SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.

sábado, 15 de marzo de 2014

CRECIENDO

Cada vez que me caigo, me levanto, limpio mis heridas y mis lágrimas y continuo caminando...
A veces, volar demasiado alto es maravilloso, pero si desciendes bruscamente, el dolor que experimentas puede partirte el corazón, el alma, todo lo que tú crees puede despedazarse, puedes morir en ti, morir en ti...

Yo he muerto muchas veces así...

Tras la muerte de mis ilusiones, el velo cae y todo empieza a ser más claro, más real...

Estar aquí no es fácil, pero por algo estoy aquí, y tal vez debo morir y renacer una y otra vez para dejar de ser lo que no soy...para ver con nitidez lo que la mente crea falsamente, y darme cuenta de lo que mi alma, o mi Ser, quiere hacerme saber...

Aprender a amar sin condiciones es más duro de lo que imaginaba y esperaba, pero es evidente que debo conseguirlo, debo comprenderlo, no puedo rendirme ante lo que aparentemente me decepciona de este mundo, de este juego de la vida...

Constantemente me dicen que debo ser fuerte, valiente, paciente, y que debo confiar, confiar...
Y yo camino sobre un suelo que no tiene superficie, doy mis pasos sobre el agua, me sostengo sujeta al amor de mi alma, mientras mis lágrimas humanas caen sobre mi pecho al comprobar lo difícil que es transitar de esa manera por un lugar donde todo es tan rudo, donde hay tantas almas perdidas, buscándose a sí mismas, haciendo daño e hiriéndose extraviadas en la confusión de sus mentes...

Renuncio, renuncio a ser humana, pero no consigo liberarme de las emociones que están atadas a mi cuerpo, a mi mente, y a mi corazón apesumbrado y triste...

Lo quiera o no, estoy aquí, y ahora sólo tengo dos opciones, entrar en el juego, ser uno más en él, caer en las trampas, seguir las normas, olvidar que estoy jugando, o ser una observadora, una guía, alguien que sólo se adentra a jugar cuando cree que debe intervenir por algún motivo, sin olvidar que esto es sólo eso, un juego absurdo al que no pertenezco.

Así que mi fuerza sigue aquí dentro, muy firme, mi capacidad de continuar, mi entereza, mi templanza, mi confianza, todo eso está clavado en mí, en lo que soy, sin avergonzarme de ello, sin sentirme ridícula, sólo siendo yo, alma pura en un cuerpo de mente atormentada por la incomprensión de lo que ve y oye, tal vez mente hundida en las desgarradoras decepciones que la vida presenta como parte de este juego, en el que el ego crea expectativas para que puedas recoger desilusiones.



Sí, también tropiezo con mi propio ego, también lloro y me refugio en las palabras y los abrazos de quienes me aman y comprenden, también soy humana, aunque a veces reniegue de serlo, también me equivoco y arrullo mi propio llanto envolviéndome en el gran amor incondicional que siento hacia mí misma y hacia los demás.

Por eso, por ese amor incondicional que crece en mí cada día más, me perdono por crear castillos de arena, me perdono por herirme al descubrir la obra de teatro que me rodea y darme cuenta de que no era lo que deseaba, lo que esperaba, y así, me demuestro una vez más que amar no es despreciar lo que no te gusta, sino abrazarlo de igual forma, desnudándome de los prejuicios, de las preguntas, desabrochándome de lo que los personajes interpretan, pues amar incondicionalmente es eso, amar sin ver con estos ojos, amar mirando al otro desde el alma hacia el alma...

Mi única ridiculez ha sido querer controlar lo que ocurre, lo que otros deciden, lo que otros experimentan, intentar que el mundo sea como yo soy...
No soy un ejemplo a seguir, sólo soy un ser más experimentando en este cuerpo mental, pero doy todo lo que soy a quien me desee escuchar, leer, conocer, sentir...

Me perdono, sí, y perdono lo que esperaba que fuera y lo que es en realidad estar en este mundo.
Pero no dejo de amar, eso no, amarme, amar a otros, es parte de mí, y cuando deje de hacerlo habrá muerto mi alma para siempre...

Y también por eso, volaré por encima de lo que se ve, saltaré por encima de lo material, continuaré caminando sobre un suelo sin superficie, sobre el agua del mar, sobre las nubes, pero esta vez con consciencia total de que nada es lo que parece, de que no debo esperar nada a cambio de lo que hago por amor, sólo vivir amando, Ser, existir, y dar...

Intentaré no ser emoción, sino amor, luz, esperanza, intentaré no necesitar, ni desear ser amada, sino ser yo misma ese amor que anhelo y respiro, ser yo mi nutriente divino, ser yo el jardín de flores que mi alma ama y espera...

Viviré creciendo, como un niño que se va dando cuenta de que todo es una gran ilusión, un espejismo, y que depende de él ver que todo está iluminado por el sol, o ver que la oscuridad reina a su alrededor...

No renunciaré a mis sueños, saltaré por encima de mis desengaños, por encima de las expectativas de mi mente, por encima de lo imposible...

Creciendo...

Arael

jueves, 13 de marzo de 2014

MI GRAN AMOR ESCONDIDO

Hoy he sido fantasía en un instante, he sido realidad en otro plano, he sido un ser de alas solemnes, cuerpo de éter, mis manos eran luz blanca indeleble, he sido el amor a través del corazón de un ángel que te buscaba en mi presente...
Y en un viaje hacia tu hogar, hacia el lugar donde te escondes, allí, observando tu rostro durmiente, tus huellas, tus pasos diarios en tu caminar inconsciente, te he contado lo que mi alma siente, y te he prometido quererte, te he prometido encontrarte, te he prometido no dejar de esperarte...
Y con la tinta perenne de mi corazón he escrito en el tuyo lo siguiente:



Voy a alzarte y a elevarte, voy a volar contigo, voy a danzar con la luz que desprendes cuando sonríes esquivo, cuando te enciendes, aunque no estés conmigo, cuando eres sol o eres luna, cuando eres mar o eres cielo, cuando eres tan grande como el amor que desprendo al presentirte en mi camino...mi gran amor escondido...

En mi alma está grabada tu esencia, acunando mis besos dormidos, abrazando mis palabras de amor calladas, sosteniendo mi propio ser que se entrega en el mar que tú eres, en el edén donde brillas como mi estrella, esa que me da la vida, que me guía y me fascina...

Al despertar cada mañana, tras los buenos días que te susurro en silencio para que me escuche tu alma, soy esa flor de primavera que se eleva envuelta en su fragancia eterna, y entonces, iluminada y perpetua, te siento y te veo en mis ojos que te esperan, que desean contemplar absorta tu mirada, en un lugar donde nada nos hiera, donde no existan prejuicios absurdos, y si aparecen, y si se acercan, simplemente saltemos por encima sujetos a nuestro amor, fuerte, tierno, colmado de una pasión que nos engrandezca...
Si te doy mi mano, ser que me esperas, ser que yo anhelo, te alzaré tan alto y tan lejos del dolor de lo humano, que nada podrá rozar la felicidad que anidará en tu pecho con este amor coronado...

