SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.

jueves, 12 de mayo de 2016

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - LOCA

Me llamo Lola y estoy aquí porque dicen que estoy loca. Hace ya mucho tiempo que dejé de preguntarme si ellos tienen razón o no, porque verdaderamente ya no controlo lo que sucede en mi mente, ella ha tomado las riendas de mi vida, sepultándome hasta lo más hondo y oscuro de mí, atrapada entre pensamientos obsesivos y dolorosos por alguien a quien amé desesperadamente.
Los doctores que me atienden desde hace años dicen que tengo un trastorno obsesivo severo, pero me ocultan algo más, lo sé, porque la medicación que tomo no es suficiente para mantener a raya lo que estoy sintiendo y las voces que escucho no paran de discutir entre ellas, una dice que es mi mente, la otra mi corazón, pero mi mente tiene muchas voces distintas, mientras que mi corazón siempre usa la misma. 
 
Aquí no se está mal, no tengo que preocuparme por las facturas, no tengo que salir a la calle, donde la gente me parece cada día más hostil e incomprensiva, ni tengo que ir a trabajar, de hecho, esto se ha convertido para mí en un refugio del cual no deseo salir, aunque a veces me pregunto cómo sería regresar ahí afuera y volver a tener una vida normal. Normal, sí, eso que está bajo el paradigma de las normas establecidas, eso que yo no aceptaba y rechazaba con uñas y dientes. 
 
Siempre fui una inconformista, todo me parecía poco, nada era suficiente, pero carecía del valor para luchar por lo que quería y siempre me acababa dando por vencida, así que después me sentía frustrada y me torturaba por haber desistido en mi empeño por cambiar las cosas.
Toda mi vida ha sido siempre una contradicción emocional, un deseo que se oponía a otro deseo subyacente, y que intentaba emerger para ser observado y tomado en cuenta. 
 
Los llamados “sanos”, no entendieron nunca mi mundo, y mi familia siempre me trató como si fuera un caso aparte, ya sabes, la oveja negra, la que nadie escuchaba porque no tenía nada importante que decir, o nada que a ellos les interesara, y es que hablar de amor y de buenas intenciones siempre resultó aburrido a la alta élite de los Dublanch, mi apreciada y selecta casta.
Por eso y por algunos cientos de razones más, acabé en este lugar, sola, bueno, con la compañía de otras personas locas que, al igual que yo, no pudieron soportar el peso de pertenecer a este mundo, a esta especie llamada “humana”.
Siempre pensé que el ser humano debía ser sensible y responsable, inteligente pero con alma, con corazón, y sin embargo siempre vi en mi especie todo lo contrario. Renegué tantas veces de pertenecer a ella, me odié por ser un ser humano, por haber nacido, por no hacer nada para que algo, por poco que fuera, se transformara de alguna manera...
Todo se complicó más cuando le conocí a él, un hombre atractivo, lleno de conocimientos insulsos, alguien tan diferente de mí. El primer día en que le vi supe que le amaría para siempre, que era mi sueño hecho realidad, sin embargo él era frío y distante conmigo. Siempre estaba rodeado de mujeres que le halagaban y le perseguían y él no dudaba en aprovechar su carisma para irse con aquella que más le interesara a la cama. Yo trabajaba para él, era ya su tercera secretaria, un trabajo que detestaba, pero en aquella época tenía que sobrevivir por mi cuenta, ya que mis padres habían decidido que tenía que aprender a vivir, en fin, mis tres hermanos disfrutaban de puestos de trabajo en la empresa de papá, mientras yo tenía que demostrar mi valía ejerciendo de secretaria de uno de los tantos socios de mi padre.
Había estudiado Bellas Artes, y la verdad, no se me daban nada bien las tareas administrativas, así que, cada dos por tres recibía alguna reprimenda del señor Rojas, aquel hombre que tanto me gustaba.
Uno de esos días en los que hubiera sido mejor que no me levantara, Leandro Rojas tuvo la genial idea de invitarme a cenar y yo fui tan estúpida que me ilusioné como una niña pequeña, así que accedí a ir con él.
La cena fue para mí algo maravilloso, sin embargo no me daba cuenta de lo superficial y materialista que era aquel hombre del que me había enamorado perdidamente.
Era tan sumamente atractivo que perdía la razón y el entendimiento, y no lograba hacer otra cosa que mirarle y sonreír como una absurda mujer desprovista de inteligencia. Así que me convertí en lo que él deseaba, una chica fácil, tan sólo por el hecho de amarle, tal vez inmerecidamente, puesto que él jamás sintió lo mismo por mí y se aprovechó de mis sentimientos para usarme y después despreciarme.
A partir de ese día mi obsesión se encendió como una cerilla eterna, y caí en un profundo abismo de desolación. Mi gran amor me había tratado como a una prostituta, había conseguido lo que quería de mí, haciendo uso de su habilidad seductora y beneficiándose de mi ingenuidad.
Mi inocencia quedó destruída para siempre, mi fe en el amor, mi deseo de amar, mi confianza en los hombres, todo eso se destruyó. La única esperanza que me mantenía en este mundo cuerdo era que existía el amor, el romance, y creía de veras que viviría una historia de amor de esas tan hermosas, de cuento, de película, y en lugar de eso descubrí la parte más sórdida de los hombres.
Pero no me bastó con arrastrarme y perseguirle suplicándole más amor, más migajas, más limosna afectiva, sino que además soporté su maltrato psicológico y sus desprecios durante dos largos años, en los cuales me utilizaba cuando le apetecía y luego volvía a gritarme que le repugnaba, que no quería estar conmigo y que había cedido sólo por la necesidad de echar un polvo, porque no habia nadie más disponible.
Obsesión.
Sólo deseaba que me amaran, pero en este mundo de hipocresía y cuerdos que sólo disfrutan de la parte superficial de la vida, haciendo daño para satisfacer sus necesidades, sus caprichos, y mantenerse al margen del amor, me tocó comprobar que no existe nadie como yo, salvo mis amigos, los locos, con los que hablo cada día de lo mal que va el mundo. Qué irónico, los de ahí afuera parecen estar más locos que nosotros.
Todos los días veo cómo se están destruyendo poco a poco, cómo el amor se va apagando lentamente, cómo vamos siendo cada vez más los que estamos aquí...
A veces estoy segura de que ellos son los locos, porque en este lugar hay muchas mentes perdidas, pero hay mucho más amor que allí afuera.
Otras veces me doy cuenta de que esto es sólo un sueño que aguien, una mente gigantesca tal vez, está soñando, y que sólo soy parte de ese sueño. Tal vez si yo despierto pueda escapar de esto, y hallar una realidad alternativa en la que por fin encuentre mi felicidad interior y, con un poco de suerte, ese famoso y escurridizo amor verdadero...
Por lo pronto, y por hoy, ya no voy a explicarte más sobre mí y sobre mis desgraciadas aventuras por la vida, ya son sesenta años de golpes y heridas, y desde que estoy aquí finalmente ya me siento segura.
Así que, querido corazón, que sepas que seguiremos hablando, te seguiré dando mis razones para sufrir y para desconectar de eso que llaman realidad, porque estoy agotada de tanta incoherencia y de que tú me intentes convencer de que el amor existe, de que sólo debo mantener la fe y la calma, ya me cansé de esperar, y de buscar, por eso, aquí estoy a salvo, a salvo de volver a caer en la trampa de enamorarme, o en la de depositar mi alma y mi amor en el ser humano, se acabó.
Me llamo Lola y estoy aquí porque dicen que estoy loca...
Arael Elämä Araham (E. Vera Vitae.)
El Romántico Obsoleto

