche, saben escucharse, entenderse, sentirse y amarse más allá de la comprensión de nuestra pequeña humanidad, por eso, sólo si estamos en el nivel de la nueva humanidad, ese otro estado hacia el que nos dirigimos, el estado del ser, podremos experimentar esa maravillosa relación con nuestra pareja llama, aunque repito que también se pueden dar relaciones de pareja en ese nivel entre almas gemelas, almas afines..., al igual que con la llama, si ambos están vibrando en el amor que son.

Almas gemelas, llamas gemelas, almas compañeras, almas afines, pareja estelar, todo es posible, todo es válido, pero para que la unión perdure sólo puede asentarse en la base del amor hacia uno mismo, puro, incondicional, para poder entregarlo, para poder simplemente escoger sin miedo, sin necesidad, sin dependencia.

Luego están las misiones de vida, del alma, que no son exclusivas de las llamas, y que pueden ser complementarias a nivel pareja, así que esa presión de encontrar a la llama por una misión se desvanece cuando te das cuenta de que todo está bien, todo es perfecto como es, todo sucede en el momento adecuado y que tú llevas grabada tu misión en ti y en tu ser tienes todo lo que deseas o puedes necesitar, incluyendo la información de esa misión conjunta.
Si confiamos en la vida, en nuestro ser y nos accionamos desde éste, todo se irá dando en su justo momento.

Está claro que todos, incluso los más espirituales, hemos soñado alguna vez con un amor eterno, romántico y precioso, que nos lleve a sentir que esta vida es mucho más y que con esa persona has encontrado lo mejor de tu vida y que podría acabarse el mundo y no te darías cuenta si sólo pudieras mirarla a los ojos, pero en nuestro afán de encontrar ese ideal, perdemos de vista quién es realmente esa persona que energéticamente vino con nosotros, o no nos percatamos de que esa relación que tanto buscamos no es la que realmente anhela tu alma, y nos enfrascamos en historias que nos desconectan de nuestra verdad interior, enamorándonos desde nuestras creencias, aunque es posible que nos ayuden a enfocarnos hacia la sanación de lo que no somos, a través del dolor de una ruptura, o del ego en sí mismo, aun sin darnos cuenta de ello. 

Todo es válido en realidad, pero de nosotros depende estar atascados en el sufrimiento o avanzar mirando en nuestro interior.
 

Poco a poco aprendemos a amar sin dolor, sin sufrimiento, sin falsas expectativas, porque el juego del ego suele hacernos caer en una rueda de ilusiones que no tienen nada que ver con lo que somos, o con lo que hemos venido a hacer, y eso nos lleva a confundir espejismos basados en la proyección mental de lo que creemos que es la pareja perfecta, o el amor eterno, y distraernos de nuestra verdad.

No se puede forjar una nueva consciencia desde patrones antiguos envueltos en creencias limitadoras y obsoletas que nos han llevado a la desconexión con lo que somos, esos patrones deben ser reemplazados por otros basados en el amor incondicional hacia uno y hacia el otro, y para construir un nuevo paradigma debemos dejar el anterior a un lado y abrir nuestra mente y nuestro corazón.

En ello estamos...

Arael Elama...

jueves, 9 de febrero de 2017

ENTRELAZADOS

Las fantasías infantiles nos persiguen toda nuestra vida pues crecemos creyendo en cuentos de hadas y en príncipes y princesas encantados.
Sin embargo, dentro de cada uno, tenemos algunas certezas que, sin entender bien por qué, sentimos como reales, aunque a veces nos parezcan imaginaciones que rompen con el paradigma de nuestra mente.

Siempre me he preguntado si eso del alma gemela es real o es una mera ilusión, un deseo profundo de encontrar a una persona que encaje con uno de forma exacta, algo así como los sueños de la niñez donde todo parece perfecto y no existen los problemas.