Si un día me sientes cerca, no vaciles, pregunta, que mi corazón siempre contesta, responde para guiarte, para arrullar tus temores y convertirlos en arte, para adornar tus penas con los besos que no hallaste, y curarlas, y borrar las señales, el dolor y el sufrimiento que experimentaste, y así llevarte hacia las puertas de la superación y del saber que aplicaste, olvidando el pesar que conllevó examinarte en este mundo de teatro incesante...



Seré ese sol que te despierta, el alba que te viste de colores y belleza, la noche de luceros que resplandecen y te recuerdan que no eres lo que aparentas, sino lo que emanas desde lo más hondo de tu alma experta...

Y ahora regreso a mi cuerpo de mujer que en la distancia te cuenta, que no hay distancia real para el amor que entre nosostros se mezcla, porque es infinito, inmenso, perfecto y entregado...porque es amor residente de nuestro espíritu enamorado...

Hoy he sido fantasía en un instante, he sido realidad en otro plano, he sido un ser de alas solemnes, cuerpo de éter, mis manos eran luz blanca indeleble, he sido el amor a través del corazón de un ángel que te buscaba en mi presente...
Y en un viaje hacia tu hogar, hacia el lugar donde te escondes, allí, observando tu rostro durmiente, tus huellas, tus pasos diarios en tu caminar inconsciente, te he contado lo que mi alma siente, y te he prometido quererte, te he prometido encontrarte, te he prometido no dejar de esperarte...
Te he prometido, mi amor escondido, que yo no voy a esconderme...

Arael

martes, 4 de marzo de 2014

LA LEYENDA DE LA MUJER DE LA PLAYA (2ª PARTE DE LA LEYENDA DEL HOMBRE ANDANTE)

LA LEYENDA DE LA MUJER DE LA PLAYA
(2ªPARTE DE LA LEYENDA DEL HOMBRE ANDANTE)


Cuenta la leyenda que, mientras el hombre andante viajaba por el mundo entero, la mujer de la playa le esperaba envuelta en su luz para que él la pudiera ver y reconocer.
Las olas del mar hablaban un lenguaje transparente para ella, un lenguaje sencillo que comprendía a la perfección. Ensimismada entre la espuma del agua salada del mar, se bañaba en su belleza azul cristalina, bebiendo lunas en la noche, nutriéndose de amaneceres hermosos, salpicándose de la extraordinaria luz de las estrellas que alumbraban su camino en la orilla de la playa.
Su vida transcurría silenciosa en aquel paraje tan sencillo y grácil, conectada con la brisa marina, con cálida arena, con las dunas del paso del tiempo como compañía, caminando entre sus propias huellas, comprendiéndolas, amándolas, aunque al principio las desdibujaba y las volvía a dibujar, en un intento de hallar esa perfección imposible de su alma.

  • El alma no es perfecta, el alma es sólo alma, no tienes que buscar su pureza porque el alma ya es pureza, lo que tienes que limpiar es tu mente.-Le repetían las olas en su vaivén.

Había aprendido a escuchar a sus guías a través del sonido incesante de las olas que susurraban lo que ella necesitaba saber en cada momento.
Su vida era plácida, pero muy solitaria, apartada de todo lo mundano, refugiada en su mundo de ensueño, para los demás pura fantasía.
Ella sabía muy bien en su interior que no estaba loca, que todo aquello era cierto, real.
Por la noche, los luceros alumbraban y velaban su sueño y le comunicaban que pronto aparecería un hombre que la amaría con el mismo amor que ella era capaz de sentir, incluso le mostraban su aspecto para que ella pudiera salvaguardar la ilusión de aquel encuentro.



Pero los años pasaban, el tiempo era su enemigo, su juventud se marchitaba y sus ganas de vivir el amor la estaban ahogando en una tristeza agotadora.
Así que, un buen día, decidió marcharse de su playa.

Recorrió un sendero de flores, descalza, fatigada por la perenne espera que había estado protagonizando, sin esperanza, sin alegría, desgastada por la añoranza de aquel muchacho que tantas veces le había prometido unirse a ella, aquel ser que la amaba en sus sueños profundos, en sus viajes a otros planos, mientras habitaba en aquel lugar hermoso cerca de la orilla del mar.

No deseaba perderse lo que era amar a otro ser humano, vivo, físico como ella, alguien que supiera hacer que sus ojos volvieran a brillar como antes, alguien que la colmara de amor, que la enseñara a compartir, a reír, a vibrar, a disfrutar de la vida en compañía. Sin embargo, en su corazón albergaba aún el deseo y el anhelo de que apareciera su gran amor, ese que sentía en su alma como una fuerte ráfaga de resplandeciente luz que revoloteaba en su interior, que la hacía sentir como una diosa.

Caminando por aquella senda, un hombre solitario le llamó la atención, pero estaba demasiado distraído sumido en sus desgracias, en sus pesamientos para darse cuenta de su presencia. Lo amó en silencio, sintió la compasión, sintió el desasosiego de ver cómo se destruía a sí mismo sin poder ayudarle, sin poder ofrecerle algo más que sus sentimientos en forma de amistad sincera. Fue una gran lección aprender a amar así sin esperar nada a cambio, sin que él pudiera advertir que había alguien dispuesto a curar sus heridas con todo su corazón. Así que, un buen día, se alejó de él, rendida, triste, pero sabiendo que había dado todo de ella misma para aliviar su dolor, aunque sin éxito.
Siguió su camino, unida a su desconsuelo y su decepción, pero allí, en un paraje de árboles y monte, otro ser llamó su atención. Ya no deseaba amar, el tormento de aquella experiencia había creado en ella un punzante pesar que la impulsaba a descartar algún amor que fuera más allá de lo fraternal.
Así que eso fue lo que ofreció, amistad.
Y la amistad se transformó en amor, en un enamoramiento hermoso que la impulsó hacia la felicidad, y la convirtió en otra persona, alguien que era mitad hada, mitad mujer, mitad ser divino, mitad ser terrenal, mitad ella, mitad la persona que creía que deseaba él que ella fuera.
Años y años fueron pasando, años llenos de amor, de bello amor, pero también de olvido, de dejadez de lo que ella era en realidad.
Sus estrellas se apagaron al ver que ella no las miraba, el mar se congeló por su ausencia, las dunas desaparecieron junto con sus huellas del pasado, su luna se volvió oscura, las olas dejaron de hablar para ella...

Pero vivió el amor físicamente, sintiendo en su cuerpo frágil la pasión, el deseo, el compromiso, la entrega, la incondicionalidad...pero también la soledad...

  • ¿Por qué me siento tan sola si me siento tan amada? -se preguntaba.

Y un susurro suave se mezclaba con el viento para contestarle.

  • Porque te has olvidado de quién eres mientras estabas aprendiendo a sentir lo que es estar viva, ser un ser humano. Tu experiencia ya debe concluir, ahora debes volver a la playa... Él vendrá, ahora es el momento, debes regresar a ti, a tu esencia, porque él debe poderte ver, y para que te pueda ver debes brillar. Tu luz se alzará cuando conectes con lo que eres en realidad.

