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Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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viernes, 9 de septiembre de 2016

EN EL PLANETA TIERRA



Cuando decidí nacer en este planeta me hicieron firmar un contrato en el que se me aseguraba que tendría a mi disposición algo a lo que llamaban “libre albedrío”. La verdad es que no sabía muy bien a qué se referían con eso y como no me fiaba mucho, antes de dar el sí, quería asegurarme de que eso no iba a ser contraproducente para mí. Todos sabemos que en la Tierra los seres humanos experimentan un sinfín de circunstancias para las cuáles no estamos del todo preparados y que es muy difícil la vida en un cuerpo denso y sujeto a un complejo sistema de creencias y unas emociones que son como una montaña rusa de esas en las que a veces te arrepientes de haber subido.

No es que yo no fuera inteligente o no tuviera capacidad para entender qué es la libertad, es sólo que la había experimentado en un concepto mucho más amplio de lo que intuía que iba a ser en lo venidero, estando ya inmersa en la existencia humana.

  • ¿Qué implica tener libre albedrío como ser humano? - le pregunté al guardián de la barba blanca.
  • Vaya, todo el mundo me pregunta lo mismo.- Me dijo con la mirada puesta en el documento que aún no había firmado.
  • Ya, ya, pero ¿me vas a responder?
  • No, da igual la respuesta, no importa.
  • ¿Cómo que no? - le pregunté sorprendida. - Yo quiero saber cuáles serán mis libertades.
  • Pues de eso se trata, de que lo averigües por ti misma, así que firma ya, que hay una larga cola de compañeros tuyos esperando y ya no nos queda tiempo.

¿Tiempo? En fin, en aquel lugar perdido entre nubes yo no había escuchado nunca a nadie hablar del tiempo, de hecho, no existe, no hay nada a lo que aferrarse, ni hay pasado, ni futuro, sólo se vive el presente, pero claro, allí abajo sí que se tiene en cuenta eso del tiempo, tanto que incluso llevan un aparato al que llaman reloj, y lo llevan puesto en su muñeca, y los hay de todo tipo, y los tienen por todas partes.
Firmé conformándome con lo que había y cerré los ojos para aceptar con paz interior mi próximo destino, no sabía bien cómo iría, porque era la primera vez que viajaba hasta ese lugar, pero me habían hablado mucho sobre él, y es que la Tierra tiene mucha fama por estos lugares, por eso sabía lo de los relojes y algunas otras cosillas, y realmente me parecía absurdo, muy absurdo.

Acababa de firmar el dichoso papelito cuando de repente sentí que algo estiraba de mí con muchísima fuerza, como si algo me empujara desde el otro lado, desde... ¿la Tierra?.
Y en lo que en este planeta serían dos segundos de pronto sentí un frío terrible y muchas ganas de llorar.



Ya había nacido.

Ahora que he terminado mi experiencia de vida como mujer y que estoy entre hermanos, os puedo explicar en qué consiste el libre albedrío, al menos cómo lo viví yo.
La verdad es que cuando naces ya lo haces con ciertos límites establecidos, eliges la familia, claro, yo lo firmé antes de nacer y pude observar durante un tiempo a mis procreadores en estado etérico, pero cuando ya estás allí, como humano, las restricciones comienzan por dicha elección previa, la cual te sostiene y te mantiene en un estatus del cual es muy difícil salir. Mi cuerpo físico, al que a partir de ahora llamaré “plantilla humana”,contenía una determinada genética que me predisponía a tener el pelo oscuro, los ojos verdes y la piel clara, además de algunos factores de la pesonalidad y de la salud que también estaban grabados en dichos genes, y que me llevarían después a reaccionar, actuar y decidir en función de lo acordado como plantilla humana y en función del entorno en el cual estaba desarrollándome como persona. La verdad es que el peso del linaje ancestral también tenía mucha importancia, más de la que me hubiera imaginado, pues en el cuerpo mental había residuos de sus experiencias a nivel emocional que incidían en mis decisiones y en mis comportamientos, hasta el punto de influenciarme a la hora de escoger pareja.

