SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.

viernes, 9 de septiembre de 2016

EN EL PLANETA TIERRA



Cuando decidí nacer en este planeta me hicieron firmar un contrato en el que se me aseguraba que tendría a mi disposición algo a lo que llamaban “libre albedrío”. La verdad es que no sabía muy bien a qué se referían con eso y como no me fiaba mucho, antes de dar el sí, quería asegurarme de que eso no iba a ser contraproducente para mí. Todos sabemos que en la Tierra los seres humanos experimentan un sinfín de circunstancias para las cuáles no estamos del todo preparados y que es muy difícil la vida en un cuerpo denso y sujeto a un complejo sistema de creencias y unas emociones que son como una montaña rusa de esas en las que a veces te arrepientes de haber subido.

No es que yo no fuera inteligente o no tuviera capacidad para entender qué es la libertad, es sólo que la había experimentado en un concepto mucho más amplio de lo que intuía que iba a ser en lo venidero, estando ya inmersa en la existencia humana.

  • ¿Qué implica tener libre albedrío como ser humano? - le pregunté al guardián de la barba blanca.
  • Vaya, todo el mundo me pregunta lo mismo.- Me dijo con la mirada puesta en el documento que aún no había firmado.
  • Ya, ya, pero ¿me vas a responder?
  • No, da igual la respuesta, no importa.
  • ¿Cómo que no? - le pregunté sorprendida. - Yo quiero saber cuáles serán mis libertades.
  • Pues de eso se trata, de que lo averigües por ti misma, así que firma ya, que hay una larga cola de compañeros tuyos esperando y ya no nos queda tiempo.

¿Tiempo? En fin, en aquel lugar perdido entre nubes yo no había escuchado nunca a nadie hablar del tiempo, de hecho, no existe, no hay nada a lo que aferrarse, ni hay pasado, ni futuro, sólo se vive el presente, pero claro, allí abajo sí que se tiene en cuenta eso del tiempo, tanto que incluso llevan un aparato al que llaman reloj, y lo llevan puesto en su muñeca, y los hay de todo tipo, y los tienen por todas partes.
Firmé conformándome con lo que había y cerré los ojos para aceptar con paz interior mi próximo destino, no sabía bien cómo iría, porque era la primera vez que viajaba hasta ese lugar, pero me habían hablado mucho sobre él, y es que la Tierra tiene mucha fama por estos lugares, por eso sabía lo de los relojes y algunas otras cosillas, y realmente me parecía absurdo, muy absurdo.

Acababa de firmar el dichoso papelito cuando de repente sentí que algo estiraba de mí con muchísima fuerza, como si algo me empujara desde el otro lado, desde... ¿la Tierra?.
Y en lo que en este planeta serían dos segundos de pronto sentí un frío terrible y muchas ganas de llorar.



Ya había nacido.

Ahora que he terminado mi experiencia de vida como mujer y que estoy entre hermanos, os puedo explicar en qué consiste el libre albedrío, al menos cómo lo viví yo.
La verdad es que cuando naces ya lo haces con ciertos límites establecidos, eliges la familia, claro, yo lo firmé antes de nacer y pude observar durante un tiempo a mis procreadores en estado etérico, pero cuando ya estás allí, como humano, las restricciones comienzan por dicha elección previa, la cual te sostiene y te mantiene en un estatus del cual es muy difícil salir. Mi cuerpo físico, al que a partir de ahora llamaré “plantilla humana”,contenía una determinada genética que me predisponía a tener el pelo oscuro, los ojos verdes y la piel clara, además de algunos factores de la pesonalidad y de la salud que también estaban grabados en dichos genes, y que me llevarían después a reaccionar, actuar y decidir en función de lo acordado como plantilla humana y en función del entorno en el cual estaba desarrollándome como persona. La verdad es que el peso del linaje ancestral también tenía mucha importancia, más de la que me hubiera imaginado, pues en el cuerpo mental había residuos de sus experiencias a nivel emocional que incidían en mis decisiones y en mis comportamientos, hasta el punto de influenciarme a la hora de escoger pareja.

Por aquí ya empecé a ver que el libre albedrío en realidad era una elección tras otra en base a ciertos parámetros, es decir, sólo podía escoger dentro del círculo al que se me permitía acceder. Pondré un ejemplo. Uno de mis novios había nacido en una familia bien posicionada, lo cual le había proporcionado una cierta comodidad, con la facilidad moverse en lugares a los que yo sólo había logrado llegar a través de mi imaginación. Solía ir a navegar en el yate de su padre y por supuesto viajaba cada año a un lugar diferente en las vacaciones. Estaba estudiando derecho en una de las mejores universidades y en su tiempo libre escribía novelas de suspense. Recuerdo que yo tenía serias dificultades para conseguir apoyo de mi familia en cuanto a mi elección para estudiar enfermería, me apasionaba ayudar a los demás y mi vocación era ir en misión de ayuda a algún país donde se necesitaran enfermeros y médicos. Nos conocimos en un evento espiritual, uno de esos en los que una persona habla sobre la importancia de conocerse a uno mismo y amarse, sobre la verdad interior y sobre nuestra capacidad de ver con los ojos del corazón. Él había asistido porque tenía ciertas inquietudes, su alma era profunda, así como la mía, y aquel lugar fue el punto de encuentro pactado en nuestros contratos álmicos.

Hablando de contratos de alma, pues sí, muchos encuentros, muchas personas que hallé en esa vida como mujer, estaban ya preestablecidos y firmados, así que, como humana, poco había elegido.
Hacer uso del libre albedrío era poco más que escoger entre cuatro opciones, porque la totalidad de ellas no estaban a disposición de nadie desde el punto de vista humano.
Así que empecé a indagar más allá. Yo no sabía quién era, no recordaba de dónde procedía como Ser, así que no tenía ni la más remota idea de qué estaba haciendo allí, y al intentar indagar sobre el libre albedrío y su verdadera naturaleza, comencé a preguntarme quién era yo.

No fue fácil, ahí fue cuando me di cuenta de que no tenía libertad total, pues estaba sujeta a las opiniones de la familia, a la economía, a la sociedad, a las reglas y la política de los gobiernos...
Mi sensación de ser diferente había nacido debido a que la misma sociedad, a la cual yo pertenecía, apartaba y catalogaba de “problemáticos” a aquellos que se atrevían a dar un paso fuera de las normas que todos seguían como borregos amaestrados. Sí, sí, amastraestrados, porque iban todos al mismo ritmo, haciendo lo mismo, como hipnotizados, y ante eso, a mí me quedaban sólo dos opciones, pensar que tenía un problema, o pensar que yo era diferente porque pensaba diferente.
En ciertos momentos realmente me planteaba si la gente razonaba libremente o si sus pensamientos eran la creación colectiva de algo que los movía a todos más o menos hacia los mismos lugares. Era como vivir en un lugar donde la gente se reunía por grupos, los médicos, los abogados, los religiosos (aquí con sus subgrupos), los maestros, los políticos, los artistas (los infravalorados)... y en cada grupo había ciertos comportamientos, en fin, no quiero dar más detalles de esto, pues es que el entramado mental complejo y absurdo de los seres humanos se hacía palpable en su comportamiento social y claro, los ricos tenían ciertas tendencias, los pobres otras, los de clase media otras, y las profesiones también definían los comportamientos, todo un mundo de diferencias que se empeñaban en marcar con fuerza para poder competir más y mejor entre ellos.

Y yo, ¡pobre de mí!, yo que provenía de un mundo angelical, donde sólo respiraba y me alimentaba de amor, como mujer humana sólo sentía añoranza y dolor.
Quería amor, sólo eso, amor, derramarlo para otros y recibirlo de igual forma, pero sólo sentía sufrimiento en los demás, incoherencia, tristeza, y eso era lo que yo misma emanaba sin darme cuenta.
No comprendía qué libre albedrío tenía un niño africano que no tenía nada para comer mientras otros se bañaban en opulencia y se preocupaban porque no sabían qué coche se iban a comprar para su colección, no aceptaba que unos sufrieran tanta carencia cuando en el mundo había tanta abundancia, no me resignaba a ver tanta hipocresía, y me rebelaba contra todo y contra todos.

Ay, sí, fue muy duro, mis queridos hermanos, ver tanta inmundicia, tanto dolor, tanta avaricia, tanto desamor, pero la realidad es que no estaba viendo mi propia incongruencia conmigo misma.