Con tristeza, emprendió su camino de vuelta a casa, por aquel sendero que antes estaba colmado de flores silvestres, donde ahora sólo había tierra seca, piedras que arañaban sus pies descalzos.
En su espalda, su mochila iba cargada de aprendizajes mal gestionados, dolor, ira, arrepentimiento, culpa, miedo...
El peso de todo aquello hacía más duro su viaje, pero debía ser valiente, fuerte, debía regresar a la orilla a reencontrarse consigo misma.
Daba un paso y caía vencida, contra el duro suelo, sus rodillas ensangrentadas escocían, sus lágrimas se derramaban, mientras intentaba ponerse en pie de nuevo para proseguir caminando.
Volvío a tropezar y a caer contra las rocas de aquella vereda. La incómoda mochila golpeó su espalda y la hizo desplomarse completamente, sumida en un dolor profundo.

  • No puedo más, no puedo más, quiero morirme, no puedo más, llevadme a casa, no quiero seguir, estoy agotada, estoy exhausta, ¿por qué tengo que hacer esto, por qué? -gritó llorando desmoralizada.
  • Vacía la mochila -escuchó.
  • ¿Vaciarla?
Ni siquiera había sido consciente de que llevaba aquella carga en sus espaldas, pero en aquel momento, se dio cuenta de lo que ocurría, sus emociones pesaban demasiado, sus recuerdos estorbaban, debía deshacerse de ellos.

A partir de aquí, su paso se fue aligerando, mientras iba extrayendo libros de su pasado, emociones plasmadas en papel que había estado cargando sin percatarse.
Fue así cómo aprendió de sí misma, de sus vivencias, recordando su infancia, sus anhelos, sus miedos, sus deseos, su dolor, sus decepciones...y superando cada emoción que atascaba sus progresos.

Por fin llegó a la playa, sin mochila, sin carga.

En la playa todo estaba desierto. El mar congelado, el cielo negro. Debía darle vida a todo aquello.
Fueron días oscuros, días en los que sentía que no iba a poder resucitarse, días en los que sentía que su Ser la había abandonado, sus guías se habían alejado, su amado ya no la visitaría más.
Hasta que, una noche, puso su mano en su corazón, cerró los ojos y sintió sus latidos golpeando su pecho. Entonces, supo que ella estaba ahí dentro, esa diosa de luz que había vivido dentro de ella, estaba ahí, siempre lo había estado, sólo dormía, a la espera de que ella la volviera a despertar.

Un centenar de rayos de luz emergieron de su alma e iluminaron todo aquel lugar...
El agua del mar brillaba como nunca, las olas ondeaban en una danza bellísima que la incitaban a bailar con ellas, el cielo estaba adornado de estrellas brillantes y centelleantes, la luna era pura plata fulgurante...

  • Estoy aquí-se dijo- he vuelto a casa.

Con el paso de los días, su amado, aquel ser que aparecía entre sueños, volvió a comunicarle su regreso a ella, su reencuentro. Le recordaba joven, apuesto, guapo, lleno de luz, amándola tanto...buscándola como antes, dispuesto a hallarla a como diera lugar.

Vivía feliz, en la espera, recuperándose más y más a sí misma, viviendo el amor hacia el todo, hacia su Ser, hacia su amado, la llamada llama gemela.

De pronto, una noche, un desconocido se acercó a su orilla. Era un hombre cargado con una mochila, como la que ella había estado llevando tanto tiempo.
Se iba acercando más a ella, pero iba distraído, ajeno a su presencia.
Sintió curiosidad, sintió alegría, sintió esperanza...
Sin saber bien por qué, su corazón saltaba de emoción, su alma estaba rebosante de felicidad.

¡Era él!, ¡su amado, su llama gemela!, apenas podía ver su rostro, estaba demasiado oscuro, pero le sentía, sentía su energía, aquella con la que tanto tiempo había convivido, aquella que tanto había amado.

El hombre parecía preocupado, apesumbrado, exhausto. Se estiró en la arena y se quedó dormido.

Ella se acercó a mirarle mientras dormía. Su bello rostro estaba castigado y envejecido, su cuerpo parecía haber soportado un camino muy difícil y duro, su expresión, aun durmiendo, era la de un ser demasiado decepcionado de la vida. Pero era él, no había ninguna duda.
Estuvo horas mirándole, llorando por la emoción de haberle hallado. De pronto, no pudo resistir mirar en su mochila, inducida por las olas, sus guías, que la impulsaban a indagar en su dolor para poderle ayudar y conocer mejor.
Leyó durante toda la noche, le leyó el alma, el corazón, los pensamientos, leyó todo lo que pudo, aunque sabía que aún quedaban muchos libros en la mochila para leer.
Sintió todo su dolor en su alma, cada lágrima derramada por él fue derramada por ella al descubrirla grabada en su corazón.
Y agotada de llorar por su amor, por aquel hombre que estaba a su lado, esperó a que abriera los ojos para recibirle con su amor infinito, mientras intentaba vaciar la mochila de todo aquello que ella consideraba nocivo para él.

De pronto, una voz irrumpió en su concentrada tarea y la sobresaltó.


  • Perdona, ¿qué estás haciendo con mi mochila?- Le dijo algo enfurecido.
  • Intento ayudarte, llevas demasiado peso aquí dentro y aún te queda mucho camino por delante.
  • ¿Qué quieres decir?¿Cómo sabes tú que aún me queda camino? y...¿Quién te ha dado permiso para hacer eso?
  • Uys, ¡cuántas preguntas que haces!- le dijo aturdida por su comportamiento, parecía que no la reconocía, ¿cómo podía ser eso?
  • ¡Pero contéstame!
Ella sonrió paciente y se sentó en la arena con la mochila en sus manos, esperando a que él también lo hiciera. Ya había comprendido con tristeza que él no sabía que estaba frente a su compañera de camino, su complemento en polaridad. Sin embargo, ella había aprendido a ser muy paciente, la vida le había enseñado justamente eso.

  • Está bien, te contestaré a todas las preguntas que me quieras hacer. Primero, llevas demasiado peso, tienes que irte deshaciendo de algunos recuerdos. Vamos a ver, éste ¿para qué lo quieres? - dijo extrayendo un hecho vivido por él guardado con ahínco en la mochila.
  • ¡Deja eso! -gritó él cuando vio que ella hurgaba donde nadie había hurgado antes.
  • Está bien, está bien, te voy a permitir hacerlo tú mismo, pero tienes que desechar todo esto, porque si no lo haces no podrás dejar espacio para lo bueno que tiene que llegar a tu vida.
  • ¡Qué sabes tú de mi vida! ¡No sabes nada!
  • Tienes razón, no sé nada, pero lo sé todo, eso sí, te voy a dar la oportunidad a ti de explicármelo todo, porque quiero saberlo todo de ti, todo.
  • ¡Estás loca!¡No sé quién eres!
  • Ya veo que no sabes quién soy, pero eso no significa que yo no sepa quién eres tú.-Le dijo con pesar.
  • Escucha, no sé de dónde has salido, ni qué quieres de mí, pero estoy muy cansado ya de tropezarme con personas que sólo me hacen daño y que creen saberlo todo de mi, como tú, y en realidad no sabéis nada, no sabes el dolor que he sufrido, no sabes cómo las desilusiones de la vida me han ido destruyendo poco a poco, y no quiero hablar contigo, no te metas en mi vida y deja ya mi mochila, lo que hay ahí es sólo mío.