Por aquí ya empecé a ver que el libre albedrío en realidad era una elección tras otra en base a ciertos parámetros, es decir, sólo podía escoger dentro del círculo al que se me permitía acceder. Pondré un ejemplo. Uno de mis novios había nacido en una familia bien posicionada, lo cual le había proporcionado una cierta comodidad, con la facilidad moverse en lugares a los que yo sólo había logrado llegar a través de mi imaginación. Solía ir a navegar en el yate de su padre y por supuesto viajaba cada año a un lugar diferente en las vacaciones. Estaba estudiando derecho en una de las mejores universidades y en su tiempo libre escribía novelas de suspense. Recuerdo que yo tenía serias dificultades para conseguir apoyo de mi familia en cuanto a mi elección para estudiar enfermería, me apasionaba ayudar a los demás y mi vocación era ir en misión de ayuda a algún país donde se necesitaran enfermeros y médicos. Nos conocimos en un evento espiritual, uno de esos en los que una persona habla sobre la importancia de conocerse a uno mismo y amarse, sobre la verdad interior y sobre nuestra capacidad de ver con los ojos del corazón. Él había asistido porque tenía ciertas inquietudes, su alma era profunda, así como la mía, y aquel lugar fue el punto de encuentro pactado en nuestros contratos álmicos.

Hablando de contratos de alma, pues sí, muchos encuentros, muchas personas que hallé en esa vida como mujer, estaban ya preestablecidos y firmados, así que, como humana, poco había elegido.
Hacer uso del libre albedrío era poco más que escoger entre cuatro opciones, porque la totalidad de ellas no estaban a disposición de nadie desde el punto de vista humano.
Así que empecé a indagar más allá. Yo no sabía quién era, no recordaba de dónde procedía como Ser, así que no tenía ni la más remota idea de qué estaba haciendo allí, y al intentar indagar sobre el libre albedrío y su verdadera naturaleza, comencé a preguntarme quién era yo.

No fue fácil, ahí fue cuando me di cuenta de que no tenía libertad total, pues estaba sujeta a las opiniones de la familia, a la economía, a la sociedad, a las reglas y la política de los gobiernos...
Mi sensación de ser diferente había nacido debido a que la misma sociedad, a la cual yo pertenecía, apartaba y catalogaba de “problemáticos” a aquellos que se atrevían a dar un paso fuera de las normas que todos seguían como borregos amaestrados. Sí, sí, amastraestrados, porque iban todos al mismo ritmo, haciendo lo mismo, como hipnotizados, y ante eso, a mí me quedaban sólo dos opciones, pensar que tenía un problema, o pensar que yo era diferente porque pensaba diferente.
En ciertos momentos realmente me planteaba si la gente razonaba libremente o si sus pensamientos eran la creación colectiva de algo que los movía a todos más o menos hacia los mismos lugares. Era como vivir en un lugar donde la gente se reunía por grupos, los médicos, los abogados, los religiosos (aquí con sus subgrupos), los maestros, los políticos, los artistas (los infravalorados)... y en cada grupo había ciertos comportamientos, en fin, no quiero dar más detalles de esto, pues es que el entramado mental complejo y absurdo de los seres humanos se hacía palpable en su comportamiento social y claro, los ricos tenían ciertas tendencias, los pobres otras, los de clase media otras, y las profesiones también definían los comportamientos, todo un mundo de diferencias que se empeñaban en marcar con fuerza para poder competir más y mejor entre ellos.

Y yo, ¡pobre de mí!, yo que provenía de un mundo angelical, donde sólo respiraba y me alimentaba de amor, como mujer humana sólo sentía añoranza y dolor.
Quería amor, sólo eso, amor, derramarlo para otros y recibirlo de igual forma, pero sólo sentía sufrimiento en los demás, incoherencia, tristeza, y eso era lo que yo misma emanaba sin darme cuenta.
No comprendía qué libre albedrío tenía un niño africano que no tenía nada para comer mientras otros se bañaban en opulencia y se preocupaban porque no sabían qué coche se iban a comprar para su colección, no aceptaba que unos sufrieran tanta carencia cuando en el mundo había tanta abundancia, no me resignaba a ver tanta hipocresía, y me rebelaba contra todo y contra todos.

