SECCIONES - TÍTULOS

Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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sábado, 27 de febrero de 2016

UNA MIRADA AL ALMA - SUEÑOS Y SILENCIOS

 Ahora que estás aquí, sosteniéndome entre tus brazos y descubriendo en tu rostro justamente esa estrella que tú ves en mi pecho brillar cuando tus ojos se prestan a esa mirada sólo tuya, intencionada y amorosa, que traspasa mi piel y ve más allá de lo que nadie vio jamás, ahora que me siento protegida y tranquila, hago un pequeño paréntesis para contarte algo que me ocurre cuando suelto el sufrimiento por estar en este mundo que no comprendo y que me hiere al creer que soy poco para él, poco para ti, poco para todo...

Y es que estas notas que suenan en este momento, envolvíendonos a ambos al igual que estas sábanas lo hacen, y que emergen del piano, de una melodía desconocida, hermosa, que me embriaga, también me ayudan a desconectar de mi insolencia, de ese insulto a la verdad, de esa oculta sensación de soledad y de tristeza, por haber nacido en un lugar donde no comprendo algunos actos, demasiados...

Aunque sé que a veces el silencio también es una música que nos devuelve a lo que somos, por eso me sumerjo en su historia, esa que no es historia, que simplemente es un latido, un ritmo, una pulsación lumínica que se contrae, y que luego se impulsa emanándose a través de mí.

Así que me escucho y me reinvento a través de mi propio aroma, surcando mis sueños, esos que no sé de dónde llegan, ni hacia dónde van, versos de amor que se diluyen en mi alma y me convierten en poema, en el poema que se viste de palabras de mi pequeña mente, torpe, aprendiz de lo imposible de aprender para mi corazón que sólo vibra en libertad, sin la condición de lo correcto o de lo incorrecto.

Silencios y sueños con sonido de piano...

Y cuando me quedo absorta y enamorada por ese maravilloso piano, que me emociona y me arranca siempre alguna lágrima, me acuerdo de tantas cosas.

El silencio de mi alma se pierde siempre en las sensaciones de mi cuerpo, de mi mente, en los pensamientos, que no son más que recuerdos, ayer, en las sensaciones que me invaden gracias a mi condición humana.

Es curioso cómo puedo viajar hacia el pasado, o hacia el futuro, y perder totalmente mi presente en cada gesto que hago lamentándome de lo que no fue, o de lo que no será, y sin percatarme de lo que está siendo o sucediendo en este instante perfecto.

En ese laberinto de ideas, siempre apareces tú, indefinido, pero muy concreto, difuso, aunque con una apariencia exclusiva, única, y una fragancia de alma sabia, de corazón valiente, de mirada difuminada con la mía, porque eres ese tú que sólo puede ser yo, ese yo que sólo puedes ser tú, esa otra parte de mi historia que sólo puede escribirse con tu nombre, el nombre de tu presencia, esté donde esté en este mismo instante.



Y en los sueños eres el viajero del tiempo, el amante experto en saber cuánto amor nos une, y qué poco nos separa lo que creemos que nos desata de nuestro amor infinito.No hay distancias, o eso me dices cuando no puedo sujetar las lágrimas, ni esconderlas en mi rutina diaria.
 
Y en los silencios eres parte de mi música, de mi melodía esencial, parte de mi todo, o de mi nada, de mi vigilia, de mis mundos, de mis realidades, de mis mentiras, de mis inventos, de mis consuelos y mis descontentos, de mi poesía eterna, desnuda si no te siento al escribirla, vacía si no te nombra en cada letra, en cada coma, en cada punto, en cada suspiro que empuja a mi mano para plasmarla con ese pedacito de mí que se queda, que se dibuja en las estrofas, en las pausas, en los silencios que no entienden muchas personas, o en lo que no se lee si no lo observas desde lo más profundo de tu alma inquieta y eterna.

¿Sabes? La gente sueña, no creo que haya alguien que no lo haya hecho nunca, sin embargo, de vez en cuando llega un personaje al que le robaron los sueños, que intenta hacer lo mismo con los tuyos, y cuando escucha tus aspiraciones se apresura en desalentarte, en recordarte que esta realidad no se ajusta a lo que tú sueñas, y te arroja directamente al abismo de sus propios miedos.

