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Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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domingo, 29 de enero de 2017

EL CHICO RUBIO DE OJOS AZULES


Cada vida que disfrutamos tiene un tiempo limitado dentro de cada cuerpo físico que habitamos. Todo aquello que amamos y anhelamos es digno de que le prestemos la atención necesaria, es vital que no nos venzan los miedos y que nos adentremos en nosotros, que nos enfrentemos a nuestros muros y murallas y nos conozcamos y amemos a nosotros mismos.
No tenemos un tiempo infinito en este cuerpo aquí y ahora, tenemos el presente, que es el único momento en el que poseemos poder para accionarnos y crear el futuro que deseamos, por tanto, de nada sirve vivir lamentándonos, o sufriendo por el pasado, es mejor tomar el autocontrol y con nuestro propio poder interior decidir cómo queremos pensar y cómo queremos ver el mundo, y también cómo queremos cohesionar nuestras actos y nuestras palabras con esos pensamientos elegidos desde nuestra sabiduría del alma, desde ese amor y respeto hacia nosotros mismos.
Aprender eso me ha costado muchos años de desaprendizaje, de desmantelación de un sistema de pensamientos obsoleto y dañino, basado en mis miedos, en los miedos inducidos por otros y en tradiciones transmitidas que no se erigían desde el amor, sino desde la intolerancia a ser uno mismo libremente, sin juicio, ni crítica.

Al llegar a esa conclusión sólo puedes abrirte al mundo, dar todo lo que eres, exponer tu amor, tu verdad, y ofrecer a los demás la misma alternativa que tú has hallado, la del amor verdadero hacia uno mismo y por consiguiente, hacia todo, hacia todos.

Basándome en eso comencé a preguntarme quién era aquella persona que me contactó hace tantos años y me decidí a preguntárselo abiertamente, ¿quién eres? ¿eres real? ¿existes así como yo existo? Y las preguntas surgieron de lo más profundo de mí, por amor, por dar una oportunidad a la vida de ayudarme a resolver una gran incógnita que guardo en mi alma desde hace muchos años. A veces, para pasar página tienes que releer tu historia desde un nuevo enfoque. Todo está sanado y perdonado, pero aún tiene que haber un final para ese pasado y un principio basado en una pregunta básica:

¿DÓNDE ESTÁS?

Yo sólo era una adolescente cuando te vi por primera vez.

Una puerta se abrió en el espacio de la nada, durante un trance intenso, y mi cuerpo etérico, que flotaba en la oscuridad de aquel espacio interdimensional, se movió ligero y torpe hacia aquella entrada a tu mundo.
Una cama, un armario, un escritorio, una silla, una gorra amarilla encima de tu cama, y tu nombre grabado en ella y en un estuche para colores, fue todo lo que pude ver en aquella habitación. Eras un chico joven, lo sentía, era como si la información de tu vida llegara a mí de alguna forma que no comprendía, sabía que eras un estudiante, probablemente ya en la universidad. Aquel dormitorio emanaba tu aroma energético por todas partes, y sabía que eras alguien importante para mí, de alguna forma podía reconocer eso, pero no entendía qué me estaba sucediendo, por qué estaba allí. Fue un viaje espontáneo mientras dormía y desconocía lo que estaba pasando.
Tras aquella experiencia tu llamada continuaba tirando de mí, con una increíble fuerza, debía enfrentarme a mis miedos, dejarme llevar y escucharte, saber qué deseabas de mí, quién eras y por qué me estabas contactando.

En aquella época era muy miedosa, pero tenía las cosas muy claras, así que me enfrenté a mis temores y me dejé llevar por la experiencia.
Una puerta volvió a abrirse de la nada, pero ya no estaba aquella habitación, sino una gran casa con escaleras a ambos lados, y justo en el centro del pasillo que las unía en la parte superior, había un muchacho, sentado en posición de loto, como si estuviera haciendo yoga, vestido de blanco, con el jnana mudra en sus manos, es decir, el dedo índice unido al pulgar formando un círculo y sus otros tres dedos estirados. En aquella postura, ejercía unos movimientos suaves con sus manos en horizontal, como acariciando el aire, mientras permanecía con los ojos cerrados.