Ay, sí, fue muy duro, mis queridos hermanos, ver tanta inmundicia, tanto dolor, tanta avaricia, tanto desamor, pero la realidad es que no estaba viendo mi propia incongruencia conmigo misma.

¿Aprender? Sí, aprendí que ser humano no es fácil si permitimos que la mente nos doblegue, aprendí que lo que el hombre llama corazón no es más que la extensión de la mente en su faceta emocional y que por tanto se rige por las pautas mentales y no por la esencia interior, aprendí que el amor no es apegarse a alguien y quererlo poseer, aprendí que no tengo más libertad que la que mi actitud me permita adquirir, aprendí que no se trata de buscar afuera lo que necesito, sino de no necesitar nada y de hallar todo lo que tengo y lo que soy dentro de mí, aprendí que somos divinidad pura y que nos perdemos en la experiencia humana hasta el punto de olvidar que el verdadero amor es la incondicionalidad, la supremacía de lo más elevado y que eso lo llevamos en nosotros seamos o no seamos hombres y mujeres.
Aprendí que si realmente supiéramos quiénes somos, no permitiríamos tanto dolor.

¿Y sabéis una cosa? El hombre que me asesinó finalmente, sí, la muerte fue algo trágica, pero ahora que recuerdo que así lo pacté no me importa tanto, ese hombre era uno de vosotros, alguien que también firmó experimentar en el planeta Tierra, un hombre que aquí era todo amor, y que allí acabó desquiciado, y es que cuando escogemos nuestro papel en ese mundo tan loco, lo hacemos en función de lo que ya existe, de lo que el ser humano ha creado. Su teatro, su mundo holográfico, es sólo una proyección de lo que sus mentes llevan a cuestas, y hasta que no cambien y comiencen a actuar desde el amor que son, el amor que somos, el panorama no se transformará.

Algunos creían que yo era una demente, otros que era infantil e inmadura, sí, lo creían realmente, sólo porque tenía fe en que algún día nos amaríamos todos y nos respetaríamos. Los seres humanos han perdido la fe en sí mismos, pero yo no la perdí en ningún momento, por eso me encerraron. Allí, entre esas frías paredes, hallé mi muerte, a manos de otro perturbado, alguien que creía que yo era un demonio, un ser malvado. Ahora me río, todo sucedió porque le dije que le amaba y le pareció tan sumamente extraño que... bueno, ya sabéis el final.

Y aquí estoy, me han propuesto volver a la Tierra, y no sé, tal vez regrese, por amor, por amor a todos los que están perdidos, confundidos, y por él, por ese pobre desquiciado que me quitó la vida, sí, porque él tendrá que regresar, y al fin y al cabo, era mi esposo aquí, en este paraíso de amor, en este plano etérico y divino, y allí se olvidó completamente de quién era él y de quién era yo, se trastornó y se convirtió en mi asesino.

Hasta ese punto llegamos a olvidar quiénes somos, ya va siendo hora de recordarlo...

  • ¿Vas a firmar ya?
  • Sí, sí, pero primero una pregunta.
  • Muy bien, pero rápido, todos estos hermanos también tienen que firmar y con tu historia me va a costar convencerles.
  • Bien, no se preocupe, seguro que firmarán, pero ¿qué significa esta frase?
  • Significa que vas a nacer en plena transformación de la humanidad.
  • ¿Eso quiere decir que podré experimentarlo?
  • Eso quiere decir que te espera una gran aventura de amor, un viaje hacia una vida que no te volverá a llevar a plantearte si merece la pena ser humano.
  • Entonces ¿la merecerá?
  • Pues de eso se trata, de que lo averigües por ti misma, así que firma ya, que hay una larga cola de compañeros tuyos esperando y ya no nos queda tiempo.


Tiempo...

Arael Elämä

jueves, 9 de octubre de 2014

LA MUJER DE LOS HARAPOS


La mujer iba descalza. Su atuendo se desvanecía y confundía entre la multitud, expuesto sobre su piel de belleza austera, sombría hermosura tapizada de dogmas, de capas y capas de injustas y banales torpezas, construidas por los herejes de la vida, ateos de la verdadera causa humana que se halla en las almas puras.