¿Aprender? Sí, aprendí que ser humano no es fácil si permitimos que la mente nos doblegue, aprendí que lo que el hombre llama corazón no es más que la extensión de la mente en su faceta emocional y que por tanto se rige por las pautas mentales y no por la esencia interior, aprendí que el amor no es apegarse a alguien y quererlo poseer, aprendí que no tengo más libertad que la que mi actitud me permita adquirir, aprendí que no se trata de buscar afuera lo que necesito, sino de no necesitar nada y de hallar todo lo que tengo y lo que soy dentro de mí, aprendí que somos divinidad pura y que nos perdemos en la experiencia humana hasta el punto de olvidar que el verdadero amor es la incondicionalidad, la supremacía de lo más elevado y que eso lo llevamos en nosotros seamos o no seamos hombres y mujeres.
Aprendí que si realmente supiéramos quiénes somos, no permitiríamos tanto dolor.

¿Y sabéis una cosa? El hombre que me asesinó finalmente, sí, la muerte fue algo trágica, pero ahora que recuerdo que así lo pacté no me importa tanto, ese hombre era uno de vosotros, alguien que también firmó experimentar en el planeta Tierra, un hombre que aquí era todo amor, y que allí acabó desquiciado, y es que cuando escogemos nuestro papel en ese mundo tan loco, lo hacemos en función de lo que ya existe, de lo que el ser humano ha creado. Su teatro, su mundo holográfico, es sólo una proyección de lo que sus mentes llevan a cuestas, y hasta que no cambien y comiencen a actuar desde el amor que son, el amor que somos, el panorama no se transformará.

Algunos creían que yo era una demente, otros que era infantil e inmadura, sí, lo creían realmente, sólo porque tenía fe en que algún día nos amaríamos todos y nos respetaríamos. Los seres humanos han perdido la fe en sí mismos, pero yo no la perdí en ningún momento, por eso me encerraron. Allí, entre esas frías paredes, hallé mi muerte, a manos de otro perturbado, alguien que creía que yo era un demonio, un ser malvado. Ahora me río, todo sucedió porque le dije que le amaba y le pareció tan sumamente extraño que... bueno, ya sabéis el final.

Y aquí estoy, me han propuesto volver a la Tierra, y no sé, tal vez regrese, por amor, por amor a todos los que están perdidos, confundidos, y por él, por ese pobre desquiciado que me quitó la vida, sí, porque él tendrá que regresar, y al fin y al cabo, era mi esposo aquí, en este paraíso de amor, en este plano etérico y divino, y allí se olvidó completamente de quién era él y de quién era yo, se trastornó y se convirtió en mi asesino.

Hasta ese punto llegamos a olvidar quiénes somos, ya va siendo hora de recordarlo...

  • ¿Vas a firmar ya?
  • Sí, sí, pero primero una pregunta.
  • Muy bien, pero rápido, todos estos hermanos también tienen que firmar y con tu historia me va a costar convencerles.
  • Bien, no se preocupe, seguro que firmarán, pero ¿qué significa esta frase?
  • Significa que vas a nacer en plena transformación de la humanidad.
  • ¿Eso quiere decir que podré experimentarlo?
  • Eso quiere decir que te espera una gran aventura de amor, un viaje hacia una vida que no te volverá a llevar a plantearte si merece la pena ser humano.
  • Entonces ¿la merecerá?
  • Pues de eso se trata, de que lo averigües por ti misma, así que firma ya, que hay una larga cola de compañeros tuyos esperando y ya no nos queda tiempo.


Tiempo...

Arael Elämä

jueves, 8 de septiembre de 2016

LA NATURALEZA DE MI ESENCIA

Siempre voy a decir lo que siento, tal vez muy mal traducido por mi mente, porque lo que siento en mi alma no es muy bien comprendido por mi mente, pero no voy a decir otra cosa que sea contraria a lo que siento, a lo que soy, a mi verdad interior...

Los filtros de la mente, más o menos gruesos, pueden distorsionar lo que quisiera transmitir, o pueden distorsionar lo que recibo de otros con una interpretación muy alejada de la realidad de éste, pero ya sabemos que esto funciona así, nadie ve la realidad del prójimo, sólo vemos lo que queremos ver y solemos engañarnos tanto...
Trataré de ser lo más clara posible y de recibir sin juicios y con las mínimas interferencias aquello que otros me digan, trataré de ver a los demás como son en verdad y no como me los imagino, trataré de ver sus almas, aunque sus egos sean recios y contundentes, esquivos, necios o tan sumamente espesos que no alcance a percibir su verdadera esencia brillando con su luz y atravesando su pecho como suelo observar.

¿Y quién soy yo? ¿Qué no soy?

No soy perfecta, puedo reaccionar, puedo tener miedo, puedo desconfiar, puedo apartarme de quiénes me hagan sentir ese ruido al que llamo "chirrido" que me hace saber que ya no hay nada más que pueda aportar yo a esa persona y que dicha persona tampoco puede aportarme más a mí, ese ruido que me hace saber que llegó el momento del adiós, aunque las almas sigan conectadas, ese desagradable sonido que me indica que no debo prolongar más mi paso por ese camino.

No soy un ejemplo a seguir, ni tampoco sigo a nadie, voy siempre por libre, y quiero continuar haciéndolo, vivo en función a lo que siento, aunque haya almas preciosas brillando mucho, no me deslumbro y me desvio de mi camino, pero sí las admiro, las amo, las contemplo como si fueran la preciosa gracia de un amanecer de verano, pero continuo fluyendo desde mí misma, enamorada del fulgor de los que resplandecen como soles emanados desde sus corazones inocentes, pero siendo yo, esta ingenua persona que a veces ama tanto que se olvida de que los egos a menudo traicionan y hieren cuando el amor se me derrama, sin darme cuenta de que no todo el mundo sabe amar de verdad todavía.

No soy pureza, tengo mis momentos tóxicos, emociones que emergen y me envuelven en una energía que me convierte en algo que no soy, pero lo acepto, no es una lucha lo que quiero dentro de mí, así que sólo escucho lo que esas emociones me quieren decir y las dejo partir.

Aunque a veces me cueste soltar y mi personaje victimista se asome para buscar protagonismo, lo abrazo y le pido que deje de sufrir, porque se está perdiendo la vida, se está destruyendo y me está arrastrando a mí que sólo quiero sentirme viva.

Hay personas que también emanan a veces su toxicidad hacia mí, pero las entiendo, en ellas puedo ver parte de lo que hay en mi mente, no son tan diferentes de mí, no lo son, y si su contaminación es demasiado fuerte o reincidente, trato de ver si reacciona mi propia toxicidad, sobretodo la que suelo emanar hacia mí misma; y si me repudian las dejo partir porque sé que ya no me necesitan más, pues ellas mismas acaban despreciándome por defraudar sus expectativas, y porque ya no nos necesitamos como espejos para seguir creciendo...

No necesito ser líder de nadie, ni de nada, ni que la gente crea que soy muy sabia, mi sabiduría está dentro de mí, como si se tratara de una gran biblioteca de la cual hago uso cuando así lo preciso, pero no siempre encuentro a la primera las respuestas que mi mente o la de otros tanto ansían encontrar...

Sólo soy una hoja más del gran árbol que me sustenta, consciente de mi existencia, agradecida por todas mis experiencias, entregada a la vida y fluyendo al compás de la danza del viento que me balancea.

¿Y quién soy yo? ¿Qué soy?

Soy la libertad de un vuelo que se descubre en cada verso, en cada gesto, en cada elección, en cada amor, en cada amigo, en cada acción, en cada camino...



Me desnudo de mis miedos cada vez que los miro para trascenderlos, y mis máscaras se agrietan cada día más, para dar lugar a mi rostro, el que siempre fue lo que yo soy, el que no es nada, pero lo es todo, ése cuya fragancia tiene un dulce tono de amor, un fuego ardiente en su núcleo, agua de mares remotos brotando, tierra en los pies para poder surcar el cielo partiendo desde un lugar a donde poder regresar después, viento en mi boca para poder susurrar este amor que yo soy como una brisa suave, o como un huracán que arrase aquello que no me permita ser quien soy, o quiera invadirme, y si me lo permites, sí tú, tú que me lees, también podría derruir aquello que no te permita ser quien eres.

No me gustan los prejuicios, aunque eso sea ya un prejuicio, soy contradictoria en mi personalidad, a veces quiero ser el sol, otras la luna, a veces quiero quietud y otras deseo danzar alrededor del fuego para que mi propia llama interior sienta que su fuerza la acompaña. No soy una bruja, pero me hubieran quemado por serlo si hubiera nacido en otra época, soy natural, extraña, a veces huidiza y huraña, como una gata que se esconde de las multitudes y de algunas personas que no le entusiasman.

Si amo a alguien, lo hago para siempre, sea de la manera que sea, ocurra lo que ocurra, aunque en realidad sé que mi alma ama sin discriminación alguna, sea o no consciente de ello.

Pero ante todo soy lo que deseo ser, porque lo que deseo ser es justamente lo que soy... y eso no tiene ninguna definición, soy todo, soy nada, soy una divinidad experimentando a través de un cuerpo humano, vivo esta experiencia sagrada...

