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Los relatos del blog están divididos en varios títulos genéricos que son "Reflexiones", donde hallaréis escritos espirituales y reflexivos, "Una mirada al Alma" donde podréis leer historias muy profundas de crecimiento personal, del alma, "El Romántico Obsoleto", que cuenta con relatos de humor, irónicos, historias de la vida cotidiana del ser humano, "Diálogos", que son como la palabra dice, conversaciones que suelen ser muy profundas y espirituales, y por último he publicado tres capítulos de una de las novelas en las que estoy trabajando "Alma Cristalina". Disfrutad con todos ellos y compartidlos si os animáis a hacerlo para ayudarme a difundirlos.

Gracias por leerme, bendiciones a todos.
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jueves, 12 de junio de 2014

EL HOMBRE QUE HALLÓ A SU LLAMA GEMELA

 DEDICADO A MI GRAN AMIGO


Llevaba sólo unos meses preguntándose si realmente existía esa persona especial para él, eso que algunos están llamando llama gemela, otros alma gemela, otra mitad, complemento en polaridad cuando el universo conspiró a su favor y le puso delante a esa mujer. Su desconcierto era enorme, sus sensaciones indescriptibles, su confusión, su miedo y a la vez su alegría de haberla hallado se mezclaban en su pecho como una gran bola energética a punto de estallar.

Todo empezó cuando nos conocimos, bueno, en realidad no es cierto, todo empezó cuando él, Pedro, decidió nacer, encarnarse en esta Tierra, sin embargo algo se activó en él aquel día que comenzamos a hablar.

Aquella tarde de agosto, hablaba con Alba, mientras permanecíamos sentadas en un banco de madera, bajo la sombra del único árbol que continuaba a salvo de las manos humanas que habían destruido todo lo que había existido allí, justo antes de edificar el nuevo barrio donde vivíamos desde hacía seis años. La conversación era profunda y emotiva, ella me explicaba cuánto echaba de menos a su querido amigo Miguel, el cual había fallecido el año anterior y yo sentía su presencia como si estuviera vivo, allí a mi lado.
Tras una media hora, a lo lejos, vi cómo se aproximaba Pedro, con su habitual aire de hombre fuerte, robusto y varonil, de aspecto de falsa arrogancia y presunción, un disfraz que algunos detectaban como real produciendo en ellos el rechazo hacia esa faceta de su personalidad, un hombre cuya verdad interior era más parecida al desdén hacia sí mismo, desdeñado por sus propias creencias ocultas que se cernían sobre él como grandes fantasmas dispuestos a destrozar su estabilidad y su felicidad.

Nos conocimos inmersos en una convesación profunda, sobre la vida, el amor, la capacidad de ver más allá, de percibir energías y señales en nuestro camino que nos ayudan a alcanzar nuestros sueños sólo si sabemos estar atentos...

A partir de aquel día iniciamos una gran amistad, basada en el descubrimiento del alma, en la conexión interior que todos deberíamos poder disfrutar para ser felices, para aprender a amarnos incondicionalmente a nosotros mismos y así poder amar de la misma manera a los demás.

Él llegó a conocer mi historia, mi búsqueda y mi anhelo incansable, mi dolor punzante por no poder encontrar en el plano físico a mi llama gemela, un sufrimiento que yo arrastraba desde hacía muchos años y que me alejaba de mi propia luz cuando emergía, pues me inundaba de desesperanza, desilusión y desaliento. Me escuchaba con interés, suscitando en él su propia añoranza de amar así, de hallar a alguien a quien poder mostrar tanto amor y que le amara de la manera en que yo amaba a mi otra mitad sin ni siquiera saber quién era, sin conocerle.

Nuestras charlas eran largas, acompañadas a veces de paseos, de algún té en algún bar cerca de la estación de tren, o del supermercado antes de ir a comprar con Alba, de confesiones mutuas, de expresión del idioma de nuestros corazones, de nuestros miedos ocultos, de nuestras almas deseosas de cumplir con su misión. Tal vez es hoy en día una de las personas que más comprende lo que mi corazón manifiesta en su lenguaje particular, algo que otros nunca han llegado a oír, ni tampoco han sabido comprender.

Pedro siempre fue un hombre muy luchador, muy guerrero. Su vida no fue fácil, su niñez estuvo marcada por el desamor y la incomprensión, maltrato emocional por parte de sus padres. Su instinto más notable era la protección hacia sus seres queridos, el arduo deseo de sacrificarse por aquellos a los que amaba y sentía indefensos, darlo todo por ellos, incluso su vida si ello era necesario, en su gran afán de que la justicia prevaleciera por encima de todo.

Pero yo veía sólo a un niño desvalido que estaba despertando hacia su propio mundo, hacia sí mismo, hacia su sabiduría, hacia su amor hacia su ser, hacia la aceptación de su vida y de todo lo que había acontecido en ella.