Lo cierto es que la vida me llevó a cuestionarme esto a causa de algo que me sucedió y a lo que no lograba darle un sentido racional, y una intensa e inagotable fuente de amor en mi interior me conducía, aun sin aceptarlo, a una conexión energética, infinita, profunda, con algo que no sabía definir.
Enseguida mi mente empezó a elucubrar sobre amores eternos y hermosos, uniones de amor en pareja que eran como en las mejores películas de amor romántico, amores que se tenían que pelear, que tenían siempre que enfrentarse al mundo para estar juntos. La interpretación de esa conexión tan especial y diferente se decantaba por la relación de pareja enfocada más hacia lo humano y lo establecido en una forma de pensamiento que realmente no nos había llevado nunca a una verdadera unión con esa llamada alma gemela única, unida a nosotros.
La verdad es que esas uniones tan del alma no son fáciles, pero las únicas tormentas a las que se enfrentan provienen de sus propias limitaciones, de sus ideas sobre el amor preestablecidas, de su convicción inflexible de cómo tiene que ser una pareja y de cómo se tiene que amar.
No hay peor enemigo que uno mismo, pues la mente, cuanto más cerrada esté a cambiar y a adaptarse a nuevas formas de pensamiento, más interferencias crea frente al verdadero amor, sea con esa hermosa conexión o no.

Otra cosa que fui descubriendo es que, en nuestro afán de esa fusión que buscamos con esa otra alma, nos vamos tropezando con intentos y más intentos de ello, a través de relaciones en las que depositamos toda la esperanza de que esa persona sea ella o él, tratando de ver en su mirada a esa alma, atravesándola y convenciéndonos de que por fin la hemos hallado.
Y es que los que sabemos de ese anhelo de nuestra alma conocemos muy bien la sensación tan fuerte que se experimenta, esa especie de fuerza de gravedad que nos empuja irremediablemente hacia la energía que alberga esa persona, esa energía que es su ser, su alma, y aunque no sepamos ni siquiera dónde se encuentra, sentimos su llamada desconsolada, a veces desesperada cuando las emociones entran en juego, y su tácito deseo de que le reconozcas, de que le halles.
Entonces aún sientes más dolor, porque es como escuchar a un niño llorar perdido en un bosque y no lograr saber dónde está, por más que le busques, el llanto se oye por todas partes y no logras localizarlo en un punto exacto.
Tal vez la clave en que se dé ese encuentro tan esperado es que ambos dejen de sufrir por su ausencia y se enfoquen en sus energías, en sentir que están entrelazados, unidos, aun en la distancia, porque esas almas están siempre en unión, aunque sus cuerpos estén separados, incluso estando en distintas dimensiones, planos existenciales o incluso diferentes lugares en el tiempo.