Su rostro emanaba puro amor, su piel era blanca, su cabello rubio y lacio, no le conocía de nada, pero algo me atraía hacia él, eras tú.
Pensé para mis adentros que yo no estaba realmente allí con mi cuerpo físico y que si quería preguntarte algo tendría que ser telepáticamente, así que pensé y te envié mis palabras.

  • ¿Por qué me llamas? - dije mientras me iba acercando a la puerta.
  • Porque te necesito – me contestaste.

Una enorme ráfaga de energía que provenía de ti me alcanzó junto a tu respuesta, me atravesó y me estremeció. No sólo podía escucharte hablar dentro de mí sino que además, de alguna manera, me habías traspasado el alma, y te había reconocido.
Tú eras él, ese él que desde niña sabía que existía, que en alguna parte estaba encarnado, mi amado compañero.


De pequeñita creía que la vida era un sueño del cual despertaría y me reuniría de nuevo con mi verdadera familia. Amaba a mis padres, pero sabía que no eran mis padres en realidad, aunque sí lo fueran biológicamente, yo sentía que estaba con ellos por misión, que yo no les pertenecía, pero que ellos hacían su función de padres conmigo porque tenía algo que hacer en este mundo. Al llegar a mi adolescencia me decía a mí misma que todo aquello eran locuras infantiles. Sin embargo él estaba allí, ese él que yo sentía en mi corazón cuando contaba sólo con cuatro o cinco años de edad.

Sabía que también te necesitaba, lo sabía, así que te lo dije. Estaba dispuesta a atravesar la puerta, iba totalmente decidida a hacerlo, pero algo tiró de mí y de repente me vi en mi cama, despertándome por la mañana. ¿Habría sido sólo un sueño?

No podía dejar de pensar en aquello, así que averigüé qué podía haber sido esa experiencia, descubriendo así los llamados viajes astrales. Parecía que había experimentado un encuentro astral.



Al cabo de un mes aproximadamente volví a verte. Llevabas una cazadora de cuero negra, llena de cremalleras, y recuerdo que me curaste una herida en mi dedo pulgar. Fue todo extraño, peculiar, sin embargo, tu presencia se fue haciendo totalmente natural en mi vida, pues aparecías con bastante regularidad en mis sueños.

Así fui descubriendo nuevos detalles de tu aspecto físico, como el color azul de tus ojos, o esa pequeña mancha en tu piel al lado de tu nariz, o tu manera de sonreír y las líneas que se dibujaban en tus mejillas cuando lo hacías.

Uno de esos días en los que mi madre iba a una consulta con una vidente, yo la acompañé, era muy curiosa, me atraía todo ese mundo, y era lógico cuando yo misma experimentaba cosas inexplicables, e incluso veía lo que iba a suceder antes de tiempo, entre otras cosas. Era algo que sólo comentaba con mis amigas y con mi madre y su prima, que era también mi amiga, puesto que me daba pavor que me tomaran por loca, ya era bastante rara para mi edad, muy segura de lo que no quería en mi vida, aunque no tan segura de lo que sí deseaba.

La consulta estaba en una calle de Barcelona, muy cerca del parque de la Ciudadela, siempre recordaré aquel lugar, quedó grabado en mi mente porque el vaticinio de la vidente me hirió en lo más profundo de mi alma.

  • Tuviste un encuentro astral, -me dijo- él está vivo, le verás aquí, en Barcelona, te cruzarás con él dentro de cuatro meses y nunca más le volverás a ver.

Me negaba a creer eso, no podía ser, yo sentía en mi corazón que te iba a volver a ver más veces, que algo así no podía perderse en el tiempo sin más, pero me sentía totalmente decepcionada, empezaba a pensar que me había enamorado de un sueño, de alguien que sólo existía en mi imaginación, que era irreal, y si era real sólo le vería una única vez en mi vida, no me podía creer que tal desgracia estuviera destinada para mí, y para ti, si es que tú, ese chico del astral, también me veías y me recordabas conscientemente.