Su creatividad le había llevado, desde años atrás, a realizar un buen trabajo, un programa informático de gran utilidad que ya estaba siendo una herramienta propicia para una empresa importante de Girona.
Sin embargo, su programa corría peligro de ser plagiado y utilizado ilegalmente si no lo registraba como obra suya.
Así que se propuso hacerlo.

  • Arael, podrías venir conmigo y así registras tu libro, ambos podemos ir a Barcelona en mi coche, así no tendrás que ir en tren.
  • Gracias Pedro, pero es que aún no lo tengo acabado, por lo pronto voy registrando mis reflexiones y poemas en internet, así que tengo derechos de autor, no me preocupo por eso. Espero que te vaya bien.

Su propósito fue cumplido, su obra registrada, todo parecía ir bien hasta que un mes más tarde recibió una carta donde el registrador le denegaba su derecho a registrar su obra con alegaciones equívocas.
Pedro siempre ha sido justo, contundente, temperamental, así que no cedió ante aquel obstáculo y decidió prodecer a una poner una demanda, solicitando un abogado de oficio.

Recuerdo su rostro desencajado, su desmedida pasión defendiendo sus ideas, su enérgica actitud mientras me leía y exponía sus argumentos para defenderse de tal agravio, mientras Alba y yo intentábamos que se calmara, que intentara ver las cosas de un modo elevado para no actuar desde su enfado, sino desde la tranquilidad de su sabiduría interior.

  • No estoy enfadado -nos dijo conciso y contundente. - Sólo defiendo mis derechos, estoy harto de que se me nieguen, esto no es justo y voy a demostrárselo.
  • Perfecto, Pedro -le contesté- pero si quieres que todo salga bien debes conectar con tu corazón, porque sólo desde la calma podrás hallar respuestas y soluciones, sólo desde tu ser podrás tomar decisiones acertadas. Sé que eres muy pasional con tus ideas, pero desde esa pasión que sientes sólo hallarás una energía que proviene más de tu ego que de tu alma.
  • Proviene de mi intelecto, sé que ese hombre se equivoca, lo sé.
  • Sí, tu intelecto es importante, pero no es más que ignorancia si no eres capaz de manerjarlo desde tu sabiduría más profunda, desde tu corazón, ya sabes lo que siempre te digo, el conocimiento sin amor es estupidez, tu verdadera sabiduría siempre proviene desde el amor y la esencia de tu alma.
  • Tienes razón...Trataré de estar más sereno, mi corazón me dice que tengo que actuar, pero que debo estar más tranquilo para poder escuchar lo que me tiene que decir.

Tras una semana y media todo empezó a ponerse en su lugar, por fin tenía un abogado para defenderle, una mujer.

  • ¿Qué te dice tu corazón ahora, Pedro?
  • Que aunque haya hablado una sóla vez por teléfono con esa mujer, aunque no la conozca de nada, es alguien especial, me ha hecho sentir algo extraño, como una conexión que no comprendo.
  • El lunes podrás comprobar qué es eso especial que sientes, cuando la veas, cuando la tengas frente a ti, sentirás su energía, y si ella es tu otra mitad energética, lo sabrás, lo sentirás en tu pecho, ya lo verás.
  • Arael, hace sólo unos meses que deseé realmente hallar a mi llama gemela y ahora me encuentro con la posibilidad de que ella pueda serlo, no sé qué me está pasando, tengo muchas ganas de conocerla y no sé por qué.
  • Déjate llevar, Pedro, fluye como el agua de un río, y ya me contarás.



Ese fin de semana fue para mí muy bello, tenía preparada una salida con una buena amiga, desconectando de mis rutinas, en un hotel de Calafell, al lado de la playa. Olvidé por completo la historia de mi amigo, aunque no la mía propia, así que me sumergí en mis anhelos, viviéndolos desde el amor y la ilusión, disfrutando del sol, el agua del mar, el paseo marítimo por el cual caminé junto a Elsa, una de mis compañeras de fatiga, recordando emociones, amores, sensaciones, gozando de la brisa nocturna, de una cena al lado del mar, del vino, de las risas, de lo guapas que nos habíamos puesto para sentirnos especiales, bellas, y superar complejos y limitaciones que estaban implantadas en nuestras mentes, impuestas por creencias colectivas, bajo el prisma de una sociedad materialista y superficial.
Cada uno tiene su propio trabajo interior, un esfuerzo más grande o más pequeño por ser uno mismo, libre de contradicciones causadas por el afán de ser como la sociedad dicta para no ser rechazado, para ser aceptado.
Cuando un gran amor se presenta ante tu vida lo primero que sientes es un terror inusual de no ser aceptado, y todos los defectos que ves en ti parecen magnificarse, en ocasiones hasta el punto de no saber si huir o tener el valor de amar y ser amado, de dar la oportunidad a tu alma de sentir el verdadero amor. Todo lo que ves en el otro parece estar por encima de ti, como si de pronto todo aquello que siempre has anhelado te asustara, haciéndote temblar de emoción y de miedo, y creer que no estarás a la altura de la situación, a la altura de él o ella.
Elsa y yo conversamos mucho sobre ello, sobre ser una mujer atractiva o no, sobre los defectos físicos que nos hacen sentirnos inseguras, sobre la edad de nuestros cuerpos, nuestra piel envejecida, o nuestras manías, cosas muy terrenales que no deberían preocuparme en absoluto, y realmente a mí no me afectaban, sin embargo, me preguntaba si cuando encontrara a mi llama gemela podría rechazarme por no ser su tipo, por no sentirse atraído por mi aspecto, o por pensar que es demasiado joven, o demasiado mayor, o por no estar lo suficientemente despierto hacia sí mismo como para saber reconocerme.
Son muchos los casos que he visto en los que dos mitades energéticas se encuentran y uno de ellos reconoce al otro, pero el otro no acepta a su alma gemela por ser físicamente muy diferente de lo que está acostumbrado a tener como pareja, o por un miedo aterrador de sufrir, o por tener una pareja a la que ya no ama pero a la que está acostumbrado, negándose a sí mismo y a su amada mitad la posibilidad de ser uno, de amar de una manera profunda e intensa, maravillosa.