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - DE IRONÍAS Y "VIA CRUCIS" (EGOS)


Paseaban las dos de la mano, como cualquier pareja lo haría, ya que su amor era un gran orgullo para ambas, así pues, no querían ocultarlo, a pesar de que habían recibido críticas y habían sufrido mucho antes de tomar la decisión de enfrentarse a sus tabúes, a sus miedos, a sus dudas.
Ambas conocían el amargo sabor de la falsedad y la hipocresía, de las intenciones sombrías de muchas personas que se hacían llamar amigas, para luego sonsacarlas y usarlas como carnaza en sus chafarderíos de media tarde, junto al té y las pastitas, recitando una y otra vez los porqués de lo desdichadas que serían y lo mal que gestionaban su vida y bla bla bla...
  • Buenos días - dijo aproximándose una de esas tan amigas de lengua afilada y sentimientos de culebra enrevesada y retorcida – ¿Qué tal estás, María? Te veo muy bien acompañada, querida.
  • Buenas, Sofía, pues sí mira, la vida me sonríe.
  • ¿No me presentas a tu amiga?
  • No es mi amiga, es mi pareja, y sí, te la presento, es Carmen, y es una de esas personas honestas y sinceras, de esas que te enseñan lo que es una buena persona, una buena amiga, comprensiva, y además... la amo.
  • Ay, bueno -dijo algo sorojada y disimulando- me alegro mucho de que estés bien. ¿Y tu trabajo? ¿Has encontrado ya algo?
  • Pues mira, resulta que la floristería funciona a la perfección y tengo bastantes clientes, de esos que no me critican después de la compra y de quedarse un ratito a charlar, de esos fieles que agradecen mi hospitalidad, mi amor, y mi comprensión, algunos incluso se han convertido en buenos amigos porque supieron ver quien soy en lugar de buscar la manera de hundirme o de someterme a juicio entre palabras llenas de veneno de serpiente para su regocijo personal. Y es que, ¿sabes? Me he dado cuenta de que la vida aparta a esas personas que son perjudiciales para uno, las pone en tu camino para que aprendas algo, te lo enseñan desde su inconsciencia y luego se van, y ¡menos mal! Porque como amigos no sirven y como clientes son demasiado desagradecidos.
  • Veo que sigues enfadada conmigo, querida, pero es que yo tenía motivos para decir todo lo que dije.
  • Sí, claro, tenías tus motivos, porque tus conflictos personales no te permitían ver más allá de lo que estaba ocurriendo, necesitabas proyectarlos en mí, y espero que te haya servido para darte cuenta de que hay algo que tienes que resolver dentro de ti, algo que en realidad no tiene nada que ver conmigo, y de veras, preciosa, espero que lo superes, porque a mí no me corresponde hacerlo.
  • Fuiste tú la culpable, no yo, no empecemos, porque no fui yo la que se inventó lo que pasó, aún estoy esperando aquel pedido que te hice, pero veo que no me lo traerás. Además, no me hables de conflictos que tú tienes unos cuantos problemas que resolver, no me vengas dando clases a mí.
  • Sí, y qué bien te viene que yo tenga problemas, o más bien que los tuviera, porque eso te hizo creerte en el derecho de criticar mi manera de gestionarlos. Y no, no fuiste tú la que inventó lo que pasó, pero sí que interpretaste lo que te convenía en ese momento y prolongaste tu ira y tu desprecio durante dos años, sólo porque no eras capaz de enfrentarte a tu propio conflicto. Ahora ya no hay nada entre nosotras, no existe amistad, no existe nada, tú lo mataste, pero de igual forma yo no estoy ni enfadada, ni resentida, sólo he aprendido a decir lo que pienso, como hace todo el mundo, sin morderme la lengua, sin ser hipócrita, porque  ahora sé defenderme, algunas personas de mi vida, personas como tú, fueron mis grandes maestras para aprender a darme cuenta de quién me ama y quién quiere utilizarme y doblegarme.
  • Veo que no tienes un buen día.
  • Pues mira, sí, hoy tengo un buen día, porque he dejado de caminar por encima de los clavos que otros iban colocando, he dejado de llorar, he dejado de sufrir y he dejado de dar mi amor a cualquiera, el amor se expande desde mi alma para todo el mundo, aunque lo recibe sólo quien sabe hacerlo, y aquellos que no lo saben recibir, lo desprecian, como tú, pero no importa, no espero nada de ti, ni de nadie, simplemente aquellos que saben amar me corresponden y los que no, deben aprender todavía, porque la amistad, el amor, no es algo que se sepa sentir o dar, debemos aprender, madurando, creciendo emocionalmente...
  • Me estás ofendiendo, y luego te quejas y dices que el conflicto es mío.
  • No, querida, no hablo desde el conflicto, sino desde mi comprensión, yo ya viví lo que tenía que vivir contigo, y sé que cuando llegues a casa llamarás a tu querida amiga para explicarle lo malísima que soy y cómo te he ofendido en plena calle, y le contarás que además ahora salgo con una mujer, cosa que te dará bastante jugo en tu chismorreo particular, pero no importa eso tampoco, porque no me afectan esos juegos, ya no, ahora prefiero darte yo la noticia para que la saborees, pero diciéndote en tu cara lo que pienso de ti, de tu personalidad, de tu ego, porque tu alma es pura, pero la inocencia que nace de tu desconexión con tu ser, no te permite ver más allá de tus prejuicios y tus creencias.
  • Ya estamos con tu psicoanálisis barato.
  • Bien, ya hemos terminado por hoy, sigue en tu vía crucis que yo ya no voy a volver a pisar el suelo de los afligidos que sufren victimizados por sus propios pensamientos absurdos. Sigue hablando, pero has de saber que tus habladurías son sólo una distracción que no te permitirá avanzar y te aplastarán sometida a tu propia conducta para la cual inventarás tu propia panacea, que no será más que otra mentira para creerte que estás siendo espiritual, buena persona, comprensiva y benefactora, cuando en realidad no eres capaz ni de renunciar a tu orgullo para reconocer que estás celosa y enfadada por todo lo que no consigues. Obsérvate y aprende de ti misma, de tu ego, de tus miedos, de tu envidia, de tus errores, no son nada malo, sólo te están avisando de que hay algo ahí por resolver. Te deseo lo mejor, pero olvídate de mí, no existo para ti. Adiós.
La amiga se quedó allí, petrificada, mientras María y Carmen se iban abrazadas alejándose del lugar. Jamás antes alguien le había hablado así, y mucho menos ella, María, la buena de María, aquella mujer que siempre lo daba todo y aceptaba todo. ¿Qué le habría ocurrido? ¿Por qué parecía tan enfadada?
Se fue con su bolsa de la compra hacia casa pensativa y cuando llegó allí, después de guardar las manzanas y los plátanos, cogió el teléfono y marcó el número de su querida amiga Francisca.
  • Dígame – se escuchó al otro lado del auricular.
  • Francisca, soy yo, Sofía, no te creerás lo que me ha pasado...
Arael Elämä Araham (E. Vera Vitae)
El Romántico Obsoleto