Siempre me ha ocurrido esto, siempre he caído en sus precipicios, pero ahora ya no quiero volver a perder la confianza en mí, porque descubrí que yo soy mi mejor guía, y cuando alguien intenta robarme a mi “musa”, lo aparto de mi vida definitivamente, y sin mirar atrás continuo mi camino.
Eso no significa que desprecie, o que odie a esos personajes a los que defino como “robasueños”, sino que me amo y me permito liberarme de su asedio, de sus fustigaciones, otorgándome el poder a mí misma para decidir y para equivocarme, si es que no conseguir lo que sueño puede significar errar.

No pienso en absoluto que caerme cuando quiero alcanzar la cima de mis aspiraciones, sea perder o fracasar, no creo en el fracaso, tal vez pueda sentir que mis fuerzas flaquean, pero sé a ciencia cierta que jamás podría rendirme ante la posibilidad de alcanzar algo que forma parte de mí, aunque la mejor definición de esto sería conseguir ser lo que soy en cada cosa que hago, porque soñar significa plasmar lo que uno es en la vida, en Tu Vida, y soltarte de las cadenas que te obligan a no ser lo que en realidad eres en tu interior.

Tengo la certeza de que soñar es Ser, y materializar tus sueños es expandirte, es ser en todo lo que vives y haces...

Por eso, en mis silencios, soy, pero soy en mi interior, y cuando grito lo que soy, cuando el silencio de mi alma se abre camino como una canción, como un sonido que me caracteriza, puedo empezar a sentir que todo lo que me rodea se impregna de mi aroma, cristalino como un corazón puro, transparente, líquido y brillante, vaporoso y luminoso, un ser que vibra en música, que se eleva más allá de mi personaje humano y que me demuestra cada día que fluir en mí, como el agua, me lleva a ver el mundo desde otra perspectiva más completa...

Eso es lo que aprendí de ti, que me estás leyendo, de ti que eres puro, de ti que eres un creador de sueños, un transmutador de fantasías, un mago que sabe que el amor es el gran poder que nos impulsa y nos eleva hasta lo mejor de nosotros mismos, porque el amor nos apasiona, nos enamora, nos conecta con lo más sagrado de lo que somos, y si es ese amor verdadero e incondicional, limpia y arrasa el egoísmo, y difumina lo que no merecemos, lo que pesa en nosotros, lo que está enganchado en nuestra espalda, devolviéndonos a la única verdad, ésa que sólo uno puede descubrir .

El gran secreto de nuestra existencia, ése que nos recuerda que somos magos, magos creadores cuya magia es el amor más sublime que jamás hayamos imaginado...

No sé si todo esto es un sueño, esta realidad, si algo o alguien nos está soñando, pero sí que tengo clara una cosa, cuando despierte, allí donde me halle, te elegiré  de nuevo, porque sólo el amor es real, y en cualquier mundo, en cualquier realidad, al abrir los ojos sé que podré reconocer esa mirada tuya, y tú en mí verás esa estrella que siempre besas al mirarme...

Si de algo estoy segura es de que el amor nos une más allá de lo que la mente inventa...

Arael Elämä Araham...

domingo, 29 de marzo de 2015

EN EL TREN DE LA VIDA (AMOR INUSUAL)

Hace tiempo que tomó el tren de la vida, descendiendo desde su mundo, como muchos otros, traspasando fronteras de nuevo.
Y el viaje, suave en ocasiones, intenso en otras, cómodo e incómodo, al principio le disgustaba. Ahora simplemente observa.

El otro día, subió al tren un hombre muy apuesto, vestido con ropa elegante, peinado con la delicadeza de un rey, y en su piel, como una caricia, un dulce aroma, mezcla de perfume y alma, embriagaba a todos los pasajeros.
Su profundo magnetismo atrapaba sin duda con suma facilidad a las mujeres de aquel vagón, mientras que ella, Clarisa, se limitaba a dejarse llevar por su admiración hacia su delicadeza, su atractivo aspecto, su arte para seducir. Ahondando un poco más en su actitud, comenzó a percibir en él cierta vanidad, o tal vez cierto deseo de ser admirado y valorado.

En pocos minutos, cinco o seis mujeres estaban ya rodeándole y preguntándole cómo se llamaba, a qué se dedicaba.

  • Me llamo Eloy.

Su voz resonó en el vagón como una ráfaga de belleza sublime, aquel hombre no parecía pertenecer a ese mundo, a ese tren.