Mi experiencia fue muy gratificante, reí, lloré de emoción, me bañé en el mar, compartí...

Llegó el esperado lunes para Pedro. Su encuentro fue increíble para él, un hallazgo inusual, insólito, una conexión más allá de lo humano, más cerca del cielo que de la tierra.

  • Arael, ha sido hermoso, sentía cosquillas en mi pecho, mi corazón ardía en una efusión de amor extraordinaria, mi alma vibraba.- me explicaba emocionado.
  • Me alegro mucho, Pedro.
  • Nunca creí que yo conociera antes a mi llama gemela que tú.-me dijo con algo de tristeza por mí.
  • Eso no importa, Pedro, esto ocurre siempre en el momento adecuado.
  • Tu momento llegará, lo sé.-Afirmó preocupado.
  • Sí, yo también lo sé, lo siento en mi corazón, tengo la certeza de que está muy cerca de mí, pero como te he dicho antes, todo sucede en su justo momento, cuando ambos estemos preparados para ello.
  • ¿Significa eso que nosotros lo estábamos?
  • Significa que cada pareja de llamas gemelas se conoce y encuentra en el preciso momento en que pactaron hacerlo, viven lo que decidieron vivir para crecer, experimentar y aprender lo que es amar, para sanar todo aquello que pueda impedirles su fusión, su unión, su comprensión mutua. Si una pareja se encuentra sin haber sanado, su encuentro puede ser sólo temporal, y después haber un distanciamiento hasta que sus almas estén listas para retomar su amor en lo físico, para materializarlo, para experimentar el cielo en la tierra siendo uno.
  • ¿Y qué pasa si nosotros no estamos preparados para comprendernos? -me preguntó con mucha preocupación.
  • Nada, Pedro, sólo que tendréis que aprender a hacerlo conjuntamente, o por separado, eso dependerá de lo que decidáis vosotros.
  • Arael, tengo miedo de que no quiera saber nada más de mí. Cuando estaba junto a ella no pude evitar hablarle desde mi alma, le dije cosas muy profundas y creo que puede haberse asustado.
  • Tranquilo, Pedro, no empieces a escuchar a tu ego, el miedo sólo te traerá sufrimiento y retrasará todo el proceso.
  • Pero estaba intranquilo y le escribí un mail para disculparme por ser demasiado intenso en nuestra conversación. Nos tomamos un té y estuvimos más de una hora hablando, de nuestras vidas, de nosotros, de cosas muy personales. El tiempo pasó muy rápido y a la vez era como si se hubiera parado. Cuando la miraba veía estrellas que brillaban fuertemente, y una de ellas lo hacía con más fuerza, centelleando como si me quisiera decir algo.
  • Pedro, has hallado a un alma importante para ti, eso es lo que significa haber visto esas estrellas, haber sentido todo lo que dices.
  • Pero no me contesta el mail. -dijo cabizbajo y triste.
  • Dale tiempo, ten paciencia.
  • Pero sé que lo ha leído, lo sé, y estoy nervioso e impaciente, quiero llamarla, necesito hablar con ella, ¿y si no vuelvo a verla más?
  • No lo hagas. Ella necesita integrar lo que ha sentido, necesita asimilarlo, piensa que ella también ha sentido cosas que no entiende, tienes que respetar sus tiempos, aceptar que ella no puede ahora contestarte, o que no quiere hacerlo, es su decisión y tú tienes que estar por encima de eso. No puedes dejarte arrastrar por tus dudas y miedos.
  • Esto es demasiado lento para mí, quiero que vaya más rápido... tiene que haber otra manera que no sea esta espera incesante, esta espera desgarradora. ¿Ves, Arael? Acabo de conocerla y ya me siento así, esto no es normal.
  • Sí, es normal, cuando conoces a tu otra mitad no puedes dejar de pensar en ella, no puedes dejar de sentir su presencia. Puedes sentir sus emociones, su confusión, su malestar, su alegría. Conozco a personas que sienten incluso sensaciones físicas, si su otra mitad se enferma, ella también, si tiene insomnio, ella también, si tiene un accidente, lo sabe, es tan fuerte la unión y la conexión que aunque estén a kilómetros de distancia pueden percibirse. Es como si te hubieran implantado su esencia y en tu mente no puedes dejar de ver su imagen, además de sentirle dentro de ti, viviendo en ti.
  • Parece que lo hayas vivido tú.