Ella le entendía, pero un dolor punzante la estaba haciendo desfallecer. Aún así, debía ser fuerte, debía ayudarle, por fin había llegado a su vida, pero él no estaba preparado para ver más allá en ella, no era el momento adecuado y debería dejarle marchar con todo su dolor.

Aquel joven andante, que ya no tan joven por los años transcurridos, agarró con fuerza su mochila y la volvió a colgar a sus espaldas dispuesto a marcharse y continuar avanzando.

  • ¡Espera! -gritó ella corriendo tras él en un intento de dejar en él una semilla de amor que le ayudara más tarde a reconocerla- sólo escúchame un minuto, por favor.
  • Tengo prisa.
  • Sólo un momento, -insistió- seré breve.
  • De acuerdo, pero rápido, me queda poco tiempo para encontrar lo que busco, y estoy demasiado cansado ya.
  • Mírame a los ojos, escúchame, déjame entrar en ti.
  • ¿Qué quieres decir?
  • Tú hazlo, no te haré daño.

Sin saber bien por qué él se dejó llevar por la situación, y miró a aquella extraña mujer a los ojos sin apenas pestañear, tal vez solo para complacerla y así ésta le permitiera marcharse enseguida.
Ella se adentró en su alma, en su Ser, en su corazón, y le envió todo su amor, toda la luz que pudo, junto a un mensaje codificado que debería descodificarse en el momento en el que él estuviera dispuesto a abrirse al verdadero amor.

De una forma insólita, él empezó a sentir algo que nunca había sentido, algo que no sabía cómo definir, tenía curiosidad y quiso quedarse inmóvil allí, tratando de averiguar qué era lo que estaba notando en su corazón, pero su mente interfirió de nuevo y se distrajo de lo que estaba sintiendo, restándole importancia.
Tras unos segundos mirándola y fluyendo con aquella experiencia tan singular, bajó la mirada confuso y aturdido y se apartó de ella.

  • Debo marcharme ya, lo siento.
  • Sí, está bien, lo entiendo.-le dijo mientras sus lágrimas luchaban por emerger de lo más profundo de su alma.
  • Pero no me has dicho nada, ¿qué tenía que escuchar?
  • Lo que tenías que escuchar no lo tenían que percibir tus oídos.

Ella era para él una mujer realmente extraña que despertaba su curiosidad, pero tenía que seguir caminando y no podía entretenerse más.

Así que se alejó lentamente, con su mochila a cuestas, mientras ella se giraba para llorar en silencio, de espaldas al hombre de su vida, su compañero, aquel que durante tanto tiempo había estado esperando, destrozada por haberle perdido sin poderle decir quien era ella.

Unos segundos después, algo la impulsó a mirar hacia atrás y enviarle de nuevo su amor, y sus miradas se encontraron en la lejanía.

  • Tal vez regreses algún día, querido compañero.- Se dijo mientras su mano se posaba en su corazón para retener su dolor, para impedir que la destrozara.
  • Tranquila- le dijeron las olas en su habitual susurro -volverá cuando sea el momento adecuado, ahora tendrás que aprender a amarle mejor, amarle más incondicionalmente, con más paciencia, con más elevación, respetando su proceso interno, aun sabiendo que se ha alejado de ti, deberás enviarle tu amor con más fuerza, para que pueda salir de su oscuridad y así eliminar la niebla que le envuelve y le ciega.
  • ¿Y cómo podré ser capaz de hacer algo así? -dijo entre sollozos de dolor y de rabia- Soy humana, aunque mi alma le ame, mi parte humana ahora está resentida, ¿por qué después de tanto esfuerzo en mi vida y de tanta espera, él no ha sido capaz de estar a la altura?, no es justo, no es justo...
  • Debes centrarte en ti, en elevarte, en continuar limpiando tus emociones y tus bloqueos. Esta experiencia te ha demostrado que aún tienes que aprender mucho sobre el amor incondicional, porque te duele que se haya ido, te duele que no recuerde su amor por ti, te duele que pueda enamorarse de otra mujer en su camino y olvidarse del todo de ti, su compañera de alma, pero debes aceptar esa posibilidad y amarle a pesar de todo, sólo así habrás aprendido lo que es el verdadero amor, amar sin esperar nada a cambio, amar a tu compañero aunque no pueda estar junto a ti como lo que tú desearías, tu pareja humana.
  • No sé si seré capaz de llegar a ese nivel de incondicionalidad, mis queridos guías, estoy hastiada, agotada, sin ganas de vivir, ya no me quedan fuerzas para continuar mi camino hacia mi interior. Mi misión en este lugar era junto a él, sin él no puedo completarla, sin él todo se quedará a medias, pero no puedo obligarle a recordarme, a reconocerme, a ser consciente... ¿Debería retirarme de la misión? ¿Debería volver a la senda que ya transité?
  • No. La flaqueza de tu ego es precisamente esa. No puedes centrar tu felicidad en el amor de tu compañero, sino en el amor hacia ti misma, lo demás llegará solo, cuando todo esté preparado para que así sea. Camina hacia tu ser, aún tienes mucho que descubrir.

Ella se durmió llorando, rendida ante sus emociones, aquellas que creía sanadas, aquellas que creía superadas, y se dio cuenta de que no podía dejar que sus pensamientos y emociones condicionaran su vida y su amor.

Pero...¿Volvería algún día aquel hombre andante a su vida?

Eso tal vez debamos esperar a saberlo más adelante... si la leyenda continúa...

Eva Bailón...

miércoles, 26 de febrero de 2014

SALTO AL VACÍO

El viento acariciaba suave y sutilmente mi rostro, contrastando con la terrible rabia que me invadía, aquella ira que estaba escondida tras la tristeza que tanto tiempo había estado arrastrando. Las lágrimas por la impotencia de mi situación me golpeaban el alma, me rasgaban la piel al derramarse ácidas por mis mejillas vencidas. El deseo de morir, de rendirme, era tan poderoso que no sabía ni siquiera lo que estaba pensando, pues incluso mis pensamientos estaban ardiendo entre los sollozos de mi corazón exhausto de tanto sufrimiento, harto de tantas ideas absurdas y maloientes que se quebraban en mi pecho desequilibrando mi autoestima, mi deseo de vivir, mi ilusión por hallar otros como yo que se identificaran con el amor eterno, con el alma, con ese mundo que va más allá de lo tangible.