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - ROMANCE EN BENIDORM

Se acercó a mí sutilmente, poniendo su mano en mi mejilla. Me miró con esa mirada profunda, intensa, inundándome por completo con el mar de sus ojos azules, envolviéndome con ese amor que emanaba con sólo dejar fluir lo que sentía por mí.
Aquel amor no podía pertenecer a este mundo, no era como los demás, o así lo vivía en ese momento en el que me abrazaba, cuando su corazón ardía, cuando sentía que mi alma se desprendía de mí, como desabrochándose de mi cuerpo para acercarse y fundirse con la suya.
  • Eres preciosa – me dijo mientras yo jugueteaba en el agua de la piscina con las burbujas azules que brillaban por la luz de los focos.
Los días de verano en Benidorm eran plácidos y bellos, y la compañía era perfecta. Clara y Leandro nos habían invitado a pasar unos días en su apartamento. La piscina era espectacular y por la noche, a partir de las diez, se encendían las luces inmersas en el agua, desprendiendo una ráfaga azulada que creaba un ambiente mágico imposible de evitar. Así que todos bajamos a bañarnos.
Nadar por la noche siempre me ha encantado y no podía perderme la oportunidad de hacerlo. El sonido del agua mientras me movía a través de ella era dulce y sinuoso al entrelazarse con el silencio y la calma que nos rodeaban, y la presencia de Arán me hacía sentir como en un sueño hecho realidad.
Allí, frente a uno de los focos, mis manos comenzaron a bailar con las luces y el agua, creando formas, ondas y burbujas que relucían y danzaban entre mis dedos, ante mis ojos enamorados de aquella sencillez, entregada a mi propia inocencia, como una niña pequeña fascinada por algo tan simple. Mientras tanto, él, me enviaba grácilmente todo su amor al observarme, enamorado de esa inocencia que desprendía sin apenas darme cuenta y yo le sentía, sí, sentía todo lo que él estaba sintiendo, y me elevaba, bautizada por su mirada.
  • A veces no hacen falta palabras para que sepa que me estás amando – le dije.
  • Lo sé, y sé que sabes que me encantas, que mirarte es para mí como alcanzar el cielo, y amarte es un privilegio para mi alma.
  • Cuando me hablas así no sé qué responderte. - le dije algo cohibida.
  • Pues no digas nada.
Y tras aquella frase sus labios se fueron acercando a los míos para fundirse en un apasionado y tierno beso que me volvió a demostrar que era la primera vez que me besaba un hombre, a pesar de que ya lo había hecho muchas veces, a pesar de que no era el único que me había besado en mi vida, y es que sus besos siempre me hacían sentir como una principiante en el amor, estremeciéndome por completo, deshaciendo todo aquello que no fuera felicidad dentro de mí.
Besarle era sentir su cuerpo entero en mí, su esencia, su existencia, era como reencontrarme con un ángel dentro de un hombre, era como descubrir mi propia esencia de mujer, mi propia divinidad a la vez, el deseo de ser suya y desaparecer entre sus brazos mientras hacíamos el amor, como si dos ángeles se fusionaran en un acto sagrado de entrega total.
Y así era cada vez que estábamos juntos, como si el mundo se acabara, como si sólo los dos existiéramos, como si nada más bello pudiera suceder en ese momento, pues sólo el amor era real, todo lo demás quedaba en espejismo.
Aquella noche volvimos a enloquecernos como dos adolescentes, entre caricias y besos, entre deseo y pasión, entre placer y caricias que nos arrancaban de nuestra vida cotidiana y nos trasladaban a otros mundos para amarnos, perdiendo la noción del tiempo, haciendo el amor toda la noche.
Era imposible parar, pues el deseo nunca desaparecía, y la dulzura y el amor que ambos sentíamos a veces nos embarcaba en momentos de miradas y besos, palabras y sexo, abrazos intensos que nos adormecían, gemidos que bailaban entre nuestros cuerpos, destellos de luz que se encendían con cada orgasmo, con cada roce, con cada “te amo” que se desmayaba de su garganta, o de la mía, mientras sus manos recorrían mis secretos.
  • No me dejes nunca – le dije llorando.
  • No llores, mi niña, ya sabes que siempre estaré a tu lado.
  • No tengo miedo de perderte, tengo miedo de que esto sea sólo un sueño.
  • Pero es real, amor mío, estamos juntos.
Al día siguiente fuimos al paseo marítimo, para volver al portal de luz que habíamos descubierto, un lugar mágico, colmado de una extraña belleza que nos impulsaba a visitarlo cada vez que íbamos. Cogidos de la mano, nos adentramos en la arena, hasta llegar a la orilla y nos sentamos cerca del agua. Mi falda era larga y el agua mojó parte de la tela, y sus pantalones de lino blancos quedaron también bajo las olas que iban y venían, pero no nos importaba, deseábamos sellar lo que sentíamos.
Así que Arán sacó de su mochila una caja y la abrió para enseñarme una lágrima azul, un zafiro precioso. Sabía que era mi piedra preciosa preferida, y la había comprado como sorpresa para mí.
  • Erica, eres mucho más que una pareja para mí, eres mi compañera, mi amada, mi amiga, mi confidente, mi guía, mi musa, lo eres todo, absolutamente todo para mí, y sé que estaré contigo pase lo que pase, aquí y en cualquier lugar donde vaya, porque no eres mi esposa en este lugar, en esta sociedad, existes en mí, eres el alma de mi alma, el ser de mi ser, y eso es para mí sagrado, intocable. Nadie será nunca lo que tú eres para mí, nadie lo fue antes, y en este ahora te quiero preguntar si en este presente que vivimos y en el futuro, quieres continuar caminando conmigo.
Me puso el colgante y esperó mi respuesta mientras yo trataba de no llorar para decirle lo que gritaba mi alma.
  • Arán, eres mi todo, mi vida, el alma de mi alma, y siempre serás mi compañero. Me encantará seguir a tu lado, caminando juntos, porque no sé volar si no te tengo, porque quiero compartir todo lo que soy contigo, porque este amor que siento es el motor que me guía y que me engrandece, porque ocurra lo que ocurra, siempre te amaré, esté donde esté, eres mi único y gran amor, el verdadero, el que nace de lo más profundo de mi ser, el que no se puede terminar jamás, pues nunca empezó, siempre fue, nació conmigo en esta vida. No es un amor humano, Arán, es un amor que traía consigo mi Alma, y que sólo a ti te pertenece. Te amo, te siento, te soy.
Y un nuevo beso se entrelazó en mi pecho, mientras le sentía de nuevo, envolviéndome con aquella sensación de estar a salvo, de que ningún peligro podría dañarme jamás, de que sólo los dos existíamos en aquella playa. Él era mi hogar.
  • Te amo, Érica, en la libertad de un amor que no te exigirá nunca nada, que es y existe para hacernos mejores, para que seamos nuestra mejor versión, para que expandamos amor hacia todas partes, para que seamos dos seres explotando en dicha, enseñando a otros a sentir, a saber quiénes son, a encontrar a sus compañeros de alma. Ya sabes que nosotros estamos aquí para eso, para guiar a otras personas, y lo haremos juntos.
  • Así es. Dejaremos plasmadas nuestras experiencias y las mostraremos al mundo, las escribiremos, y muchos corazones se abrirán, esa es nuestra misión, expandir, comunicar, dar.
Tras aquella conversación que fue el sello de nuestro amor eterno, dimos un largo paseo por la orilla del mar de Benidorm hasta quedar exhaustos y regresamos al apartamento.
Hoy, recuerdo con nostalgia nuestra promesa, sabiendo que cumplirla es nuestro gran anhelo, nuestra bendición y que con nuestro amor lo lograremos.
Arael Elämä Araham (E.Vera Vitae.)
El Romántico Obsoleto