Es cierto que todos somos uno, que procedemos de la misma fuente, es más, somos esa fuente experimentando, así como lo haría un sol extendiendo sus rayos hacia este planeta, pero también existen esas conexiones únicas que nos descolocan, algunas veces con almas con las que hemos tenido experiencias en otras vidas, o bien con almas que llegan a nosotros para acompañarnos en nuestro despertar y elevación de conciencia, enfrentándonos a nuestras creencias limitadoras, a nuestros conceptos obsoletos sobre el amor y la relación de pareja...
Sería interesante que aprendiéramos a diferenciar esas conexiones, porque, a pesar de ser muy fuertes y potentes, sólo existe una que es con tu propia alma, y con tu propio ser, y a su vez con aquel o aquella que lleve tu misma energía dentro de sí mismo, es decir, tu pareja energética, tu rayo gemelo o lo que algunos llaman alma gemela.
En realidad los nombres son lo de menos, lo que hay que comprender es el concepto, dos energías que son el mismo rayo en dos cuerpos distintos que se atraen con toda la fuerza del universo, pero que llevan consigo el verdadero amor tratando de emerger a través de la conciencia mental, depurándola, limpiándola de aquello que interfiere en el reconocimiento de uno mismo como  ser y a su vez reconociéndose también en en otro ser humano que es energéticamente su otra parte.
Muchos nos hemos equivocado al pensar que la habíamos encontrado, muchos siguen errados y empeñados en que prosiga una relación con esa persona, o comience, o permanezca, cuando realmente esa persona no es su alma gemela, sino una pieza clave para conseguir alcanzar la plenitud con su ser y así acercarse más a esa verdadera unión que nace de una consciencia más elevada. Para que se dé la unión con el alma gemela ambos tienen que estar en esa misma frecuencia y vibración mental, pues las almas ya son la misma energía.
Si no es tu alma gemela y la relación no funciona, es mejor soltar y dar las gracias por lo aportado, si lo es y no está preparada consciencialmente, es mejor soltar y darle la oportunidad de elevar su consciencia, pero sea el caso que sea, lo mejor es darse un tiempo para reconocer nuestra propia energía, nuestra verdad, nuestra esencia verdadera, limpiar nuestra mente, y tratar de percibir la energía de tu otra parte para seguir su rastro, amándola incondicionalmente, sin tratar de que evolucione rápido para estar contigo, sin buscar que termine una relación de pareja porque quieres que esté contigo, sin perder tu autoestima y tu respeto mendigándole amor. Llénate de ti, de tu amor hacia ti y tu pareja estelar, tu verdadera pareja, será atraída con más fuerza, el universo confabulará a vuestro favor y os unirá.
Cuando hay pactos de amor entre almas gemelas, pactos que implican el encuentro en este plano, uno lo puede sentir en su corazón como una certeza que la mente trata de desmenuzar y desacreditar, sin embargo, si cada uno hace la parte que le corresponde, depura su mente y se reencuentra con su verdadero ser en su interior, ese pacto sagrado se llevará a cabo y nada podrá detener el encuentro entre ambos, la unión y el amor que experimentarán será inimaginable.



Esos amores no se sienten sólo en lo emocional, o en lo mental, se sienten en lo energético, recorren tu cuerpo como ráfagas de amor intenso que conectan los chacras de ambos, se siente como si un huracán de sensaciones te sobrepasara e incluso puede asustar notar que su energía se apodera de ti y te atrae hacia esa persona sin saber por qué exactamente. Son relaciones en las que sientes cómo está el otro aunque no te lo diga, notas su estado de ánimo dentro de ti, su amor lo notas dentro de tu alma, y sabes con total certeza que te ama, haga lo que haga, no necesitas que te lo demuestre porque su amor te invade energéticamente. Sabes que puedes confiar totalmente en él o ella, la complicidad es increíble y sientes que estás en casa cuando le miras a los ojos, cuando le abrazas... Esas y otras experiencias indescriptibles son las que nos ayudan también a darnos cuenta de que estamos ante nuestra amada alma gemela, pero sobre todo, jamás nos hace sufrir, porque nuestro sufrimiento lo siente dentro como suyo y nuestra felicidad también.
Ni la fantasía más sublime se acerca a lo que son ese tipo de relaciones energéticas en este plano terrenal y quien tiene la fortuna de experimentarlo está viviendo un amor de otro mundo, un amor que debe expandirse para que todos recuperemos lo que somos y dejemos de sufrir.

Arael Elama.

viernes, 3 de febrero de 2017

EL ÚLTIMO PASO



Una terrible ráfaga de fuego se retorcía en su estómago, expandiéndose hacia su corazón como si tratara de agujerearlo y atravesarlo. Sus ojos se desperezaban y sus latidos lentos se estremecían al experimentar una mañana más aquel saludo hiriente, extravagante y absurdo que la envolvía sin conocer el motivo real.

Trataba de saber por qué estaba tan angustiada pero, al intentarlo, sólo conseguía incrementar aquel remolino, esparcirlo todavía más. Era como tener un agujero negro en su cuerpo, girando y girando y abriendo un portal de miedo y dolor que la absorbía y la transportaba a un estado de parálisis que la dominaba totalmente.

  • ¿Será esto un ataque de pánico? - se preguntó.

Sus temores estaban ahí, muy claros, pero había algo más, algo que se estaba apoderando de su voluntad, algo que no comprendía.
Recordó que si se concentraba tal vez lograría ver más allá en su memoria y podría descubrir de dónde procedía ese miedo tan poderoso.

