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Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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jueves, 12 de mayo de 2016

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - DE IRONÍAS Y "VIA CRUCIS" (EGOS)


Paseaban las dos de la mano, como cualquier pareja lo haría, ya que su amor era un gran orgullo para ambas, así pues, no querían ocultarlo, a pesar de que habían recibido críticas y habían sufrido mucho antes de tomar la decisión de enfrentarse a sus tabúes, a sus miedos, a sus dudas.
Ambas conocían el amargo sabor de la falsedad y la hipocresía, de las intenciones sombrías de muchas personas que se hacían llamar amigas, para luego sonsacarlas y usarlas como carnaza en sus chafarderíos de media tarde, junto al té y las pastitas, recitando una y otra vez los porqués de lo desdichadas que serían y lo mal que gestionaban su vida y bla bla bla...
  • Buenos días - dijo aproximándose una de esas tan amigas de lengua afilada y sentimientos de culebra enrevesada y retorcida – ¿Qué tal estás, María? Te veo muy bien acompañada, querida.
  • Buenas, Sofía, pues sí mira, la vida me sonríe.
  • ¿No me presentas a tu amiga?
  • No es mi amiga, es mi pareja, y sí, te la presento, es Carmen, y es una de esas personas honestas y sinceras, de esas que te enseñan lo que es una buena persona, una buena amiga, comprensiva, y además... la amo.
  • Ay, bueno -dijo algo sorojada y disimulando- me alegro mucho de que estés bien. ¿Y tu trabajo? ¿Has encontrado ya algo?
  • Pues mira, resulta que la floristería funciona a la perfección y tengo bastantes clientes, de esos que no me critican después de la compra y de quedarse un ratito a charlar, de esos fieles que agradecen mi hospitalidad, mi amor, y mi comprensión, algunos incluso se han convertido en buenos amigos porque supieron ver quien soy en lugar de buscar la manera de hundirme o de someterme a juicio entre palabras llenas de veneno de serpiente para su regocijo personal. Y es que, ¿sabes? Me he dado cuenta de que la vida aparta a esas personas que son perjudiciales para uno, las pone en tu camino para que aprendas algo, te lo enseñan desde su inconsciencia y luego se van, y ¡menos mal! Porque como amigos no sirven y como clientes son demasiado desagradecidos.
  • Veo que sigues enfadada conmigo, querida, pero es que yo tenía motivos para decir todo lo que dije.
  • Sí, claro, tenías tus motivos, porque tus conflictos personales no te permitían ver más allá de lo que estaba ocurriendo, necesitabas proyectarlos en mí, y espero que te haya servido para darte cuenta de que hay algo que tienes que resolver dentro de ti, algo que en realidad no tiene nada que ver conmigo, y de veras, preciosa, espero que lo superes, porque a mí no me corresponde hacerlo.
  • Fuiste tú la culpable, no yo, no empecemos, porque no fui yo la que se inventó lo que pasó, aún estoy esperando aquel pedido que te hice, pero veo que no me lo traerás. Además, no me hables de conflictos que tú tienes unos cuantos problemas que resolver, no me vengas dando clases a mí.
  • Sí, y qué bien te viene que yo tenga problemas, o más bien que los tuviera, porque eso te hizo creerte en el derecho de criticar mi manera de gestionarlos. Y no, no fuiste tú la que inventó lo que pasó, pero sí que interpretaste lo que te convenía en ese momento y prolongaste tu ira y tu desprecio durante dos años, sólo porque no eras capaz de enfrentarte a tu propio conflicto. Ahora ya no hay nada entre nosotras, no existe amistad, no existe nada, tú lo mataste, pero de igual forma yo no estoy ni enfadada, ni resentida, sólo he aprendido a decir lo que pienso, como hace todo el mundo, sin morderme la lengua, sin ser hipócrita, porque  ahora sé defenderme, algunas personas de mi vida, personas como tú, fueron mis grandes maestras para aprender a darme cuenta de quién me ama y quién quiere utilizarme y doblegarme.
  • Veo que no tienes un buen día.
  • Pues mira, sí, hoy tengo un buen día, porque he dejado de caminar por encima de los clavos que otros iban colocando, he dejado de llorar, he dejado de sufrir y he dejado de dar mi amor a cualquiera, el amor se expande desde mi alma para todo el mundo, aunque lo recibe sólo quien sabe hacerlo, y aquellos que no lo saben recibir, lo desprecian, como tú, pero no importa, no espero nada de ti, ni de nadie, simplemente aquellos que saben amar me corresponden y los que no, deben aprender todavía, porque la amistad, el amor, no es algo que se sepa sentir o dar, debemos aprender, madurando, creciendo emocionalmente...