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - LA CITA


El viaje en el tren era lo de menos, su vestido, su maquillaje, su cabello, su perfume, todo lo que ella había preparado con suma cautela había quedado reducido a un breve suspiro tras media hora de trayecto. En el incómodo asiento donde reposaba su nerviosismo, el tiempo transcurría despacio y sus latidos iban tan rápido como la velocidad a la que ella se sentía disparada hacia algo que había estado esperando durante mucho tiempo.
Conocía muy bien aquella sensación de inquietud, podía ser devastadora, pero no podía permitirlo, era la primera vez que iba a verle y no quería estropearlo hablando demasiado, o estando demasiado tímida, o tal vez demostrando lo mucho que le importaba tenerle frente a frente por fin, después de meses enviándose cartas por correo electrónico.
Sabía muy bien lo poco atractiva que era, y que él no se fijaría en ella por su belleza, ni tampoco por su cuerpecillo frágil y flácido, además se sentía bastante poco para un hombre tan grande, al que admiraba tanto.
Recordó aquella vez en que quedó con quien iba a ser su primer novio hacía algunos años, cuando le quedaban unos meses para cumplir los diecisiete. El ya contaba con veinte años y parecía interesante, ya no vivía con sus padres y era un artista, pero fue todo un desastre, ninguno de los dos pronunció palabra y la cena fue totalmente silenciosa. Cada vez que intentaba hablar con él le entraba hipo y él no lograba mirarla a la cara, así que no apartó su mirada de su plato.
Cuando por fin él se decidió a preguntarle cómo se lo había pasado, un enorme trueno se hizo con el poder de su garganta y salió directo como un rugido espantoso que acabó por arruinar la velada por completo.
Y es que Mario no era precisamente el novio ideal, nunca lo habría podido ser, pero ella había decidido darle una oportunidad, “craso error” que le costó meses más tarde arrepentirse de haber sido tan considerada con alguien con quien no tenía nada en común sólo por su fascinación hacia su arte.
Su historial con los hombres no era demasiado bueno. Primero el pintor artístico, Mario el bohemio adinerado que la llevaba a exposiciones vestido como si no tuviera solvencia suficiente para comprarse unos pantalones decentes, y con el pelo perfumado con el ayuno de varias semanas de un lavado en condiciones.
  • Me gusta emanar este aroma a hombre – le decía orgulloso e incrédulo ante el sugerente reproche de ella, cada vez que , entre palabras increíblemente diplomáticas, trataba de hacerle entender que se lamentaba de su rancio perfume emanado por la habitación, acompañado de su atuendo pintoresco, e incluso en ocasiones tan aciago como lo podía llegar a ser un estercolero .
Y es que a Tania le gustaban mucho los hombres con personalidad, diferentes, de esos que llaman la atención porque van contra la corriente, porque luchan por un mundo mejor, porque conectan con su alma y se expresan sin tapujos, sin miedos, sin vergüenza, sin embargo, nunca daba con ninguno que estuviera cuerdo, o que se mostrara inteligente además de apasionado por cambiar la realidad en la que vivimos. Mario era un hombre que no conocía la higiene y que usaba su dinero, bueno, más bien el dinero de su padre, para comprar cervezas y conseguir el reto de enfadarle cada día un poco más, gastándolo en apuestas con sus amiguetes, o en equipos de música, o en largas estancias en apartamentos en el extrangero con sus colegas, esos que compartían las mismas costumbres infectas que él.
Tania nunca entendió cómo podía haber salido con él si parecía más un mueble adquirido como adorno para él que una pareja, de hecho, no llegó a acostarse con él por dos motivos muy evidentes, uno debido a que la distancia que la mantenía a salvo del desmayo no le permitía ni siquiera abrazarle, y otro su homosexualidad no aceptada, motivo por el cual nunca mostró interés sexual por ella.
Aquello seguramente había sido una pesadilla de su adolescencia, una entre unas cuantas, claro, porque ese fue su primer novio, pero el segundo tampoco fue muy especial.
Continuaba en el tren pensando en sus anteriores parejas, imaginando que aquel hombre con el que se iba a reunir en breve podía ser ese ideal que tanto había soñado.
Ya sólo quedaban tres paradas, sólo diez minutos para verle, y realmente estaba muy agitada. Estaba sentada y sus piernas flaqueaban, sus manos temblaban, y le faltaba la respiración, necesitaba distraerse y la música que escuchaba con sus auriculares no la relajaba. Debería volver a evocar los recuerdos de aquellos tiempos en los que sus citas eran una ruina, pues la verdad es que no había tenido demasiada suerte.
Se acordó de Joan, aquel muchacho catalán que conocío en su viaje a Ibiza, ese que podría haber sido su gran amor y que se convirtió en otra pesadilla, y de Fermín, el informático obsesionado con los ordenadores que estaba siempre ante la pantalla aunque ella se vistiera con la lencería más exótica y sensual que había encontrado y comprado exclusivamente para conseguir levantar la moral de su pareja.
También recordó la primera cita con Pedro, un colombiano con el que supo lo que no querría nunca que le sucediera a ninguna mujer en la vida, tener sexo y sentir lo mismo que se siente cuando estás anestesiado de cintura para abajo, en fin, si un mono hubiera venido a hacerle cosquillas en los pies hubiera sido más agradable y placentero que lo que aquel pesonaje consiguió en cada uno de los intentos sexuales que tuvo para averiguar si lo podía hacer aún peor o no.
Nada que ver con Francesco, con el que sólo podía repetir la misma frase cada vez que venía y le susurraba todo lo que iba a hacerle en el oído, “mamma mia!”, el italiano sabía todos los puntos que tenía que tocar, todas las letras del abecedario estaban para él escritas en la piel de Tania para ser activadas en una oleada de placer que ella no sabía controlar, es más, no quería interrumpir nada de lo que aquellas manos conseguían hacerle sentir con su magia sexual. Sin embargo Francesco era demasiado aficionado a tocar letras, y las tocaba con sus amigas, con las amigas de sus amigas, con las vecinas y con las madres de las amigas y de las vecinas, todo un seductor sin límites, conocedor del cuerpo de la mujer, poeta del amor y del erotismo, al que Tania recordaba en aquel momento con un  “ay, dio mio, Francesco, non ho parole!”.
La voz que anunciaba la llegada a la estación de Barcelona acababa de retumbar en el pecho de Tania. Ya había llegado el momento.
Aquel hombre era diferente, pero todavía no estaba convencida de que su fortuna hubiera cambiado y de lograr encontrar a su alma gemela después de tantos intentos.
Bajó del tren, el andén era oscuro y estaba invadido de gente corriendo con prisas, como si se les fuera la vida en cada gesto, como si llegar tarde les pudiera suponer perderlo todo. Se acercó a las escaleras mecánicas y, firme y decidida, se dispuso a subir por ellas.
El día estaba bien soleado y en la ciudad se sentía siempre conectada a su esencia, llena, feliz, así que ese día iba a ser especial, lo sabía.
Allí estaba la plaza de Cataluña, y se acordó entonces de un gran amor que tuvo, un muchacho que iba en bicicleta a trabajar, alguien con quien supo lo que era la complicidad, la verdadera esencia del amor, alguien de quien se enamoró profundamente y que dejó ir cuando ese enamoramiento se desvaneció de ella sin otro culpable que la rutina, la falta de espacios conjuntos, la falta de conexión entre ambas almas.
Con él aprendió mucho, creció, supo amar, pero no consiguió nunca que su amor se manifestara a través de sus dos almas, a pesar de su gran afinidad mental y emocional, nunca pudo cubrir del todo el vacío que ella sentía al no lograr tocarle en su ser, al no lograr comunicarse con su esencia más allá de sus muros.
Por un instante le añoró, pero después recordó a qué había venido. Alan, el apuesto hombre que tantas veces le había escrito estaría allí, esperándola.
Un hombre vestido con una chaqueta marrón y un pantalón negro la esperaba en la puerta del centro comercial. Su cabello negro y liso, peinado hacia un lado de un modo muy elegante, le llegaba casi por encima del hombro. A ella le atraían mucho los hombres con el pelo largo y eso era un punto muy a su favor. Sus ojos azules la fulminaron nada más conectar con ellos, hasta el punto de tener que apartar la mirada para no ruborizarse. Y su sonrisa, su sonrisa la enamoró por completo, como en un flechazo.
  • Hola, Alan, ¿qué tal?
  • Hola, Tania – le dijo dándole dos besos. ¿Te parece bien que vayamos a comer? Hice una reserva en un restaurante que está cerca de aquí.
  • Sí claro, perfecto, vamos...
Lo que sucedió después fue que el tiempo se paró, todas las anteriores citas se borraron de su mente, su cuerpo experimentó el amor en cada partícula, su alma se abrazó al alma de Alan, y sus miradas se entrelazaron hasta hacer el amor en un instante eterno.
Pero Tania es Tania, y su enamoramiento se tradujo en inseguridad, en miedo al rechazo, y cuando supo que no era su tipo de mujer, cuando él le habló de su vida, se dio cuenta de que sólo ella le había amado, sólo ella le había tocado el alma y sólo ella se había entregado en cada mirada.
Así que, pensando en lo que se perdería si él no se sentía atraído por ella y en lo guapo que era e imaginando cómo estaría Alan si se quitara aquella camisa blanca que tan bien le quedaba, su subconsciente la traicionó y, en un gesto torpe, tiró el café sobre dicha camisa achicharrando el pecho del pobre hombre.
  • Deja que te limpie – le dijo mientras trataba de echarle agua en la mancha.
  • No, tranquila, no te preocupes, voy al servicio y lo arreglo.
  • No, no, ha sido culpa mía, déjame ayudar, por favor.
Y de nuevo el desastre se hizo presente cuando la exitación de ella consiguió que el agua tomara protagonismo al caer por todo el pecho de Alan, provocando un subidón de calor en Tania de tal magnitud que el agua acabó también en su entrepierna. Ante tal exceso ella se apresuró en tratar de secar la humedad en aquel delicado lugar, justo cuando uno de los camareros se acercaba a traer la cuenta.
El rostro de Alan sería de película de dos rombos si nos remontáramos a los tiempos en los que la televisión era en blanco y negro, y el refinado camarero estaba escandalizado pensando en algo que seguramente le hubiera gustado experimentar él en su persona.
Si a eso le sumas que con el movimiento del frotamiento, el escote del ligero vestido de Tania dejó entrever algo más que el inicio de sus pechos, bueno, creo que la situación habla por sí sola.
No fue tan espantoso como parece, tal vez a Alan le gustaran las atentas friegas que Tania le hizo para aliviar la situación, pues esa sólo fue la primera de muchas citas, aunque, que quede entre nosotros, no fue la más desafortunada.
Y es que el amor a primera vista a veces necesita un poquito de ayuda...ya me entendéis...
Tal vez el encuentro con tu alma gemela no sea como en las novelas románticas, tal vez pase frente ti sin que te des cuenta, o tal vez te derrame una taza de café en tu camisa preferida, o simplemente puede que un día tengas con ella una cita tan desastrosa que no quieras volver a verla, pero es cierto que Tania la halló aquel día y, contra todo pronóstico, se volvieron a ver y repitieron escenas como aquella hasta que un día se dieron cuenta de que nada les podía separar, ni siquiera una situación embarazosa.
Arael Elämä (E.Vera Vitae)
El Romántico Obsoleto
(humor)