  • Sólo cálmate, Valeria, tranquila, respira, tranquila...

Su cama era cómoda, reconfortante, era como un refugio donde se sentía a salvo. Hacía pocos años que la había comprado con su anterior pareja, pero ahora estaba sola, acompañada por aquel vacío que sentía removerse dentro de ella. Lo cierto es que no sentía miedo a estar sola, sin embargo, aquellas experiencias la atemorizaban, pues desconocía lo que significaban.
Después de respirar profundamente empezó a escuchar aquella voz, aquella voz masculina que siempre le susurraba palabras de sosiego a través del silencio de su habitación.

  • No temas, todo está bien, piensa eso, repítete eso.
  • Pero estoy muy asustada, algo se mueve dentro de mí, es como si el mismo universo se hubiera concentrado en mi estómago y en mi corazón, como si un agujero de gusano se estuviera construyendo desde dentro de mí, como si a partir de ahí algo estuviera emergiendo, traspasando el espacio y el tiempo, como si yo fuera un portal interdimensional, ¿me estoy volviendo loca?
  • No, claro que no, lo que te ocurre es que estás dejando ir el pasado.
  • Pero... ¿cómo? No entiendo...
  • Mira, lo que ocurre es que debes soltar ya todo tu dolor, toda esa culpa que te pesa tanto, debes cerrar ya ese capítulo de tu vida, no hiciste nada mal hecho, lo hiciste lo mejor que pudiste, debes perdonarte y perdonar a las personas implicadas, dejar de atormentarte y dar ese paso que tanto miedo te da.
  • Tengo mucho miedo, sí, es cierto, no quiero hacer daño a nadie, pero me lo estoy haciendo a mí misma retrasando esta decisión.
  • Eso es. Tu cuerpo te habla, trata de sacar lo que llevas dentro, trata de que expulses todo ese sufrimiento estancado y acumulado durante tanto tiempo, provocado por tu sentimiento de culpa, por tu autocrítica, por tu sentimiento de desamparo.
  • Pero es que les hice daño, destrocé lo que habíamos creado, sólo porque el amor cambió en mí, sólo porque yo no era ya la misma, y además me abandoné a mí misma, me hice daño, tanto daño.
  • No lastimaste a nadie a propósito, fue algo que sucedió, algo que estaba fuera de tu control, ¿o acaso crees que el amor es algo que se pueda encarcelar y domesticar? Si antes no supiste amarte, ahora es el momento de que lo hagas.
  • Ya, ya lo sé, pero tal vez podría haber hecho las cosas de otra manera, no sé, tal vez he sido demasiado osada, demasiado tozuda...
  • Sí, podrías haber actuado de muchas maneras distintas, pero este es tu presente, ése fue tu pasado, y ahora es tu responsabilidad crear tu futuro, así, de forma consciente, soltando lo que viviste, soltando para liberarte, soltando para ser tú misma, sin más culpa, sin más dolor, sin más miedo.
  • Ese paso del que me hablas...es una decisión demasiado importante, implica a muchas personas, no sé si podré decidir correctamente.
  • Lo sé, por eso estás sintiendo ese remolino. Tu cuerpo trata de deshacerse de lo que ya no sirve, eso no eres tú, no forma parte de la nueva Valeria, más consciente, más despierta, y al mismo tiempo, tu futuro, que estás creando con tus pensamientos, está fluctuando, porque en un momento decides que sí, y en otro momento decides que no.
  • ¿Crees que debo hacerlo? ¿Debo salir de mi zona de confort? ¿Debo empezar de cero?
  • Yo sólo creo que si te amas, tomarás la decisión que te llene de dicha a ti, porque tu felicidad llenará los corazones de aquellos que te importan, aunque al principio no parezca que es así. Los cambios dan miedo, preciosa, siempre, pero lo importante no es ese miedo, sino la valentía y el coraje de dar cada paso a pesar de ello.
  • Tengo mucho miedo, me siento como una niña asustada que necesita un fuerte abrazo que la tranquilice, por favor, abrázame.
  • Ya te tengo entre mis brazos, tranquila, pequeña, todo está bien, todo es perfecto como es, todo va a salir bien, y yo estoy aquí, no te dejo sola, descansa y deja de darle vueltas a ese asunto, sólo duerme...