Había nacido un sentimiento, que ya existía en mí, pero que se había ido consolidando, y tú, que parecías más seguro que yo de todo eso, me asegurabas que mientras no pudiéramos encontrarnos en el plano físico el astral era lo que nos quedaba, lo que teníamos, y que de esa forma podíamos estar juntos, pero yo sufría, no lo aceptaba, creía que estaba perdiendo la razón, y se me hacía muy difícil luchar por un amor así, porque creía que no estabas conmigo realmente, que sólo me visitabas en sueños, yo no formaba parte de tu vida, ni tú estabas verdaderamente en la mía.
Intentaba retenerte en mi memoria, así que te dibujaba constantemente, y mi mente se abría, recibiendo mensajes que no entendía, ahora sé que estaba empezando a canalizar, que hacía tiempo que lo estaba haciendo.

Transcurridos ocho meses, no te había visto aparecer por ninguna parte, así que empezaba a creer que la premonición de la vidente era falsa.
Yo me había cambiado de instituto, pues la intención de mi familia era volver a Barcelona a vivir y había estado estudiando en Montcada, así pues, me trasladé a un nuevo centro de estudios llamado “Centro de estudios la Atlántida”. Es curioso cómo me han perseguido las señales desde siempre, señales que después marcarían mi vida, primero estudié en un colegio de primaria llamado Lis, cuyo símbolo era la flor de Lis, una flor con un gran significado en lo espiritual, y después en un centro cuyo nombre mencionaba uno de los grandes misterios del mundo espiritual, la ciudad de la Altántida, lo que sería posteriormente de gran importancia para mí.
En aquel momento yo no era capaz de imaginar nada de lo que veinte años después sucedería, pero tampoco imaginaba lo que iba a ocurrir con respecto a aquel muchacho rubio, tú.

Era septiembre del año 1990. Ya había pagado la matrícula para comenzar las clases en mi nuevo instituto en Barcelona. Mi madre y yo ya nos disponíamos a regresar a casa. Las escaleras de la entrada al centro de estudios eran de mármol rosa, la verdad es que era una bonita entrada, todo lo contrario de lo que era la zona donde se ubicaban las aulas. Bajaba tranquila hablando con mi madre y entonces sucedió, te vi. Subías las escaleras junto a otro muchacho, aunque no sé si os conocíais, yo supuse que sí. Sentí que mi cuerpo se paralizaba, no podía creerlo, eras tú, frente a mí, como había dicho la vidente, pero no lograba hacer nada, no me salían las palabras, no sabía qué hacer.

Acabé de bajar las escaleras como pude, y mi madre se giró para mirarte, al tiempo que el otro muchacho también se giró para mirarnos.

  • ¿Era él? - me preguntó mi madre – Es idéntico a tus dibujos.
  • No lo sé, se parecía mucho.
  • Dile algo.
  • No, no me atrevo, ya le volveré a ver, seguro que es alumno de este instituto.

Estaba aterrorizada y petrificada, no era capaz de preguntarte nada, ni siquiera de llamarte por tu supuesto nombre, el que me habías mostrado en los sueños. Lo peor fue averiguar el primer día de clase que no estabas por ninguna parte. Te busqué por todo el instituto, traté de averiguar quién eras aquí, en este plano, para poder saber si ese chico de las escaleras eras tú realmente, si nos habíamos cruzado para no volvernos a ver nunca más.

Nunca más” … Eso es demasiado tiempo...

No sé si eras tú, pero siempre he deseado saberlo, tal vez te sientas identificado, tal vez me estés leyendo, tal vez estuviste allí, o tal vez no fueras tú, pero sé que estás en alguna parte, sé que las señales no son sólo para mí, que la flor de lis significa algo para ti, y la Atlántida, y el hecho de que me mostraras el barrio gótico, y los carruajes antiguos que existieron, y que no fue casual que me llamaras Lintley, o que me mostraras Sant Gervasi en los sueños, la parada de metro de Marina, sé que algo significarán las señales de otras épocas, y la enorme casa de escaleras a ambos lados y de suelo en baldosas negras y blancas del vestíbulo, si es que tú recuerdas algo de esos encuentros, si es que tu corazón te habla, si es que sirvió de algo todo aquello...
Recuerdo también las imágenes que observamos de la serie “Derecho de amar”, fíjate qué mensaje, ejercíamos nuestro derecho de amarnos en la distancia, en otros planos, y hoy, que no sé nada de tu vida en este plano, sólo deseo que esta historia no tenga un final inacabado, que llegue por fin la respuesta a todo esto, para que mi mente ya no pueda repetirme que todo fue sólo un sueño irreal, que nunca exististe más allá de mi fantasía, porque mi alma y mi corazón saben que existen otros mundos, lo crean otros o no, y que tú y yo nos hemos encontrado muchas veces en uno de esos otros mundos. ¿Nos encontraremos también en el que llama realidad la mayoría?