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - ENAMORADOS


Las primeras palabras, los primeros gestos, la primera vez que mi corazón saltó de mi pecho cuando me respondiste con tu mirada clavada en mis ojos, fueron el indicativo de que nunca podría olvidarte, que siempre estaría enamorada de ti, y que no importaría si lográbamos estar juntos durante toda nuestra vida, pues te seguiría buscando en cada amante que tuviera, con la esperanza de que en algo se pareciera a ti.

Nunca hubiera imaginado que te conocería en aquel lugar, de hecho, por aquella época no estaba ya esperando encontrar el amor, después de tantos años deseando amar así, hallarte y amarte con la intensidad que anhelaba, y sentirme amada de la misma manera.

Era la primera vez que viajaba a Italia, siempre me había atraído mucho la idea de conocer el país de donde procedían mis canciones preferidas, las que despertaban mi profundo romanticismo, mi niña interior, esa que ama inocentemente, entregándolo todo. Y allí estabas tú, también de viaje, y también solo, igual que yo.

Viajar sola no era de mi agrado, sin embargo, quería vencer mis miedos y ser capaz de hacer algo así sola, algo que en realidad me aterraba, sobre todo cuando no conocía nada de aquel lugar, y casi ni siquiera sabía hablar su idioma, aunque lo entendía en gran parte, como de una forma innata, como si la gran atracción que sentía por su lengua y por su cultura, me hubiera dotado del privilegio de comprender, aunque fuera a medias, una conversación en italiano, sin haberlo estudiado en toda mi vida.

Tú me demostraste que había una razón para aquello, pero esa es otra historia.

El mismo hotel nos unió, y tu sonrisa fue lo que me enamoró por completo, la que me reveló que sólo tú lograrías que lo mejor de mí emergiera como por arte de magia. Los paseos por las calles de Venecia, hicieron el resto.

Siempre me pregunté por qué cuando hablamos de amor y de romanticismo, nos sentimos avergonzados, como si estuviera prohibido, como si fuera algo ridículo, como si el amor nos hiciera perder la razón y quisiéramos detener el tiempo para ocuparnos sólo de amar a esa persona que nos envuelve en lo más sagrado, aunque las respuestas racionales eran bien lógicas, no podemos descuidar nuestras responsabilidades, y el enamoramiento es un proceso químico de nuestro cerebro que suele durar sólo tres años aproximadamente, y luego, se desvanece y quedan el cariño y la costumbre, sin embargo, contigo no sucedió así, tú eras alguien que mi alma estaba esperando, buscando, aunque mi mente ya se hubiera rendido, aunque mis pensamientos ya no creyeran que ibas a aparecer, y sí, hubiera parado el reloj para siempre sólo para mirarte a los ojos, sólo para acariciar tu pelo, sólo para crear contigo un mundo mejor, sólo por estar abrazada a ti el resto de mi vida, sin importarme nada más, tan sólo tú y lo que me hacías sentir, tú, mi inspiración, tú que siempre habías estado en todos mis poemas, en todo lo que yo expresaba cuando hablaba de amor.

Pero fue justamente nuestra lógica, nuestro ego, fueron nuestras vidas mundanas, las que nos separaron.

Yo, una escritora, poetisa romántica, comprometida por conseguir que el mundo se convirtiera en un lugar mejor, empezando por mí, por ser siempre auténtica, escribiendo con el alma, una mujer amante del amor, amante del respeto entre los seres humanos, amante de la confianza, la transparencia del alma, de la complicidad y la colaboración entre todos, tratando de ver siempre lo mejor de los demás, viendo siempre la luz que hay en los corazones de las otras personas, intentando ayudar a aquellos que me pedían ayuda, una eterna soñadora que era capaz de convertir nuestro amor en la supremacía más sublime que había vivido jamás, y en hacerte saber que ese era nuestro paraíso, nuestro espacio sagrado, nuestro destino más hermoso.

Pero dos realidades colisionaron, la de nuestro corazón, nuestra alma, y la que se imponía a nuestro alrededor.