La sensación de quemazón había ido disminuyendo mientras hablaba con él, y su cuerpo se había relajado tanto que el sueño comenzaba a hacer efecto sobre sus párpados.
Él había vuelto a acogerla con su dulce energía, como un sueño difuso en su mente confusa, frágil y vulnerable como una niña, sensible y dulce como una delicada flor, encarándose ante los miedos con la única arma que conocía, la confianza, fluyendo desde su amor hacia la vida, una mujer valiente ante la idea de permitirse abrirse al mundo, a sí misma, y amarse para saber amar mejor a los demás.
No, no era una demente, era la persona más cuerda que he conocido, una persona que me alegro enormemente de tener en mi vida.

El viaje hacia su futuro empezaría hoy, y por tanto, en su maleta sólo debería depositar aquello que realmente fuera útil para ella, y dejaría atrás lo que ya no le servía. El presente sería el momento propicio para crear aquello que otorgaría valor a su alma, aquello que la hiciera crecer espiritualmente, aquello que la llevara a ser la mejor versión de sí misma.

Una suave caricia se posó en sus labios y una visión se abrió paso en sus ojos mientras se movía por el mundo onírico. Sentía la brisa del mar en su rostro al contemplar las vistas de su nuevo hogar, y su corazón gozaba de la alegría de estar donde sabía que debía estar, junto a quiénes deseaba estar.


  • ¿Sabes?- dijo contemplando con un amor infinito al dueño misterioso de aquella tierna voz, mientras le sonreía sentada en una silla de mimbre en su terraza - Me gusta vivir aquí, cerca del mar.
Él la miró intensamente, destilando tanto amor hacia ella que las energías que sus cuerpos desprendían se comenzaron a trenzar y entrelazar, como luces que jugueteaban y se fusionaban en explosiones incandescentes, relucientes, atrapados en sus pupilas, felices y tan sonrientes como dos enamorados experimentando el amor más real y más hermoso jamás vivido.
Se acercó a su mejilla, la besó lentamente y susurró:

  • A mi me gusta verte sonreír...


Arael Elama.



domingo, 29 de enero de 2017

EL CHICO RUBIO DE OJOS AZULES


Cada vida que disfrutamos tiene un tiempo limitado dentro de cada cuerpo físico que habitamos. Todo aquello que amamos y anhelamos es digno de que le prestemos la atención necesaria, es vital que no nos venzan los miedos y que nos adentremos en nosotros, que nos enfrentemos a nuestros muros y murallas y nos conozcamos y amemos a nosotros mismos.
No tenemos un tiempo infinito en este cuerpo aquí y ahora, tenemos el presente, que es el único momento en el que poseemos poder para accionarnos y crear el futuro que deseamos, por tanto, de nada sirve vivir lamentándonos, o sufriendo por el pasado, es mejor tomar el autocontrol y con nuestro propio poder interior decidir cómo queremos pensar y cómo queremos ver el mundo, y también cómo queremos cohesionar nuestras actos y nuestras palabras con esos pensamientos elegidos desde nuestra sabiduría del alma, desde ese amor y respeto hacia nosotros mismos.
Aprender eso me ha costado muchos años de desaprendizaje, de desmantelación de un sistema de pensamientos obsoleto y dañino, basado en mis miedos, en los miedos inducidos por otros y en tradiciones transmitidas que no se erigían desde el amor, sino desde la intolerancia a ser uno mismo libremente, sin juicio, ni crítica.

Al llegar a esa conclusión sólo puedes abrirte al mundo, dar todo lo que eres, exponer tu amor, tu verdad, y ofrecer a los demás la misma alternativa que tú has hallado, la del amor verdadero hacia uno mismo y por consiguiente, hacia todo, hacia todos.