  • Me estás ofendiendo, y luego te quejas y dices que el conflicto es mío.
  • No, querida, no hablo desde el conflicto, sino desde mi comprensión, yo ya viví lo que tenía que vivir contigo, y sé que cuando llegues a casa llamarás a tu querida amiga para explicarle lo malísima que soy y cómo te he ofendido en plena calle, y le contarás que además ahora salgo con una mujer, cosa que te dará bastante jugo en tu chismorreo particular, pero no importa eso tampoco, porque no me afectan esos juegos, ya no, ahora prefiero darte yo la noticia para que la saborees, pero diciéndote en tu cara lo que pienso de ti, de tu personalidad, de tu ego, porque tu alma es pura, pero la inocencia que nace de tu desconexión con tu ser, no te permite ver más allá de tus prejuicios y tus creencias.
  • Ya estamos con tu psicoanálisis barato.
  • Bien, ya hemos terminado por hoy, sigue en tu vía crucis que yo ya no voy a volver a pisar el suelo de los afligidos que sufren victimizados por sus propios pensamientos absurdos. Sigue hablando, pero has de saber que tus habladurías son sólo una distracción que no te permitirá avanzar y te aplastarán sometida a tu propia conducta para la cual inventarás tu propia panacea, que no será más que otra mentira para creerte que estás siendo espiritual, buena persona, comprensiva y benefactora, cuando en realidad no eres capaz ni de renunciar a tu orgullo para reconocer que estás celosa y enfadada por todo lo que no consigues. Obsérvate y aprende de ti misma, de tu ego, de tus miedos, de tu envidia, de tus errores, no son nada malo, sólo te están avisando de que hay algo ahí por resolver. Te deseo lo mejor, pero olvídate de mí, no existo para ti. Adiós.
La amiga se quedó allí, petrificada, mientras María y Carmen se iban abrazadas alejándose del lugar. Jamás antes alguien le había hablado así, y mucho menos ella, María, la buena de María, aquella mujer que siempre lo daba todo y aceptaba todo. ¿Qué le habría ocurrido? ¿Por qué parecía tan enfadada?
Se fue con su bolsa de la compra hacia casa pensativa y cuando llegó allí, después de guardar las manzanas y los plátanos, cogió el teléfono y marcó el número de su querida amiga Francisca.
  • Dígame – se escuchó al otro lado del auricular.
  • Francisca, soy yo, Sofía, no te creerás lo que me ha pasado...
Arael Elämä Araham (E. Vera Vitae)
El Romántico Obsoleto

EL ROMÁNTICO OBSOLETO - LA CITA


El viaje en el tren era lo de menos, su vestido, su maquillaje, su cabello, su perfume, todo lo que ella había preparado con suma cautela había quedado reducido a un breve suspiro tras media hora de trayecto. En el incómodo asiento donde reposaba su nerviosismo, el tiempo transcurría despacio y sus latidos iban tan rápido como la velocidad a la que ella se sentía disparada hacia algo que había estado esperando durante mucho tiempo.
Conocía muy bien aquella sensación de inquietud, podía ser devastadora, pero no podía permitirlo, era la primera vez que iba a verle y no quería estropearlo hablando demasiado, o estando demasiado tímida, o tal vez demostrando lo mucho que le importaba tenerle frente a frente por fin, después de meses enviándose cartas por correo electrónico.
Sabía muy bien lo poco atractiva que era, y que él no se fijaría en ella por su belleza, ni tampoco por su cuerpecillo frágil y flácido, además se sentía bastante poco para un hombre tan grande, al que admiraba tanto.
Recordó aquella vez en que quedó con quien iba a ser su primer novio hacía algunos años, cuando le quedaban unos meses para cumplir los diecisiete. El ya contaba con veinte años y parecía interesante, ya no vivía con sus padres y era un artista, pero fue todo un desastre, ninguno de los dos pronunció palabra y la cena fue totalmente silenciosa. Cada vez que intentaba hablar con él le entraba hipo y él no lograba mirarla a la cara, así que no apartó su mirada de su plato.
Cuando por fin él se decidió a preguntarle cómo se lo había pasado, un enorme trueno se hizo con el poder de su garganta y salió directo como un rugido espantoso que acabó por arruinar la velada por completo.
Y es que Mario no era precisamente el novio ideal, nunca lo habría podido ser, pero ella había decidido darle una oportunidad, “craso error” que le costó meses más tarde arrepentirse de haber sido tan considerada con alguien con quien no tenía nada en común sólo por su fascinación hacia su arte.
Su historial con los hombres no era demasiado bueno. Primero el pintor artístico, Mario el bohemio adinerado que la llevaba a exposiciones vestido como si no tuviera solvencia suficiente para comprarse unos pantalones decentes, y con el pelo perfumado con el ayuno de varias semanas de un lavado en condiciones.