Tú tenías que regresar a tu vida, tú, un hombre de negocios, luchador innato, un hombre que había sufrido mucho para conseguir todo lo que tenía, un hombre sumamente profundo, que no sabía cómo renunciar a lo que había logrado lamiendo sus heridas, con una gran carga emocional que pesaba demasiado sobre sus espaldas pero que había conseguido gracias a su racionalidad. Renunciar a su éxito profesional y social sólo por un amor inmenso que le asustaba y le llevaba a querer sólo la sencillez en su vida, un amor que era demasiado profundo, demasiado confuso, demasiado sobrecogedor, un amor que le hacía sentir la necesidad de olvidarlo todo y huir a un lugar donde nadie pudiera tocar nuestra realidad, y comenzar de cero siendo él mismo, y no la creación que la sociedad había hecho de él.



Estábamos enamorados, sí, pero no era sólo una reacción química, eran nuestras almas las que se anhelaban, eran ellas las que nos reunían una y otra vez de forma mágica cuando creíamos que ya no nos volveríamos a encontrar, eran ellas las que decidían por nosotros, eran ellas las que deseaban fundirse en una sola y traspasar las ideas, los pensamientos, los miedos, las creencias, para crear una nueva forma de ver la vida, juntos, unidos, y construir un mundo nuestro para expandirlo, para que nuestra gran obra, nacida de nuestros corazones, de nuestros seres más elevados, pudiera ser continuada y seguida por muchos otros que anhelaran permitirse ser ellos mismos, y renacer de sus propias cenizas, dejando atrás el materialismo, el consumismo compulsivo, el egoísmo...

Y regresaste, y nos volvimos a encontrar de nuevo en España, y volvimos a besarnos, a entregarnos a nuestro amor, a desear detener el tiempo, a diluirnos entre nuestras caricias, entre nuestros “Te amo”, entre nuestros momentos románticos frente al mar, mientras amanecía...

Y te volviste a marchar...

Y te hallé otras veces, y te anhelé, y soñé contigo muchas noches, y traté de no pensar en ti, y lo logré, mi mente se evadió de los recuerdos, sin embargo, mi alma, enamorada de ti, jamás pudo dejar de amarte y sentirte.

Hoy sigo sin esperarte, porque sé que regresarás de nuevo, porque ese es nuestro sino, y sé que eso ocurrirá cuando ambos comprendamos que no hay que tener miedo de cambiar nuestra manera de vivir y que si nuestras vidas no son compatibles, podemos crear una nueva conjunta, nuestra, porque estoy segura que esa vida es la que seguiremos juntos, de la mano, hasta el final de nuestros días.

No necesitamos parar el tiempo, el tiempo es nuestro aliado, porque nuestras almas no entienden de edades, ni de años, ni de esperas, y se encuentran mientras nosotros tratamos de no pensar en cuánto nos amamos.

Arael Elämä
Eva Vera Vitae.

sábado, 19 de marzo de 2016

REFLEXIÓN - SOBRE LA FELICIDAD Y EL AMOR

El aroma a calidez, la luz del sol iluminando los dibujos del papel de las paredes, las cortinas marrones casi transparentes, con sus ondeantes formas anaranjadas que cubrían las ventanas del salón. El sofá gris, la mesa redonda que estaba justo al lado de la mesita de ruedas de la televisión que tenía aquella puerta donde guardabas las balleta para limpiar el polvo del mueble que hacía juego con la mesa para comer.
Una mañana cualquiera, los pies de una niña pequeña pisaban el frío suelo de terrazo de aquel espacio donde sonaba la música de tus cantantes preferidos, canciones que la hacían sentir segura, sabiendo que su madre estaba allí, limpiando la casa, inundándola de su esencia de mujer, convertida en melodía, mientras hacía sus tareas matutinas, sencillas, pero tan valiosas para aquella pequeña niña que se levantaba al reconocer la rutina que la mantenía en un estado de seguridad, de amor, de satisfacción.
Su madre estaba allí, la casa desprendía un olor característico, los muebles brillaban, el sol entraba por la ventana y el día parecía perfecto.
Lo entrañable no tiene por qué ser algo sofisticado, la imagen de una mujer sencilla, ama de casa, que cuidaba de su hija, era suficiente para que aquella niña se sintiera extremadamente feliz.

Un niño puede sentirse así con tan poco, ¿por qué entonces cuando crece nunca tiene suficiente?



Los adultos perdemos en algún momento de nuestra vida la capacidad de vivir en el presente, de disfrutar de los pequeños detalles, y nos olvidamos de que el bienestar se halla en nosotros, y no en lo que hay en el exterior.
Aquella niña no necesitaba nada, aunque sus necesidades básicas estaban cubiertas, la sensación de seguridad se la proporcionaba un hogar tranquilo, una familia estable.
Partiendo del punto de vista en que un adulto ya puede valerse por sí mismo y carece de la vulnerabilidad real de un niño, éste debería simplemente tener cubierto aquello imprescindible, y con ello ser totalmente feliz. Sin embargo, puedes tener mucha cosas materiales, puede sobrarte el dinero, puedes viajar mucho, tener las relaciones de pareja o de amistad que quieras, tener muchas propiedades, en fin, puedes haber conseguido éxito, incluso en lo que más te gusta, y no sentirte pleno, seguir notando un vacío interior que no se llena con nada. Tal vez esto se debe a ciertas carencias emocionales que no se hacen conscientes en el individuo y que se manifiestan a través de la inconformidad o la infelicidad, ¿quién sabe?

Hace muy poco tiempo una buena amiga me dijo algo que me encantó, era algo así como que el ser humano añora a su propia divinidad, y eso es lo que creo, que sentimos un anhelo de algo que nos falta, algo que perdimos y dejamos atrás, pero que conservábamos cuando éramos niños muy pequeños. Ser felices en el presente, sentirnos, sabernos, amarnos, valorarnos, y no necesitar comprar compulsivamente, gastar dinero, buscar la pareja perfecta que nos haga felices, alcanzar el triunfo para demostrar lo que valemos y recibir lo que creemos que merecemos, no es así como lograremos cubrir ese vacío.

Aquella niña pequeña se convirtió en una adulta, una buscadora, una rebelde que apretaba los puños para callarse, para intentar con todas sus fuerzas no ir contra las normas y ser así aceptada por una sociedad que en realidad no es más que una gran mentira, y así siempre había en ella un grito no gritado, un llanto interno no pronunciado, siendo así una persona que sentía que no encajaba y que si no lo hacía nadie la amaría, nadie contaría con ella, nadie la reconocería.
Empezó así un camino de autoconocimiento, un camino de sublevación interna, que la conducía hacia una contradicción, tratando de ser como los demás, pero por dentro generando una gran incoherencia porque no era como los otros. Con el tiempo supo que no era ella sola la que llevaba consigo esa lucha interna, que muchos de los que veía y creía adaptados al sistema, no lo estaban tampoco, y también callaban, la diferencia era que su rebeldía interior era tan potente que nada la llenaba, nada le interesaba, no quería hacer nada de lo que proponía la sociedad, y sólo deseaba escribir y crear.

Así se refugió en sus cuadernos, en su mundo interior, en sus pensamientos, en su sentir, en su mundo sólo suyo, un mundo que ella sabía que nadie podría comprender, demasiado profundo, tal vez, demasiado sensible, demasiado complicado.

Complicado, todo lo contrario de lo que en realidad somos, pues en lo simple está la respuesta.
Sin embargo, supo cómo aprovechar su complejidad interior, su capacidad de soñar, de sentir, para crear, para que la inspiración más sencilla la llevara a mundos insospechados, hasta que un día explotó en creatividad, su corazón se abrió y sus pensamientos comenzaron a ser sólo un puñado de ideas que usaría para escribir cuentos, dejarse llevar por sus sueños, plasmar evocaciones llenas de amor, de viveza, de una verdad que tal vez no era real, pero era pura magia, pura poesía.