Di un paso, pero tenía miedo, mucho miedo, pánico.
La idea del suicidio era la más clara en aquellos instantes, pero en lo profundo de mí había algo que parecía intentar convencerme de que cambiara de parecer al recordarme y hacerme sentir mi vértigo.

  • Está demasiado alto, no me atrevo, no puedo saltar, no puedo.

Pero estaba decidida, ya no merecía la pena vivir, el dolor se había vuelto demasiado profundo, se había abierto camino entre mi alma y la había contaminado, la había desintegrado, la había despedazado por completo, ya no había escapatoria, ni salvación para mí, ¿quién iba a salvarme?, nadie se interesaría por mí, no importaba lo que me sucediera, porque yo era insignificante, no era nada, sólo dolor.

Me había puesto aquel vestido azul de raso, aquel que tanto me gustaba, entallado a la cintura, con la espalda descubierta, era un vestido precioso, sí, pero nunca había tenido ocasión de ponérmelo, de todas formas, si debía morir, al menos deseaba hacerlo bien vestida. Me había maquillado como nunca, sombra de ojos oscura, rimel, base de color, labios perfilados y pintados en un rosa malva brillante... Me había tomado la molestia de estirarme el cabello y luego ondularlo y marcarlo para estar bien atractiva. La verdad es que era algo totalmente incongruente, siempre me había ocultado del mundo, nada de maquillaje, nada de joyas, nada de cuidados de ningún tipo, sólo yo, una mujer sencilla, que pasaba inadvertida siempre, una mujer poco estremada, una mujer que estaba en contra de toda esa artificialidad que otorgaba al sexo femenino de una fuerte connotación de sumisión a las tendencias de la moda del momento, algo que detestaba.
Pero claro, cuando uno se va a morir prefiere morir guapo, lo cual era también bastante contradictorio teniendo en cuenta que me iba a estampar contra la acera.
El motivo de decidir morir así era muy claro, siempre había deseado volar, escapar de este mundo de horror, donde todo lo que se valora está basado en la apariencia, en la belleza exterior, en la hipocresía, en el falso amor, y yo, me sentía fuera de lugar en cualquier lugar, así que, ¿para qué continuar aquí?, era mejor abrir mis alas y saltar al vacío.
Volví a mirar hacia abajo, y de nuevo el vértigo hizo acto de presencia.

  • No puedo saltar, no puedo, está muy alto.

Entonces, aquella dulce voz comenzó a expresarse, a manifestarse, mientras yo la escuchaba temblando por el pavor de ese gran salto que estaba a punto de realizar.


  • No temas, sé que estás asustada, pero debe morir, esa parte de ti debe irse, ya no puedes seguir así, sé honesta contigo misma, deja de vivir fingiendo ser quien no eres, deja de engañarte a ti misma, sé valiente. -Dijo aquella extraña voz.
  • Pero muchos sufrirán por mi muerte, lo sé, tal vez he subestimado el amor de mi familia, de mis hijos, de mi esposo, de mis amigos...
  • No, querida Arael, has subestimado tu amor hacia ti misma.
  • ¿Y por eso debo morir?
  • No, sólo morirá la mujer que has estado siendo hasta ahora, sólo ella, pero ella debe morir para que tu verdadero yo pueda vivir, resurgir con fuerza y alzarse valiente ante este mundo que tanto miedo te da.
  • Pero, esta parte de mí, yo, también la amo, debería amarla, ¿no?- pregunté algo confusa.
  • Sí, ¿acaso crees que el significado de la muerte está ligado al hecho de la ausencia de amor?. La muerte es sólo un crecimiento, un cambio, una nueva vida.
  • Sí, es cierto, pero si dejo morir a esta parte de mí, siento que la estoy matando yo.
  • Y sin embargo no es así, sólo estás permitiendo que se vaya, ella ya cumplió su función junto a ti, ahora le toca a tu verdadero yo Ser y existir.
  • No puedo saltar, tengo mucho vértigo, me dan miedo las alturas.
  • Si quieres avanzar debes hacerlo, debes superar tus miedos, y debes confiar.
  • ¿Cómo se puede confiar en algo que no se ve? ¿Cómo puedo saber que no me ocurrirá nada malo?
  • No lo puedes saber, sólo debes confiar, nada más. Siente en tu corazón la certeza de que todo está bien, salta, salta al vacío, hazlo, permítete ser tú, di o que sientes, ama sin miedo, sin restricciones, ama libre, y deja que tus sueños lleguen a ti. ¡Salta!

    Miré hacia el suelo, era terrible el pánico que me invadía, pero tenía razón, había llegado el momento de dejar atrás una vida que no era lo que deseaba, sin embargo, un espacio de mí aún se negaba a aceptar que todo cambiaría, mientras otro lugar en mí se alegraba porque esperaba ansioso la libertad.

Tomé aire, cerré los ojos, recordé lo vivido, lo experimentado, la felicidad que había comprendido, la capacidad de amar en lo físico, en lo tangible, el deseo de ser madre, el apreciar poder serlo, la complicidad de tener un buen compañero de camino, un gran apoyo durante años, un amor que se había transformado, porque mi deseo de amar se había elevado y engrandecido, se alzaba en busca de horizontes más lejanos, recuperando lo que había estado amando desde siempre, desde lo más profundo de mi alma. Recordé quién era, cuánto me había rechazado a mí misma por ser diferente, cuánto me había ocultado de lo que era, cuánto miedo había sentido de amar tanto, tanto, tanto, y de amar a alguien que no sabía dónde estaba con todo lo que yo era, mi yo completo.

  • Pero no puedo perder lo que tengo por algo que no sé si llegará algún día -me dije abriendo de nuevo los ojos.
  • Arael -rompió de nuevo el silencio la voz- no vas a perder nada, vas a ganarte a ti misma, vas a ser honesta con tu alma, vas a ganar el amor de tu corazón, vas a trascender tu miedo a vivir, a amar con toda tu capacidad de amar, sin desprestigiarte por ser como siempre has sido.
  • No, yo sólo soy...soy como una niña, demasiado inocente, demasiado ignorante, demasiado crédula, y tal vez soy demasiado amor.
  • Sé demasiado amor, Arael, sé lo que eres, y si eres como una flor indefensa, así debes ser, pero recuerda que la flor es y existe sin importarle que el viento sople con fuerza, sólo se limita a ser lo que vino a ser, no intenta ocultar su naturaleza por miedo a que el viento la arranque del suelo. Si tu vida transcurre bajo el dominio de tus miedos, nunca te permitirás vivirla, sólo sobrevivirás, te perderás tu propia vida, dejarás de ser la protagonista de ella y pasarás a ser el personaje secundario de la vida de otros, donde sus necesidades fueron volcadas en ti, y tú, sometida a sus deseos, interpretarás el papel que ellos decidieron para ti...¿De verdad deseas eso?
  • ¡No! Yo quiero ser libre, libre, ¡quiero ser libre!
  • Deshazte de las cadenas que esta sociedad te impuso, desabrocha la soga que llevas por tus experiencias pasadas, por el dolor de lo que ya aconteció, ya no tienes que llevar esa carga, desata tus manos, eres libre, ya no tienes que ser el borrador de lo que viniste a ser, ahora ya no. ¡Salta!