  • Me gusta emanar este aroma a hombre – le decía orgulloso e incrédulo ante el sugerente reproche de ella, cada vez que , entre palabras increíblemente diplomáticas, trataba de hacerle entender que se lamentaba de su rancio perfume emanado por la habitación, acompañado de su atuendo pintoresco, e incluso en ocasiones tan aciago como lo podía llegar a ser un estercolero .
Y es que a Tania le gustaban mucho los hombres con personalidad, diferentes, de esos que llaman la atención porque van contra la corriente, porque luchan por un mundo mejor, porque conectan con su alma y se expresan sin tapujos, sin miedos, sin vergüenza, sin embargo, nunca daba con ninguno que estuviera cuerdo, o que se mostrara inteligente además de apasionado por cambiar la realidad en la que vivimos. Mario era un hombre que no conocía la higiene y que usaba su dinero, bueno, más bien el dinero de su padre, para comprar cervezas y conseguir el reto de enfadarle cada día un poco más, gastándolo en apuestas con sus amiguetes, o en equipos de música, o en largas estancias en apartamentos en el extrangero con sus colegas, esos que compartían las mismas costumbres infectas que él.
Tania nunca entendió cómo podía haber salido con él si parecía más un mueble adquirido como adorno para él que una pareja, de hecho, no llegó a acostarse con él por dos motivos muy evidentes, uno debido a que la distancia que la mantenía a salvo del desmayo no le permitía ni siquiera abrazarle, y otro su homosexualidad no aceptada, motivo por el cual nunca mostró interés sexual por ella.
Aquello seguramente había sido una pesadilla de su adolescencia, una entre unas cuantas, claro, porque ese fue su primer novio, pero el segundo tampoco fue muy especial.
Continuaba en el tren pensando en sus anteriores parejas, imaginando que aquel hombre con el que se iba a reunir en breve podía ser ese ideal que tanto había soñado.
Ya sólo quedaban tres paradas, sólo diez minutos para verle, y realmente estaba muy agitada. Estaba sentada y sus piernas flaqueaban, sus manos temblaban, y le faltaba la respiración, necesitaba distraerse y la música que escuchaba con sus auriculares no la relajaba. Debería volver a evocar los recuerdos de aquellos tiempos en los que sus citas eran una ruina, pues la verdad es que no había tenido demasiada suerte.
Se acordó de Joan, aquel muchacho catalán que conocío en su viaje a Ibiza, ese que podría haber sido su gran amor y que se convirtió en otra pesadilla, y de Fermín, el informático obsesionado con los ordenadores que estaba siempre ante la pantalla aunque ella se vistiera con la lencería más exótica y sensual que había encontrado y comprado exclusivamente para conseguir levantar la moral de su pareja.
También recordó la primera cita con Pedro, un colombiano con el que supo lo que no querría nunca que le sucediera a ninguna mujer en la vida, tener sexo y sentir lo mismo que se siente cuando estás anestesiado de cintura para abajo, en fin, si un mono hubiera venido a hacerle cosquillas en los pies hubiera sido más agradable y placentero que lo que aquel pesonaje consiguió en cada uno de los intentos sexuales que tuvo para averiguar si lo podía hacer aún peor o no.
Nada que ver con Francesco, con el que sólo podía repetir la misma frase cada vez que venía y le susurraba todo lo que iba a hacerle en el oído, “mamma mia!”, el italiano sabía todos los puntos que tenía que tocar, todas las letras del abecedario estaban para él escritas en la piel de Tania para ser activadas en una oleada de placer que ella no sabía controlar, es más, no quería interrumpir nada de lo que aquellas manos conseguían hacerle sentir con su magia sexual. Sin embargo Francesco era demasiado aficionado a tocar letras, y las tocaba con sus amigas, con las amigas de sus amigas, con las vecinas y con las madres de las amigas y de las vecinas, todo un seductor sin límites, conocedor del cuerpo de la mujer, poeta del amor y del erotismo, al que Tania recordaba en aquel momento con un  “ay, dio mio, Francesco, non ho parole!”.
La voz que anunciaba la llegada a la estación de Barcelona acababa de retumbar en el pecho de Tania. Ya había llegado el momento.
Aquel hombre era diferente, pero todavía no estaba convencida de que su fortuna hubiera cambiado y de lograr encontrar a su alma gemela después de tantos intentos.
Bajó del tren, el andén era oscuro y estaba invadido de gente corriendo con prisas, como si se les fuera la vida en cada gesto, como si llegar tarde les pudiera suponer perderlo todo. Se acercó a las escaleras mecánicas y, firme y decidida, se dispuso a subir por ellas.