Un día se dio cuenta de que esa niña nunca había desaparecido de ella, y que esa esencia era la que la mantenía en su felicidad interior, en su amor interior, y que la soledad que estaba experimentando era su gran oportunidad de ser más ella misma, de descubrir su verdad más suprema, y reencontrarse con su propia divinidad.

Lo que sucedió después fue que dejó de pertenecer a su ego, y halló su libertad.
El amor, cuando eres verdaderamente libre en un mundo donde todo son limitaciones, incluso limitaciones conceptuales, ya no es un sentimiento que te ata a lo que amas, ni te hace depender emocionalmente de lo que amas, sino que se transforma en su verdad, lo que es en realidad el amor, pura y maravillosa libertad, expansión, belleza.

Es espectacular lo que se siente cuando realmente te das cuenta de que cuando el amor está ahí, dentro de ti, partiendo de tu existencia, desde tu plenitud y tu verdadera esencia, ya nada es como antes, tu percepción de la realidad se transforma completamente, y ya nada es igual, ni lo volverá a ser, es algo tan increíble que sólo se puede sentir, no hay palabras para describirlo, hay que tocarlo, notarlo, vivirlo.

Se puede traducir en algo así como enamorarse de uno mismo, renacer desde uno mismo, reencontrarse con uno mismo, y darte cuenta de que tu propio ser siempre estuvo ahí, y que el matrimonio sagrado se ha producido dentro de ti, otorgándote un hermoso regalo, el talento de ser tú ante todo, auténtico, desnudo de las mentiras que creías ser.

Así que, tal vez todos deberíamos regresar al origen, a lo que éramos cuando un precioso momento presente nos abstraía y nos llenaba de felicidad, sin perdernos en pensamientos del pasado, o sufriendo por lo que pueda suceder en el futuro, ser, permanecer, sentir y no intentar tanto desmenuzar y reorganizar lo que estamos experimentando, pues cuando hacemos esto, nos perdemos la experiencia en sí misma.

Mientras el ego diga que eso es muy difícil, así será, pero aquella niña que se convirtió en adulta, descubrió que todos los pensamientos son sólo eso, pensamientos, y no te identifican, no definen lo que eres, no son tú, y por tanto, si no te enganchas a ellos, puedes convertirte en el observador de los mismos, sin que te atrapen, sin que dominen tu vida y conduzcan tu actitud ante la vida por un camino de sufrimiento, y ella, se liberó de todo lo que no era ella, así como el sol puede estar envuelto en nubes sin que éstas sean él, aunque a veces oculten su luz, y aprendió a observar sus emociones, incluso sabiendo que tendría que ir más allá y aprender a ser la observadora del obervador.

El amor es un estado permanente, nadie decide que ames, nadie puede conseguir que ames, sólo tú puedes hacerlo, sólo tú puedes abrirte como una flor que emana su aroma, y dejar que lo que eres sea, sin juicios, sin tener que justificar lo que eres, y permitir que ese amor que ya está en ti también sea y se preste a tomar la forma en la relación que tú desees con quien esté en ese mismo punto de apertura, de reconocimiento de su propia divinidad.



Cuando una relación entre dos personas se da desde su máximo amor interior, ya no se trata de una relación convencional, y ahí todo un mundo inexplorado comienza a sorprenderte, por eso, esa niña que ya es adulta, sigue sonriendo a la vida, y ya no busca el amor en el otro, sino en ella misma, para poderlo entregar sin esperar nada, para dar lo que ya tiene sin depender de que el otro le dé para cubrir una carencia. Antes de estar con alguien en pareja es mejor estar lleno de ti mismo y así ofrecerle lo mejor de ti, lo que ya tienes y eres.

La felicidad está en ti, no necesitas hallar a nadie para que te la dé, si esperas eso, sufrirás, e irás de relación en relación buscando el amor perfecto, sin darte cuenta de que ese tipo de amor inmenso se halla sólo en ti, y eres tú quien debe ofrecerlo a la persona adecuada, esa que la vida tiene preparada para ti para darte también su amor completo.

Arael Elämä...

miércoles, 16 de marzo de 2016

UNA MIRADA AL ALMA - DILUIDA


El Universo entero estaba preparando lo que ya se había pactado, lo que ya era, pero ella no lo entendía todavía.
Percibía cómo ciertas piezas iban encajando lentamente en la estructura de su mente, y cada pensamiento, cada idea, iban desintegrándose, transformándose una a una, liberándose de la cápsula del ego, para ser tan sólo energía cristalina, transparente...


El fuego de la hoguera mantenía caliente su cuerpo frágil, y mientras contemplaba el perfecto baile de las llamas, comenzó a comprender que nada tenía que hacer, porque ser lo que era ya era estar haciendo algo, estaba siendo.

Entonces observó sus manos unos minutos, para recordar sus detalles, los que hacían que sus manos fueran sus manos, y después se estiró en el suelo y con la mirada fija en las estrellas, dejó que su corazón hablara.

- No soy nada de lo que creo ser, porque lo que creo que soy proviene de mi mente y ella no es capaz de percibir la realidad tal como es. ¿Entonces, quién o qué soy? 

Cerró los ojos y se entregó a la respuesta sin pensarlo.
Ahí supo que ella estaba en todo, que todo estaba en ella, que no había diferencia entre el universo que había estado contemplando y sus manos, o sus piernas, o su cuerpo entero, o los árboles del bosque donde se encontraba...

No había un comienzo o un final en nada, todo era todo, o tal vez nada era nada. Y una maravillosa sensación de plenitud, de felicidad y de amor, invadió todas sus células, toda la materia en la que estaba integrada temporalmente.

El tiempo, el tiempo no se percibía, no existía, formaba parte del todo, de aquella existencia, aquella consciencia que ella sólo podía traducir como una infinita esfera cuyos bordes se los imaginaba para no caer en el pánico, para no pensar que se estaba volviendo loca.

Su mente estaba haciendo su papel, poniendo en duda lo que ella estaba sintiendo, lo que experimentaba.

- ¿Yo?, no hay un Yo, ni hay un Tú, ni un Él o Ella, hay sólo consciencia, y ésta somos todos en versiones humanas diferentes.
Todo está decidido, perfilado, no controlamos nada, aunque lo pensemos y estemos convencidos de que tomamos decisiones, en realidad ya están tomadas. ¡Pero eso significaría que algo me está viviendo, que soy vivida, que soy experimentada! ¡Sí, claro! Si yo soy algo, soy la consciencia que me está experimentado, y a la vez soy la parte experimentada...

Se quedó pensando en aquellos extraños conceptos, tratando de que sus antiguas creencias no entorpecieran la sensación inconmensurable de la pertenencia a lo sublime, pues lo sagrado, lo que llamamos Dios, la Fuente de la creación, no estaba separada de ella, ella era la Fuente, viviendo como humana, igual que todos los demás, igual que todo lo que existía, ríos, mares, viento, fuego, tierra, planetas, galaxias, universos, todo, todo era la misma Fuente, así como en un cuadro, la pintura es el cuadro, cada trazo, cada dibujo, todo pertenece y es el cuadro, la obra, o mejor aún, la creación y el creador eran la misma cosa...

Finalmente, se quedó dormida al lado de su compañero, que ya hacía un rato que descansaba ajeno a lo que ella estaba descubriendo.
Todo estaba aclarándose cada vez más, aunque sabía que no la entenderían muy bien, y que era mejor no decir nada por el momento.
La historia continuaría, claro que sí que continuaría, todavía quedaba mucho por integrar y asimilar...