Clarisa, que siempre observaba en silencio todo cuanto acontecía a su alrededor, supo ver que él, al igual que ella, no era un simple pasajero.
Pero no quería intervenir, no quería romper su serenidad interior y decidió poner fin a aquella extraña atracción que la invadía cuando le miraba.

Sabía perfectamente que ella no era inmune a su magnetismo, aunque también sabía que era consciente de ello y que eso la hacía diferente al resto, pues aquellas mujeres iban tras él movidas por algo que ni siquiera comprendían, impulsadas por su propia necesidad de ser amadas por él, o por alguien como él, o al menos ser halagadas por sus palabras, por sus miradas, por un gesto amable.

Así que prefirió mirar el paisaje y olvidarse de la presencia de aquel hombre llamado Eloy.




En ocasiones, los verdes prados la enamoraban y contemplarlos escuchando su música preferida convertía aquellas imágenes en un verdadero espectáculo maravilloso que la fascinaba.
En aquel momento, el tren estaba permitiéndole a Clarisa presenciar la magestuosa imagen del mar desde la montaña por donde estaba situado el trayecto en aquel momento. A ella le maravillaba el océano, se sentía uno con él, y aquello la tenía totalmente absorta. Disfrutar de aquella música en un danza idílica con aquello que estaba admirando desde la ventana del tren, era para ella todo un privilegio.

Sonaba un tema que ella consideraba sumamente hermoso cuando una voz masculina interrumpió su pensamiento.

  • Hola -dijo- ¿Hacia dónde te diriges?

Giró su rostro hacia el hombre que se había sentado a su lado. ¡Era él! No quería ni por asomo tener una conversación con aquella persona, pero era demasiado educada para no hacerlo y era demasiado atractivo para no mirarle y no responderle, así que se quitó los auriculares, puso sus ojos en los azules e intensos ojos de aquel hombre y le contestó.

  • Voy a Luz, ¿a dónde vas tú?

  • ¡Vaya! Yo también voy a Luz, iba en otro tren, pero tuve que bajar porque se había averidado, así que he tenido que subir a este. 
     
  • Oh, pues... qué bien -contestó titubeando sin saber cómo seguir la frase- Bueno, quería decir que qué bien que vayamos al mismo sitio, no que se haya averiado el otro tren... aunque, claro, si no se hubiera averiado no estarías aquí...

  • Cierto -dijo sonriendo mientras iluminaba todo a su alrededor con su deslumbrante sonrisa.

  • Sí, sí, cierto -afirmó Clarisa ruborizada y avergonzada por lo que estaba sintiendo. 
    Era extraño, estaba sumamente nerviosa, aquel hombre imponía con su presencia y ella luchaba para que no se notara cómo influía en ella. Ese magnetismo no tenía que dominarla, no, ella no podía caer en algo así.

  • ¿Cómo te llamas? -preguntó con gran interés.

  • Clarisa.

  • Hola Clarisa, soy Eloy – Le dijo tendiéndole la mano.

  • Encantada, Eloy - dijo algo desconcertada, mientras le saludaba con un apacible apretón de manos que fue suave y delicado, e inesperadamente electrizante.

  • ¿A qué te dedicas, Clarisa?.- Preguntó sin borrar aquella impresionante sonrisa.

  • Soy artista, bueno, al menos lo intento, pinto y escribo. Viajo por el mundo buscando lugares que me hagan vibrar el corazón y cuando los hallo, los pinto y escribo relatos y poemas sobre ellos y sobre lo que me hacen sentir, pero eso no me da de comer, si es eso lo que me preguntas.

  • ¡Qué interesante! Pero si eso no te da de comer, ¿qué lo hace?

  • Bueno, en parte sí me da de comer, pero también escribo en una revista para ganar algo fijo, lo hago desde mi portátil allá donde esté, y vendo mis obras, tanto las pictóricas, como los libros que escribo. También busco diferentes trabajos temporales allá donde voy de viaje, dependiendo del tiempo que vaya a pasar en ese lugar, así que gano dinero de aquí y de allá. La vida me sustenta.

  • Me encanta lo que dices, la vida te sustenta, eso es muy positivo. Yo soy médico, bueno, lo era hasta que decidí cambiar de vida e ir a Luz. ¿Por qué vas tú a Luz?

  • Porque deseo un mundo mejor, porque quiero ser mejor, porque creo en el amor, aunque para algunos suene ridículo ¿y tú, por qué vas a Luz?