Sus manos, enrojecidas por el arduo trabajo, ocultaban su magia, su amor, su dulzura suave, mostrando en su lugar la rudeza y aspereza del tacto de su dolor compungido entre sus dedos.

Sus ojos dibujaban la ternura en cada mirada, su rostro agotado emergía entre la pobreza de su aspecto, pues su luz irradiaba lo que su interior guardaba como tesoro cubierto de indigencia y de penuria.

Su paseo entre la multitud era lento y pausado, enfrascado en el último suspiro que la acompañaba, dispuesto a ser el aliento más perpetuo de su vida, el único que su cuerpo regalaría a los que la amaban.

  • Señora, señora, ¿quiere usted un penique?, tenga -le dijo un chiquillo bien educado, vestido de una opulencia que desentonaba con la grácil apariencia de la mujer, y apiadado de ella, tal vez porque también se vio magnetizado por ese resplandor que se escapaba entre los poros de la descuidada piel de la señora.

  •  Gracias, muchacho, que Dios te bendiga. -pronuncio su voz perenne y deliciosa bajo una sonrisa colmada del amor más puro que jamás vería aquel chiquillo inocente.

Siguió su paso hasta llegar a un camino de tierra que conducía al mirador del pueblo. Sigilosa y cansada, su pensamiento se iba hacia su vida, larga y triste, pero justa.

Y en el camino fue sembrando semillas que se desprendían de sus manos, semillas que brotaban en la tierra rápidas, convirtiéndose en tulipanes amarillos tras ella.

Al fin llegó al mirador.

Hermoso lugar con vistas al mar. Un acantilado inmenso que se erigía sobre la rocosa costa marina. Frente a ella el horizonte, azul intenso, aroma a sal, brisa fresca y húmeda de finas gotas de océano que ella sentía rozar su rostro, mientras cerraba los ojos para disfrutar de aquella sensación tan increíble.

  •  Ya estoy aquí -dijo con lágrimas en sus mejillas.

Poco a poco fue desnudando su frágil cuerpo de aquella ropa sucia y rota, hasta quedar vestida sólo con su piel, envejecida por la vida.

  •  Soy yo, he regresado, se acabó mi misión, se acabó el teatro, la experiencia. Hoy vuelvo a casa.

Una luz inmensa que provenía del cielo envolvió a la mujer por completo.

  •  Respira, mujer -se escuchó- regala tu último aliento a este mundo y abre tus alas.

La mujer suspiró con un amor infinito, sintiendo cómo ese aire que procedía de sus pulmones se expandía como una fragancia y se mezclaba con el aire que la rodeaba. Ese aliento se iría de viaje, y llegaría a los corazones que necesitaran esperanza.

El traje humano cayó deslizándose lentamente hasta dejar al descubierto su verdadero Ser.

Su cuerpo de luz era como una estrella fulgurante que brillaba límpida y magestuosa.
Y de pronto, de su espalda se alzaron dos gigantescas alas doradas que comenzaron a agitarse removiendo una energía luminosa que cubrió todo aquel lugar con una vibración amorosa pero perceptible.



Y voló...

Saltó hacia el horizonte azulado para perderse entre las luces del universo, para regresar con sus hermanos.

  • ¿Qué has aprendido esta vez? Cuéntanos.

  • He aprendido que las grandes personas humanas, a menudo se ocultan bajo los atuendos o apariencias más humildes. He visto a grandes almas en humanos considerados pequeños por su sociedad, he visto a grandes humanos muy alabados, cuyas almas son pobres como la miseria de mis ropajes, he visto pureza en los corazones, pero inmundicia en muchas mentes desorientadas. El ser humano aún está gateando, aún no ha despertado.


  •  ¿Crees que la conciencia del ser humano y de su planeta necesita nuestra ayuda?

  • Sí, lo creo.

Así, tras un consejo donde varios seres alados y no alados, desde diversos lugares, se reunieron, y consideraron la decisión de que algunas almas de otros mundos encarnaran para orientar y guiar, aun corriendo riesgos, aun sufriendo en los roles asignados, sin memoria, pero con todo el amor impreso en sus corazones...

Eva Bailón


lunes, 26 de mayo de 2014

EL PORTAL DEL AMOR- DE VUELTA A CASA

PASAJE A OTRA REALIDAD....