Arael Elämä...

jueves, 3 de marzo de 2016

REFLEXIÓN - UNA DURA CRÍTICA DE UNA MENTE CANSADA


Estar en tu presente...en tu presencia...
Hoy reflexionaba sobre esto, es el objetivo diario, a veces conseguido, a veces no...
Mi mente, como la mente de todos, es hábil y me juega malas pasadas, me demuestra lo difícil que es estar en paz interior cuando no sabes si la semana siguiente comerás o no comerás, si podrás pagar tu casa, o no, o si te cortarán la luz...

Cuando tus necesidades más básicas están cubiertas sin que te tengas que preocupar, es más fácil estar en tu presente ¿no no? ¿o eso es también una trampa del ego para complicar la posibilidad de alcanzar tu felicidad interior?

La mente siempre encuentra un motivo para escabullirse del presente, y tal vez, cuando ya tienes esas necesidades cubiertas, aparecen otras, tal vez emocionales, o tal vez resulta que para cubrir lo más básico tienes que renunciar a tu libertad y convertirte en un esclavo de un sistema en el que tienes que trabajar a tiempo completo, en un lugar donde estás todo el día, llegando a casa a las nueve y media de la noche, sin tener vida, sólo trabajando para pagar a esas grandes compañías los suministros básicos, los alimentos, tu vivienda (que pertenece en realidad a los bancos con los que tienes la deuda hipotecaria)...

Y sí,  ya tienes cubierto lo imprescindible, per entonces vienen las otras necesidades, porque pierdes tu libertad y te preguntas entonces para qué has nacido, ¿para ser una pila más que enriquece más todavía a los que ya son ricos?

Ahí es cuando te das cuenta de que no quieres ser eso, porque tienes la certeza de que eres mucho más que eso, que tienes tus talentos, tus dones, y no quieres ceder al terrorismo encubierto que el sistema establecido está ejerciendo sobre todos los que están bajo su poder, y digo terrorismo sí, porque la coacción se basa en el miedo a no sobrevivir, si no haces lo que se requiere, te puedes quedar sin casa, sin comida, sin recursos, en fin, te puedes convertir en un repudiado, no sólo del sistema, de la matrix, sino que también eres rechazado por aquellos que creen firmemente en ella, porque siempre ha sido así, porque, como ellos dicen "es lo que hay", porque tienes que hacerlo sí o sí, que si no vas a sufrir las consecuencias, porque el trabajo dignifica... ¿dignifica? ¿a quién? ¿al esclavo que cede su vida como si fuera una pieza de una máquina usada para darle beneficios a otro que vive en una abundancia sobredimensionada?...

Y si tomas decisiones, si te liberas, si buscas otra forma de vivir, te critican por no ceder a lo que ellos consideran "normal" ¿normal?, sí, normal, de norma, SU NORMA...
Normas... si no eres como dictaminan esas normas, no eres normal, y si no eres normal, eres un exiliado de la mayoría, que vive dormida bajo un paradigma a través del cual nos tienen controladitos, calmaditos, tal vez a través de alguna que otra distracción, para que no veamos lo que sucede realmente...
Todos a tu alrededor están "hipnotizados" por esas normas, sintiéndose triunfadores si han conseguido un buen empleo, donde pagan muy bien, y así se mantienen a raya, sin protestar, porque sus comodidades también están satisfechas. 

Tus amigos, los que están bajo hipnosis y totalmente convencidos, te miran y te dicen "tienes que trabajar de lo que sea, porque si no vendrá el "lobo" y te comerá" y te animan a ceder, a ser normal, a volver a ser un adepto ciudadano que no debe dinero a nadie, como si eso fuera realmente la verdadera forma de ser libre, no es más que una falacia, no debemos nada a nadie por vivir, ni la tierra es de nadie, ni tendríamos que pagar por tener energía, el sol es de todos, la tierra también, el agua también... pero hemos dejado que otros se apropien de todo, hemos cedido nuestro poder desde hace tanto tiempo ya, que se ha convertido en lo "normal", y es "normal" pagar por algo que es nuestro y gratuito...

Y es tanto el convencimiento de que esa "normalidad" es lo que está bien, que creemos que el que no la sigue hace las cosas mal, y entonces le ponemos etiquetas, sin saber qué siente, o qué piensa, o qué está intentando hacer con su vida...

Si no tienes pareja a cierta edad, eres un solterón y algún defecto tienes que tener, si no tienes hijos, eres raro o das pena a los demás, si no tienes trabajo, eres un vago que quiere vivir del cuento, si tu trabajo es precario, eres un pobretón que otros con mejores puestos miran por encima del hombro, si eres homosexual, mejor ni hablar de ello, en fin, tenemos críticas para todo...pura envidia basada en la infelicidad del ser humano, en la falta de amor y honestidad hacia nosotros mismos y en la falta de amor hacia lo que hacemos...

Todo te obliga a ser quien no eres, incluso tus amigos y familiares...


Su incomprensión parte de sus propios miedos y de sus propias limitaciones, y lo comprendo, pero por eso mismo, muchos acabamos hartos de tantas dificultades, y finalmente apartamos a esas personas de nuestro camino, ya tenemos bastantes piedras, así que, de las que podamos deshacernos, lo hacemos, con todo el amor, pero sin arrepentimientos...



Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, y puedo dar fe de ello, te das cuenta de que puedes amar mucho a una persona, pero que si ésta se convierte en otro terrorista, en otro robasueños más y de manera reiterada, si tienes la opción de dejarle ir, es mejor hacerlo, sin más, porque ya no suma en tu camino, ya te ha mostrado tus propios miedos, y los de la sociedad en general, y después de realizar su función, ya no hay que retenerlo, debemos aprender a soltar lo que nos perjudica, aunque lo amemos.

Si lo haces también debes saber a qué atenerte,  te encontrarás con la falta de comprensión, con sus juicios y críticas (aunque te digan que no te juzgan y que lo hacen todo por tu bien), con sus mentiras, que están basadas en sus propias creencias limitantes, que además no se conforman con desplegar en su vida, sino que tratan de que también tú te las creas y las aceptes como reales, como lo mejor para ti...

La desilusión se hace presente después de estas experiencias, y en tu presente debes dejar que sea, que salga, que se encuentre frente a ti para trascenderla...

Todo es apariencia, nada es real, miras al otro y ves lo que interpretas de él, y viceversa, y entonces deseas con todas tus fuerzas ser capaz de ver la verdadera realidad, por mucho que duela que caigan los velos, uno por uno...
Sólo así se acaba el dolor, cuando ves lo que es, y lo ves con amor, sin miedo, sin rabia, sin rencor...

No pretendo cambiar el mundo, ojalá pudiera, sólo quiero ser yo y conseguir que quien soy sea feliz, que la realidad que me rodea se transforme en lo que soy, como si un submundo, una burbuja de una realidad más consciente, se formara a mi alrededor, con la compañía de personas conscientes, que ya no necesiten más proyectar sus egos, que ya no necesiten reconocimiento del otro, que simplemente amen, sin más, estoy cansada de tanta hipocresía y de tantas relaciones vacías y desenfocadas...

Estoy hastiada de tanto ego, el mío ya es un estorbo muchas veces, pero el de esos que lo proyectan hacia mí y me acusan justamente de lo que ellos hacen, eso ya..., en fin, no tengo tiempo para esas tonterías, he llegado a mi cupo, ahora sólo sonrío, observo, y sigo mi paso sin hacer caso a lo que no tiene ya importancia para mí... 
Que cada uno se haga cargo de lo suyo... 
Ignoraré aquello que no sea amor del alma, del corazón, porque para amor de egos, amor ficticio, ya no me queda ni una pizca de tiempo, ni dedicación...

Suelto y dejo ir lo que ya no resuena con mi ser...

Arael Elämä...