Años más tarde decidí despedirme de ti, y te pedí que no regresaras más a mis sueños, fue en una tienda situada cerca de la avenida de Roma de Barcelona, mientras contemplaba tus lágrimas caer desde tus ojos azules, rogándome que no lo hiciera, pero sabíamos que así debía ser, sabíamos que nuestros encuentros astrales debían terminar, sin embargo, ahora ya ha llegado el momento de lo físico, del encuentro material, de la verdad, y por eso debo obtener esta respuesta...

¿Dónde estás?

Arael Elama

viernes, 6 de noviembre de 2015

DIÁLOGOS - EN OTROS PLANOS (almas gemelas)

No había aún casi despertado de mi letargo cuando apareciste, aunque no era la primera vez que te sentía, no era aquello el principio, era una continuación ya anunciada.
La ilusión de encontrarte en alguna parte me empujaba a buscarte, a necesitarte, a depender de esa fantasía que inventaba de tenerte junto a mí, de abrazarte, de poderte dar todo el amor que era capaz de dar.
Sin embargo, esa misma ilusión se convertía a menudo en una daga punzante que me rasgaba el alma, porque estaba casi convencida de que eras sólo un espejismo, un sueño que jamás se haría realidad.
Y cuando hablo de que apareciste, no quiero decir que por fin el reencuentro físico se había dado, sino que pude comprobar la gran certeza de mi esencia, esa que me acercaba a una verdad que mis pensamientos no lograban forjar como una creencia vívida, sino que más bien rechazaban para intentar no ser una persona extraña y sumida en una imaginación tildada de espiritual.
Mi razón, mi parte más analítica, no me permitía convencerme de que tú eras un ser humano real, y divagaba sobre qué o quién podías ser, en un discurso de posibilidades creíbles que se aproximaran a la “normalidad” que siempre había deseado integrar en mí sin conseguirlo.

Abrí los ojos aquella mañana de invierno y te percibí como se percibe la niebla entre las manos cuando caminas entre su tenue y blanquecina nebulosa.
Ahí estabas, pero no te distinguía con claridad.

  • Muéstrate – te dije casi como si te lo ordenara.

Una luz cegadora iluminó toda mi habitación, para después irse mitigando, o quizás simplemente yo misma me fui adaptando a esa especie de realidad alternativa que se me estaba presentando.
Y de pronto, allí estabas, frente a mí, sin que pudiera determinar cómo lo sabía, pero te sentía tanto, tanto, que no cabía la menor duda de que eras tú quien me estaba observando.

Te miraba, sí, te miraba, y lo que veía no podía asimilarlo con mi mente pequeña, así que decidí dejar de verte con ella y abrí mi corazón.
Ahí estabas tú, un universo colmado de galaxias, de estrellas y planetas, hermoso, inalcanzable, infinito, mostrándose ante mí...
Decir que me había enamorado aún más de ti era ínfimo, absurdo y ridículo, no era eso lo que me embriagaba al contemplarte, era algo tan inmenso que sólo podía diluirme en lo que tú estabas siendo en ese momento, en lo que sigues siendo.

Estar encandilada por un amanecer hasta el punto de emocionarme y fusionarme con él, era lo más parecido que había experimentado al mirarte, lo único comparable con aquella sensación, y aún así, era demasiado insignificante.



Entonces pensé que no podría jamás tocarte, besarte, porque tu grandeza era como una quimera para mí, una utópica y maravillosa relación de pareja que no disfrutaría nunca, porque tú eras inmenso, tan inmenso como mi amor por ti. ¿Cómo podría tomar entre mis brazos algo tan inconmensurable? Eso sería una bendición maravillosa para mí, un caricia tibia y eterna en mi cuerpo y en mi alma, un regalo para mi piel, para mi vida, para todo lo que yo soy.