Ahora dime, ¿Quién eres tú?

Arael Elämä.

domingo, 28 de agosto de 2016

LO QUE ERES, LO QUE SOY


Las apariencias engañan, es cierto. En ocasiones, lo que parece el cielo, es sólo un ínfimo dibujo que la mente crea a partir de lo que interpreta como cielo, pero poco a poco, los bocetos de lo que creemos que era, caen para dejar a la vista la realidad, y ésta suele superar con creces el invento limitado, el espejismo, y todo se va colocando en su lugar.

Llega un momento en que el oleaje ha removido ya lo suficiente, para así lograr mostrar la existencia que somos y que había ante nosotros.

La verdad, tu verdad, mi verdad, es que siempre fuimos el mar, siempre fuimos el océano, con sus furiosas olas, con su calma y quietud, con su profundidad misteriosa y oculta, con su azul brillante y acuoso, con el reflejo del sol y de la luna, con cada ser que bucea en él...



Así que nada sobra, nada falta, todo ES, todo está en ti, en mí, en todo, no hay nada equivocado, ni nada acertado, todo es una gran magnificencia imperfecta, porque así es la verdadera perfección, aquella que no comprende la mente. El cielo, el mar, la tierra, no son objeto de juicio, cada elemento está donde debe estar, cumpliendo con su función.

Nuestra mente nos ha estado ofreciendo una visión de la vida que pertenece a su ámbito de comprensión, pero es sólo una mentira, una quimera que inventa para seguir ordenando y organizando su interpretación de la realidad, de la vida. Sin embargo, la vida sólo se debe vivir, sentir, experimentar, no necesita ser explicada o esquematizada por la mente, no pertenece a ésta, sino que ésta le pertenece a la vida.

El bucle mental siempre intenta poner a su personaje ficticio en el lugar que le conviene en cada momento, modificando su aspecto según el contexto, y también, asimismo, trata de darle un lugar a cada cosa o ser vivo que nos rodea, por encima o por debajo de dicho personaje que interpretamos, a partir de una escala de valores. Todo eso es mentira, es el juego al que nos sometemos.

La distorsión se hace palpable, aunque imperceptible, cuando caemos en ese juego mental, donde todo es competición, donde nada se ajusta a lo que la propia mente desea y a su vez se rebela, o se acomoda, según lo que más convenga. Es muy fácil caer en el engaño, es muy fácil desvestirnos de la responsabilidad de ser quienes somos en esencia, para convertirnos o "dejarnos ser" por una nueva versión del personaje, más sabio y más espiritual, pero falso, al fin y al cabo, pues ese no eres tú, es la creación astuta de tu mente.

Eres el mar, no una fotografía mental de éste...la fotografía es un pedazo minúsculo de lo que eres, una imitación, vista desde el exterior, sin embargo, el mar, lo que tú eres, es su superficie y su abismo, su intensidad, su frescura, su movimiento, sus corrientes, sus peces y animales acuáticos, es todo eso, y todo eso eres tú, desde dentro y hacia afuera...



Arael Elama.

domingo, 10 de julio de 2016

MADURAR INTERIORMENTE


Si la fruta no está madura, no hay que arrancarla del árbol, todo tiene su proceso en este mundo, todo llega a un estado de maduración óptimo para una siguiente fase. Recuerdo una frase que me decían a menudo mis guías, "Nosotros no vemos el tiempo como vosotros cuando os observamos, lo que vemos son procesos, que se dividen en fases y que éstas a su vez se dividen en pasos". Esa era una manera de hacerme entender que no podía exigir o pedir aquello que no estuviera "maduro", listo para la fase en la que yo me encontraba, y que yo podía no estar preparada para hacer algo que sentía que tenía que hacer de forma inmediata, y es que, en muchas ocasiones, en tu corazón sabes que hay algo pendiente, algo que tienes que hacer, un paso más que debes dar, pero esa inmediatez no se puede aplicar en tu proceso, porque aún no ha llegado el momento físico de realizarlo. Eso a veces desespera, porque sientes que llega un cambio, y que es inminente, pero sabes que aún no se ha dado el pistoletazo de salida, sabes que antes tienes que acabar algunos detalles. 



Así que me quedó muy claro que todo tiene su momento adecuado y que si nos precipitamos y tomamos del árbol aquello que no está maduro, nos encontraremos con muchos problemas añadidos, aunque es cierto que normalmente no se nos permite tomar algo antes de su tiempo de madurez, en lo que se refiere a nuestro trabajo interior.
Por otro lado, también he aprendido que no podemos pedirle peras al olmo, como afirma el dicho, así que, no hay que esperar de aquellos que no están maduros que respondan como si lo estuvieran. En el caso de los procesos de desarrollo personal y espiritual, existen varios estadios para llegar a la madurez total, pero hay también fases en las que estamos preparados para determinados acontecimientos, para iniciar cambios en nuestra vida, nuevos ciclos, como si tuviéramos diferentes tipos de maduración. Por ejemplo, alcanzas la madurez necesaria para comenzar un ciclo de transformación de tu entorno, vendes tu casa y te vas a otro lugar a vivir, y esto es el resultado de un proceso previo interior que, una vez ha madurado, te lleva a su manifestación exterior. Y así nos vamos reencontrando poco a poco con lo que somos realmente, a la vez que estamos desechando lo que no somos, los conceptos bajo los cuales nos estábamos rigiendo y controlaban nuestras decisiones, limitándonos a través de los miedos y las creencias basadas en los mismos.


Cada uno tiene su propio tiempo de maduración interior... y eso merece un gran respeto, todo es vida, todo es amor bajo las máscaras del ego, no hay que pretender que los velos caigan más rápido de lo que corresponde, ni para uno mismo, ni para los demás, los ritmos deben ser como son, cuando queremos correr es cuando de pronto descubrimos que nos estábamos engañando y que había mucho más de lo que creíamos aún pendiente, y ahí es cuando "suspendemos" el examen, y nos damos cuenta de que nuestro ego ha vuelto a hacernos caer en la trampa de la prepotencia...
Madurar interiormente es un milagro que debemos permitir que suceda... Florezcamos con la ternura que se le da a un bebé, sin pretender que éste crezca rápidamente, y cuidando cada etapa con todo el amor del mundo, hacia nosotros y hacia los demás... 


Arael Elämä Araham...

sábado, 9 de julio de 2016

COMUNICACIONES Y RESPONSABILIDAD - EGOS Y ALMAS

Una historia muy común

Pedro estaba muy enfadado, su amigo Luis le estaba diciendo que necesitaba espacio, que no quería continuar con su relación de amistad, ya que debía respetarse a sí mismo y no permitir que nadie le intentara controlar o manipular, convencer y chantajear emocionalmente. Su decisión estaba basada en su propia autoindagación, se había dado cuenta de que mantenía esa relación sólo porque había durado muchos años y le daba pena que se rompiera, pero debía ser fuerte y dejar libre a Pedro, porque no era una amistad verdadera, era una dependencia mutua que debía terminarse. En su interior sabía que no dependía ya de esa relación, que no le motivaba ya ver a su amigo, que ya no sentía que tuvieran cosas en común, pues había aprendido lo que tenía que aprender, y si no soltaba su apego no pasaría al siguiente nivel. Así lo llamaba él, diferenciaba sus procesos internos por niveles de autosuperación para darle un sentido mental a lo que percibía en su alma, pues era muy difícil entenderlo si no le daba una traducción que su mente pudiera asimilar. Tal vez, en un futuro, cuando su amigo también hubiera aprendido su parte, podrían volver a encontrarse, y tal vez podría surgir de nuevo una amistad, pero esta vez sin la dependencia de los enganches de los patrones inconscientes que les dominaban a cada uno de ellos.
Y es que Luis había aprendido que los seres humanos, la mayor parte del tiempo funcionamos desde lo que él llama “el piloto automático”, el cual es un personaje creado por el ego que se alimenta de estímulos del exterior que interactuan con programaciones muy ocultas en el inconsciente, que determinan nuestros comportamientos, nuestros gustos, nuestras decisiones, desde la ignorancia de lo que verdaderamente somos. En esos programas hay arquetipos, estructuras de creencias, miedos, complejos, y algunas verdaderas joyas de control por parte de otros que conocen mejor nuestro funcionamiento, tales como lo que él veía como inducciones a ciertos comportamientos para ser un ciudadano obediente y complaciente, un consumidor empedernido, o lo que él bautizaba como “una oveja” recatada y tranquila de un gran rebaño que vive en calma haciendo lo necesario y estipulado como “normal” (de normas), para encajar en un sistema creado para que funcione todo en beneficio de unos pocos y conformidad de muchos. Pero eso era algo que sólo tenía una solución, cada uno debía comenzar a verlo y a trabajar en sí mismo en desmantelar sus propios programas, es decir, cada uno debía ser responsable de sus emociones, de sus miedos, e intentar superarse a sí mismo desde el amor incondicional.