Pasear por la playa, de noche, a la luz de la luna, bajo un cielo estrellado... Es algo sencillo pero es tan especial y tan hermoso que sólo recordar los momentos vividos cubierta de la magia del lugar y del instante, me ayuda a evocar las sensaciones que viví y que aún conservo en mí.

Fue en aquella playa de Alicante donde descubrimos ese lugar que parecía tener el poder de transportarnos a otras dimensiones más elevadas. Tan cargado de magia que lo bautizamos como el portal del amor. Allí, cada noche, tras la cena y un buen paseo descalzos por la arena de la playa, nos acercábamos hasta la presencia de lo que era una puerta hacia otras realidades.

La última noche ya sentía la nostalgia de la despedida y la tristeza comenzaba a empañar el momento que vivíamos con tanto amor. Aquellos días habían sido para mí una gran desconexión de las rutinas que la sociedad me imponía, y no deseaba regresar todavía.

  • No quiero estar aquí, en este mundo, detesto lo que se respira, el egoísmo, la violencia, la ignorancia estúpida de lo que realmente somos y deberíamos ser, no puedo más, deseo volver a casa – te dije sin saber exactamente cómo expresar mis sensaciones y lo que era en realidad mi verdadero hogar.
  • No te preocupes, amor mío -me contestaste tan tierno como siempre- voy a llevarte a un lugar donde te sentirás feliz, donde podrás respirar el amor que se emana desde el alma de cualquier ser vivo que lo habite. Allí experimentarás algo tan hermoso que cuando regresemos a nuestra vida cotidiana te lo llevarás contigo y cada vez que te sientas como ahora, podrás evocar este momento tan especial y revivirlo.

Tomaste mi mano suavemente. Al sentir tu tacto cálido y sutil mi emoción se disparó desde mi pecho hasta mi garganta y un suspiro espontáneo acompañó a una mirada de esas que siempre te dedico, de esas en las que mi devoción hacia ti se vuelve tan tangible como lo puede ser el abrazo que deseaba darte en aquel momento.
Me devolviste la mirada, y tus ojos azules, claros como gotas de mar regalándome su pureza, cambiantes como los cielos que en ocasiones se nublan y en otras se tornan intensos y penetrantes, se clavaron en los míos paralizando el tiempo eternamente, por un sólo segundo en el que nuestras almas se amaron delicadamente.
Anhelaba abrazarte, beberte, acariciar tu rostro con dulzura, besando cada centímetro de tu piel para llenarte de todo el amor que destilaba hacia ti, pero no podía.
Bajé la mirada entristecida por no lograr superar los obstáculos que me impedían hacer algo tan sencillo y normal como tocar tu pelo, ese flequillo largo que caía por tu frente, y retirarlo para mimarte, o hablarte al oído para expresarte con susurros todo lo que sentía en mi alma, o tirarme encima de ti para hacerte caer en la arena y jugar como niños, reírnos, divertirnos...

En cuanto me leíste te sentí envolverme con tu energía, esa que siempre me tranquiliza y me relaja, esa que me devuelve la sonrisa cuando me ocurre lo que me estaba sucediendo.

  • No te pongas triste, mi vida, entiendo lo que sientes, pero todo eso cambiará, no te preocupes, ahora céntrate en vivir esta experiencia, será muy especial, créeme.
  • Está bien, lo haré -te dije intentando disimular mis ganas de llorar- tranquilo, ya me siento mejor.

El hecho de vivir en mundos separados y distintos no había logrado destruir la unión que había entre nosotros, y nunca fue un inconveniente amarnos a pesar de las dificultades que nos habíamos encontrado en este mundo incoherente, donde las personas viven perdidas buscándose a sí mismas y tratando de encontrarle sentido a sus vidas, refugiándose a menudo en relaciones de pareja infructuosas, por miedo a la soledad, a no sentir amor en sus almas, a no ser capaces de envejecer con alguien a su lado para estar seguros de que siempre tendrían compañía. Aquellas personas para nosotros eran buscadoras del amor verdadero, pero se embarcaban en relaciones basadas en la atracción física, o sexual, o en la necesidad de ser amados, de amar, perdiéndose en el intento de estar con quien verdaderamente debían y deseaban estar. Eso sí, claro está, el primer paso nunca lo daban, ese primer paso en el que uno se descubre a sí mismo y conecta con su corazón, con su alma, pues sólo así es capaz de conseguir la honestidad consigo mismo, sólo así deja uno de engañarse.