Basándome en eso comencé a preguntarme quién era aquella persona que me contactó hace tantos años y me decidí a preguntárselo abiertamente, ¿quién eres? ¿eres real? ¿existes así como yo existo? Y las preguntas surgieron de lo más profundo de mí, por amor, por dar una oportunidad a la vida de ayudarme a resolver una gran incógnita que guardo en mi alma desde hace muchos años. A veces, para pasar página tienes que releer tu historia desde un nuevo enfoque. Todo está sanado y perdonado, pero aún tiene que haber un final para ese pasado y un principio basado en una pregunta básica:

¿DÓNDE ESTÁS?

Yo sólo era una adolescente cuando te vi por primera vez.

Una puerta se abrió en el espacio de la nada, durante un trance intenso, y mi cuerpo etérico, que flotaba en la oscuridad de aquel espacio interdimensional, se movió ligero y torpe hacia aquella entrada a tu mundo.
Una cama, un armario, un escritorio, una silla, una gorra amarilla encima de tu cama, y tu nombre grabado en ella y en un estuche para colores, fue todo lo que pude ver en aquella habitación. Eras un chico joven, lo sentía, era como si la información de tu vida llegara a mí de alguna forma que no comprendía, sabía que eras un estudiante, probablemente ya en la universidad. Aquel dormitorio emanaba tu aroma energético por todas partes, y sabía que eras alguien importante para mí, de alguna forma podía reconocer eso, pero no entendía qué me estaba sucediendo, por qué estaba allí. Fue un viaje espontáneo mientras dormía y desconocía lo que estaba pasando.
Tras aquella experiencia tu llamada continuaba tirando de mí, con una increíble fuerza, debía enfrentarme a mis miedos, dejarme llevar y escucharte, saber qué deseabas de mí, quién eras y por qué me estabas contactando.

En aquella época era muy miedosa, pero tenía las cosas muy claras, así que me enfrenté a mis temores y me dejé llevar por la experiencia.
Una puerta volvió a abrirse de la nada, pero ya no estaba aquella habitación, sino una gran casa con escaleras a ambos lados, y justo en el centro del pasillo que las unía en la parte superior, había un muchacho, sentado en posición de loto, como si estuviera haciendo yoga, vestido de blanco, con el jnana mudra en sus manos, es decir, el dedo índice unido al pulgar formando un círculo y sus otros tres dedos estirados. En aquella postura, ejercía unos movimientos suaves con sus manos en horizontal, como acariciando el aire, mientras permanecía con los ojos cerrados.



Su rostro emanaba puro amor, su piel era blanca, su cabello rubio y lacio, no le conocía de nada, pero algo me atraía hacia él, eras tú.
Pensé para mis adentros que yo no estaba realmente allí con mi cuerpo físico y que si quería preguntarte algo tendría que ser telepáticamente, así que pensé y te envié mis palabras.

  • ¿Por qué me llamas? - dije mientras me iba acercando a la puerta.
  • Porque te necesito – me contestaste.

Una enorme ráfaga de energía que provenía de ti me alcanzó junto a tu respuesta, me atravesó y me estremeció. No sólo podía escucharte hablar dentro de mí sino que además, de alguna manera, me habías traspasado el alma, y te había reconocido.
Tú eras él, ese él que desde niña sabía que existía, que en alguna parte estaba encarnado, mi amado compañero.


De pequeñita creía que la vida era un sueño del cual despertaría y me reuniría de nuevo con mi verdadera familia. Amaba a mis padres, pero sabía que no eran mis padres en realidad, aunque sí lo fueran biológicamente, yo sentía que estaba con ellos por misión, que yo no les pertenecía, pero que ellos hacían su función de padres conmigo porque tenía algo que hacer en este mundo. Al llegar a mi adolescencia me decía a mí misma que todo aquello eran locuras infantiles. Sin embargo él estaba allí, ese él que yo sentía en mi corazón cuando contaba sólo con cuatro o cinco años de edad.