Una leve tristeza se asomó a mis ojos y tú, comenzaste a tomar forma humana. Todas las estrellas y los planetas, todas las galaxias, todo tu universo, se fue haciendo pequeño, muy pequeño, como una copia exacta de lo que eras, pero en versión diminuta, para luego dibujarse como una silueta, la de un hombre.

Entonces, de una forma que no puedo explicar racionalmente, la imagen de ese universo se fue transformando, iba palideciendo para dar paso a un cuerpo semi etéreo, con rostro, con brazos, piernas, incluso vestido con la misma ropa con la que te vi en aquellos sueños de mi adolescencia, cuando creía que eras un ángel que venía a visitarme y a guiarme.

Tu pelo rubio, lacio, con tu flequillo peinado hacia el lado izquierdo de tu frente, tu piel pálida, tus ojos azules y rasgados, tu sonrisa tierna, esa que aceleraba mis latidos, esa que iluminaba tu mirada hasta el punto de hacerme sentir que eras verdaderamente un ser lleno de luz, esa luz que de alguna forma me correspondía.

Verte allí, alargando tu mano hacia mí, en un gesto de invitación a seguirte, me hizo romper a llorar.

  • ¿Por qué siempre tenemos que encontrarnos en otros planos? - te pregunté con mi anhelante deseo de abrazarte fuerte, fuerte, muy fuerte y no soltarte jamás.
  • Un día de estos, cuando menos te lo esperes, tu mirada y la mía se encontrarán, y tu alma y la mía estarán listas para reconocerse, para amarse desde nuestros cuerpos físicos, como hombre y mujer, sin que nada pueda impedirlo. Así como tú sientes el amor en ti hacia mí, lo siento yo hacia ti, y así como tú deseas hallarme y estar conmigo, yo también lo estoy deseando. Tú eres igual que yo.

Y tomé tu mano, para volver a viajar de nuevo a esos lugares donde se me muestran realidades que, simplemente, no tienen nombre, ni explicación, lugares donde me enseñan lo que necesito saber para continuar con mi existencia, con mi conexión, con mi comprensión, aunque todavía parcial, de lo que significa estar aquí en estos momentos.