- Siempre estás intentando estar por encima de mí, ¡como si tú fueras perfecto!, siempre compitiendo conmigo para ver quién está más elevado de los dos, pero tú también tienes defectos, y no voy a a decírtelos, pero me has hecho mucho daño, desde siempre - le dijo Pedro dolido por la situación que estaban viviendo.



Luis, miró a su amigo de la infancia y le contestó:

- Yo no soy perfecto, ni pretendo serlo, no sé si soy elevado o no lo soy, porque a veces me siento atrapado en mis emociones sin poder evitarlo, como todo el mundo, y trato de que eso me sirva de enseñanza, y no de excusa para huir de mí mismo. No pretendo quedar por encima de nadie, sino superarme cada día más a mí mismo, siendo poco a poco lo mejor de mí, permitiéndome ver el mundo cada día con más amor y compasión. No compito con nadie, colaboro, acompaño, pero mi pretensión, mi deseo, es que cada uno haga su propio trabajo interior para que algún día este mundo deje de confundir sus propios temores con agresiones o desamor por parte de los demás. No culpabilizo, ni responsabilizo a nadie de mis desilusiones, o de mis heridas, no veo flechas que provienen del exterior, sino reacciones de mi ego que me demuestran que todavía no he aprendido a hacerme cargo de mi vulnerabilidad, de esa vulnerabilidad que proviene de mi inseguridad y mi desconfianza en mí mismo, así que no trato de perdonar a nadie, sólo veo lo que me tengo que perdonar a mí mismo a través de la aceptación de mis emociones, las de mi yo pequeño, para que deje de sufrir por su propio sentimiento de exclusión o de inferioridad, o desvalorización. Esa es mi manera de comprenderme y de valorarme. Yo no te pido nada, ni a ti, ni a nadie, ni siquiera amistad, sin embargo anhelo para ti que reconozcas tu divinidad, pero que lo hagas de verdad, y que seas capaz de distinguir las artimañas de tu ego para no caer en su trampa, pero siempre me ves como una amenaza y te pones a la defensiva. No soy superior a ti, ni a nadie, sólo sigo mi ritmo en mi descubrimiento interior, en permitir que eclosione mi potencial, mi esencia, mi perfume interior. Me estoy aprendiendo a amar, cada día más, y me estoy aprendiendo a respetar, por eso. Si me atacas proyectando tus miedos o tus inseguridades, sólo puedo decirte que lo que tú pienses sobre mí no me importa, porque no tiene nada que ver conmigo, tiene que ver contigo, con tu ego, con tus sombras, no con las mías. Yo me hago cargo de mis pensamientos, de mis residuos emocionales, de mis patrones, estoy en un proceso de autoindagación profunda, me permito llorar, me permito errar, me permito escoger, me permito reír, me permito ser un aprendiz y un maestro, porque mi ser es mi maestro y mi personaje un aprendiz. No he pretendido hacerte sentir inferior, pero cuando alguien me ha despertado ese sentimiento a mí, he mirado en mi interior para averiguar qué me ocurre y de dónde viene esa inseguridad, en lugar de acusar a quien ha venido a mostrármela, "si la piedra lanzada me alcanza debo ver por qué resuena ese dolor en mí"
Ahora decide tú lo que quieres hacer con lo que estás sintiendo y pensando, que yo ya he tomado mi decisión con lo que siento y pienso y la mantengo firme.

Pedro se sintió ofendido y desvalorizado, así que se tomó las palabras de Luis como un ataque más hacia su persona, como una muestra más de su intento de estar por encima de él. Se apartó de su vida resignado, pero dolido, resentido, destilando rabia e itentando dejar mal a Luis, hablando sobre él como la gran decepción de su vida, pasando de ser su mejor amigo, según le sentía antes, a ser el peor amigo del mundo, convirtiendo el amor que antes sentía en odio y rencor.
Y es que el lenguaje del corazón, cuando se transmite con palabras, tal vez no se traduzca con toda su vibración de amor, pero también ocurre que nuestro ego no nos permite escucharlo con el corazón, y lo interpreta desde sus carencias, traduciéndolo equivocadamente, a su conveniencia, para así negar esas mismas carencias y volcarlas o proyectarlas en el mensajero.

Luis sabía y sabe que es hora de vernos a nosotros mismos sin miedo, enfrentarnos a nuestras sombras sin excusarlas tratando de verlas en otros para así no responsabilizarnos de ellas, y que ya es hora de ser libres de las cadenas de aquello que nos domina, patrones, miedos, desconfianza en uno mismo, y por ende, sabe y entiende que ya es hora de que caminemos solos si eso es necesario. Debemos recordar que lo que no querermos ver en nosotros, tarde o temprano explota en nuestras narices, aunque hay veces que ni siquiera así somos capaces de ver que la basura que explota es nuestra y que no la ha provocado nadie, sólo nos la han mostrado,  no nos la ha traído nadie,  es sólo nuestra, y que por muchos razonamientos mentales que queramos darle, la verdad es ésa. Nuestras reacciones son la acción del ego, el ser no reacciona, se acciona. Es hora de que alcancemos ya un equilibrio entre ambos, que el ego se suavice y que el ser se manifieste permanentemente en nuestras vidas, pero hay que cederle ese espacio reciclando la basura emocional que tenemos en nuestro inconsciente, o lo que es lo mismo y en otras palabras, transmutando y trascendiendo nuestras sombras. Todo esto depende exclusivamente de uno mismo por esa razón cada uno debe hacerse cargo de su propio proceso, sin volcarse en nadie, sin pedir que otros solucionen lo que sólo uno puede solucionar, nadie puede comer por ti, nadie puede hacer tu camino por ti.


Arael Elämä Araham

domingo, 29 de mayo de 2016

ROMPIENDO PARADIGMAS Y ESTRUCTURAS MENTALES - REFLEXIÓN


Si la mente no se estira, no se avanza, y a veces es necesario realizar un fuerte barrido de algunas creencias muy arraigadas.
No basta con decir que queremos "sanar", hay que actuar, ser valientes e investigar dentro de uno mismo, sacar a relucir todo aquello que estaba oculto y enfrentarse a ello, trascenderlo, amarlo y agradecer por poderlo Ver.

Buscar a otros para que nos solucionen nuestros "problemas" y hagan el trabajo por nosotros, tampoco nos llevará hacia donde debemos ir, y tratar de ayudar a otros a encontrar su camino no sirve de nada si no aprendemos de esa experiencia, si no crecemos cuando el otro crece, si no limpiamos nuestro inconsciente cuando el otro lo hace con nuestra orientación.

Nadie puede salvar a nadie, nadie tiene más poder que tú mismo para ayudarte, nadie te puede ayudar salvo tú mismo. En ocasiones puedes necesitar que alguien te guíe hacia ti mismo, pero siempre debe ser alguien a quien no le cedas tu poder, alguien cuyo ego no se acrecente sintiéndose el rescatador que va atrapando poco a poco tu voluntad para alimentarse.

He conocido egos muy controladores, manipuladores, que prefieren proyectarse en el otro, ver sus propias carencias en los demás y culpar de sus males a los amigos, pareja, o a las personas que le intentan ayudar sin mucho éxito. Suelen ser personas que no quieren ver más allá de lo que sus egos piden y necesitan, egos que se encaprichan y que patalean si no consiguen lo que quieren, sin afrontar su responsabilidad, salvo en momentos en los que la usan para atormentarse a sí mismos cuando sus estrategias de control y dominio no tienen el efecto esperado.

Hacerse responsable de uno mismo puede ser muy difícil, es más fácil engancharse a alguien que nos haga sentir bien, ya sea un terapeuta, o un amigo, o una pareja, mientras nosotros permanecemos pasivos, sin hacer nada, y he comprobado que así tampoco se avanza, pues creamos una dependencia hacia el otro, olvidándonos de lo que somos, provocando así un estancamiento en nuestra capacidad de Ser lo mejor de nosotros mismos.

Respecto a la persona amada, a veces precisamente aparece para hacernos de espejo, o por algún patrón que guardamos en nuestro inconsciente, posiblemente heredado de nuestros ancestros. Es bastante complicado saberte dar cuenta de esto si no estás comprometido con tu despertar de conciencia. En definitiva, la cuestión es que si necesitas que esa pesona a la que amas esté a tu lado, o que te reconozca tus méritos, que te ame como siempre has deseado, que te cuide y adquiera un compromiso de confianza y fidelidad contigo, que esté pendiente de ti y te valore y admire, si precisas de todo eso para ser feliz, ya has perdido tu poder y lo has depositado de nuevo en el otro.