Sabía que también te necesitaba, lo sabía, así que te lo dije. Estaba dispuesta a atravesar la puerta, iba totalmente decidida a hacerlo, pero algo tiró de mí y de repente me vi en mi cama, despertándome por la mañana. ¿Habría sido sólo un sueño?

No podía dejar de pensar en aquello, así que averigüé qué podía haber sido esa experiencia, descubriendo así los llamados viajes astrales. Parecía que había experimentado un encuentro astral.



Al cabo de un mes aproximadamente volví a verte. Llevabas una cazadora de cuero negra, llena de cremalleras, y recuerdo que me curaste una herida en mi dedo pulgar. Fue todo extraño, peculiar, sin embargo, tu presencia se fue haciendo totalmente natural en mi vida, pues aparecías con bastante regularidad en mis sueños.

Así fui descubriendo nuevos detalles de tu aspecto físico, como el color azul de tus ojos, o esa pequeña mancha en tu piel al lado de tu nariz, o tu manera de sonreír y las líneas que se dibujaban en tus mejillas cuando lo hacías.

Uno de esos días en los que mi madre iba a una consulta con una vidente, yo la acompañé, era muy curiosa, me atraía todo ese mundo, y era lógico cuando yo misma experimentaba cosas inexplicables, e incluso veía lo que iba a suceder antes de tiempo, entre otras cosas. Era algo que sólo comentaba con mis amigas y con mi madre y su prima, que era también mi amiga, puesto que me daba pavor que me tomaran por loca, ya era bastante rara para mi edad, muy segura de lo que no quería en mi vida, aunque no tan segura de lo que sí deseaba.

La consulta estaba en una calle de Barcelona, muy cerca del parque de la Ciudadela, siempre recordaré aquel lugar, quedó grabado en mi mente porque el vaticinio de la vidente me hirió en lo más profundo de mi alma.

  • Tuviste un encuentro astral, -me dijo- él está vivo, le verás aquí, en Barcelona, te cruzarás con él dentro de cuatro meses y nunca más le volverás a ver.

Me negaba a creer eso, no podía ser, yo sentía en mi corazón que te iba a volver a ver más veces, que algo así no podía perderse en el tiempo sin más, pero me sentía totalmente decepcionada, empezaba a pensar que me había enamorado de un sueño, de alguien que sólo existía en mi imaginación, que era irreal, y si era real sólo le vería una única vez en mi vida, no me podía creer que tal desgracia estuviera destinada para mí, y para ti, si es que tú, ese chico del astral, también me veías y me recordabas conscientemente.

Había nacido un sentimiento, que ya existía en mí, pero que se había ido consolidando, y tú, que parecías más seguro que yo de todo eso, me asegurabas que mientras no pudiéramos encontrarnos en el plano físico el astral era lo que nos quedaba, lo que teníamos, y que de esa forma podíamos estar juntos, pero yo sufría, no lo aceptaba, creía que estaba perdiendo la razón, y se me hacía muy difícil luchar por un amor así, porque creía que no estabas conmigo realmente, que sólo me visitabas en sueños, yo no formaba parte de tu vida, ni tú estabas verdaderamente en la mía.
Intentaba retenerte en mi memoria, así que te dibujaba constantemente, y mi mente se abría, recibiendo mensajes que no entendía, ahora sé que estaba empezando a canalizar, que hacía tiempo que lo estaba haciendo.

Transcurridos ocho meses, no te había visto aparecer por ninguna parte, así que empezaba a creer que la premonición de la vidente era falsa.
Yo me había cambiado de instituto, pues la intención de mi familia era volver a Barcelona a vivir y había estado estudiando en Montcada, así pues, me trasladé a un nuevo centro de estudios llamado “Centro de estudios la Atlántida”. Es curioso cómo me han perseguido las señales desde siempre, señales que después marcarían mi vida, primero estudié en un colegio de primaria llamado Lis, cuyo símbolo era la flor de Lis, una flor con un gran significado en lo espiritual, y después en un centro cuyo nombre mencionaba uno de los grandes misterios del mundo espiritual, la ciudad de la Altántida, lo que sería posteriormente de gran importancia para mí.
En aquel momento yo no era capaz de imaginar nada de lo que veinte años después sucedería, pero tampoco imaginaba lo que iba a ocurrir con respecto a aquel muchacho rubio, tú.