  • Sí, lo he vivido, Pedro, y lo vivo, sólo que no sé dónde ir a buscarle, sólo sé que está cerca, lo cual es bastante desesperante cuando conecto con mi parte más humana y emocional, por eso hay que mantenerse elevado, por eso es importante tener paciencia, comprender, trascender, brillar, porque tu luz la ayudará a reconocerte, y si estás triste, enfadado o nervioso, impaciente e inquieto, tu luz quedará ensombrecida y ella no podrá verte con claridad.
  • Me parecía inteligente no esperar, buscar un atajo para que todo ocurriera más pronto, llamarla y zanjar esto rápido, porque no puedo seguir con esta incertidumbre.
  • No, Pedro, eso no es inteligente. Te has pasado el tiempo deseando atajar por el camino más corto para llegar antes a lo que tú deseas alcanzar, pero eso te ha llevado a no trabajar tu impaciencia, te ha llevado a ser un hombre que no sabe cómo abordar la espera de un acontecimiento importante con paciencia y respeto. Ahora no te quedará más remedio que aceptar que tienes que saber aguardar a que ella esté preparada para despertar ante ti y verte como lo que eres, su llama gemela.
  • Sí, supongo que me he hecho trampas a mí mismo.
  • Jajaja, sí, Pedro, pero aún estás a tiempo de aprender, sólo siente desde tu alma, ella te hablará y te guiará por el camino correcto.
  • Supongo que no tengo más remedio que esperar, Arael, así que esperaré... pero ¿y si no es ella mi llama gemela?
  • Sea como sea, Pedro, ella es importante para tu alma, porque el reconocimiento ha sido muy fuerte, si no es tu llama podría ser un alma gemela que te ayudará a crecer, aprender y a valorar el amor incondicional para que ello te ayude a unirte a ella más adelante.
  • Me aterra sufrir, te he visto a ti padecer por su ausencia tanto, no sé si encontrar a tu llama gemela es una bendición o es un tormento.
  • Es una gran y maravillosa bendición, no te preocupes, yo he sufrido por su ausencia física, porque me sentí abandonada por él, porque mi parte humana me atormentaba con pensamientos negativos, creyendo que prefería estar con otras mujeres antes que conmigo, faltando así a su promesa de estar juntos, de amarnos, esa promesa en la que él tenía que cuidar de mí, protegerme, guiarme... Me sentía olvidada por él... pero aprendí, Pedro, que el amor no es eso, que es mi ego quien me hace sufrir y que solo yo tengo el poder de permitir o no que eso ocurra, y he decidido no sufrir más. Amar no es desear estar con la persona amada, amar es amar, incondicionalmente, aprendí la lección soportando un gran dolor, pero por fin lo supe, amo a mi otra mitad sea quien sea, sea como sea, esté donde esté, se dedique a lo que se dedique, tenga la edad que tenga, sea serio, simpático, maniático, loco, alto, bajo, flaco, guapo, feo, rubio, pelirrojo o moreno, me da igual todo eso, sólo deseo que sea feliz...allá donde esté...y desde aquí, le enviaré mi amor siempre, siempre, y mi luz también, porque eso es amar, Pedro, es darlo todo, es dar sin pedir nada a cambio...
  • Pero aún hay tristeza en tu mirada, Arael...
  • Sí, mi anhelo, mi añoranza de su abrazo, de su mirada, de su cercanía, es algo que no sé disimular, soy un alma nostálgica y romántica, y mi melancolía me ayuda a escribir relatos y poemas, supongo que eso va conmigo porque es parte de mí...
  • Si no hago nada, si no la llamo, será como si me rindiera, como si dejara pasar la oportunidad de concocerla mejor.
  • No, Pedro, en este caso, no hacer nada es amarla, respetar que ella pueda responder después de entender y asimilar lo que está sintiendo. Cuando tú sientas en tu corazón que debes llamarla, hazlo, pero sólo cuando sea tu alma quien te lo diga, no tus miedos. Yo no dejo de luchar, Pedro, no dejaré nunca de esperar que algún día él aparezca, y cuando lo haga, mi amor estará ahí para él, intacto, íntegro, puro, fuerte, recio, sin condiciones...

Pedro ha encontrado a su llama gemela...
Eso es un verdadero milagro, un milagro en el que yo he sido testigo, un milagro que adoro...

Desde aquí te deseo lo mejor, amigo mío...Gracias por todo lo compartido y por todo lo que compartiremos en el futuro...