Es muy necesario que antes de que alguien te ame de esa manera hayas recordado cómo amarte a ti mismo incondicionalmente, y hayas adquirido ese compromiso de confianza y fidelidad hacia tu esencia, hacia tu alma y hacia tu persona, porque así te asegurarás de no estar con esa pareja sólo por la necesidad de sentir lo que no te sabes dar a ti mismo, pidiéndoselo injustamente al otro, al cual le otorgas la responsabilidad de hacerte feliz, poniendo todas tus expectativas de éxito y felicidad en él. A eso le llamaría “relación de co-dependencia”, la cual se basa en lo que no tienen ambos y que se exigen el uno al otro para que su amor se mantenga vivo, pero en cuanto uno de los dos traiciona la confianza del otro, el daño es irreparable. Demasiada carga para llevar sobre tus hombros es tener tanta precaución con todo lo que haces, dices o piensas para que tu pareja no sufra, o no se decepcione.

Esto también ocurre con las amistades. Hay amigos que exigen de ti tanto compromiso que te ahogan y te absorven, te chantagean y te acusan de ser torpe y no saber satisfacer sus anhelos de protagonismo en tu vida, quieren ser tu mejor amigo, el más especial, el más querido, el más antiguo, el que más confidencias tiene contigo, y por tanto el que tiene más derecho sobre ti, tanto como para no respetarte e imponer sus necesidades siempre, por encima de lo que te pueda estar sucediendo a ti, pues eso no les preocupa en realidad, sólo si pueden manejarte a través de tu vulnerabilidad del momento.

En fin, también se aplica a otras relaciones, pero no voy a extenderme, creo que queda muy claro que nuestro poder es sólo nuestro, y que si nos ocurren este tipo de experiencias es precisamente para recuperarlo, para empoderarnos y fortalecernos, así que también podemos agradecer el encontrarnos con personas que nos ayudan a hacerlo con esas actitudes hacia nosotros, pues sólo juegan el papel que les corresponde.

Tengo la sensación de que avanzamos muy lentamente porque no nos damos cuenta de que siempre estamos moviendo ese poder de un lado a otro, primero a un terapeuta, luego a una pareja, luego culpando al exterior de los males que vivimos, diría que el aprendizaje, el recuerdo de lo que somos, va muy despacio.

Responsabilidad con uno mismo, honestidad con uno mismo, compromiso con uno mismo, amor incondicional hacia uno mismo, no hay nada más allá de ti, sólo el reflejo de lo que tú proyectas, por eso nada es lo que parece.
Pero no te confundas y no te pierdas con los reflejos, úsalos para verte más alla de lo que puedes sin ellos y continua avanzando.

El mundo es como un gran escenario, cada uno interpreta un papel, casi todos de forma inconsciente, unos pocos están tratando de salir de un viejo paradigma, rompiendo estructuras mentales, expandiendo su mente, sin miedo a perder la antigua perspectiva para hacer frente a otras formas de ver la vida, formas más libres, más auténticas.
Estos pocos se topan con las mentes que aún están atrapadas en el viejo paradigma, mentes de personas amigas y queridas, que tratan de convencerles de que están haciendo una locura, de que deben regresar al rebaño.

¡Bendita locura!

Cada ser humano contiene en sí mismo un universo maravilloso, sin embargo, muy pocos son conscientes de ello, y un número muy limitado se dedica a indagar en ese universo suyo, de forma consciente, hallando su increíble potencial, su fuerza, su magia, su divinidad.
Y es que eso no es tan fácil, el ego muestra ante ti todos los miedos ocultos que emergen cuando comienzas a remover en el inconsciente, y desde éste se manifiestan con firmeza tus ancestros, que te hablan de sus pactos, de sus necesidades, y tú, desde el amor, cortas lazos, abres tus alas y te liberas de contratos que no eran tuyos.

De alguna forma puedo afirmar que hay muchos seres humanos en este planeta, pero que no todos están viviendo en la misma dimensión.

Las dimensiones son diferentes niveles o estados de consciencia, diversas formas de ver, de sentir, de amar, de vivir, de enfrentarse a los propios miedos y de transformar antiguas creencias que nos limitan en otras nuevas que nos permiten crear aquello con lo que soñamos.

Desearía que todos los humanos consiguieran ser HUMANOS, verdaderos seres de luz encarnados, viviendo una experiencia en este planeta desde una dimensión más elevada, una consciencia pura y limpia, movida por el amor incondicional, y en mi mente, ese nuevo paradigma ya se está creando desde hace un tiempo, creo en ello y tengo la certeza de que lo conseguiremos.
Lo primero es comenzar por uno mismo, luego todo caerá por su propio peso, y todo aquel que vaya despertando a su ser, irá abriendo sus alas y volando hacia otra nueva dimensión de consciencia, hacia una Nueva Tierra.

Arael Elämä



jueves, 12 de mayo de 2016

ALMA CRISTALINA - CAPÍTULO 1 - EL COMPOSITOR Y SU PROMETIDA


Ella, frágil, de aspecto descuidado, de alma intensa, de aroma fresco a jazmines y rosas, de mejillas sonrojadas por su tímida empatía con la vida, permanecía allí, inmóvil, observando a aquel hombre torpe, caballeroso y conquistador, elegante, aunque sencillo, de cabello lacio y negro, de ojos azules, profundos, que se rodeaba de mujeres atractivas embelesadas por su sonrisa, por su talante, por su aire de seductor.
Ella, es decir, Marcela, no lograba apartar su mirada de él, tal vez porque ninguna mujer era inmune a sus encantos. Pero ella sabía que había algo más que la atraía hacia él, pues conocía los misterios que hay en las almas de otros, y desde su perspectiva, desde su extraña habilidad que la acompañaba desde siempre, se adivinaban los ocultos misterios entre los destellos de aquellos ojos que cautivaban a todas aquellas damas acicaladas, vestidas de forma ostentosa para la ocasión.
Un compositor como él no podía ser descortés ante todo un tumulto que esperaba su autógrafo, o alguna dedicatoria especial, además de ser halagado y venerado, ante la vigilante y recelosa mirada de su prometida, la ilustre señorita Vanessa Montalbán, hija del gran empresario Mario Montalbán, un hombre recio y severo, que la había educado entre caprichos y lujos, lejos de su amor de padre, convirtiéndola así en una mujer posesiva y dependiente, carente de compasión, egoísta, quien apenas soportaba  a las ansiosas mujeres que asistían a aquellos eventos en los que su pareja se convertía en el hombre más deseado y codiciado por las demás féminas, que para ella eran sólo la competencia, una abrumadora nube de posibles sospechosas que la llevaban a obsesionarse con la idea de que su prometido le fuera infiel.
Aquella mujer, que en realidad era un alma indefensa, propensa a la neurosis, necesitada de cariño, inspiraba en Marcela cierta compasión, tal vez porque también podía leer en sus ojos la desesperación y el miedo de perder lo más valioso para ella, su gran amor.
El nuevo disco de Jan Sinclair, era una obra de arte. Su música era capaz de acariciar lo más profundo de una persona. Tiempo atrás, cuando todavía nadie le conocía, solía componer de noche, tras su jornada laboral, dispuesto a llegar a ser conocido, para así cumplir su gran sueño.
Las estrellas le inspiraban, sus historias de amor, sus ideales, y su imaginación era el punto clave para darle vida a lo que su alma era capaz de cantar en formas claras y hermosas, melodías creadas con una mezcla de amor, tristeza, profundidad y agonía.
Marcela amaba su música, y desde aquel día en que le vio, supo que también le amaba a él, porque reconocía lo que su alma emanaba desde lo más profundo de su ser. Deseaba mirarle de cerca, contemplar su sonrisa, sus ojos, saludarle, escuchar su voz, a pesar de que no sabía cómo acercarse, cómo presentarse allí, cómo atravesar la gran barrera de mujeres que le rodeaba y cómo protegerse de la compañía guardiana de su pareja, pues todo aquello impedía que ella, una sencilla camarera contratada para aquel evento, lograra llegar hasta él.

- Anda, no te de vergüenza, llévale una copa de champany, salta toda esa cola de mujeres bañadas en perfume caro y con tres kilos de maquillaje y demuéstrale que tú vales más que ellas - le instó Patricia, su compañera, al pasar por allí.

- ¿Estás loca? - reclamó ella susurrando - tiene pareja, ¿no lo ves?

- No es su gran amor, estoy segura, - afirmó Patricia. - créeme tengo buen ojo para saber esas cosas.

- De todas maneras, se merece mi respeto, y además, yo no he venido aquí para ligar con él, sólo he venido a trabajar.

- Claro, por eso pediste venir a este evento a pesar de que no te tocaba trabajar este sábado - le dijo su amiga mientras se iba sonriendo de allí.