Era septiembre del año 1990. Ya había pagado la matrícula para comenzar las clases en mi nuevo instituto en Barcelona. Mi madre y yo ya nos disponíamos a regresar a casa. Las escaleras de la entrada al centro de estudios eran de mármol rosa, la verdad es que era una bonita entrada, todo lo contrario de lo que era la zona donde se ubicaban las aulas. Bajaba tranquila hablando con mi madre y entonces sucedió, te vi. Subías las escaleras junto a otro muchacho, aunque no sé si os conocíais, yo supuse que sí. Sentí que mi cuerpo se paralizaba, no podía creerlo, eras tú, frente a mí, como había dicho la vidente, pero no lograba hacer nada, no me salían las palabras, no sabía qué hacer.

Acabé de bajar las escaleras como pude, y mi madre se giró para mirarte, al tiempo que el otro muchacho también se giró para mirarnos.

  • ¿Era él? - me preguntó mi madre – Es idéntico a tus dibujos.
  • No lo sé, se parecía mucho.
  • Dile algo.
  • No, no me atrevo, ya le volveré a ver, seguro que es alumno de este instituto.

Estaba aterrorizada y petrificada, no era capaz de preguntarte nada, ni siquiera de llamarte por tu supuesto nombre, el que me habías mostrado en los sueños. Lo peor fue averiguar el primer día de clase que no estabas por ninguna parte. Te busqué por todo el instituto, traté de averiguar quién eras aquí, en este plano, para poder saber si ese chico de las escaleras eras tú realmente, si nos habíamos cruzado para no volvernos a ver nunca más.

Nunca más” … Eso es demasiado tiempo...

No sé si eras tú, pero siempre he deseado saberlo, tal vez te sientas identificado, tal vez me estés leyendo, tal vez estuviste allí, o tal vez no fueras tú, pero sé que estás en alguna parte, sé que las señales no son sólo para mí, que la flor de lis significa algo para ti, y la Atlántida, y el hecho de que me mostraras el barrio gótico, y los carruajes antiguos que existieron, y que no fue casual que me llamaras Lintley, o que me mostraras Sant Gervasi en los sueños, la parada de metro de Marina, sé que algo significarán las señales de otras épocas, y la enorme casa de escaleras a ambos lados y de suelo en baldosas negras y blancas del vestíbulo, si es que tú recuerdas algo de esos encuentros, si es que tu corazón te habla, si es que sirvió de algo todo aquello...
Recuerdo también las imágenes que observamos de la serie “Derecho de amar”, fíjate qué mensaje, ejercíamos nuestro derecho de amarnos en la distancia, en otros planos, y hoy, que no sé nada de tu vida en este plano, sólo deseo que esta historia no tenga un final inacabado, que llegue por fin la respuesta a todo esto, para que mi mente ya no pueda repetirme que todo fue sólo un sueño irreal, que nunca exististe más allá de mi fantasía, porque mi alma y mi corazón saben que existen otros mundos, lo crean otros o no, y que tú y yo nos hemos encontrado muchas veces en uno de esos otros mundos. ¿Nos encontraremos también en el que llama realidad la mayoría?

Años más tarde decidí despedirme de ti, y te pedí que no regresaras más a mis sueños, fue en una tienda situada cerca de la avenida de Roma de Barcelona, mientras contemplaba tus lágrimas caer desde tus ojos azules, rogándome que no lo hiciera, pero sabíamos que así debía ser, sabíamos que nuestros encuentros astrales debían terminar, sin embargo, ahora ya ha llegado el momento de lo físico, del encuentro material, de la verdad, y por eso debo obtener esta respuesta...

¿Dónde estás?

Arael Elama