Abrí mis brazos en cruz, cerré de nuevo los ojos, expandí mi corazón, y me dejé caer como una pluma, como una hoja que danza con el viento, como un ángel que emprende su vuelo, que cae y cae, pero que vuela y vuela... El viento susurraba que me amaba, y yo confiaba, sentía en mi alma el sabor del amor libre, de la libertad de mi ser.

Y entonces, vi como una parte de mi cuerpo descendía hasta llegar al suelo, y allí, desaparecía, mientras yo, milagrosamente, volaba con mi elegante vestido azul ondeando al son del viento, y unas enormes alas de plumas blancas me sostenían en mi vuelo, volaba...volaba...

Era feliz...

Y desde entonces, aún vuelo, libre, y cada vez que me elevo más y más, me voy desprendiendo de partes de mí que aún me pesan, para alzarme más alto, para tocar las nubes, el sol, el universo, para alcanzar mis sueños...

Y ahora, la brújula de mi corazón me guía, y ahí es cuando le presiento, noto que mi compañero de alma está cerca, mientras desde mi corazón, desde mi alma, le envío cada noche el mismo mensaje de amor eterno y le digo:

  • ¿Saltas conmigo?...

Arael...

martes, 11 de febrero de 2014

VIVIENDO EN ESTE MUNDO

 VIVIENDO EN ESTE MUNDO

  REFLEXIÓN

Echar de menos, añorar, extrañar... ¿Qué significa en realidad?... ¿Significa querer tener algo o alguien cerca?...¿Significa que nuestro ego desea poseer ese algo o alguien, o tener el control de la situación?...

¡Cómo se siente en el corazón la añoranza, a veces sin saber bien qué es lo que se añora...!

Y esa tristeza que parece apoderarse de ti por momentos, ni siquiera tiene explicación, tan sólo es, está ahí, como una pequeña molestia que no consigues arrancarte, algo que se manifiesta de vez en cuando en ti...y te hace plantearte tantas preguntas...

¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde está mi compañero? Siento que vine con alguien, alguien que aún no está conmigo...

Después de buscar respuesta, después de meditar sobre ello y tras años y años sintiendo ese vacío que no puedes llenar con nada, te das cuenta de que tienes que hacer algo...

Y ves que buscando en el exterior no hallas nada, así que, comienzas a ir hacia dentro... Y ahí, ahí está esa pequeña porción de tu ser, tu alma, dentro de ti, diciéndote tantas cosas que habías olvidado...

Siendo ya algo más consciente de quién soy, aunque sin tener todos mis recuerdos activados, sigo caminando, y aún así, la añoranza continua... y a veces, una vocecita que proviene del cansancio y la fatiga de este caminar en este lugar tan inhóspito dice casi pasando inadvertida... "quiero irme a casa"....



Pero... ¿dónde está y qué es exactamente ese lugar al que llamo casa?...
Ahí queda esa pregunta sin respuesta, esa que hace eco constantemente en mi memoria, tal vez esperando a ser recordada en este camino donde lo olvidado está dejando de estar en el olvido para emerger como la verdad de mi ser, de mi alma...

Añoranza...¿la sientes? Es como un pálpito suave en tu corazón, que se expande fuertemente en ocasiones, y en otros momentos parece disiparse...
Ahora, dentro de este espacio mío, me transformo cada día más y más...
Y me hago cada día más preguntas...
Tal vez aún debo saber escuchar...

¿Escuchas tú el susurro de tu Ser?... Mi Ser, casi inaudible me responde en la medida en que mis cambios me permiten comprender...

Frente a mí misma me planteo qué deseo hacer en esta vida, sin importar mi edad, hace ya un tiempo que todo cambió en mi vida de manera bastante drástica, lo cual me impulsó con fuerza a depurarme, a realizar la gran metamorfosis que hoy me ha llevado a escribir todo esto.

Siempre creí que no había venido sola, que había alguien en algún lugar que era mi compañero, algo así como una persona cuya alma había encarnado para cumplir conmigo una misión de amor, pero no entendía bien qué quería decir todo aquello que sentía dentro de mí.
Era tan fuerte lo que había en mí, aquella certeza de ese ser que estaba en algún lugar, que podía sentir su llamada, podía percibir que también estaba sintiendo la mía, podía notar que ambos, cada uno a su manera, sabíamos que en algún momento nos encontraríamos.

Y así será, muy probablemente, pero dejé de esperar, dejé de buscar, ya no es necesario que lo haga, porque ya no necesito que aparezca frente a mí. Tengo la certeza de que llegará el momento en que, cuando ambos estemos completos, cuando ambos hayamos permitido a nuestras almas iluminarse, crecer, y hayamos tomado consciencia completa de quiénes somos y de lo que vinimos a hacer, todo el universo conspirará para que nos unamos.

Nunca entendí la manera en que se relacionan las personas, tantas amistades convenientes, tantas falsedades, hipocresías, traiciones, relaciones de pareja basadas en necesidades físicas o emocionales, alarde de privilegiados puestos de trabajo que permiten a unos sentirse superiores a otros y realizar actos que así lo demuestren...

Siempre creí que yo era la que no se adaptaba, la que no permitía que se relacionaran conmigo, la que se apartaba, pero, aun abriendo mi corazón a los demás, seguí sin entenderles.
Ser una persona segregada o rechazada nunca fue algo que me molestara, al contrario, me permitía acercarme a otros que eran como yo, para ofrecer mi amor, ¡qué ilusa!, ya desde muy joven creía que todos somos amor, pero realmente no en demasiadas ocasiones hallaba ese “amor” en los demás, pero sí encontraba desprecio, burla, o incomprensión... definitivamente no sabía dónde había nacido “¿qué lugar de locos es este?”

Jóvenes guerreando por ser los más populares, mientras otros detestaban el sistema y lo saboteaban como podían, tal vez con actos vandálicos, o intentaban huir de la realidad a través de las drogas, el alcohol, el sexo...

Otro tema que siempre me sorprendió, cómo no importaba nada con quién te relacionabas a través del sexo, algo que a mí me sugería un intercambio de mucho más que fluidos o de placer carnal, algo que yo percibía como el contacto de las almas, a través de la transmisión de la energía del uno y del otro, en un acto que trascendía el afán de la satisfacción individual, un acto que unificaba dos seres en una relación donde dos polaridades opuestas se fusionaban a través del motor del amor. Pero claro, yo era la rara, ellos los que sabían bien lo que hacían, experimentar, aprender, practicar, pero ¿desde el egoísmo puro y el instinto más animal del ser humano?... Tal vez yo era sólo una persona idealista que sólo veía la parte hermosa de ser un ser humano y me sorprendía comprobar una y otra vez ver cómo la bajeza se imponía, la bajeza vista sencillamente como actos que nacen de la inconsciencia total, actos que nacen de mentes dormidas, o de gente sin alma, tal vez...
Y en ese mundo de locos, yo era la loca, yo era la extraña, me pregunto realmente quién definió la cordura y en base a qué, porque si ser cuerdo es estar dentro de las normas establecidas de este sistema moribundo, dentro de este sistema corrupto y contaminado por la ignorancia y por los instintos más bajos del ego del ser humano, entonces yo no estoy cuerda, ¡para nada!.