  • En este lugar, mi bella, están esas almas que se aman con la mayor pureza que hayas podido experimentar.- Me dijiste señalando hacia el portal del almor.
  • Vamos ya, estoy deseando verles y sentirles.


Fuimos caminando hacia aquellas rocas donde las olas rompían y se convertían en espuma reluciente, reflejando la luz de la luna llena, plateada y preciosa como nunca antes la había podido admirar.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, algo parecido a una pequeña sacudida eléctrica, y en un segundo aquel paraíso se abrió ante mí dejándome extasiada, sin aliento, era un sitio maravilloso.
El mar brillaba en tonos turquesa, la arena de la playa era blanca y resplandecía como en destellos luminosos que me cegaban. Estaba amaneciendo, el sol, de tonalidad anaranjada, cubría las turquesas olas del mar y la arena, y su color teñía el cielo con tonalidades rosadas y violetas que me fascinaron desde el primer momento.
Varias personas paseaban como lo hacíamos nosotros dos.
A lo lejos, una pareja permanecía sentada, observando el amanecer, abrazados como si eso fuera lo más importante que podían hacer en aquel momento, como si eso fuera lo único real en sus vidas.

  • Vamos, Ara, te llevaré con ellos para que los conozcas. -Me dijiste con una sonrisa de esas que me cortan la respiración.

Como si fuéramos aves, comenzamos a desplazarnos flotando por encima de la arena, lo cual fue una sorpresa para mí, pues el tacto de mis pies descalzos sobre aquel lugar era algo tan placentero que casi me sentía ofendida por no poder pisarlo.

Tus ojos brillaban por la felicidad del momento, y tu expresión era tan dulce que no podía mirar otra cosa que no fueras tú, y eso fue lo que me ayudó a darme cuenta de que estabas comunicándote con aquellas personas sin hablar verbalmente.

Ellos me miraron y sonrieron. La mujer, de aspecto muy humano, salvo por su cabello dorado y brillante que más que cabello parecían hilos finísimos de luz que procedían de su cabeza, y salvo por sus grandes ojos color granate, se acercó a mí y, con un gesto grácil se presentó.

  • Hola Araelm, bienvenida a nuestro hogar, tu hogar. Soy Arcanam, bueno, es lo más parecido en traducción en el idioma que conoces a lo que es en realidad mi nombre. Él es mi compañero, Artcanmam. Ambos estamos felices de compartir este momento contigo y con Araham.
  • Gracias, es un placer para mí y para mi pareja estar aquí, de veras.

Nos sentamos junto a aquellos seres y comenzamos a charlar sobre sus costumbres, su sociedad, o algo parecido, y otras cosas que yo comparaba con nuestra manera de vivir en nuestro planeta, realmente eran muy distintos a nosotros y hubiera deseado no regresar nunca más a mi realidad, pero aquello sólo era un regalo que duraría un breve momento.

  • Aquí el amor es algo que se respira en todas partes, la arena desprende amor, el mar también, los árboles, las montañas, cualquier lugar de este planeta es amor en estado puro, así que la energía que estás sintiendo vibrando en ti es de lo más hermoso que hayas podido sentir jamás.
  • Es como estar siempre enamorada -le dije Arcanam riéndome mientras sentía las cosquillas de esa energía en mi plexo solar.
  • Sí, y por eso, cada uno de nosotros vibramos así, en amor, pues es nuestra naturaleza.