Arael Líntley.







lunes, 30 de diciembre de 2013

LA LEYENDA DEL HOMBRE ANDANTE

Cuenta la leyenda que un hombre joven y fuerte, de alma sabia, recorría el mundo con una mochila vacía a sus espaldas, caminando por vastos parajes, rudos paisajes, montes de roca dura, desiertos inertes envueltos en cálidas ráfagas de asfixiante ardor...

Su paso era firme, pero tosco, y sus pies descalzos sufrían en cada tropiezo, y en cada caída por entre las piedras de inclemente frialdad y dureza, su cuerpo se iba debilitando poco a poco. Sin embargo, su fortaleza le impulsaba a continuar andando, pensando que algún día hallaría el lugar que estaba buscando desde siempre.

Sentía aquel hombre que lo que buscaba con tanto anhelo era lo más hermoso del mundo, lo más increíble, y que valía la pena seguir adelante, por aquella senda tan difícil de transitar.
Su alma, bella y sagaz, le impulsaba en aquella aventura con ímpetu y con perseverancia. A menudo mantenía conversaciones con ella, pues era su única y verdadera compañera de viaje, la única que le ayudaba y comprendía.
En ocasiones, ésta le mostraba las pistas a través de claros mensajes, para no equivocarse cuando alcanzaba algún lugar donde debía decidirse en una encrucijada complicada.

Y en su amplia mochila, iba guardando los recuerdos de cada herida sufrida, de cada dolor que su cuerpo sentía.

Durante la noche, a veces soñaba que la luz que tanto ansiaba, esa mágica y magnífica estrella que le esperaba, le salvaría de todo ese cansancio por tan larga travesía con tan sólo lograr mirarla, encontrarla.
Conoció el amor en aquel viajar constante, amores que fueron maravillosas estrellas fugaces que iluminaron su corazón lo suficiente como para darle aliento para seguir avanzando, como agua en el desierto para calmar la sed del navegante de arenas y dunas.
Pero en su mente olvidadiza de lo que su alma le recordaba día a día, sólo sentía el abandono clavado en su corazón ávido de aquello único que no sabía cómo atrapar. 
 
Y en su amplia mochila, iba guardando los recuerdos de cada herida sufrida, de cada dolor que su corazón hermoso sentía.

Pero era un hombre fuerte y valiente, y siempre emergía de entre sus decepciones, sus desengaños, no conocía la cobardía, porque su alma era conocedora de la verdadera sabiduría y le continuaba impulsando, para que explorara más allá, mucho más allá.

  • Dime alma mía, ¿qué está pasando que no hallo lo que me incitas a encontrar?
  • Pasa que tu mente no sabe dónde buscar, pero eres un hombre inteligente, lo sabrás.

Dando más y más pasos, muerto de agotamiento llegó a un río. Allí sus aguas calmaron su cansancio, saciaron su desazón y le dotaron de la fuerza que necesitaba para seguir caminando. Una mujer hermosa se estaba bañando y, harto de su incesante aventura, pensó que tal vez ya era hora de descansar.
Su cuerpo era de una delicadeza inusual, su pelo dorado y largo adornaba sus hombros y su espalda, sus ojos verdes evocadores, sus labios sensuales y seductores. Ella en sí misma era el verdadero paraíso, un edén convertido en mujer, lo más hermoso y primoroso que sus ojos humanos habían podido observar.
Y en aquel lugar mágico y especial se enamoró perdidamente de aquel ser tan impresionante, creyendo haber hallado la estrella polar que buscaba tan ardientemente. 
 
Su mochila, llena de los recuerdos pasados, quedó colgada en el olvido, tras el hombre que deseaba dejar atrás, hastiado de tanto dolor y desolación.



Noches de amor y pasión acompañaron sus días colmados de ternura y dulzura, y los colores parecieron ser distintos ante aquellas sensaciones tan maravillosas.
Todo era perfecto, pero la estrella que brillaba ante él poseía una luz demasiado distinta de la suya propia, y sus destellos le confundían.
Un día desafortunado, aquella mujer tan buena, tan especial, había desaparecido, como aquellas otras de centelleante hermosura que de una forma efímera habían entrado y salido en su camino. Sin embargo, aquellas caminaron un tiempo con él, mas con la dulce estrella del río no deseaba caminar, sino quedarse, calmar su ansiedad con sus besos, construyendo allí mismo su palacio de amor eterno.

Su dolor fue destructivo, demoledor, ya no importaba el cielo, no importaba su alma, no importaba la vida, ni el camino que recorría, ni ese paraíso que creía haber encontrado, todo era mentira, él mismo era una mentira, no deseaba seguir viviendo, pero tampoco quería morir, sólo deseaba desaparecer, que el mundo se olvidara de él, que nadie supiera que existía, que el sueño se apoderase de él y le hiciera extraviarse en el limbo para no recordar nada de nada.


Noches y días fueron transcurriendo, momentos de horror y amargura, en su amplia mochila, proseguía guardando los recuerdos de cada herida sufrida, de cada dolor que su corazón hermoso sentía.