¿Cómo se puede valorar a alguien por su aspecto físico, por su color de pelo, su color de ojos, su peso, su busto, su trasero, sus piernas, sus músculos, su manera de bailar o de hablar, ect...?
¿Qué hay dentro de cada ser humano? ¿Te has parado a preguntarte eso cada vez que conoces a alguien?

Realmente, pocos se tomaron la molestia en mirar dentro de mí, para ver quién había dentro de este receptáculo que es mi cuerpo físico, el cual envejecerá, como el de todos los seres humanos. Lo que está aquí dentro, eso es lo que soy, no mi pelo, ni mi aspecto, eso no es importante.

Al principo, este hecho me apenaba, era muy joven y no comprendía, porque yo tenía la mala costumbre de mirar a los ojos para ver quién había dentro de cada persona, y aunque yo era capaz de ver en profundidad, sabía lo más importante que tenía que saber, que su apariencia no definía a su alma.

Así que, echar de menos, añorar, extrañar...sí, porque sabiendo que el amor existe, el amor con mayúsculas, sabiendo que las relaciones entre nosotros podrían ser mejores y diferentes, sabiendo que incluso las parejas podrían ser inseparables si se unieran con responsabilidad y con el AMOR que les permitiera expandirse y ser dos seres conscientes y plenos amándose felices, sin miedo, sabiendo todo eso, no puedo dejar de añorar alcanzarlo...
Tal vez antes lo tuve, y por eso ahora lo extraño tanto...Seguro, porque lo estoy recordando...

Arael...


jueves, 6 de febrero de 2014

FUGAZ E INFINITO





Mientras miraba el cielo absorta en su magia y su belleza, una hermosa estrella pasó fugaz ante mis ojos. Los segundos que pude contemplarla se manifestaron como la eternidad más intensa y divina que jamás en mí hubiera experimentado. Sólo parecía existir ella, sólo brillaba su luz en mi cielo, sólo su armonía me calmaba el desasosiego...Y en ese instante en que se grabó en mis pupilas, su aroma fortuito enamoró a mi alma colmada de añoranza de su infinito resplandor casi etéreo...



Mientras caminaba por un jardín de flores diseñadas en colores y fragancias que se entrelazaban para formar un edén primaveral y suntuoso, un aroma fresco y conocido se posó como mariposa en mi pelo, en mi pecho, en mi alma, y evaporó el dolor de mi vestido, despojándome del miedo a sufrir por no ser amada, por no ser correspondida, mas voló sutil hacia el horizonte con sus alas dibujadas, con las perlas de su perfume brillante que se enlazaba a mi espíritu chispeante entre la brisa que su vuelo creaba...

Mientras nadaba en el océano de aguas de coral dorado, fantasía de mi alma enamorada, me difuminé entre los trazos de las olas de la orilla espumosa, gritando con clamor tu nombre inexistente, flor de esencia pasajera, estrella efímera que se posa en mis recuerdos, mientras me duermo en la añoranza de tus vidas, de tus hallazgos, de tus atuendos...

Mientras moría mi cuerpo en el viaje de la vida se me apareció un beso, y en el abrazo de la muerte sentí tu cálido gesto, tu amor, el nuestro, se vistió de mi espectro y ambos recorrimos el final de este cuento...

Y hoy aquí estoy, en este regreso, esperando la estrella, la flor, el beso... y en una lágrima pende ahora la esperanza del reencuentro, hecho improbable, tal vez, perpetuo, tal vez inconcluso quede nuestro pacto de amarnos en la materia de lo denso...

Pero...mientras transito el mundo de lo que no comprendo, miro a través del espejo, a través de tus versos, a través de tu silencio, a través de lo que siento, y hallo palabras, reflejos, miradas y sentimientos... Cuando la estrella tenga la consciencia de lo que está siendo, cuando la flor sepa que fue siempre mi aliento, cuando ese beso advierta lo que estoy sintiendo, tal vez el trato se de por concluido, y esté completo...

Amor infinito, de encuentro fugaz y marchito, de roce de besos, de hallazgo de mundos distantes, mundos intensos...amor infinito mientras me habito...

Arael...

miércoles, 5 de febrero de 2014

EL HOMBRE DE LA PLAYA

Lloraba sentada en la orilla de la playa, con los pies descalzos, hundidos en la cálida arena, con el pensamiento extraviado en su dolor.
La vida le parecía dura, difícil, nunca se había sentido en casa en ningún lugar, pero había tenido demasiado miedo para buscar más allá de su realidad, para dar un paso más allá de lo que ella consideraba seguro.
Así que, lloraba, lloraba porque no encontraba su sitio, lloraba porque deseaba irse de allí, de este mundo que no entendía, de este planeta, y miraba al cielo pidiendo respuestas.
A lo lejos, un hombre descalzo, con sus pantalones de lino blancos doblados para no mojárselos, caminaba hacia ella.
Su camisa semitransparente, de un tono beige claro, dejaba entrever levemente su torso, su rostro tenía una expresión dulce aunque algo angustiada, su mirada parecía estar a punto de pronunciar palabras de sufrimiento, su pelo rubio y lacio bailaba con el viento en una danza de nostalgia insaciable, y su alma, su alma entonaba la canción del anhelo eterno.

Al pasar junto a la mujer y percibir su llanto se detuvo por un impulso voraz de consolarla, como si haciéndolo pudiera también recibir así su propio consuelo.

  • Perdona mi intromisión, pero ¿puedo preguntarte qué te pasa?. ¿Qué ha ocurrido en tu vida que haya hecho que esté aquí ahora mismo?

Ella, le miró algo sorprendida y le sonrió sin saber por qué sentía aquella familiaridad especial y le contestó:

  • Si supiera cómo explicarlo...
  • Inténtalo, soy un desconocido, a veces cuesta menos hablar con alguien que no conoces.
  • Sí, es cierto, pero aun así, no sé bien cómo expresar lo que siento.
  • Tal vez pueda ayudarte.
  • No sé. Es que no sé qué estoy haciendo aquí, no sé qué estoy haciendo con mi vida, no sé quién soy, me siento perdida.
  • Comprendo.
  • Es complicado.
  • Pero te entiendo, a mí me pasa algo parecido, ¿sabes?
  • ¿Ah sí?
  • Vaya, ¿tanto te sorprende?, creo que no eres la única persona que se siente así.
  • Sí, es verdad, pero es la primera vez que alguien me lo confiesa.
  • También es la primera vez, me imagino, que tú lo estás confesando, ¿o me equivoco?
  • No, no te equivocas, pero...
  • ¿Pero?
  • Aún hay más, más amargura, más dolor, más desorientación en mí, siento que he venido a hacer algo que no estoy haciendo, algo que no logro realizar, siento que debo estar con alguien, alguien que es mi compañero, pero no hablo de romanticismo, ni de parejas, hablo de un compañero que tiene que estar conmigo.
  • Bueno, tal vez sí estás hablando de amor, ¿no?
  • Tal vez sí, pero no es el tipo de amor común que los seres humanos conocemos, es otra cosa, siento que es algo más grande.
  • Bueno, ese es el sueño de muchos hombres y mujeres.
  • No, no es un sueño, es una certeza que siento en mí desde niña, y es una certeza que crea añoranza, mucho dolor por su ausencia y mucho desconsuelo, porque sé que existe, que está en algún lugar y que no le puedo encontrar.
  • Bueno, tal vez esté más cerca de lo que tú piensas.
  • Creo que lo sabría.