Tenía curiosidad por saber cómo se relacionaban entre ellos, si había familias, si tenían hijos, si exitía el sexo, si se enamoraban...
  • Y ¿cómo os emparejáis aquí? ¿Tenéis llama gemela o alma gemela? -Pregunté sin poder contenerme.
  • No exactamente, nosotros llamamos llama gemela a nuestro ser, a lo que somos nosotros mismos dentro de nosotros mismos, a nuestro yo superior, y nuestra alma gemela, como tú dices, es aquel compañero que, por resonancia y frecuencia vibratoria, se adapta a nuestro campo magnético a la perfección. Vosotros llamáis a esto llama gemela, nosotros lo llamamos compañero o compañera energética. La energía que compartimos es idéntica, sería como encontrar en tu planeta a una persona con tus mismas huellas dactilares, idénticas. El sello energético de mi compañero y el mío son exactamente iguales.
  • Pero eso es algo así como tu hermano gemelo, ¿no? -pregunté intrigada.
  • Sí, es algo así, pero no nacemos como vosotros, no encarnamos, existimos de forma semietérea, semicorpórea, no morimos tampoco, sólo evolucionamos a través de nuestras experiencias y nos vamos trasladando a planos más elevados. Así que no nos emparejamos con nuestro compañero sino que existimos con él desde el principio.
  • Y..¿cuál fue el principio?
  • Al igual que vosotros no podéis recordar vuestra vidas pasadas o vuestros orígenes cuando encarnáis, nosotros no recordamos el principio con total claridad, sólo sabemos que descendimos de la fuente a otra realidad y que nos adaptamos a ella. Con el tiempo fuimos ascendiendo a otras dimensiones, con el objetivo de regresar de nuevo al UNO, pero no nos preocupa no recordar todo el proceso, no es de ninguna utilidad, sólo existimos, vivimos, gozamos de nuestra libertad, del amor y aprendemos de lo que experimentamos desde el amor.
  • ¿Y sois de sexos diferentes como en mi planeta? -pregunté mientras tú me lanzaste aquella miraba con picardía.
  • Sí, las energías en esta realidad están teñidas de cierta carga positiva o negativa, pero no tan opuesta y marcada como en vuestro planeta. Experimentamos la sexualidad con la entrega total de nuestros cuerpos, fundiéndolos en una sola energía y creando un vórtice luminoso al que llamamos óvalo. El óvalo está formado por nuestras luces incandescentes y dentro de él ambos perdemos la identidad, creando un fractal del UNO, de su esencia, y sintiendo el éxtasis de la unión total de nuestros seres.
  • ¡Madre mía! -exclamé con sorpresa -Eso debe de ser increíble.
  • Es hermoso y muy placentero -añadió Artcanmam con una sonrisa traviesa.

De pronto se hizo el silencio, tú hablabas de nuevo con ellos mentalmente y yo, ajena a vuestra conversación, me llenaba de todo aquello que estaba experimentando, pues presentía que se acercaba la hora de irnos.