  • En realidad hay varios motivos por los cuales me dirijo hacia allí, pero el más importante, el más real es que...Yo voy a Luz porque vas tú, y por cierto, no es nada rídiculo lo que dices.

  • ¿Qué quieres decir con eso de que vas a Luz porque voy yo? -le preguntó sorprendida.

  • ¿En serio aún no te has dado cuenta de quién soy? Me has estado llamando, y yo también a ti, me has estado buscando en momentos de sombra, sintiendo mi energía en momentos de luz, deseando que estuviera junto a ti, mirando a esa puerta del tren en cada parada, por si acaso aparecía, anhelando que algún día se cumpliera lo que te dije en un sueño, observando a todas las personas que subían y bajaban, llorando al sentirte absurda por creer en lo que tu corazón te dictaba. Pero yo no llegaba, no subía al vagón, no parecía real, sin embargo, ya estoy aquí, por fin, ¿y ni siquiera me reconoces?.

  • ¿Tú? Pero... yo no esperaba que fueras así, eres tan diferente, ¿cómo puedo saber que eres quien dices ser? No es la primera vez que me engaño a mí misma y, sinceramente, ya no creo que sea real ese hombre...

  • Mírame a los ojos -dijo después de quitarse la chaqueta americana que llevaba.

  • Sí, lo hago, pero tal vez eso no sirva.

De repente todo se transformó, el tren era más luminoso, los ojos de aquel hombre parecían el mismo cielo, su cabello lacio caía por su frente, su sonrisa le otorgaba una fulgurante apariencia que la traspasaba por completo...
Entonces se dio cuenta, su camisa blanca, su profunda dulzura, su alma elevada, pura, su corazón y el de ella unidos, sus auras fusionadas, y aquella explosión de amor y de luz que les envolvía y que emanaba con fuerza desde su unión, estallando una y otra vez en chispas luminosas y doradas que les abrazaban. Su campo cuántico y el de él eran uno solo, el amor era intenso y sus cuerpos parecían transformarse mientras se esparcía desde lo más hondo de sus esencias. Parecían seres de cristal en su interior, brillantes, reluciendo y centelleando como estrellas, cuya estela contagiaba de amor a todos los que les miraban allí en el tren.
De pronto un increíble sentimiento de felicidad la invadió y comenzó a llorar por la gran dicha que la inundaba, estaba allí, frente a él, cuando ya creía que no era real nada de lo que había sentido en su corazón. Y su piel se estremeció en su mejilla cuando la mano de él acarició tiernamente su rostro, mientras ella experimentaba el júbilo por poder tocar su pelo suave. Sus miradas hablaban por sí solas, sus cuerpos eran totalmente luminosos, su reconocimiento mutuo era una realidad palpable. Y entre lágrimas de emoción unas palabras sonaron como música divina, desde lo más profundo del ser de aquel hombre llamado Eloy...

  • Te amo...

Resonó en todo el universo el amor expandido, el amor en unión, el amor como gran descarga energética que transformó a todo aquel que se hallaba en aquel vagón...

  • Te amo también – contestó ella poniendo su mano en su corazón.

Ahora ya podían comenzar a realizar su misión. Se hallaron justo cuando él renunció a lo que no le hacía feliz y se encontró a sí mismo, se hallaron justo cuando ella dejó que la vida la abasteciera y cesó su búsqueda incesante, reconociéndose a sí misma en todo, amándose y permitiendo que la vida la sorprendiera, confiando en ella y en que era merecedora de todo cuanto deseara...

Todo estaba ya en su lugar, todo estaba bien, todo en perfecta armonía.
No hubiera imaginado que aquel hombre llamado Eloy, fuera El...

Y el tren llegó a su destino...

Aroma de Cristal
Eva Bailón

sábado, 7 de diciembre de 2013

ABRAZO

Ella estaba dormida, como cada vez que le veía, los sueños eran el lugar donde podían encontrarse, superando los obstáculos que la vida terrenal les imponía, distancias, barreras, situaciones, todo eso quedaba atrás cuando se reunían en el plano astral, y ella sabía que allí ambos eran sólo dos almas sin ataduras de ningún tipo.
Aquella noche el escenario era algo diferente de lo habitual en aquel lugar onírico, en el que normalmente todo parecía idílico. El estaba sentado en un banco, bajo los árboles, frente a un gran lago de aguas cristalinas que reflejaban la luna llena.
Su rostro mostraba tristeza, desolación, su mirada ausente parecía estar perdida en algún pensamiento al que ella no lograba llegar.
Se sentó junto a él, le tomó la mano, sintiendo su piel suave y pálida, y suavemente le preguntó:

  • ¿Qué es lo que te tiene tan apagado y preocupado, amor mío?
  • En realidad no sabría explicarlo- contestó divagando.-No comprendo cómo funciona el ser humano, no comprendo esta vida.
  • Mírame a los ojos, por favor.-Pidió ella con un amor infinito.
Él, con cierta apatía, asomó su mirada de ojos claros hacia la profundidad de los de la mujer que le hablaba, y en ese justo momento ella, al descubrir su mirada, cayó precipitadamente en su alma, descubriendo todo su dolor, su tormento, su desesperación. Tantas dudas, tanto sufrimiento, tantos desengaños, tanta amargura, tanta búsqueda... Sintió en su corazón la dureza de su desconsuelo y lloró con su llanto.

  • Tu vida ha sido realmente difícil, has experimentado tanto, has padecido tanto, has estado en la cima, has tenido que luchar mucho, has caído en lo más hondo del dolor, has resurgido... hay tanta confusión en ti...

Sus ojos se llenaron de lágrimas al escucharla decir todo aquello, sentía que ella le conocía de verdad, le comprendía, había llegado a lo más recóndito de su alma, y había sentido su amor, ese amor tan grande que tanto necesitaba...

  • Yo siempre he estado contigo, te he estado observando y acompañando, porque nunca me separé de ti -afirmó ella con toda su dulzura- Jamás te abandoné, pero tú nunca te diste cuenta de que yo estaba aquí, junto a ti. Sé cuánto te ha defraudado el ser humano, y cuánto has sufrido, te has sentido despreciado, utilizado, te has sentido desamparado, olvidado, pero yo no te olvido, nunca lo hice...
    Ahora, que te siento tan hundido en esta lucha interior que siempre has vivido en este mundo, puedo decirte que te estoy cuidando, que mi abrazo está aquí para ti.


La mujer le acarició el rostro suavemente con los dedos de su mano, desde sus lágrimas que se deslizaban hasta sus mejillas. Luego, con suma delicadeza, besó cada gota de aflicción que derramaba su tierna mirada, hasta besar su alma a través de sus labios deseosos de amar.
Después, le abrazó fuertemente, uniendo su corazón al de él, enviándole así tanto, tanto amor, que un gran destello de luz rosada les envolvió por completo.

  • Siénteme, mi cielo, no voy a dejarte solo, sigo aquí. -Le susurró ella mientras le escuchaba llorar como un niño. -Sé que vivir en este lugar no es fácil, sé que te preguntas qué haces aquí, sé que no entiendes muchas cosas, sé que desearías estar en un mundo diferente, sé de tus anhelos, sé de tu alma bella y pura, elevada, hermosa, amorosa, sé que te sientes confuso ahora mismo, pero yo te estoy cuidando, créeme.
  • ¿Quién eres tú, que me haces sentir esta sensación tan extraña, esta complicidad? -preguntó él entre sollozos- ¿Quién eres tú que me haces sentir como si estuviera en casa?¿Por qué quieres ayudarme?

La mujer, de nuevo susurrándole al oído, casi besando de nuevo su alma, pronunció unas palabras que acariciaron y acunaron su corazón.

  • Yo soy quien te ama. Tú ya sabes quién soy, sólo tienes que acordarte.

Dejó de abrazarle un segundo para volver a mirarle a los ojos, ya más calmados y vivaces, y besando de nuevo sus labios colmados de anhelo, se despidió repitiéndole de nuevo...


  • Yo soy quien te ama, no lo dudes, te estoy abrazando, te estoy cuidando...

Y se alejó poco a poco, sintiendo que su presencia había sido un gran consuelo para el alma de aquel hombre, aquel ser al que tanto amaba y extrañaba...

Despertó aquella mañana feliz, porque supo que esta vez había sido ella quien había podido ayudar y rescatar a su querido amado, ese misterioso hombre que veía de vez en cuando en el mundo onírico... Tal vez, imaginando, tal vez soñando, tal vez sintiendo con fuerza en su alma que él no estaba bien, que estaba atormentado por sus viejos fantasmas... Tal vez incomprensible, pero real en otros niveles de consciencia...

Arael