Marcela sólo deseaba conocerle, por su admiración hacia él, pero no imaginaba que sentiría aquella extraña sensación dentro de ella, aquel escalofrío que recorría su corazón con fuerza y que intentaba controlar sin apenas lograrlo...
La sala estaba llena de gente hablando, riendo, bebiendo y comiendo, pero había llegado la hora de escuchar la música de Jan.

Un grupo de músicos había estado preparando un par de piezas de su nuevo disco y tocarían en su honor en breve en la sala Atenea, justo en la zona oeste del hotel. Así que su jornada laboral estaba a punto de finalizar, pues en aquella sala no se servirían más canapés, ni más bebida, y era la fase final de aquel evento.
Se aproximó a un grupo de  distinguidas personas cuyas copas estaban vacías para ofrecerles más champany, mientras su mente no dejaba de intentar comprender lo que le estaba ocurriendo. Su corazón comenzó a acelerarse sin motivo, su frente sudaba, su pulso temblaba, y entonces una voz penetró en su alma, expandiéndose por todo su cuerpo, como si fuera la más bella música, como explotando en su corazón. Una voz que reconocía en su ser, que revoloteaba como miles de mariposas en su pecho: su voz.




- Disculpa, ¿puedo? -le dijo señalando una copa de su bandeja.

Sus ojos se quedaron clavados en los de Jan, llorosos, su corazón parecía haberse ensanchado, su respiración se había acelerado, y sus piernas flaquearon, cayendo repentinamente contra el suelo, ante la mirada atónita del compositor.

"Perfecto Marcela, ¿le tienes delante y te desmoronas? Eso es patético, ¡increíble!, ¡cómo puede haberte pasado esto!"

Sus pensamientos la acusaban de ser torpe y desafortunada, pero gracias a aquel incidente, pudo sentir el brazo fuerte de aquel hombre, ayudándola a levantarse, y ver su sonrisa tras comprobar que ella estaba bien.

-´¿Estás bien? -le preguntó.

- Sí, sí, lo siento tanto, perdón, gracias, creo que he liado una buena, en fin, ahora lo limpio todo, disculpe, no era mi intención....

- No te preocupes, creo que deberías descansar, no tienes buen aspecto.

- Gracias, así lo haré, ya casi es la hora de plegar.

- Bueno, espero que te sientas mejor. ¿Cómo te llamas?

- Marcela.

- Bien, Marcela, como veo que todas estas personas nos están mirando demasiado, ¿qué te parece si te acompaño a la terraza para que te dé el aire?

- Es que tengo que limpiar este desastre -dijo con voz temblorosa.

- Ya lo limpio yo, vete ahora mismo a la terraza -ordenó Patricia mientras se disponía a recoger los cristales.

- En ese caso, está bien.

"Por qué me meteré yo en estos líos, ¿ahora cómo voy  a controlar esto que siento?, se va a dar cuenta"

En la terraza la luna era una compañía extraordinaria, y el frescor de la brisa estival, acompañada del aroma marino.

- Por fin lejos de todo ese gentío, siempre he detestado este tipo evento, pero a mi novia le encanta todo esto..

- Vaya, pues, parecía que estabas disfrutando.

- Sólo estaba siendo amable, ya hace tiempo que me he acostumbrado a este mundo, no por Vanessa, sino por mi trabajo, he tenido que tratar mucho con este tipo de personas, gente que tiene mucho dinero y que disfruta gastando y realizando cenas y eventos como el de hoy.

- Pero ser famoso te supondrá eso ¿no te gusta?

- No exactamente. ¿Sabes? Yo lo que quiero es vivir de lo que yo amo, de mi pasión, pero no me gusta la fama, tampoco me importa demasiado el dinero, sólo quiero hacer lo que me gusta, y poderme permitir viajar, conocer mundo, trabajar en cualquier lugar, componer mi música mientras contemplo el mar en una isla paradisíaca, o mientras observo el cielo estrellado desde la cumbre de una montaña, no necesito mucho más que papel y boli, y la inspiración de mi corazón. Aunque mi teclado también forma parte de mí, y es cierto que me lo llevo allá donde voy, pero eso no es problema.

- Veo que lo tienes muy claro, pero, disculpa si me meto donde no me llaman, creo que a tu novia no le gusta mucho esa idea.

- No te disculpes, veo que te has dado cuenta de que Vanessa es una mujer de carácter fuerte, eso fue lo que más me atrajo de ella, es decidida y lucha por lo que quiere con uñas y dientes, pero tienes razón, ella quiere un hogar, hijos, y un estatus social que a mí no me dice nada.

- Pero seguro que podrás adaptarte.

- Eso es algo que aún estoy planteándome, de momento estoy viviendo el presente, ella aporta a mi vida la aventura que deseo, la pasión, el amor, y su mundo es interesante, aún lo estoy descubriendo y no deja de fascinarme, sin embargo, todavía siento ese vacío, esa sensación de que falta algo dentro de mí, algo que no sé cómo definir.

- ¿Por qué me cuentas todo esto? Solo soy una desconocida.

- No lo sé, pero  supongo que me siento cómodo hablando contigo.

Una mujer delgada, hermosa, de cabello rubio y trenzado hacia un lado, vestida de forma llamativa y elegante, se acercó justo en ese momento, con un aire de enojo disimulado.

- Ah, estabas aquí, amor mío.Ven, va a comenzar el mini concierto.

- Sí, preciosa, ya voy. Bueno, Marcela, ha sido un placer conocerte, espero que estés mejor. Hasta pronto.

- Sí, hasta pronto.

Y así , se desvaneció aquel hombre, extrañamente conocido, del que, en un segundo, se había re-enamorado su alma y había re-conocido su Ser.

E. Vera Vitae (Arael Elämä Araham)
El Romántico Obsoleto - 
Capítulos de la novela "Alma Cristalina"
Todos los derechos reservados

ALMA CRISTALINA - CAPÍTULO 2 - SENSACIONES



Dos semanas después, Marcela todavía estaba conmocionada por aquel encuentro tan cercano con Jan, a pesar de que no comprendía el carácter de aquellas sensaciones extrañas que todavía recorrían su cuerpo.

Justo al día siguiente de haber mantenido aquella corta conversación con él, una ráfaga de sentimientos comenzó a apoderarse de ella sin que pudiera ejercer control alguno sobre éstos. Lo cierto es que, ni siquiera durante la noche, era capaz de dejar de pensar en él, y las horas iban transcurriendo lentamente en el reloj, mientras ella recordaba todo lo acontecido durante el evento de presentación de su nuevo trabajo. Sabía que era probable que le volviese a ver, puesto que aquello había sido tan sólo el inicio de una programación de pequeñas veladas para dar publicidad al apuesto compositor y, por supuesto, a su acompañante, la cual se encargaba personalmente de dirigir toda una campaña de marketing que lanzase definitivamente a la fama a su prometido.

Vanessa Montalbán había estudiado la carrera de turismo, pero estaba formándose también como directora de marketing y gestión comercial en Barcelona, y con el soporte financiero de su padre había comenzado a desarrollar su primer proyecto en su último año de carrera. Pretendía, con toda la fuerza de su carácter y toda su seguridad profesional, que su pareja alcanzara los objetivos que siempre había deseado, siendo así partícipe de sus sueños, algo que ella deseaba con toda su alma, para poder permanecer en su mundo definitivamente. Su intención era muy loable, sin embargo, revestía cierto riesgo para Jan, quien tendría que asumir que la deuda y el agradecimiento hacia su novia serían una robusta cadena que les uniría por mucho tiempo, tal vez más del que su amor pudiera durar. Sin embargo, Vanessa sabía muy bien que esa arma era muy poderosa y que él, no sólo no la abandonaría porque la amaba, sino que se quedaría junto a ella por ser su socia, su compañera, y por haberle ayudado tanto a cumplir su gran sueño.


Mientras tanto, Marcela trabajaba arduamente como camarera cuatro días por semana, además de escribir poemas por encargo para celebraciones a través de una página web que había creado. Así lograba, con mucho esfuerzo, pagarse la carrera de periodismo, la cual acabaría en un año. Siempre había sido una mujer indecisa, tal vez por su excesiva sensibilidad, amante de la poesía, de la danza, del arte, con un ardiente deseo de escribir todo aquello que se escondía en su alma bohemia, pero su timidez, sus temores, su poca confianza en sí misma, la habían llevado a dejar pasar algunos años antes de decidirse definitivamente a estudiar algo que realmente le permitiera expandirse y abrirse paso escribiendo. A menudo soñaba despierta con aquella gran obra de teatro que escribiría y que dirigiría para, así, poder sentir que finalmente había alcanzado su sueño.

No buscaba fama, pero sí deseaba dedicarse a lo que amaba, a aquello que nacía de su Ser.