  • No me quiero ir -te dije.
  • Tenemos que regresar, amor mío, considera esto como un gran regalo que nos han permitido descubrir para nutrirnos y alimentarnos de las fuerzas necesarias para continuar nuestro camino allí.
  • No, aquí puedo tocarte, aquí puedo sentirte de igual a igual, sé que este es nuestro hogar, quiero quedarme.
  • Sabes que aún no podemos hacer eso. Si te quedas aquí conmigo no culminarás lo que pactamos.
  • Pero estoy cansada de estar lejos de ti.
  • No estás lejos de mí, yo siempre estoy contigo, lo sabes, aunque mi presencia sea etérica.
  • ¿Realmente eres mi llama gemela, Araham?
  • En la Tierra sí, aquí soy tu compañero, así como Arcanam y Artcanmam, y ambos decidimos ir en misión para ayudar a la humanidad en su proceso de transformación.
  • Pero allí abajo no te encuentro, no sé dónde está ese hombre en el que te encarnaste.
  • No tienes que buscarme, ya lo sabes, sólo tienes que vivir, tienes que ser. Ara, debemos seguir adelante, si decides quedarte aquí me abandonarás, me dejarás solo allí, en la Tierra, y yo solo no podré llevar a cabo el plan divino que ambos sellamos con nuestro amor.
  • Está bien, prométeme algo y volveré.
  • De acuerdo, si puedo hacerlo, lo haré.
  • Prométeme que te encontraré.
  • No. Te prometo que yo te encontraré, te buscaré por donde sea, dejaré que mi alma me guíe, permitiré que mi corazón me hable, que él me oriente para hallarte, como siempre he hecho, y cuando lo haga, te prometo que te reconoceré, porque sentiré cómo mi alma te aclama, cómo desea salir de mí para unirse a la tuya. Te prometo que recordaré cuánto te amo y que nuestro amor en unión será una herramienta voraz, capaz de sanar a todo aquel que se halle cerca de nosotros... Te prometo que lo que es arriba es abajo y que tal y como somos uno en esta realidad a la cual pertenecemos, allí, en Gaia, seremos uno aunque nuestros cuerpos humanos, nuestros egos, tengan que depurarse hasta transformarnos en amor puro, amor para darnos, para dar a otros, para emanarlo por nuestros poros, por nuestros ojos, por nuestras voces al comunicar, o por tus escritos, aquellos que estén destinados a guiar, orientar o sanar a otros que estén en el camino del despertar... TE LO PROMETO.
  • Araham -te susurré- no me abandones nunca, eres la luz que ilumina mi camino.
  • Araelm, yo voy tejiendo los puentes por los que tú transitas, voy cubriendo tu camino de flores para que puedas sentir la alegría de la vida, voy construyendo la senda que luego tú pisas mientras aprendes, creces y desempeñas tu misión. He venido aquí para abrir tus caminos, para guiarte, para acompañarte en esta misión, pues mi función es apoyarte, darte mi mano y hacerte caminar por los trayectos que yo, previamente, he preparado para ti. Vine antes que tú para que cuando tú llegaras mi amor fuera como un libro que yo escribiría para ti, antes de que despertaras, y que irías leyendo para que te orientara y te diera la fuerza necesaria para alcanzar nuestros objetivos comunes... Tú y yo somos uno y nunca dejaremos de serlo, aunque la distancia física parezca que nos separe. Fluye con la vida y ella misma nos reunirá en lo físico cuando sea el momento adecuado.

Salimos de aquel paraíso tras un largo abrazo y un apasionado beso, que yo sentí físico en mis deseosos labios, labios que te anhelaban como el sediento en el desierto anhela el agua en su boca.

De nuevo en la playa de Alicante, de noche, bajo la luna llena, volví a mirarte. Allí estabas, etéreo, pero siendo tú...

  • Vámonos al apartamento, nos están esperando.- Me dijiste.
  • Sí, mañana tenemos que madrugar para tomar un tren.


Pasear por la playa, de noche, a la luz de la luna, bajo un cielo estrellado... Es algo sencillo pero es tan especial y tan hermoso que sólo recordar los momentos vividos cubierta de la magia del lugar y del instante, me ayuda a evocar las sensaciones que viví y que aún conservo en mí.

Hoy aún me pregunto qué fue lo que vi, qué fue lo que me mostraste, incluso aún mi ego me hace dudar de si estaré loca, si mis pensamientos me llevan al filo de la locura, si ser soñadora me ha convertido en alguien lejana a la cordura considerada normal en esta sociedad.
Sin embargo, reniego de ser una persona cuerda, prefiero vivir mi locura a ser como la mayoría de los cuerdos de este mundo, con mi locura soy feliz, y ella me ha otorgado el poder de ser yo, el poder de enfrentarme a mis miedos. No puedo decir que no tenga miedo a nada, al contrario, tengo miedo a muchas cosas, pero sí puedo decir que a todas ellas me enfrento y salgo más o menos airosa de las pruebas que la vida se empeña en presentarme. Yo las saludo -muy buenas querida circunstancia adversa- y luego la escalo, traspaso o derribo, para aprender y continuar mi camino.

¿Fantasía? ¿Realidad?...

Araham me diría...
Cierra los ojos y siente, porque todo aquello que sientes es totalmente real, así pues, será mejor que sientas emociones y sensaciones bellas, para que éstas se puedan manifestar en el mundo terrenal, para poderte crear un mundo tuyo, a tu disposición. El Universo te escucha y te regala lo que le pides, así que, pídele amor, que tus sueños se cumplan, besos, dulzura, luz, felicidad, entrega, fantasía hecha realidad, y él te otorgará lo que más deseas. Deséate tener a ti misma, deséate a ti plena y completa, deséate a ti amándote y el universo te regalará, no sólo tu amor propio, sino un amor de otro que te ame por lo que eres, y se ame por lo que es...”

Arael Líntley