El hombre se sentó frente a ella, y le pidió que le diera las dos manos. Sus manos eran bellas, de piel blanca, pálida, las de ella pequeñas, bonitas, de piel algo más morena. El roce de sus manos fue algo muy especial, una conexión entre dos cuerpos físicos, energéticos, álmicos...
Sus miradas se encontraron frente a frente, en un segundo eterno y lleno de magia, algo que jamás habían sentido ninguno de los dos.
Era tal la abrumación que les envolvía que un silencio grácil y hermoso se apoderó del momento. Pero la voz masculina y serena del hombre irrumpió en ese instante.


  • Vamos a hacer un trabajo energético, es algo que he aprendido a hacer no hace mucho tiempo. ¿Te parece bien?
  • Sí -asintió ella algo desconcertada.
  • Céntrate en ti, cierra los ojos y respira profundamente. Aleja de tu mente todo pensamiento, bueno o malo, da igual, aléjalo, y siente tu respiración, siente los latidos de tu corazón, siéntete a ti misma. Siente la energía que hay en ti, siente cómo se está creando entre tú y yo un circuito energético que nos une, nos hace ser uno, somos uno, siéntelo...Dime, ¿qué ves? ¿qué notas?
  • Te veo a ti, aunque tengo los ojos cerrados, eres una silueta de luz blanca que cae en cascada, y estamos unidos, nuestra energía se comparte, fluye como si fuera agua a través de nuestros brazos y se expande por nuestros cuerpos, nos estamos mezclando...
  • Es hermoso, ¿verdad?
  • Sí -dijo emocionada- es mágico.
  • Ahora céntrate en la luz que emerge de ti, ¿cómo es?
  • Blanca, y surge desde el centro de mi pecho, como una fuente inacabable, pero también la siento entrando por mi cabeza, como si una fuente de luz que procede desde el universo penetrara en mí a través de mi cabeza, y por mis pies siento como si saliera también energía que se ancla en el suelo...
  • Muy bien...¿Qué más ves?
  • Algo muy curioso.
  • ¿Qué es?
  • Hay un cordón diferente, está entre la fuente de luz de mi corazón y la fuente del tuyo, va desde mi pecho hasta el tuyo, es de varios colores, rosa, plata, no lo acabo de diferenciar, pero es como si estuvieran mezclados, son colores que no sé si existen en esta realidad, por eso no los sé describir. Ese cordón brilla muchísimo y es muy fuerte, si me muevo- dijo desplazándose hacia atrás- se extiende, no se corta, ni se rompe, es extraño.
  • Eso está bien, ¿ves algo más?
  • Sí, veo algo que me sorprende.
  • Cuéntame.
  • Estamos dentro de una esfera, nuestra energía ha formado una esfera, ya no está separada, es como si no hubiera diferencia entre tú y yo.
  • Y no la hay, mi preciosa llama gemela.
  • ¿Cómo me has llamado?
  • No importa, cuando te despiertes sabrás a qué me refería, y recordarás esto, lo recordarás...
  • ¿Quién eres tú? -preguntó algo inquieta mientras abría los ojos.
  • Cuando estés preparada lo sabrás, cuando puedas entender el lenguaje de tu corazón, el lenguaje de tu alma, cuando sea el momento.
  • Pero siento que te conozco de algo, ¿de otra vida?
  • Sí, también coincidimos, pero eso no es lo importante ahora.
  • ¿Adónde vas? -preguntó exaltada al ver que el misterioso hombre se levantaba.
Ahora él ya no parecía triste, estaba feliz, su expresión había cambiado, su corazón vibraba, su felicidad se hacía presente y evidente.

  • Debo irme ya -afirmó él satisfecho por los avances que había hecho con ella.
  • ¿Por qué? - preguntó ella deseando convencerle de que se quedase un poco más.
  • Porque ahora ya sabes lo que tienes que hacer cuando te sientas tan triste y con tanta añoranza, debes entrar en ti, y cuando entres en ti me encontrarás a mí.
  • ¿Qué quieres decir?
  • Ay mi pequeña llama, pronto lo entenderás mejor, ahora busca dentro de ti lo que hay ahí para que dejes de sentirte sola, para que dejes de sentir el anhelo, y cuando me halles en ti, empezarás a hallarme aquí fuera.
  • No comprendo mucho lo que estás diciendo.
  • Lo sé, pero era el momento de que te lo dijera.
  • ¿Cómo te llamas?
  • Mi nombre no es importante, pero puedes elegir el que tú quieras para mencionarme.
  • Bueno, de acuerdo, pero ¿volveré a verte?
  • Sí, y me encontrarás haciendo lo mismo que tú, compartiendo tu mundo.
  • ¿A qué te refieres?
  • Vive, haz tu camino, crece, sé tú misma, expándete, sé la luz y el amor que hay en ti, deja de llorar y brilla, brilla y resplandece para que yo pueda verte.

El hombre la besó suavemente en los labios y se despidió. Luego, ante el asombro de ella, ante su quietud y su falta de reacción, él se alejó por el mismo camino por el que había venido.
Ella se puso la mano en el pecho, aún sentía ese amor, ese cosquilleo, esa sensación tan extraña y desconocida que la había hecho emocionar. ¿Podía ser que se hubiera enamorado de un extraño y le amase tanto como sentía que le amaba?
  • ¡No te vayas! -gritó.
Y el grito la despertó, su propia voz suplicando a aquel hombre que volviera la trajo al mundo de la vida cotidiana. Estaba en su cama, había soñado algo maravilloso, algo inusual, algo insólito, pero algo hermoso, algo increíble.
Sin embargo, el anhelo inexplicable que había estado sintiendo toda su vida, ya tenía un nombre y un rostro, ahora sabía que, no sólo extrañaba su verdadero hogar, sino que además ya sabía quien era ese alguien que tenía que hallar...
Y aquí comenzó su aventura...
En busca de aquel hombre misterioso que la había venido a ver entre sueños...

¿Querrá la vida que se encuentren en algún momento mágico en el que ambos estén preparados para enfrentarse al reto de amarse por encima de todo?
Y si es así...¿Podrán superar todos los obstáculos que se les presenten?

Eva Bailón