Tal vez por ese motivo conectaba tanto con la música, pues ella era su gran inspiración, su musa, y, a menudo buscaba en internet nuevos compositores que la ayudaran a conectar con su inmenso mundo interior, ése que le proporcionaba una visión magnífica de lugares increíbles, sensaciones sin definir, palabras llenas de sonido, de melodías por inventar...


Jan había sido uno de sus descubrimientos, aunque cuando ella dio con su música en youtube, él aún era un hombre solitario y profundo, conectado con su alma y entregado a sus anhelos, luchando por ellos desde la inocencia de su ser. Sin embargo, ahora parecía moverse más por el impulso de ser conocido y apreciado por una élite selecta y refinada, quizás porque su amada pertenecía a ese mundo que a él tanto le fascinaba y le atraía. Aún así, Jan no encajaba muy bien con los refinamientos de sus nuevas amistades, pues solía incomodarle la falta de honestidad con la que se encontraba.

Todavía dependía del sueldo que le proporcionaba su empleo como profesor en el conservatorio de Lyon, el cual le había permitido hasta ahora permanecer en el mundo de la música, aunque desde el ámbito de la docencia, y compaginarlo con su trabajo como compositor independiente.


Marcela amaba su música con toda su alma, y desde el primer momento en que escuchó aquella sintonía que entró directa en su corazón, se enamoró perdidamente de todo lo que componía Jan. Seguía cada publicación en su página web, cada pieza nueva que exponía, cada nota, cada ritmo, sin embargo, nunca se había fijado en aquel hombre más allá de su admiración por su trabajo, hasta aquella noche en la que se encontró frente a él y vio en sus ojos el reflejo de su propia esencia, como si él albergara dentro de sí mismo el alma de ella. Todo eso era muy extraño, ¿cómo podía ser que ella se hubiera reconocido a sí misma dentro del cuerpo de otra persona? ¿Cómo podía ser que en su mirada hubiera visto todo un universo en el que ella se sentía viva, perteneciente y amada?

Una insólita emoción muy profunda se apoderaba de ella, como si fuera una ráfaga energética que nacía en su interior y se propagaba por todo su cuerpo, sintiendo de nuevo aquel temblor, aquel desvanecimiento, como un suave pero intenso cosquilleo que la llevaba a tener que estirarse y respirar calmadamente, cada vez que le venía a la mente su imagen.

Sentía cómo si al recordarle, alguna mágica conexión se activara entre ambos, y en ese justo momento comenzaba a verle en lugares diversos, en lo que parecía su casa, en la calle, en su trabajo, cenando con su prometida..., como si se trasladara hasta el lugar donde él se encontrase.

Aquellas noches en las que dormir se convertía en un reto difícil de alcanzar porque en su imaginación aparecía sin darle tregua, sin que lograra hacerle desaparecer, y después, agotada, cuando ya conseguía cerrar los ojos y dormirse, le sentía, como si estuviera ahí, a su lado, abrazándola; aquellas mañanas en las que su nombre era lo primero que su mente le mostraba en cuanto abría los ojos tras una noche confusa notando su presencia, aquellos sueños en los que se le presentaba, y que llevaban mensajes sobre él que, luego, días más tarde, corroboraba a través de alguna noticia colgada en su página web... Todo aquello fue como estar en una pesadilla y en un una burbuja de amor a la vez. En su mente no comprendía nada, en su corazón estaba totalmente enamorada, pero como nunca lo había estado, desde lo más profundo de su alma, y sin explicación coherente, pues apenas conocía a aquel hombre al que tanto admiraba.



Dentro de aquella locura interior que estaba viviendo sin que nadie lo supiera, se hallaba una pequeñísima esperanza de que él también estuviera sintiendo algo, aunque fuera cierto sentimiento de familiaridad, aunque fuera una pequeña chispa de amor, un ápice de cariño.


Sin embargo, nunca había tenido suerte en el amor, y esta vez había vuelto a fijarse en quien no debía, había vuelto a caer en lo mismo de siempre, y el miedo al rechazo era más poderoso que todas aquellas sensaciones, así que todo el tiempo trataba de olvidarle, de no pensar en él, de no escuchar ni siquiera su música, apartándole totalmente de su vida, para poder regresar a su normalidad, a su rutina.

No era tan difícil, teniendo en cuenta que él solía estar en Lyon y ella en Barcelona, así que, la distancia y el hecho de que ella sólo era una desconocida para él, la ayudarían a tratar de borrarle de su corazón y de su cabeza más rápido.


Parecía que ya estaba olvidando el encuentro, y que todo estaba en orden dentro de ella, incluso estaba escuchando nuevas composiciones de otros autores que la llenaban y la inspiraban mucho, hasta el punto de comenzar a escribir esa novela que siempre dejaba a medias y volvía a empezar, como si fuera algo interminable.

En su trabajo todo estaba tranquilo, ya no leía las noticias sobre Jan que él mismo publicaba en las redes sociales, ni se deleitaba con sus melodías, sencillamente disfrutaba con lo que hacía y se centraba en su vida, en ser feliz, en conocer a otros hombres.

Aquella mañana no fue a la universidad, se había quedado en la cama con fiebre, y trataba de descansar y dormir porque tenía que trabajar al día siguiente por la noche.

Lara, su compañera de piso, se estaba arreglando para irse mientras ella se disponía a tomarse un analgésico, cuando de repente el silencio se vio interrumpido por el sonido del teléfono. El sonido era estridente, porque Lara lo había escogido así, pues decía que si no sonaba bien alto nunca lograba escucharlo, pero aquella vez parecía estar retumbando con la fuerza de un cañón por toda la casa, o tal vez eso le había parecido a Marcela debido a su terrible dolor de cabeza.


  • !Lara, por favor, contesta al teléfono, por dios, que me va a estallar la cabeza! -gritó Marcela desde su habitación.
  • Tranquila, mujer, tenía que acabar de pintarme las uñas, ya voy- contestó.

Lara era una mujer de pelo negro y largo, lacio, brillante, muy atractiva y joven, pero era decidida y sabía muy bien lo que quería en la vida. Su carrera de actriz era lo más importante para ella. Trabajaba por las tardes en un bar del centro, pero por las mañanas acudía a la universidad donde estudiaba artes escénicas. Su novio la venía a visitar de vez en cuando, era un técnico de audiovisuales que trataba de abrirse camino, pero no sin el esfuerzo de ganarse un sueldo ayudando a su padre en su empresa todas las tardes y algunos sábados.


  • Marcela, te llaman de “Eventual” para avisarte de que este sábado hay un extra -dijo Lara justo después de abrir estrepitosamente la puerta de la habitación de Marcela- ¿les digo que estás disponible, o no?
  • ¡Lara! ¿no tienes una manera más suave de entrar en mi cuarto? -gritó poniéndose las manos en la cabeza.
  • ¿Qué les digo? ¡Les tengo al teléfono!
  • Sí, sí, vale, diles que sí, diles que sí.

Necesitas ese dinero, Marcela, así que no te queda otra que anular la cita con Javier


Días atrás había quedado con un chico que había conocido en la fiesta organizada por Lara para celebrar su vigésimo cuarto cumpleaños. A Lara le encantaba eso de ser el centro de atención, algo que Marcela detestaba, si alguien la miraba, se ocultaba rápidamente para huir de lo que para ella era embarzoso, así que nunca iba vestida de un modo que la hiciera sentir demasiado llamativa, eso le daba una vergüenza terrible, aunque al mismo tiempo admiraba la sensualidad y el desparpajo de su amiga y compañera de piso.


El evento había estropeado sus planes, pero al mismo tiempo era una buena manera de enfrentarse de nuevo a un acto que le recordaría sin lugar a dudas el encuentro con Jan, así que se pondría a prueba acudiendo a trabajar a un “extra”, un servicio de categoría para clientes de alto nivel.