Sin embargo, era un hombre fuerte y valiente, de corazón de hierro, y con su cargada y pesada mochila, decidió abandonar aquel lugar de ensueño y seguir caminando hacia algún lugar, de nuevo impulsado por lo único que le acompañaba siempre, su alma.

Con las llagas de sus pies descalzos, con las cicatrices en su cuerpo por tanto declive y decadencia padecida, con el tormento de su alma castigada por las emociones de sus pensamientos, su paso se hizo lento, tranquilo, cauteloso, desconfiado y esquivo.

Y ya casi desesperanzado, fue a parar a una playa de blancas arenas, de aguas turquesa, cuyas olas ondeaban suavemente bajo un cielo estrellado, donde los luceros centelleaban desbordando una magnificencia extraordinaria.
Decició descansar allí aquella noche de encanto peculiar.
A la mañana siguiente, una aparición singular le llamó la atención al abrir los ojos.
Una mujer vestida de blanco, estaba vaciando su mochila sin su permiso, y eso era inaceptable.
Así que se acercó a ella confundido, lleno de incertidumbre y controlando su ira.
  • Perdona, ¿qué estás haciendo con mi mochila?
  • Intento ayudarte, llevas demasiado peso aquí dentro y aún te queda mucho camino por delante.
  • ¿Qué quieres decir?¿Cómo sabes tú que aún me queda camino? y...¿Quién te ha dado permiso para hacer eso?
  • Uys, ¡cuántas preguntas que haces!
  • ¡Pero contéstame!
Ella sonrió paciente y se sentó en la arena con la mochila en sus manos, esperando a que él también lo hiciera.
  • Está bien, te contestaré a todas las preguntas que me quieras hacer. Primero, llevas demasiado peso, tienes que irte deshaciendo de algunos recuerdos. Vamos a ver, éste ¿para qué lo quieres? - dijo extrayendo un libro guardado con ahínco en la mochila.
  • ¡Deja eso! -gritó él cuando vio que ella hurgaba donde nadie había hurgado antes.
  • Está bien, está bien, te voy a permitir hacerlo tú mismo, pero tienes que desechar todo esto, porque si no lo haces no podrás dejar espacio para lo bueno que tiene que llegar a tu vida.
  • ¡Qué sabes tú de mi vida! ¡No sabes nada!
  • Tienes razón, no sé nada, pero lo sé todo, eso sí, te voy a dar la oportunidad a ti de explicármelo todo.
  • ¡Estás loca!¡No sé quién eres!
  • Ya veo que no sabes quién soy, pero eso no significa que yo no sepa quién eres tú.
  • Escucha, no sé de dónde has salido, ni qué quieres de mí, pero estoy muy cansado ya de tropezarme con personas que sólo me hacen daño y que creen saberlo todo de mi, como tú, y en realidad no sabéis nada, no sabes el dolor que he sufrido, no sabes cómo las desilusiones de la vida me han ido destruyendo poco a poco, y no quiero hablar contigo, no te metas en mi vida y deja ya mi mochila, lo que hay ahí es sólo mío.


El joven andante, ya no tan joven por los años transcurridos, agarró con fuerza su mochila y la volvió a colgar a sus espaldas dispuesto a marcharse y continuar avanzando.

  • ¡Espera! -gritó ella corriendo tras él- sólo escúchame un minuto, por favor.
  • Tengo prisa.
  • Sólo un momento, -insistió- seré breve.
  • De acuerdo, pero rápido, me queda poco tiempo para encontrar lo que busco, y estoy demasiado cansado ya.
  • Mírame a los ojos, escúchame, déjame entrar en ti.
  • ¿Qué quieres decir?
  • Tú hazlo, no te haré daño.

Sin saber bien por qué se dejó llevar por la situación, y miró a aquella extraña mujer a los ojos sin apenas pestañear, tal vez solo para complacerla y así ésta le permitiera marcharse enseguida.

De una forma insólita, empezó a sentir algo que nunca había sentido, algo que no sabía cómo definir, tenía curiosidad y quiso quedarse inmóvil allí, tratando de averiguar qué era lo que estaba notando en su corazón.
Tras unos segundos mirándola y fluyendo con aquella experiencia tan singular, bajó la mirada confuso y aturdido.

  • Debo marcharme ya, lo siento.
  • Sí, está bien, lo entiendo.
  • Pero no me has dicho nada, ¿qué tenía que escuchar?
  • Lo que tenías que escuchar no lo tenían que percibir tus oídos.

Aquella mujer era realmente extraña, pero él tenía que seguir caminando y no podía entretenerse más.

Mientras se alejaba con su abultada mochila, se quedó pensativo, miró hacia atrás para volver a observarla alejarse en dirección contraria y al hacerlo algo mágico ocurrió. La mujer le miraba triste y cabizbaja, y una extraña luz la envolvía a su paso, como arropando su melancolía.

Pero no podía quedarse...