  • ¿Adónde vamos?
  • Hoy vamos a ir a nuestro origen, voy a enseñarte quiénes somos, hoy encontrarás muchas respuestas que ahora están desordenadas en tus recuerdos.
  • ¿Entonces yo ya sé lo que me vas a mostrar?
  • Claro, yo sólo voy a ayudarte a recordar, esa es mi misión ahora contigo.
  • ¿Y por qué dices que vamos a encontrarnos en el mundo físico si tu misión es mostrarme estos planos tan etéreos?
  • Porque yo, este yo que ves, es sólo parte de mí. Nuestra multidimensionalidad nos permite movernos por diversos planos, porque en realidad, no nos movemos, permanecemos en ellos, existimos en ellos. Tú estás ahora mismo encarnada como la mujer que eres y pero también experimentas y existes en otras dimensiónes y realidades.
  • ¿Y por qué no soy como tú? ¿Por qué no soy consciente de mis recuerdos si estoy en esta forma etérea ahora aquí contigo y tú sí recuerdas?
  • Yo no lo recuerdo todo tampoco, porque sólo soy una parte de toda mi conciencia completa, y tú, ahora mismo estás conectada a tu mente, realizando un viaje astral para conectar con esta realidad donde me encuentras a mí, para facilitarte la comprensión e integración de todo lo que ves, sientes, experimentas aquí, y todo lo que vas a ir recordando de tu misión en tu vida como ser humano. Yo no te estoy hablando desde mi conexión mental con mi parte humana, este no es mi cuerpo astral, aunque también lo tengo y también me guían como a ti, te sorprenderá saber que tú, en otro plano, cumples la misma función con parte astral, que yo desde este plano contigo, con tu parte astral. Soy una parte de mi consciencia eterna, una parte de mi Ser que se ha manifestado para guiarte, y soy parte también de tu propio Ser, porque tu Ser y el mío son el mismo.
  • ¿Somos el mismo Ser? Tenía entendido que todos somos uno, y que por tanto todos somos el mismo Ser.
  • En la esfera más elevada sí, es así, pero existen varios estratos dimensionales que se despliegan desde el Origen o Fuente, y que nos permite experimentarnos desde lo que sentimos como separación, como rayos de un mismo sol que conforme se van alejando de su procedencia se van distanciando entre sí, como gotas de un océano que se experimentan en diversos estados, hielo, líquido, vapor. En ocasiones es una especie semi-separación porque en el estado vaporoso es casi imperceptible la diferenciación individual de cada gota, y en otras ocasiones la separación es muy palpable, como en el caso del hielo. Esto se da de forma gradual, cuanto más cerca de la Fuente, más vaporosos somos, cuanto más lejos, más petrificados somos, sin embargo, en realidad, la separación no existe, es sólo una forma de experimentarnos. Tú y yo somos la misma gota, si tomamos el ejemplo del océano, o el mismo rayo de luz dividido en dos, si tomamos el ejemplo del Sol, somos compañeros, somos uno formando un todo, así como la noche y el día. En la Tierra lo llaman almas gemelas, pero en realidad es mucho más que eso, porque no hablamos de almas, las almas son pequeños fragmentos del Ser, gotas de gotas, para que lo entiendas mejor, te diré que somos el mismo Ser. Imagina que somos un rayo doble que parte del mismo Sol...
  • Comprendo... ¿Entonces, para qué separarnos y luego encontrarnos en la dimensión tridimensional? ¿Qué sentido tiene eso?
  • Mi querida compañera, no le busques un sentido mental, ahí no lo hallarás, mira en tu corazón y sabrás la respuesta.
  • Ya entiendo, todo es por el amor, por la experimentación del amor en diferentes facetas. ¿Pero por qué aquí en la tercera dimensión es tan difícil encontrar a tu alma gemela?
  • Porque en este lugar existe una dualidad muy intensa y marcada y una serie de leyes que rigen todo un sistema energético particular, vosotros lo llamáis karma. El ego pone sus propias normas y el karma o ley de causa y efecto también actúa sobre vosotros. El libre albedrío os permitió en un principio escoger las experiencias, pero eso generó un efecto sobre vosotros que propició la creación de la ley del karma. Muchas almas gemelas no han podido estar juntas por su ego, o por su karma. Ahora ha llegado el momento de que todo eso cambie, porque la humanidad está experimentando una gran transformación.
  • ¿Eso quiere decir que todos vamos a encontrarnos con nuestras almas gemelas?
  • No, no todo el mundo ha venido con un compañero, pero todos comenzarán a experimentar el amor en otro nivel, en el de la incondicionalidad.
  • ¿Y tú y yo?
  • Ya sabes la respuesta, te la he dado antes. Estaré siempre contigo, para cuidarte, para guiarte, para ayudarte a limpiar tu inconsciente de la carga que llevas, para acompañarte hasta que mi yo humano esté listo para este amor inmenso que no entienden las mentes que aún funcionan en el sistema del ego, demasiado como para confiar en su corazón, en su alma, en su ser interno.

Y así comenzó una aventura de viajes en otros lugares, planos, dimensiones y realidades, donde tú, mi otro yo, me has ido mostrando otras vidas, sensaciones, y otra manera de amar que no se comprende si se intenta explicar racionalmente...

  • Una última pregunta... ¿Las almas gemelas han venido a encontrarse para ser pareja?

  • Mi pequeña humana, el alma gemela no se tiene que enfocar como una relación de atracción física, o álmica, ni de romanticismo, aunque puedas experimentarlo con ella de una forma muy hermosa, pues encontrarte con ella es encontrarte contigo mismo en otra persona, con parte de tu energía, de la que procedes, encarnada en otro, es como mirarte en un espejo perfecto, que te permite ver todo de ti, lo que tú eres, tanto a nivel humano, como a nivel del alma, del ser, de todo. Algunos tienen demasiado miedo para atreverse a amar a su alma gemela, incluso para reconocerla, porque no siempre es lo que uno espera encontrar, pero a pesar de las posibles dificultades que nuestro ego pueda mostrar, el amor que hay en nuestro interior siempre se abre camino...