E. Vera Vitae (Arael Elämä Araham)
El Romántico Obsoleto - 
Capítulos de la novela "Alma cristalina"
Derechos reservados

ALMA CRISTALINA - CAPÍTULO 3 - JAN SINCLAIR

CAPÍTULO 3 - JAN SINCLAIR

CAPÍTULO 3

JAN SINCLAIR

Traje elegante, perfume caro, una imagen de sí mismo frente al espejo que le convenciera de que podía salir a comerse el mundo. Jan se enfrentaba cada día a la rutina de su vida con su mejor sonrisa, buscando la manera de llegar a las almas de los demás, para poder así transmitir lo que había dentro de la suya, y además llegar al océano de cada ser humano aunque tuviera que hacerlo desde la superficialidad de una apariencia exquisita y bien cuidada, desde su mirada seductora y su carisma tan característico. Deseaba comprender cómo sentían otros seres humanos, cómo pensaban, cómo vivían, cómo experimentaban en el espacio de la sociedad donde se movían. Por ese motivo, para él era indispensable conocer a sus alumnos del conservatorio, porque cada personalidad se amoldaba de una manera diferente a la música y cada compositor expresaba lo que había dentro de él de una forma muy personal y particular.
 Tenía una gran habilidad para empatizar con la gente, reconocer sus debilidades, sus miedos, sus sueños, sus angustias, y eso le permitía guiar a los estudiantes de música a los que enseñaba. La docencia le había dotado de esa capacidad, ya que gracias a ella había conseguido adentrarse más en cada individuo, para apoyarle, para orientarle hacia su propio estilo musical, además de mostrarle lo que en el proyecto curricular del centro se requería. No se conformaba nunca con dar sólo lo que se marcaba como norma, sino que se entregaba totalmente a su pasión.
En su tiempo libre se dedicaba a componer músicas que, al igual que las personas, le hablaban de emociones, de experiencias, de sensaciones, de conflictos... y basaba sus melodías en su propio aprendizaje de vida, manifestando así todo lo que en su corazón se iba almacenando, todo lo que su ser deseaba expresar.
Su sueño se estaba revelando gracias a todo lo que él daba en cada tema compuesto, algo grande, algo que procedía de lo más profundo de él, pues un pedazo de su alma quedaba siempre grabado en cada canción.
Conoció a su prometida, Vanessa, en una fiesta a la que un amigo le había animado a ir.

  • Siempre estás solo, deberías buscar una mujer, que el tiempo pasa y lo de Sarah ya hace dos años que sucedió, tienes que superarlo. -Le decía Antoine cada vez que se encontraban.

Jan había intentado que sus relaciones funcionaran, pero no hallaba a la mujer que realmente le hiciera vibrar tanto como lo hacía la música. Era un hombre muy seductor, capaz de enamorar a cualquier mujer, pero su alma anhelaba algo especial, algo que no lograba acabar de ver. Con Sarah fue diferente, ella era hermosa, inteligente, amante de la música, como él, pero con el tiempo ella descubrió que él no era el hombre que deseaba como pareja en su vida, se enamoró de otra persona y le abandonó, algo que Jan no lograba asimilar y que sentenciaba cualquier oportunidad de tener algo serio con otra mujer, pues su deseo y su esperanza de que ella regresara acababa siempre por nublar cualquier sentimiento que naciera hacia otra persona.
Así que se refugiaba en su música, en relaciones superficiales, donde no tuviera que comprometerse con nadie, sumido en una gran contradicción interior, pues su alma ansiaba amar con total entrega, mientras que su corazón roto sólo quería compañía femenina, su mente rechazaba el amor y su instinto sexual le empujaba a buscar tan sólo el placer carnal.
Comenzó entonces de esa manera la relación que tenía con Vanessa, un fuerte deseo sexual entre ambos les llevó a unirse como pareja con el tiempo, en un intento de rellenar vacíos que ambos sentían en su interior.
En el fondo sabía que no amaba a esa mujer, no de la manera en que había amado a Sarah, no de la manera en que deseaba tanto amar a alguien, con fuerza, con pasión, con devoción, con ese amor que fuera totalmente completo, un amor que cubriera el campo intelectual, el corporal, el sexual, el emocional, el espiritual y el divino.
Con Vanessa se sentía complacido sólo en una parte de sus anhelos, pero ya se había dado por vencido, ¿qué podía esperar ya un hombre de casi cincuenta años de una relación de pareja? Si hasta ahora no había encontrado a esa mujer ideal, ya no la encontraría, y Vanessa era una buena compañera, emprendedora, delicada, dulce, sensual, y cubría todas sus necesidades emocionales y sexuales.
Las mujeres con carácter como Vanessa, siempre le habían atraído tanto como para caer en relaciones tormentosas que siempre acababan por dejarle herido, sin embargo, se atrevía a correr el riesgo una y otra vez, a pesar de preguntarse qué era lo que fallaba para que siempre se repitieran patrones tan similares en sus relaciones, en casi todas, pues Sarah no era como las demás, tal vez ella había sido su gran amor, pero ya no había nada qué hacer.

La noche del evento, Jan estaba particularmente feliz. Su novia sabía cómo complacerle como mujer, era una gran compañera, y sabía cómo animarle a seguir adelante con su proyecto profesional, era un apoyo muy importante. A él le encantaba la manera de ser de ella, le halagaba y le encandilaba su sensualidad y su tenacidad, su pasión, y eso le hacía sentir que todo estaba colocándose en su lugar, que por fin las cosas comenzaban a marchar bien. Sus pequeños logros se estaban convirtiendo en grandes logros, su relación iba cada vez más en serio, se sentía dichoso, tranquilo, triunfador.
Necesitaba una copa de champán para celebrar en su interior el éxito de su primer evento, su presentación oficial a la sociedad como compositor.

La camarera estaba de espaldas, llevando consigo una bandeja con copas de champán, ofreciéndolas a los asistentes.
Se acercó a ella sin que ella lo advirtiera y le pidió permiso para coger una de las copas.
Aquella mujer se giró y fue como si todo el mundo se girara a mirarle a él.
Era una chica atractiva, pero no era su tipo, sin embargo, no podía dejar de mirarla a los ojos. En unos segundos que parecieron horas, sintió que algo extraño le estaba sucediendo. Una serenidad, una gran paz se había apoderado de él, una sensación de bienestar maravillosa le estaba envolviendo, pero no entendía por qué.
De pronto, aquella mujer se desplomó y cayó al suelo.

  • ¿Estás bien? -le preguntó.
  • Sí, sí, lo siento tanto, perdón, gracias, creo que he liado una buena, en fin, ahora lo limpio todo, disculpe, no era mi intención....
  • No te preocupes, creo que deberías descansar, no tienes buen aspecto.


Realmente no lograba dejarse de sentir interesado por el estado de salud de aquella mujer que no conocía de nada. Sentía la necesidad de ayudarla, de cuidarla, tal vez sería porque la veía desvalida o frágil.
  • Gracias, así lo haré, ya casi es la hora de plegar.
  • Bueno, espero que te sientas mejor. ¿Cómo te llamas?
  • Marcela.
  • Bien, Marcela, como veo que todas estas personas nos están mirando demasiado, ¿qué te parece si te acompaño a la terraza para que te dé el aire?


Marcela accedió a su sugerencia y ambos salieron a la terraza.
No solía hacer esto con ninguna mujer desde que estaba con Vanessa, entre otros motivos porque ella era bastante celosa y sus discusiones y enfrentamientos siempre comenzaban por mucho menos de lo que estaba ocurriendo en esa terraza, sin embargo, su interés por Marcela era especial, necesitaba asegurarse de que ella estaba bien, y al mismo tiempo tenía curiosidad por conocerla, saber quién era, más allá de su profesión o de su aspecto físico.


Había algo en ella, algo que no sabía reconocer, algo que no lograba entender. Era la primera vez que la veía, pero su voz, su mirada, le resultaban familiares. Su sencillez le había encantado, y la sensación de serenidad que ella le transmitía era tan grande que no comprendía qué era lo que ella estaba emanando para que él, un hombre inquieto y casi hiperactivo, se sintiera sumergido en una brisa de quietud y de paz interior que sólo lograba experimentar cuando acababa de componer una de sus músicas y la escuchaba tras una buena ducha relajante.
Ella tenía algo especial, pero ¿qué sería?
Tras la conversación, que quedó interrumpida por la irrupción de Vanessa, la cual rompió toda esa aura de magia que se había creado, sintió que de alguna manera esa mujer le había parecido interesante, pero no con fines románticos, ni con fines sexuales, como podría haberle ocurrido con otras mujeres, sino de alguna manera que no conseguía definir. Ella le parecía peculiar, diferente, y sentía un gran respeto hacia su persona, algo que no entendía, pero que se llevó consigo aquella noche.
A partir de aquel día, su mundo comenzó a cambiar lentamente, lo que parecía una oportunidad de triunfo con su música, empezó a no ser suficiente, y sus discusiones con Vanessa incrementaron por la falta de confianza de ella hacia él y por su carácter absorvente. Sin embargo, su vida era un camino hacia un objetivo muy marcado, una meta que hacía años llevaba grabada en su corazón y no cesaría en su empeño de seguir avanzando hacia el éxito, junto a aquella mujer, costara lo que costara.
Era un luchador, un hombre que había trabajado duro para conseguir lo que deseaba en la vida, un hombre fuerte y perseverante, y vencería todos los obstáculos, tanto hacia su sueño como compositor, como hacia el equilibrio en su relación con Vanessa.
Pero ¿qué le ocurría con aquella camarera?


E. Vera Vitae (Arael Elämä Araham)
El Romántico Obsoleto
Capítulos de la novela "Alma Cristalina"