De pronto, tras un par de kilómetros andados, un profundo deseo de abrir su mochila se apoderó de él con una fuerza indescriptible.
Se sentó en una roca, en la orilla de la playa y comenzó a sacar libros y libros donde se explicaba su historia, una historia guardada para no olvidarla, guardada para recordarla, guardada para ser el hombre que había forjado esa misma historia...

Y leyó y recordó su dolor, y afloró mucho más lo que había vivido, y al releerse a sí mismo, comenzó a sanar la fatiga de lo acontecido, comprendiendo qué era lo que había aprendido de cada historia, de cada lugar, de cada herida, de cada sufrimiento... de cada amor, de todo, todo, todo su camino...

Y al comprenderlo, de repente, sintió que no necesitaba llevar más aquellos libros a sus espaldas, y se liberó de la pesada mochila.

  • Dime alma mía, ¿qué hago ahora? Me siento perdido, ¿qué rumbo debo tomar?

  • ¿Qué has aprendido de tus experiencias?

  • Que da igual adónde vaya, mi historia viene conmigo, no puedo huir de ella, pero sí puedo aceptarla, perdonarme por mis errores, y perdonar a los que me hicieron daño, pues fueron experiencias que me ayudaron a aprender y a crecer, y ya no deben pesar más en mí.

  • ¿Y ahora te conoces más? ¿Has hallado la estrella que buscabas?

  • Sí me conozco más, pero aún quiero hacerlo mejor y más profundamente, y la estrella que buscaba brillaba en mí desde el principio.

  • Me parece que ya estás en el verdadero camino, hombre andante.

  • Sólo me queda hallar a alguien que desee caminar conmigo.

  • Ahora busca tu luz, la que ves brillar dentro de ti, y cuando la halles en otro ser humano, ahí seguro que tendrás un compañero amigo, y si la hallas en una mujer, tal vez habrás hallado ese amor que buscamos juntos desde que iniciaste este tránsito en el que sólo veías el exterior, las piedras, las dunas, las caídas, las heridas de tu cuerpo, el amor en la belleza física y superflua, y te escudabas y protegías con el peso de tus recuerdos... Ahora, sin ese peso, ahora sí puedes llevar entre tus manos el amor sagrado que anhelas en tu corazón, pero debes ver con mis ojos de alma, no con los del exterior. Ahora debes estar muy atento, pues en cualquier momento puedes estar ante ese otro yo que te anhela, no permitas que lo irreal, lo superfluo vuelva a nublarnos y a alejarnos de lo que amamos, porque sabes que lo que buscamos es lo que siempre hemos amado, lo que yo, como alma, amo.

  • ¿Y cómo puedo saber si estoy ante esa persona, ante esa compañera de alma de la que tú me hablas?

  • Por las sensaciones que te transmitiré, yo te ayudaré...

Y el hombre sin mochila, se sentó ante la playa, cerró los ojos, y esperó...esperó para saber qué paso iba a ser el siguiente que debía dar, esperó para estar seguro de no equivocarse de nuevo, esperó para que, en esa espera, pudiera agradecer su propia existencia, amarse, curarse, reponerse de su propio olvido y castigo, y recordar quién era en realidad para poder reconocerse y reconocer la luz que tanto había deseado encontrar...

Pero...¿y si ya había estado frente a él?...¿y si había pasado de largo porque él no la supo ver?

El alma sabe muy bien el camino que debe emprender, sabe que si hay que sufrir antes de entender algo, ese es el camino, sabe que si hay que confundirse antes de fundirse con tu otra mitad, es lo que hay que hacer, conoce los atajos, los vuelos, las maneras de proceder...

Aquel que se deja llevar por su alma en realidad nunca se equivoca, sólo vive las experiencias que necesita para alcanzar sus objetivos, sean duras o livianas, sean tristes o felices, las almas sabias y elevadas tienen pruebas difíciles, los grandes maestros superan grandes pruebas...

Eva Bailón

martes, 12 de noviembre de 2013

HABLANDO CONTIGO...

 Quiero verte, necesito sentirte, necesito estar cerca de ti, pero en este plano no puedo conseguirlo, así que me estiro en la cama y te busco, te llamo, anhelo tu amor, tu compañía...
Me relajo, siento que soy capaz de no notar dónde estoy, desaparezco, me mezclo con el todo, soy consciente de que soy más de lo que se ve, más de lo que muestro con mi aspecto físico.

 Salgo de mi cuerpo, me desvisto de mi traje humano para volverme  a encontrar contigo, en esos mundos etéricos o astrales, donde nos amamos reconociendo cada partícula de nuestro Ser, donde nuestras almas se entregan sin miedo, sin dudas, donde no hace falta romper ninguna barrera, pues todo es sencillo, mágico, puro, todo es lo que es, sin velos, sin que hayan pensamientos que nos entorpezcan cuando deseamos abrazarnos.

Allí estás, te puedo ver, frente a mí, como siempre, vestido de blanco, con tus ojos azules clavados en mí, y yo me desarmo al contemplarte, al sentir la presencia amorosa de tu energía que me envuelve y que podría reconocer a través de la distancia, pues es esa esencia tuya la que conecta con mi alma.