El verdadero amor siempre se abre camino...

Arael Elämä...
Diálogos




jueves, 22 de mayo de 2014

HE VENIDO PARA QUEDARME

HE VENIDO PARA QUEDARME

Escuchando el mantra "Om mani padme Hum" cantado por Lex Van Someren, he sentido cómo mi alma me hablaba.
En su susurro, a veces casi imperceptible por el ruido de mis pensamientos desordenados y confusos, me ha estado contando cuál es mi presente, cuál es mi futuro, y cómo debo dejarme llevar por el viento de mi proceso hacia ese destino, que, por otro lado, es tal cual debía ser, de acuerdo con el plan trazado antes de que naciera.

  • Todo está bien.- me dice con su voz melodiosa y apacible.
Y yo, ajena a la realidad que vive mi Ser Superior, encastada en mi vida terrenal, en los problemas o los anhelos no cumplidos, me desmayo en un sueño profundo entre sus brazos y me entrego a su verdad.

Ya lejos de mi vida corporal, me adentro en un mar de belleza y paz, donde mi esencia brilla como un gran sol, como una estrella, y todo se vuelve hermoso, sencillo y comprensible.
La claridad me inunda, mi corazón rebosa de alegría, el amor parece cobrar sentido... y ahí está él.

Su presencia lo inunda todo, es mi mundo, el cielo que cubre mi vida y por donde vuelo libre como un ángel, el océano por donde navega mi alma y por donde me adentro para experimentarme y experimentarle, la tierra por donde piso para ser humana y para enraizarme para crecer más y aprender más y más...

Me mira con un amor infinito, con una conexión que me desviste del ego, con una devoción que me traspasa y me cala hasta extasiarme y hacerme vibrar extremadamente, mientras yo le devuelvo la misma mirada, causando el mismo efecto en él.

Un hilo de voz que nace de su alma maravillosa a la que amo de una forma que no podría nunca describir con la justicia que merece, se desliza de su corazón al mío.

- No te vayas, por favor. -Me dice con una expresión tan tierna que mis lágrimas se derraman sutiles, como diamantes que se mezclan con la luz de sus manos que acarician mi rostro etéreo.




Yo le miro con la dulzura más intensa que he sentido en mi vida humana, es más, jamás he experimentado tanto amor y tanta magestuosidad en mí misma, y es algo tan explosivo que mi pecho estalla emanando amor en forma de luz, de rayos incandescentes que le envuelven a él y le hacen estallar también rodeándome a mí con sus chispas de resplandecientes luces de amor y devoción.

Y entonces, la voz tenue de mi ser le dice mirándole a los ojos, desnuda de cualquier prejuicio, de cualquier temor, de cualquier diferencia que pueda separarme de él.

- He venido para quedarme...

Una carta de su puño y letra se graba en mí para siempre, sus palabras, aunque no las recuerdo, se han instalado en mí y me han devuelto la seguridad y la certeza de que realmente todo está bien...

De pronto, todo se desvanece, y sólo queda el residuo de su carta, de tinta azul, letra cursiva, palabras de letras redondas que me abrazan en mi despertar, tras mi conexión con ese mundo sutil hacia donde me han trasladado por unos minutos...

Estoy con los ojos abiertos, recordando su carta..., su petición, y mi respuesta...

- He venido para quedarme- digo en voz alta sin entender por qué mi Ser ha dicho tal cosa... 

A veces, los mensajes que recibo, las experiencias que vivo en esos mundos astrales o etéricos, me muestran algo que aún no ha ocurrido, algo que primero sucede en esas realidades y que luego se manifiesta en lo humano...
Pero mi ego, mi mente, se pregunta algo y vuelve a enturbiar las bellas sensaciones que me han colmado el corazón.

- ¿Será que pronto voy a encontrarle por fin en este plano físico? Eso continua siendo un misterio...

Y mis ojos vuelven a cerrarse para quedarme dormida guardando esa pregunta dentro de mí, envuelta en la duda de mis pensamientos...

Arael Líntley.