El día estaba bien soleado y en la ciudad se sentía siempre conectada a su esencia, llena, feliz, así que ese día iba a ser especial, lo sabía.
Allí estaba la plaza de Cataluña, y se acordó entonces de un gran amor que tuvo, un muchacho que iba en bicicleta a trabajar, alguien con quien supo lo que era la complicidad, la verdadera esencia del amor, alguien de quien se enamoró profundamente y que dejó ir cuando ese enamoramiento se desvaneció de ella sin otro culpable que la rutina, la falta de espacios conjuntos, la falta de conexión entre ambas almas.
Con él aprendió mucho, creció, supo amar, pero no consiguió nunca que su amor se manifestara a través de sus dos almas, a pesar de su gran afinidad mental y emocional, nunca pudo cubrir del todo el vacío que ella sentía al no lograr tocarle en su ser, al no lograr comunicarse con su esencia más allá de sus muros.
Por un instante le añoró, pero después recordó a qué había venido. Alan, el apuesto hombre que tantas veces le había escrito estaría allí, esperándola.
Un hombre vestido con una chaqueta marrón y un pantalón negro la esperaba en la puerta del centro comercial. Su cabello negro y liso, peinado hacia un lado de un modo muy elegante, le llegaba casi por encima del hombro. A ella le atraían mucho los hombres con el pelo largo y eso era un punto muy a su favor. Sus ojos azules la fulminaron nada más conectar con ellos, hasta el punto de tener que apartar la mirada para no ruborizarse. Y su sonrisa, su sonrisa la enamoró por completo, como en un flechazo.
  • Hola, Alan, ¿qué tal?
  • Hola, Tania – le dijo dándole dos besos. ¿Te parece bien que vayamos a comer? Hice una reserva en un restaurante que está cerca de aquí.
  • Sí claro, perfecto, vamos...
Lo que sucedió después fue que el tiempo se paró, todas las anteriores citas se borraron de su mente, su cuerpo experimentó el amor en cada partícula, su alma se abrazó al alma de Alan, y sus miradas se entrelazaron hasta hacer el amor en un instante eterno.
Pero Tania es Tania, y su enamoramiento se tradujo en inseguridad, en miedo al rechazo, y cuando supo que no era su tipo de mujer, cuando él le habló de su vida, se dio cuenta de que sólo ella le había amado, sólo ella le había tocado el alma y sólo ella se había entregado en cada mirada.
Así que, pensando en lo que se perdería si él no se sentía atraído por ella y en lo guapo que era e imaginando cómo estaría Alan si se quitara aquella camisa blanca que tan bien le quedaba, su subconsciente la traicionó y, en un gesto torpe, tiró el café sobre dicha camisa achicharrando el pecho del pobre hombre.
  • Deja que te limpie – le dijo mientras trataba de echarle agua en la mancha.
  • No, tranquila, no te preocupes, voy al servicio y lo arreglo.
  • No, no, ha sido culpa mía, déjame ayudar, por favor.
Y de nuevo el desastre se hizo presente cuando la exitación de ella consiguió que el agua tomara protagonismo al caer por todo el pecho de Alan, provocando un subidón de calor en Tania de tal magnitud que el agua acabó también en su entrepierna. Ante tal exceso ella se apresuró en tratar de secar la humedad en aquel delicado lugar, justo cuando uno de los camareros se acercaba a traer la cuenta.
El rostro de Alan sería de película de dos rombos si nos remontáramos a los tiempos en los que la televisión era en blanco y negro, y el refinado camarero estaba escandalizado pensando en algo que seguramente le hubiera gustado experimentar él en su persona.
Si a eso le sumas que con el movimiento del frotamiento, el escote del ligero vestido de Tania dejó entrever algo más que el inicio de sus pechos, bueno, creo que la situación habla por sí sola.
No fue tan espantoso como parece, tal vez a Alan le gustaran las atentas friegas que Tania le hizo para aliviar la situación, pues esa sólo fue la primera de muchas citas, aunque, que quede entre nosotros, no fue la más desafortunada.
Y es que el amor a primera vista a veces necesita un poquito de ayuda...ya me entendéis...
Tal vez el encuentro con tu alma gemela no sea como en las novelas románticas, tal vez pase frente ti sin que te des cuenta, o tal vez te derrame una taza de café en tu camisa preferida, o simplemente puede que un día tengas con ella una cita tan desastrosa que no quieras volver a verla, pero es cierto que Tania la halló aquel día y, contra todo pronóstico, se volvieron a ver y repitieron escenas como aquella hasta que un día se dieron cuenta de que nada les podía separar, ni siquiera una situación embarazosa.
Arael Elämä (E.Vera Vitae)
El Romántico Obsoleto
(humor)