Te miro con tristeza, he cometido el error de traerme mis pensamientos, tú sonríes.

- Siento que no reaccionas, mi amor, mi todo, qué más puedo hacer para salvarnos, para que nos encontremos por fin en este plano -te susurro mientras me fundo contigo en uno de nuestro maravillosos abrazos.

- Sólo espera, espera, ten paciencia, todo está escrito, pactado, confía en que todo se cumplirá.

- Pero el tiempo pasa allí abajo, ¿por qué no puedo llegar hasta ti?, tengo miedo de llegar demasiado tarde, de hallarte perdido en tu mente, tal vez enamorado de otra mujer en tu afán de encontrarme, o tal vez nos queden pocos años para disfrutar de este amor sagrado, para cumplir nuestra misión de amor.

- Ya sabes cómo funciona esto, si estuviera experimentando otro amor sería por la necesidad de mi alma de amar, de aprender, de buscar y de reconocerte cuando te encuentre frente a mí, pero incluso si eso estuviera sucediendo, cuando llega el momento de unirnos nada puede interponerse.

- ¿Y el tiempo? ¿Y si cuando llego a ti la muerte nos separa antes de que logremos saciar nuestra sed de amarnos?

- Mi querida alma gemela, ¿acaso no sabes que el tiempo no existe? Nuestros cuerpos humanos pueden deteriorarse, pero nosotros nunca dejaremos de amarnos, nuestro amor trascenderá a través de lo que tú llamas tiempo, porque es, fue y será, porque existe en todo momento, porque ambos somos uno en este amor puro que nos envuelve y que emanamos desde nuestros corazones.

- Pero deseo que estemos juntos ya en todos los planos en los que existimos, necesito reencontrarme contigo, necesito tu compañía humana, sentir tu calor físico.

Tú sonríes tiernamente, acaricias mi rostro y me besas suavemente los labios, yo estallo en amor, una explosión de rayos luminosos se me escapa desde mi pecho,  y te rodeo con la luz que se desprende como estrellas llameantes desde mi cuerpo etéreo, invadiendo el tuyo, mientras tú recibes mi amor y te estremeces al sentir cómo mi energía entra en tu Ser y se entrelaza con tu alma sin dejar una partícula sin envolverte, sin amarte.


- ¿No me puedes sentir cuando te beso?- me preguntas.-¿No ves que nuestros cuerpos humanos sólo son una ilusión y que ya estamos juntos, que nunca estuvimos separados?

- Sí -te respondo llena de ti- pero anhelo que en lo físico podamos transitar juntos por la senda de la experiencia humana.

- Estoy muy cerca, lo sabes, lo has sentido, sólo espérame, porque estoy yendo hacia ti.

Siento en mi corazón la certeza de tus palabras, me reconfortan, me endulzan el alma, me tranquilizan... 

- Es cierto, sé que estás cerca -te digo algo preocupada- pero, ¿y si no te das cuenta de que estoy ante ti?

- Mi amor, las almas siempre se reconocen, yo he experimentado demasiado en este mundo físico como para no saberte ver con los ojos de mi alma, sólo espérame, sólo un poco más, dame el tiempo necesario para asimilar tu energía, para integrar lo que me haces sentir, y cuando eso suceda, nuestro mundo terrenal cambiará.

Sin darme cuenta me he llevado conmigo las dudas de mi mente a este lugar tan especial, aterrada por el rechazo, por pensar que mi gran amor no sepa quien soy yo, decido que aquí no deben entrar los pensamientos, sólo las almas, así que los destierro, me libero, y desnuda de mis miedos entrego mi esencia a la tuya, me sumerjo en ti, en un acto de amor, en la entrega de nuestras llamas sagradas, para extasiarme de tu dulce néctar mientras creamos un vórtice energético, una esfera de luz que somos ambos, los dos en fusión de la pasión que surje entre dos almas gemelas cuando se aman y se consagran la una a la otra. Me fundo en ti, me inundo de ti, soy tú, eres yo, somos puro amor resplandeciente, delirio, elevación suprema de nuestros cuerpos no físicos.




Y Permanezco en ti durante infinitos momentos reducidos al lenguaje de nuestro tiempo.

Abro los ojos con el corazón lleno de amor y de ilusión. Te he vuelto a ver, te he vuelto a sentir, me has devuelto la calma, pero todavía tengo miedo de estar soñando, de que aquí abajo sea imposible vivirte de esa manera tan sublime, de que tu parte humana siga dormida y ajena a mi existencia, a que pase frente a ti y no me reconozcas, a que perdamos nuestra oportunidad estando tan cerca...

Pero sigo mi vida, con mis anhelos en marcha, deseando disfrutar de cada momento, deseando brillar y ser valiente, fuerte, para no volver a caer en la fosa de los miedos.

Amarte ya me reconforta, amarte aunque aquí no te conozca, amarte porque mi alma te ama desde antes de ser esta mujer humana...

Arael